Las identidades partidarias en el nuevo milenio. Silvia Gómez Tagle y Gabriel Santos Villareal

En el contexto cultural de la globalización, los medios de comunicación masiva han adquirido una influencia de gran importancia. Esta influencia se manifiesta en la tendencia de los partidos políticos a "correrse al centro" para ganar una mayor masa de votos provenientes de la sociedad, no de una clase o grupo social determinado con la consiguiente disminución de identidad propia; así como a la proclividad de los votantes a ser más motivados por la imagen y supuesta calidad de los candidatos que por su propuesta política. Por otro lado, la población experimenta reiteradamente cómo el mensaje del candidato en campaña se convierte en olvido y cosa ajena a su práctica como gobernante.

Las identidades partidarias en el Nuevo Milenio

Silvia Gómez Tagle * y Gabriel Mario Santos Villarreal **

¿El final de la historia?

En los siglos XIX y XX la definición ideológica de los partidos expresada en los "Principios" era fundamental, distinguía perfectamente a un partido de otro. Se adscribían a grandes definiciones: liberal-conservador, izquierda-derecha, capitalista-socialista, republicano-monárquico, centralista-federalista, burgués-proletario-campesino, clasista-pluriclasista, orden-revolución, etcétera.

Los documentos básicos (principios y programa) proporcionaban un sentido de pertenencia, de colectivo y de futuro a los militantes, y servían para orientar de manera clara su organización, funcionamiento, acción política, alianzas, ejercicio de gobierno, labor legislativa y relaciones nacionales e internacionales.

En este nuevo milenio, cuando las campañas políticas son diseñadas por expertos en mercadotecnia, se desarrollan en los medios de comunicación masiva y los electores supuestamente toman decisiones "racionales" (rational choice), numerosos analistas sostienen que el peso de los documentos básicos de un partido político no es el mismo que el que tenían en el siglo XIX, o inclusive en la segunda mitad del XX.

Este proceso que se ha visto como un empobrecimiento de la política es atribuible a varias causas desde nuestro punto de vista. Algunas de ellas tienen que ver con el "éxito" de la democracia occidental frente a otras formas de gobierno y la desaparición del campo socialista, otras con los procesos de urbanización, pero también las hay, y de manera más relevante, relacionadas con los efectos económicos de la globalización y sus repercusiones políticas y culturales, estas últimas, por cierto, poco estudiadas.

La discusión se inscribe en la necesidad de nuevos paradigmas que "den sentido" a la lucha política y, sobre todo, para nosotros como PRD, que le permitan a la izquierda definir propuestas claras para el futuro. Porque, si bien es cierto que fueron desmontados los modelos económicos y políticos que impulsó la izquierda europea y asiática que llegó al poder en los estados socialistas o de "socialismo real", también se puede refutar la tesis de Francis Fukuyama, pues "no hemos llegado al final de la historia". La desigualdad social, la injusticia, la explotación, la opresión y la concentración del poder en unas cuantas manos, que son problemas que le dan razón de ser a la izquierda, no se han resuelto ni en el neoliberalismo, ni la democracia "real", sino al contrario, se han profundizado.

Además, hay problemas nuevos, vinculados a la conservación del planeta, a la diversidad cultural, a la noción de desarrollo y "progreso científico y tecnológico" que ha permitido el predominio de lo occidental en confrontación con otras civilizaciones que, como la islámica, no solamente representa a millones de seres humanos, sino que activamente se niega a sucumbir. Muchos de estos asuntos han adquirido una dimensión global ya que comprometen el futuro, no solamente de un país o de una región, sino del planeta en su conjunto.

El problema es que hace treinta o cuarenta años la izquierda tenía muy claro a dónde se dirigía. Por un lado, la vertiente revolucionaria compartía la convicción de que era posible "asaltar el Cielo" y sustituir el poder burgués antidemocrático por una nueva forma de ejercer el dominio que garantizara la justicia, la igualdad, y el desarrollo para todos. Por el otro, la izquierda reformista había logrado penetrar la sociedad capitalista a través de constantes luchas sociales y de los partidos de izquierda, para imponer un modelo social demócrata de sociedad y de Estado que ofrecía la solución a muchas de las demandas que habían enarbolado. Hoy también el estado benefactor está sucumbiendo a la dinámica de una nueva forma de capitalismo financiero que ha sido posible gracias a la globalización reinante.

Sin embargo, queda la democracia como paradigma de poder político legítimo. El Estado de Derecho y la democracia política han sido conquistas que la izquierda reformista compartía con el liberalismo radical, que no es lo mismo que el "neoliberalismo". Tanto así que hoy parece haber consenso en que la izquierda debería contribuir a consolidar las instituciones democráticas; lo que supone abandonar la idea de marginalidad y de lucha antiinstitucional para privilegiar la participación electoral. Finalmente, la aspiración de conquistar el poder político por la vía electoral, sea la presidencia de la República, sea la mayoría en el Congreso, compromete a los partidos de izquierda, como el PRD, a la búsqueda de un electorado diverso, mayoritariamente urbano y fuertemente influido por los medios. En este escenario cabe preguntarse, qué eficacia tienen los métodos de movilización social tradicionales de la izquierda, frecuentemente antisistémicos. 1

Por ello varios autores consideran que, entendida la democracia como "un conjunto de procedimientos, en el marco económico del neoliberalismo", los partidos políticos tienden a reducir sus funciones a la de simples puntales institucionales, sin capacidad para ofrecer alternativas. Massimo Modonesi afirma que asistimos a una redefinición de las funciones clásicas de los partidos, en la cual pasan a segundo plano la elaboración de proyectos y la movilización, se reduce la representación y la agregación de demandas al momento electoral, la canalización de los conflictos se asocia al control y la gobernabilidad, mientras que sobresalen funciones como la administración y el gobierno, el reclutamiento de la clase política y el papel de la oposición acotado al ámbito parlamentario. Los partidos políticos -de derecha, centro e izquierda 2- actúan como instituciones del sistema político y del Estado y su papel responde a la lógica de la institucionalización de las relaciones políticas. En esta perspectiva, desaparecen o se desdibujan otros tantos aspectos clásicos de los partidos, vistos como organizaciones sociales y políticas o como comunidades, como espacios de articulación y proyección de la movilización y como organizadores de la lucha social, instrumentos de la elaboración y difusión de ideas, de valores y de proyectos de sociedad. 3

El crecimiento del individualismo y la fragmentación social en las sociedades contemporáneas ha conducido a una tendencia homogeneizadora, a una intensa y no pocas veces contradictoria "búsqueda de identidades particulares y a la defensa de la diferencia", lo que se ha manifestado claramente desde en el surgimiento de los llamados "nuevos movimientos sociales", como los de género, etnicidad, edad, intereses particulares como la defensa de las ballenas o la conservación, no del medio ambiente en toda su amplitud, sino de ecosistemas particulares. Observa Modonesi: "Así que a los 'clivajes' clásicos, de donde surgieron los partidos políticos históricos (centralismo-federalismo, Estado-Iglesia, capital-trabajo), se sumaron otros que los partidos políticos parecen no alcanzan a agregar y representar... La disminución y la focalización de las políticas públicas dificulta la reproducción de los esquemas corporativos o semicorporativos tradicionales provocando una dispersión de la negociación y la búsqueda por parte de una multiplicidad de actores de canales directos de interlocución con el Estado para impulsar sus demandas. Si los nuevos actores escapan a una representación política estable, el papel de los partidos en términos de agregación de demandas es puesto en discusión, mientras que la función de canalización puede llevarse a cabo en términos de lobby y grupos de intereses, con lo que se reproducen el patrimonialismo y el clientelismo característicos de las clases dirigentes latinoamericanas, que al interior de los partidos se manifiesta en la lucha de facciones, el aumento de candidaturas independientes o la autonomía creciente de los representantes populares en relación a su partido". 4

Salta a la vista la importancia de estas reflexiones cuando pensamos en redefinir la líneas programáticas del PRD. Un problema a discutir es el papel que debe asignarse a los partidos en el actual proceso de reforma del Estado, ¿cuántos partidos queremos? ¿qué papel debemos asignar a las organizaciones sociales y a esos mecanismos de participación ciudadana que se ha llamado, creemos, incorrectamente "democracia directa"? ¿Cómo actualizar la lucha por la autonomía y la democracia de las organizaciones sociales y ciudadanas frente a los nuevos mecanismos de control corporativo que ha puesto en marcha el neoliberalismo?

Los procesos culturales, sociales y económicos desatados por la globalización (que, dicho sea de paso, no creemos que se limitan al campo económico, como afirman algunos autores) conllevan el debilitamiento del Estado como tal en los países que no son poderosos, tanto frente a las presiones desde las regiones que luchan por el fortalecimiento de su autonomía, como por las limitaciones que se le imponen desde el ámbito internacional.

La pérdida de fuerza de las identidades nacionales generales y estables, así como las constricciones que padece el Estado nacional, obliga a los partidos a responder a los cambios frecuentes de una indeterminada opinión pública que "se expresa en la disminución de la militancia, la fluidez del voto, las encuestas y la influencia determinante de los medios de comunicación. Al mismo tiempo, por la competencia mediática y publicitaria que implican hoy día las elecciones, junto a las reformas de los sistemas electorales en sentido uninominal, se fortalecen el personalismo y el caudillismo". 5

En el contexto cultural de la globalización, los medios de comunicación masiva han adquirido una influencia de gran importancia. Esta influencia se manifiesta en la tendencia de los partidos políticos a "correrse al centro" para ganar una mayor masa de votos provenientes de la sociedad, no de una clase o grupo social determinado con la consiguiente disminución de identidad propia; así como a la proclividad de los votantes a ser más motivados por la imagen y supuesta calidad de los candidatos que por su propuesta política. Por otro lado, la población experimenta reiteradamente cómo el mensaje del candidato en campaña se convierte en olvido y cosa ajena a su práctica como gobernante.

Sin embargo, como señala Giovanni Sartori, desde la ciencia política o Clifford Geertz desde la antropología, no todo lo que dicen los medios es asimilado por la población. Existen mecanismos de mediación en los procesos de comunicación social que confieren "credibilidad" a algunos mensajes y a algunos autores mientras que otros fracasan. La gran pregunta que nos hacemos en los partidos es ¿cómo lograr la credibilidad?, pero también ¿qué es lo que realmente queremos decir? Porque es mentira que los partidos sean únicamente grupos de interés que pueden contratar a un buen agente creativo e invertir suficientes recursos para garantizar su éxito electoral, como si se tratara de vender jabón o productos de belleza. Aun en los productos de uso cotidiano más triviales, la publicidad puede engañar a la gente por muy poco tiempo, si el producto es realmente malo o totalmente distinto a la imagen que de él ha generado la publicidad, ésta fracasará.

Mucho más importante es el contenido de sus proyectos y la congruencia tratándose de los partidos políticos. Estos requieren una fuerte dosis de ideología para explicar a los ciudadanos sus proyectos de futuro y convencer de la viabilidad de sus propuestas de programa, sobre todo tratándose de partidos que pretenden colocarse en la "izquierda" como es el caso del PRD. El impacto de la campaña de Vicente Fox en el 2000 es un fenómeno todavía no explicado suficientemente en toda la profundidad de su impacto en la sociedad. ¿La gente creía en el proyecto de Fox, o bien estaba convencida que había que derrotar al PRI? Algo similar ocurrió en las elecciones de 1997, cuando se dio un repunte importante en la votación del PRD en muchas entidades. Ese éxito se le atribuyó a la estrategia de las brigadas del sol, a la candidatura de Cárdenas Solórzano en el D.F., a la congruencia del partido, pero en realidad poco se ha estudiado lo que pasó y por qué en las elecciones del 2000 cambiaron las preferencias electorales.

Hay que recordar las observaciones antropológicas de Geertz sobre la eficacia de los mensajes políticos de la izquierda marxista en los Estados Unidos. El carácter peculiar del proceso fundacional de la nación norteamericana dio origen a un discurso sobre el ideal igualitario: "todo ciudadano puede aspirar a escalar cualquier posición de poder o de riqueza con su esfuerzo e inteligencia", que arraigó e impidió que el discurso de la sociedad dividida en clases y la explotación del proletariado penetrara profundamente en su población.

Si la institucionalización de los partidos políticos corresponde a una refuncionalización que tiene como centro la idea de una democracia puramente formal, la consolidación democrática implicaría sólo la gobernabilidad y la neutralización de los conflictos sociales. Pero si como partido de izquierda se busca dar un sentido más amplio de la democracia, a través de formas de participación social, para fortalecer la presencia de los grupos menos favorecidos de la sociedad, y expresarla también en los ámbitos económico y social, con una visión planetaria que nos permita en pie de igualdad participar en la globalización, en vez de repudiarla, se podría encontrar un nuevo sentido a la política. "Podemos entonces vislumbrar un escenario en donde la transición de la resistencia a la construcción de alternativas al capitalismo neoliberal implique la emergencia de partidos políticos que asuman un proyecto distinto de sociedad". 6

El programa: síntesis de los principios y la línea política

A la hora de discutir los temas del programa del PRD, es indispensable tener presente no sólo el escenario de este nuevo siglo en toda su complejidad, sino ubicar al partido en el contexto de los "otros" actores.

Los documentos básicos no son suficientes para entender a un partido, pero son parte de lo que lo conforma, le dan identidad y direccionalidad a su práctica política. Los documentos básicos forman un todo integrado e interdependiente: principios, programa, línea política y estatuto se complementan y explican unos a otros.

También es necesario considerar el origen y la historia del partido, su estructuración y funcionamiento interno, su ubicación respecto al régimen político, el estado y las diferentes clases sociales y grupos de interés, la actuación práctica, las alianzas en las que está inserto y su membresía.

No siempre, ni en todos sus aspectos, la actuación de los partidos es coherente con sus documentos. Baste, como ejemplo, la inequívoca posición del PRD en sus principios, programa y documentos de línea política a favor de la democracia y en contra del clientelismo y el corporativismo, mientras en su práctica domina muy frecuentemente la persistencia de formas clientelares y se expresan con fuerza violaciones a las normas de sus procesos electorales internos.

La discusión del programa debería tomar en cuenta los principios del partido donde se expresan los aspectos fundamentales de su identidad (aun cuando no siempre sean muy claros) y la "línea política" donde se discuten los aspectos coyunturales de la situación política, de tal suerte que el programa contenga un conjunto de propuestas selectas (no todas las posibles) con un criterio de prioridades nacionales y regionales, que permita al partido presentarse ante la sociedad con la intención de diseñar acciones concretas y plataformas electorales.

Los partidos mexicanos a principios del milenio

Una primera lectura de los documentos de "Principios" del PRD, del PAN y del PRI podría dar la impresión de una gran similitud en los tres partidos. Los tres quieren el bien de México, la democracia, la justicia social, la soberanía, el desarrollo económico, la paz, convivencia armónica en el ámbito internacional, etcétera. Los tres valoran el trabajo humano como muy importante y no consideran al mercado como un valor absoluto. Pero si se hace una lectura suspicaz, se encontrará una terminología, conceptos y perspectivas diferentes, sobre todo entre la declaración de principios del PAN y la de los otros dos partidos.

Entre el PRI y el PRD se encuentran los mayores puntos de coincidencia. Esto se puede explicar por tres motivos: El primero radica en que el PRD, en una de sus vertientes fundadoras más importantes, es resultado de una ruptura con el propio PRI, una escisión de él efectuada por la Corriente Democrática en 1987. El segundo es que los dos partidos reformaron sus declaraciones de principios el mismo año, al inicio del tercer milenio y en el mismo contexto. El tercero es que actualmente los dos se identifican con una corriente política y de pensamiento mundial, la que se organiza en la Internacional Socialista.

El origen de estos dos partidos se alimenta de la revolución mexicana, su perspectiva es social y nacional, el estado es concebido como un instrumento de desarrollo, justicia y equidad y recuperan los derechos humanos de tercera generación: de género, medioambientales, de la diversidad y la pluriculturalidad. Aparentemente sus principios son casi iguales.

Pero si los relacionamos con su historia, programa, estrategias, ejercicio de gobierno y funcionamiento encontraremos que son dispares.

El PRI nació en 1929 como necesidad de encontrar formas de negociación y entendimiento entre diversas tendencias de la triunfante revolución, canalización de demandas sociales y como instrumento electoral, de apoyo y conducción del grupo en el poder. Fue el partido que introdujo el neoliberalismo en la política económica y social del gobierno. Son proverbiales su autoritarismo, centralismo y defraudación electoral. En 1997 perdió su mayoría indisputada en el Congreso y en el 2000 la presidencia de la república. Cayó en una profunda crisis de identidad, cohesión y definición programática. Sus nuevos principios la reflejan, así como reflejan su largo pasado en el gobierno al copiar en ellos abundantes artículos constitucionales; no han podido desligarse de aquella visión que hacía a los priistas pensar que la Constitución era su ideología y su programa. A pesar de ello, conserva la mayoría de los gobiernos estatales y sigue siendo una eficiente maquinaria electoral que obliga a sus dirigentes a mantenerse unidos, con todo y sus agudos conflicto internos.

La Corriente Democrática del PRI rompió con ese partido tanto por su autoritarismo centralista y presidencialista como por su traición a los principios sociales, económicos y de soberanía nacional de la Revolución Mexicana. Fundó, con una plural vertiente de izquierda social y partidaria socialista y el gran movimiento ciudadano generado en 1988, el PRD al año siguiente, en el inicio de la crisis de la izquierda mundial.

En su lucha por la democracia contra el PRI, el PRD ha tenido más de 600 muertos y no fue hasta 1995 que se definió como de izquierda, sin explicitar bien a bien qué significaba serlo de cara al siglo XXI y en un mundo en proceso de globalización.

A diferencia del PRI y el PAN, partidos con más de sesenta años de vida y consolidados, el PRD se encuentra en una etapa de transición entre su fundación y su plena institucionalización. En su corta historia ha tenido varias reformulaciones de sus principios, programa, estatuto, estrategia y línea política, lo que refleja que su identidad está aún en construcción; entre y desde sus dos principales orígenes ideológicos: el nacionalismo revolucionario y el marxismo, con autocrítica, pero abierto al desenvolvimiento de la realidad actual y de cara al futuro.

La aprobación de sus documentos básicos siempre ha sido por abrumadora mayoría, cuando no por absoluta unanimidad. Su falta de cohesión se debe más bien a dos temas fundamentales: estrategia y línea política, por un lado, y falta de consolidación institucional que favorece el desarrollo de conflictos internos constantes por puestos de dirección partidaria y candidaturas. Nacido como una radical oposición al régimen político de partido casi único y hegemónico y al mismo tiempo como un proyecto de restauración del "nacionalismo revolucionario" con un impacto sorpresivo y espectacular en 1988, al convertirse en partido paulatinamente ganó espacios en la vida política nacional y en gobiernos estatales y municipales. La derrota del PRI en el 2000 lo encontró aprendiendo a ser gobierno, después de haber sido "oposición radical" y lo despojó de uno de sus propósitos fundadores: sacar al PRI de Palacio Nacional Su ambivalencia como movimiento y partido y sus dificultades de consolidación, así pues, son de naturaleza muy distinta a la crisis priista.

La independencia respecto al poder presidencial, en su caso de gobernadores, es otra característica que distingue fuertemente al PRD del PRI; la proverbial corrupción priista, el alejamiento de las causas populares y el apoyo a los grandes intereses empresariales de los dirigentes y líderes del tricolor son temas que también lo separan del PRD.

No obstante lo anterior, las definiciones de los principios, algunas propuestas programáticas y una práctica democrática deficiente, hacen aparecer, para algunos analistas, a los dos partidos, el PRD y el PRI, como similares, pues, entre otros principios, coinciden en sus afinidades con el nacionalismo revolucionario, con las ideas republicanas del laicismo, el federalismo y la soberanía.

Los principios de doctrina del Partido Acción Nacional

Estos fueron formulados en su fundación en 1939, como respuesta a la expropiación petrolera de 1938 y la interpretación política, económica y social de la revolución mexicana ejercida por el gobierno del General Lázaro Cárdenas del Río. De entonces a la fecha no han sufrido ningún cambio. La visión filosófica que los sustenta se cobija bajo el influjo de la escolástica sostenida como filosofía perenne y oficial de la Iglesia Católica. Se alimentan fundamentalmente de la doctrina social cristiana postulada desde el Papa León XIII y desarrollada por sus sucesores. En 1965, terminando el Concilio Ecuménico Vaticano II, los principios del PAN fueron "proyectados" para expresarse en el contexto del mundo de su tiempo, desde entonces no han cambiado.

Para Acción Nacional su visión parte del individuo, con derechos y obligaciones, que se constituye como parte de una familia y de grupos sociales primarios. Se rige por el principio de subsidiaridad (ningún organismo superior debe asumir tareas que puedan hacer los organismos intermedios -entre el individuo y el estado-) y responde a una ideología empresarial que sostiene los principios de la democracia liberal, la propiedad privada y la iniciativa individual como prioritarios. Las distorsiones y consecuencias negativas que se pueden desprender de ellos y del mercado, se deben contrarrestar con la intervención gubernamental, lo estrictamente necesaria (o sea la menos posible), y subsanar las diferencias sociales con la solidaridad (caridad). El Estado se ve como un mal necesario y se advierte como peligro que invada la vida privada al legislar, juzgar y vigilar el orden.

Su perspectiva es más bien el desarrollo personal que el social. Sus criterios políticos son regidos por una visión particular de la moral cristiana. Para este partido, la nación está constituida por grupos intermedios, no por el conjunto nacional. Y la identidad mexicana se debe a su origen colonial. Esto es lo que significa la unidad racial -no mestizaje- y la peculiar personalidad ligada a la historia y cultura de las naciones hispánicas.

El PAN se adscribió a la Internacional Demócratacristiana, hoy llamada de Centro; donde comparte responsabilidades de dirección al lado del presidente del Estado español, José María Aznar, principal dirigente de esa Internacional.

Para los panistas, salvo raras excepciones, sólo hay una religión verdadera, la católica; de ahí que pretenda imponer su moral y su religión a la sociedad a través de la escuela pública y otros medios.

Por todo lo anterior el PAN puede ser identificado como un partido de derecha, que representa un polo opuesto al del PRD, a pesar de haber compartido en un trecho de la historia nacional la lucha con otras fuerzas sociales y con el PRD, la lucha por la democracia política.

Los principios del PRD

En los hechos este partido se concibe como encarnación auténtica y contemporánea de las tres grandes revoluciones mexicanas: Independencia, Reforma y la Revolución de 1910, y se inspira en ellas. Pero ha evolucionado de "sentirse la única izquierda nacional", a valorar la existencia de varias vertientes de izquierda, todas valiosas para la construcción del futuro.

Se ha planteado ser un "instrumento de la sociedad y cauce de demandas sociales", al tiempo que se considera representante de una parte de ella y aspira a representar a ciertos sectores: trabajadores del campo y la ciudad, intelectualidad democrática, pequeños empresarios, jóvenes, pueblos y comunidades indígenas, personas de tercera edad, sectores excluidos y en general a todos aquellos que se identifican con la construcción de una sociedad justa, equitativa, democrática, sustentable e incluyente; afirmaciones que merecen una reflexión que permita identificar con claridad cuál es el papel del partido en su relación con la sociedad.

El PRD también ha pasado de considerarse "los triunfadores de 1988" y "poseedores del voto popular", a insistir en la lucha para ganar el sufragio ciudadano en un marco de respeto por la pluralidad. Y a veces inclusive a privilegiar el "marketing político" a la defensa de los "principios fundacionales". De considerar la conquista de la Presidencia de la República como el único objetivo que valía la pena, a revalorizar luchas parciales, reformas legislativas, elaboración de propuestas y avances en gobiernos locales y estatales y en la actuación parlamentaria.

Los documentos aprobados el año pasado en su congreso de Zacatecas (de los cuales enviamos una copia a nuestros invitados) son un escalón más en la construcción de la identidad del PRD. Aunque adolecen de cierto grado de desorden y de falta de precisión, representan un gran avance y ponen en evidencia lo que falta por avanzar. Estas deficiencias se manifiestan también en el programa que reúne una gran cantidad de propuestas a veces con poca relación entre sí y sin ninguna jerarquía.

El PRD recupera una visión humanista y ética de la política y del proyecto de nación que postula. Se inserta en la lucha por los derechos humanos, de primera, segunda y tercera generación y ha sido pionero en proponer una visión de género.

Ha pasado de una sobrevaloración del papel del Estado, a la noción de "el Estado como una organización del poder político que se da a sí misma la sociedad". Así mismo se propone "construir un nuevo sistema económico en el que el mercado no determine las necesidades y la orientación de la sociedad, sino que sea la sociedad la que determine la orientación y el carácter del mercado". Para ello y para culminar exitosamente el tránsito mexicano a la democracia, postula la reforma del Estado. "En concordancia con las características de la nación mexicana, (éste) ha de ser democrático y federal, representativo y participativo, pluriétnico y pluricultural; procurará, junto con todos sus ciudadanas y ciudadanos, el bienestar general e individual de las mexicanas y los mexicanos, cuidando su desarrollo integral y un progreso humanista".

La aceptación de la globalización como un proceso irreversible, y la promesa de luchar por un orden internacional distinto al vigente son cambios importantes que se inscriben en la búsqueda de la inserción de México en el consorcio mundial bajo la premisa de que "otro mundo es posible".

El PRD no renuncia al viejo ideal de la izquierda marxista de acabar con la explotación de la fuerza de trabajo y la construcción de una sociedad igualitaria, pero se asume como un partido pluriclasista. "Para el PRD el trabajo es un valor esencial de la sociedad y fuente principal de la riqueza y la creatividad de los seres humanos".

Se enriquece la noción de la democracia representativa al concebirla "como una forma de vida que debe permear todos los ámbitos sociales y una vía pacífica para transformar las relaciones políticas.

La discusión programática, apenas iniciada en Zacatecas, deberá entonces considerar, entre otros, los puntos señalados para concretarlos, precisarlos y desarrollarlos.

Ciudad de México, 13 de agosto de 2002.

Notas:

  1. Massimo Modonesi, "¿Y dónde quedó la política? Una mirada desde América Latina", texto inédito.
  2. Evidentemente existen excepciones, casos de partidos de izquierda que mantienen horizontes de transformación que trascienden los marcos institucionales. Por otro lado se trata de excepciones que, si bien son sintomáticas de la resistencia de ciertos sectores a la normalización neoliberal, confirman la tendencia general en la medida en que ven disminuir sus márgenes de influencia y suelen reducirse a una presencia "testimonial".
  3. Sobre este problema ver Claus Offe, Partidos políticos y nuevos movimientos sociales, Sistema, Madrid, 1988, pp. 163-244 y, para una problematización desde América Latina, Manuel Antonio Garretón, "Representatividad y partidos políticos. Los problemas actuales" en Thomas Manz y Moira Zuazo (coordinadores), Partidos políticos y representación en América Latina, Nueva Sociedad, Caracas, 1998, pp. 15-23.
  4. Massimo Modonesi, op cit.
  5. Ibidem.
  6. Ibidem.

* Investigadora de Colmex y secretaria del Programa en el CEN del PRD.

** Consejero Nacional del PRD.