Editorial

Editorial

Artículo 123: La Encrucijada

La incursión de México en el mercado mundial, la firma de un tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, naciones más desarrolladas; reveló los grandes y graves rezagos en cuanto a la productividad nacional. Lejos de los parámetros mínimos de calidad, nuestro país entró con claras desventajas en un escenario de globalización y competencia.

A raíz de la decisión de participar en los mercados internacionales; el primer tema a discusión en el país fue el de la productividad, y ligado a éste el de las relaciones laborales que son factor determinante en los niveles y eficiencia del aparato productivo nacional.

La reforma al espectro productivo obliga necesariamente a una reflexión y revaloración del papel del trabajador, de su relación con la empresa, de la capacitación de la mano de obra, de la seguridad social y de la eficacia del patrón.

Se ha iniciado un debate nacional sobre la necesidad de reformar el Artículo 123 Constitucional, que establece la normatividad general en materia laboral. De inicio, este mandato constitucional señala: "Toda persona tiene derecho al trabajo digno y socialmente útil". La discusión sobre este asunto implica toda una revisión a las leyes laborales, a las condiciones de vida de los trabajadores; al manejo político que se ha dado al sindicalismo en este país, hasta hace poco factor determinante en la permanencia del sistema que nos rige.

Acabar con el corporativismo es uno de los reclamos esenciales de sindicatos independientes y de partidos políticos de oposición; hacer realidad el 123 Constitucional que ordena que los salarios mínimos que perciban los trabajadores "deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer la educación obligatoria de los hijos" es el clamor de los millones de trabajadores de esta nación.

Es indispensable, de cara al nuevo siglo, modificar para mejorar la realidad laboral de este país, en donde se instrumenten políticas realistas de promoción de la inversión y del empleo; en donde la capacitación de la mano de obra sea una obligación del patrón; que haya estímulos a la productividad y la eficiencia como una prestación legalmente constituida; el respeto a la libre asociación; el pago igual a trabajo igual sin tener en cuenta sexo o nacionalidad; salarios justos y dignos para todos los trabajadores y la seguridad social.

Las posibles reformas a la Ley Federal del Trabajo, debate pospuesto por cuestiones político-electorales, debe tomar en cuenta al sujeto -al trabajador- como la base para los cambios; tener un país altamente competitivo, sólo se logrará cuando tengamos una clase trabajadora consciente, libre, preocupada por conservar su fuente de empleo, con una vida digna y con un salario justo. La tarea no es fácil, pero es necesario empezar a andar este camino.