El primero de diciembre de 1998 marca un nuevo ciclo de la vida política de Veracruz, fecha que señala la conclusión de un gobierno y el nacimiento de uno nuevo. De 1992 a 1998 Patricio Chirinos Calero encabezó los destinos de Veracruz; muchos acontecimientos modificaron la vida de los veracruzanos en este periodo, pero sin duda la historia registrará que este sexenio definió la pluralidad política de la entidad.
La reforma democrática impulsada desde las bases de la sociedad nacional, de la cual Veracruz forma parte, consolidó la transformación política del escenario mexicano. En nuestro Estado la alternancia y la equidad política dieron importantes pasos reflejados en la conformación plural tanto de los municipios veracruzanos -de los 210, 107 en poder de la oposición- como del Poder Legislativo.
Cuando el gobernador Patricio Chirinos Calero asumió el poder en 1992, aseguró que encabezaría un gobierno de cambio. El cambio llegó pero el motor esencial no fue una decisión política sino la determinación social de no posponer más la apertura de espacios que aseguraran la transformación y el mejoramiento en los niveles de vida de los veracruzanos
La dinámica social, orilló al cambio político en Veracruz. La reforma democrática, con todo y sus errores, sus omisiones y sus detractores, impulsó las moderaciones legales que llevó a la ciudadanización de los órganos electorales, a la mejoría de los procesos electivos con bases legales que permitieron relaciones más equitativas entre los actores políticos del, Estado y que dieron certeza-aunque no absoluta- a las elecciones realizadas en este sexenio. Ello determinó la transformación política de Veracruz con un crecimiento de los partidos de oposición y el descenso en la preferencia ciudadana hacia el PRI, que con todo logró mantenerse como la primera fuerza en el Estado, pero no hegemónica.
En otros órdenes el estado de Veracruz se quedó a la zaga, los contrastes entre la riqueza y la miseria siguen presentes, la realidad no logró transformarse debido a ineficiencias internas y factores externos como las recurrentes crisis que vivió el país, y en consecuencia el Estado.
Miles de puestos de trabajo se perdieron en la primera mitad de este sexenio. La ausencia de una verdadera política de fomento a la inversión originó que sólo en algunas regiones veracruzanas, las menos, se instalaran nuevas industrias, por lo que más de 100 mil veracruzanos en edad productiva, de acuerdo con cifras oficiales, no tienen empleo.
En el aspecto social, tanto la dispersión de las comunidades como la falta de coordinación de recursos y programas ejecutados por distintas dependencias, impidieron avances tangibles en la tarea de abatir la pobreza en Veracruz.
Al término de este sexenio, el balance a favor puede sintetizarse en que se dieron las condiciones para la generación de una sociedad más activa y plural, misma que, a partir de este escenario, deberá ser protagonista de los cambios que Veracruz requiere para que la justicia social, económica y política, así como la equidad y el respeto a los derechos de todos pasen del discurso a nuestra realidad cotidiana.