La transición de México (1986-1997-2006). Macario Schettino
Conferencia efectuada el 18 de agosto en el Centro de Estudios para la Transición Democrática (Cetrade), dentro del ciclo de conferencias México 2006.
La transición de México (1986-1997-2006)
Macario Schettino
La discusión acerca de la transición política de México ha sido amplia, pero no necesariamente muy atinada. La razón, en mi opinión, es el carácter especial del régimen autoritario del que partimos, que requiere, para su definición correcta, atacar de frente el mito de la Revolución Mexicana, algo para lo que no parece preparada la clase intelectual mexicana. En las páginas siguientes intentaré bosquejar el problema, y plantear algunas ideas de solución.
Algunas definiciones
Para poder analizar adecuadamente el problema, es fundamental plantearlo bien, y esto exige claridad en los términos. Sigo en esta parte lo que escribí en "Paisajes del 'Nuevo Régimen'" publicado por Editorial Océano en 2002. En primer lugar, transición significa cambio de régimen (1). Es más, significa cambio pacífico de régimen, para contrastar con otras formas de cambio, como la revolución, que es un cambio violento de régimen. Un caso diferente es el golpe de Estado, que también es violento, pero que no implica un cambio de régimen, sino la restauración de éste.
Se le llama régimen, en política, al conjunto de instituciones que regulan el acceso, uso, distribución y abandono del poder (2). Y esto nos lleva a dos palabras que también hay que definir: instituciones y poder. Instituciones en realidad significa dos cosas diferentes: organismos y reglas. Así, el régimen es un conjunto de reglas, y de organismos, que regulan el poder político.
Por su parte, el poder, en ciencias sociales, es la capacidad que tiene una persona (el poderoso, digamos) de hacer que otra (u otras) hagan lo que el poderoso quiere. El poder existe en varias formas. Por ejemplo, se puede lograr que otros hagan lo que uno quiere por hambre (poder económico), o por la fuerza (poder coercitivo), o por convencimiento (poder persuasivo). Estas tres formas de poder son las únicas que existen, según algunos, y las demás son combinaciones de ellas (3). Otros sostienen que hay formas diferentes que no son combinación de nada. Por ejemplo, para algunos sociólogos (4), el poder de influencia y el poder de autoridad son versiones diferentes del poder persuasivo y coercitivo que hemos comentado. Más aún, hay quien sostiene que el poder político es una forma distinta a todas las otras.
Sin embargo, uno de los poderes es fundamental para que los otros funcionen. Me refiero al poder coercitivo-político (los junto para no discutir si son diferentes o no), que puede determinar el funcionamiento de las otras fuentes del poder.
Si el poder coercitivo-político no está "razonablemente regulado" (más adelante le comentaré qué significa esta frase), entonces las fuentes se convierten en el poder mismo. Me explico: si en una sociedad el poder de la violencia no está "razonablemente regulado", entonces la violencia se convierte en el poder mismo. En ese momento, el poder económico deja de ser relevante, a menos que se transforme rápidamente en coercitivo; y lo mismo le ocurre al poder persuasivo. Es el caso de una guerra civil, o de la desaparición brusca del Estado, cuando cada quien defiende su vida y propiedades como pueda, lo que significa que lo hará con toda la violencia que tenga a su alcance.
En consecuencia, "regular razonablemente" el acceso al poder coercitivo-político es la base fundamental para la existencia de una sociedad humana contemporánea, prácticamente de cualquier tamaño.
Para saber qué es "regular razonablemente", permítame incluir un último término: legitimidad. Aunque esta palabra tiene el mismo origen que legalidad, en tiempos recientes ha adquirido una connotación diferente, de gran importancia para entender la política. En una frase muy referida de Max Weber, éste define al Estado como quien tienen "el monopolio de la violencia legítima". O puesto en las palabras que hemos utilizado, el Estado es quien concentra el poder coercitivo-político, y lo hace de manera legítima. La legitimidad es, precisamente, lo "razonable" de esta fuente de poder. Legitimidad es el consenso en la comunidad política con respecto a esta fuente de poder; una especie de acuerdo, con una parte explícita (la legalidad) y una implícita (la legitimidad), a partir del cual la comunidad política acepta que este poder coercitivo-político se concentre en una cierta estructura.
Ahora vamos de regreso: este consenso alrededor del poder coercitivo-político es precisamente el régimen al que nos hemos referido. Y este régimen es legítimo (y legal) en tanto coincide con la apreciación que tiene la comunidad política sobre la que éste funciona. Así, mientras la comunidad política "piense" que hay legitimidad en la forma como se "regula razonablemente" este poder coercitivo-político, así será. Pero si la comunidad política piensa que la legitimidad ya no existe, entonces el régimen empezará a tener problemas.
Cuando un régimen deja de tener legitimidad, pueden ocurrir dos cosas. Una es que el régimen se restaure (más bien, que algunos miembros de la comunidad política intenten y logren restaurar al régimen), y la otra es que se acabe. El fin de un régimen es el fin de la "regulación razonable" del poder coercitivo-político, aunque eso no implica que, de golpe y porrazo, desaparezca el Estado y la violencia sea la única forma de resolver conflictos.
Cuando un régimen termina, ocurre un período llamado interregno, que se prolonga hasta que un nuevo régimen se instala. Este nuevo régimen será producto de un nuevo consenso en la comunidad política. Puede ocurrir que no se logre construir este régimen, y entonces el período de interregno se convierta en un período de deterioro. En algún momento, o se restaura el régimen anterior, o se construye uno nuevo, o desaparece el Estado.
Regresemos un momento a estas definiciones para tener el panorama completo. Un régimen es un conjunto de reglas y organismos que determinan el acceso, uso, distribución y abandono del poder coercitivo-político. El régimen es una regulación razonable del acceso a este poder, que depende del consenso de la comunidad política. Este consenso tiene una parte explícita (la legalidad) y una implícita (la legitimidad).
Cuando la comunidad política cambia su consenso, entonces el régimen deja de ser legítimo y deja de existir. Esto no es algo que ocurre de la noche a la mañana, pero ocurre. La construcción de un nuevo régimen implica un nuevo consenso (en sus dos partes, explícita e implícita), y mientras éste no se logra, se vive un período de interregno.
Durante este período, el acceso al poder no está "regulado razonablemente". Si la velocidad de ruptura del consenso es mucha, entonces la pérdida de esta regulación razonable lleva a que la violencia sea la única forma de tener acceso al poder. Es una revolución (una guerra civil). Si el consenso se va desmoronando, entonces es factible la convivencia de reglas y organismos (digamos, la intersección de regímenes) que permiten un cambio pacífico de régimen: una transición.
La transición en México.
Con base en las definiciones anteriores podemos ahora analizar el caso de México. Cuando se habla de transición nos referimos al cambio pacífico de régimen en el país. Esto implica que un régimen deja de existir mientras el otro va empezando. El período en que ambos regímenes se superponen es, propiamente hablando, un interregno.
En el caso de México, el régimen que deja de existir es el régimen de la Revolución Mexicana (RRM). Este régimen fue construido por Lázaro Cárdenas entre 1935 y 1938 con base en el tipo de regímenes en boga en esa época. Es, en consecuencia, un régimen autoritario, corporativo, que en sus momentos de fundación cumple las tres características que Juan Linz considera como definitorias de un régimen totalitario, el fascismo: un centro monístico de poder, una ideología que atraviesa todo, y la movilización permanente. Sin embargo, a partir de la nacionalización del petróleo y la fundación del Partido de la Revolución Mexicana, el régimen toma características autoritarias exclusivamente.
Este régimen funciona adecuadamente durante casi cincuenta años. Es así porque la sociedad en la que opera es coincidente con las características del régimen. Como se puede apreciar en la figura I, el poder relativo de campesinos, militares y obreros es tal que sólo con base en ellos podría construirse un régimen exitoso en los años treinta. Sin embargo, conforme el país se industrializa y urbaniza, estos grupos sociales van reduciendo su importancia (a diferente ritmo), mientras que otro, casi inexistente en los años treinta, toma protagonismo: la clase media.
Figura I. Poder relativo de los grupos sociales en México

Pero la clase media no es compatible con regímenes autoritarios, por lo que empiezan a darse enfrentamientos entre el régimen y este grupo social a partir de los años sesenta. En esa óptica hay que leer el movimiento de médicos en 1966 y estudiantes en 1968, así como la respuesta violenta del régimen, que no puede aceptar a este grupo sin modificarse. La represión, sumada a dos sexenios de populismo económico le permiten al régimen sobrevivir hasta inicios de los ochenta en aparente buena salud.
A inicios de los ochenta, el régimen se derrumba. La crisis económica de 1982 muestra que el régimen ya no es compatible con la economía mundial, mientras que la respuesta del gobierno a los terremotos de 1985 muestra incapacidad para manejar las demandas sociales. El fraude electoral en Chihuahua en 1986 indica que el régimen ya tampoco puede administrar la esfera política.
Frente a esa situación, la clase política mexicana percibe que el régimen está terminando, y reacciona para enfrentar esta situación. En la Figura II puede verse este proceso. Antes de la caída (es decir, a fines de los años setenta), el PRI es un partido que está en el centro del espectro político, prácticamente ocupándolo por completo. A su derecha, el PAN, un partido confesional, católico, sin intención real de tomar el poder. A la izquierda, muchos partidos pequeños (se indica PC en la figura, sólo como referencia), también confesionales, aunque no católicos, que tampoco toman en serio la idea de llegar al poder. Después de la caída, es decir para fines de la década de los ochenta, los partidos se han realineado.
Figura II. Recomposición política frente al fin del régimen de la Revolución.

La recomposición ocurre a partir de 1986. El PRI es capturado por el grupo de Carlos Salinas de Gortari, y es movido hacia la derecha del espectro, para cubrir el espacio natural de la clase media. Ese movimiento ocupa el lugar tradicional del PAN, que debe moverse al centro. Este desplazamiento ocurre con la "invasión de los bárbaros del norte", como se le llamó en su momento. Se trata de la incorporación a este partido de empresarios, sobre todo medianos, del norte del país, que reemplazan a los grupos dirigentes tradicionales del partido. Por otra parte, el movimiento del PRI hacia la derecha provoca la salida de un grupo de priístas que se une con la izquierda para conformar el Frente Democrático Nacional (FDN), que poco después se convertirá en el Partido de la Revolución Democrática, PRD.
En consecuencia, el inicio de la transición política en México puede fecharse en 1986, cuando ocurre esta recomposición total de la política mexicana. La elección de 1988 es resultado de este nuevo mapa. El fraude de ese año le permite al PRI mantenerse en el poder, pero ya no como el centro del régimen de la Revolución, sino sólo como uno de sus herederos. El otro, el PRD, disputará desde entonces la legitimidad de la herencia.
La secuencia de hechos a partir de 1986 toma mucho más coherencia cuando se ve a la luz de este proceso. Es decir, el asesinato de Colosio, en 1994; el levantamiento zapatista, en ese mismo año; y el proceso de reformas electorales y avance de la "oposición", son parte del proceso de transición en el que el régimen de la Revolución se resiste a morir, mientras que el régimen democrático empieza a aparecer, no siempre de manera consistente.
La fecha más importante de este proceso es la elección intermedia de 1997. En ella, el PRI pierde la mayoría en la Cámara de Diputados, lo que significa la primera grieta significativa en el orden federal. Cuando la oposición toma el control de la Cámara, se hace evidente que ésta no se había diseñado para operar como un poder independiente, ni tenía herramientas para ser un verdadero parlamento. A partir de esa elección, el régimen democrático parece imponerse de manera definitiva. La elección presidencial de 2000 es la primera que puede llamarse "normalmente democrática", en toda la historia de México.
Sin embargo, el régimen de la Revolución no ha sido totalmente destruido. En la elección de 2006 este régimen hace un nuevo intento de restauración, ahora a través de su otra rama, el PRD. Tanto el discurso como la operación política de Andrés Manuel López Obrador pueden ubicarse, sin ninguna duda, dentro de las formas políticas normales del régimen de la Revolución. Por una fracción muy pequeña de los votos, la restauración fracasa, aunque meses antes parecía ser inevitable su triunfo. La respuesta de López Obrador a este fenómeno ha sido también en los términos propios del régimen autoritario: se centra en desacreditar las instituciones y tratar de hundir al régimen democrático naciente.
Así pues, lo que vivimos en 2006 es el final del proceso iniciado en 1986, con la recomposición de los partidos. La elección de este año fue la última del proceso de transición, y es de todo punto lógico que lo que ocurrirá en los próximos años será una nueva recomposición, pero ya en la lógica de la democracia.
La derrota del PRI en la elección hace evidente que este partido no tiene ya ningún futuro. Es un partido que se construyó para administrar el acceso al poder desde el Estado, y no ha logrado transformarse en un partido propiamente democrático. Dicha transformación ocurrirá en los próximos meses, probablemente acelerándose rumbo a la elección intermedia de 2009. Sin embargo, no llegará a ella como PRI, ni se mantendrá la membresía actual, ni sus documentos básicos. Es decir, será otro partido.
Algo similar ocurrirá con el PRD, que fue secuestrado por López Obrador como el PRI lo fue por Salinas a fines de los ochenta. Pero Salinas logró alcanzar el poder, así haya sido a través de un fraude, mientras que López Obrador no lo logró. Esto significa que el PRD no tiene ya ninguna razón para mantenerse unido. Más aún con el proceso de deterioro que ha sufrido después de las elecciones. Así pues, es de esperarse que en los próximos meses el PRD también sufra una recomposición profunda.
Finalmente, al interior del PAN se librará una batalla importante entre los grupos más duros (calificados por la prensa como el "yunque", sin matices), y los grupos más centristas. Es una batalla que debería ganar este segundo frente, a partir de la fuerza natural del presidente.
En cualquier caso, lo que se vive en México es el final del proceso de transición, que deberá convertirse ahora en el proceso de consolidación de la democracia. La prueba de fuego que vivieron las instituciones en esta elección y en las semanas posteriores ha mostrado una solidez muy superior a la que la mayoría esperaba. Aunque el proceso no ha concluido, y todavía hay riesgos, todo parece indicar que México ha logrado salir de un régimen autoritario, corporativo, y transitar a la democracia.
Es la primera vez en la historia que esto ocurre. Todas las demás transiciones han sido de regímenes autoritarios "dictatoriales". Lo único comparable a nosotros es la Europa del Este, en particular la URSS, que no ha logrado democratizarse, ni parece posible que lo haga.
Referencias
- Nótese que no se trata de un cambio a una democracia, sino simplemente de un cambio de régimen. O'Donnell, Schmitter y Whitehead han estudiado el caso de las "Transiciones desde un régimen autoritario" (cuatro volúmenes, Paidós, 1994; pero escrito en 1986). Ahora bien, estos cambios no necesariamente han llevado a una democracia, como puede verse en el trabajo de James McGuire en el libro, más reciente, de Yossi Shain y Juan Linz, "Between States", Cambridge University Press, 1995.
- Definiciones muy similares se pueden encontrar en varias partes. Por ejemplo, en Bobbio, Matteuci, Pasquino, "Diccionario de Política", Siglo XXI, 1997.
- Por ejemplo, W.G.Runciman, "The Social Animal", HarperCollins, 1998. La propuesta original es de Bertrand Russell.
- Michael Mann, "Las fuentes del poder social", 2 vols., Alianza, 1991.
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