Comentarios del Mtro. Víctor Andrade Guevara
Intervención en la presentación del libro "La Ruptura Que Viene" del Dr. Porfirio Muñoz Ledo
Mtro. Víctor Manuel Andrade Guevara
Agradezco al Centro de estudios para la Transición Democrática la oportunidad de poder expresar algunos comentarios a este libro en el que se expone la visión de uno de los protagonistas centrales de la travesía política contemporánea en México. Como todos aquí sabemos, Porfirio Muñoz Ledo es uno de los escasos políticos mexicanos cuya práctica va acompañada de una amplia y profunda visión teórica que le permite su vasta cultura y su sólido compromiso con la edificación de un Estado democrático y de derecho, o, como él le llama, con la fundación de una "nueva república".
Políticos con estas características, lamentablemente, y eso es algo que confirma su diagnóstico, los podemos contar con los dedos de las manos hoy en México. Podemos o no, estar de acuerdo con los planteamientos y la trayectoria de Porfirio, pero difícilmente alguien pondría en duda el hecho de que sus posiciones políticas están respaldadas siempre en la reflexión, en la investigación acuciosa y el estudio, y, sobre todo, en una amplia experiencia acumulada en la variedad de cargos que ha ocupado.
Decía Max Weber que hay dos tipos de políticos básicamente, sin que estos tipos fueran tipos puros: el político que vive "de" la política y el político que vive "para" la política. Sin lugar a dudas Porfirio Muñoz Ledo es de estos últimos.
Por ello, el poder contar con un texto producto de su inteligencia y de su pluma, en el que se hace un recuento de la historia política en los últimos veinte años, se presenta un diagnóstico de la situación y se avizoran tendencias, inevitablemente llama la atención de la opinión pública e invita al debate y la reflexión.
En lo que sigue, intentaré exponer lo que a mi juicio constituyen las ideas centrales del texto, así como una valoración crítica desde el modesto oficio de sociólogo que desempeño, teniendo claro que, como decía el filósofo marxista Louis Althusser, no existe ninguna lectura inocente, así que, a lo largo de la presentación, trataremos de hacer explícito, de que lectura somos culpables.
"La ruptura que viene": crónica de una situación catastrófica, constituye, en efecto, un texto denso e interesante, que podemos agrupar en cuatro elementos, a saber:
1.- Una valoración del accidentado proceso de cambio político que ha vivido el país en los últimos 20 años, en el que se analizan las etapas de este proceso que, a estas alturas, no duda el autor en denominar, una transición trunca, quebrada por la pequeñez y la mediocridad de la elites que representan a las diferentes fuerzas.
El recuento abarca todas las etapas, desde el movimiento por la democratización de 1988, que fue producto de la confluencia entre los partidos y agrupaciones de izquierda, con la corriente democrática encabezada por él mismo y el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, así como una inmensa masa de ciudadanos cansados del antiguo sistema de partido hegemónico. Pasa este recuento por las reformas electorales de los años 90´s, específicamente en 1994 y 1997; y donde ésta última fue la que hizo posible la autonomía del IFE, la creación de la jefatura de gobierno del D.F., y por lo tanto, el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas como candidato a esa posición; también hizo posible esta reforma haberle arrebatado al PRI, por primera ocasión, la mayoría en la cámara de diputados, desmontando con ello el sistema de partido hegemónico.
El siguiente período es el que surgió con la alternancia en el poder, que se dio en el año 2000, cuando arriba Vicente Fox a la presidencia de la república. En este episodio, debemos recordar, Porfirio, recién escindido del PRD, es postulado por el PARM y encabeza la alianza por la república, para terminar apoyando la candidatura de Vicente Fox. Una vez ganada la presidencia por Fox, Porfirio encabeza la "Comisión para la Reforma del Estado" convocando a un gran número de académicos e intelectuales, a las fuerzas representativas y a numerosos ciudadanos para entregar todo un proyecto de reformas que se orientaban a la consolidación de la democracia, instituyendo un nuevo orden constitucional que sustituyera al antiguo marco normativo en el que se había forjado el partido hegemónico. Del entusiasmo inicial por la alternancia, el Dr. Muñoz Ledo pasa al escepticismo y de ahí al desencanto. Varios de sus escritos, consisten en exhortos, recomendaciones y la exigencia de dar curso a las reformas a las que inicialmente se había comprometido Vicente Fox.
Finalmente, llegó el periodo de la degradación, cuando, en lugar de promover las reformas necesarias para romper con el antiguo régimen, se convirtió en una obsesión para "el alto vacío", como picarescamente llama a Vicente Fox, extender su mandato mediante el intento de promover la candidatura de Martha Sahagún e impedir la candidatura de Vicente Fox.
Esta recapitulación se mueve entre una retrospectiva y una prospectiva constantes que permite tener un diagnóstico de la situación de cada etapa, un intento por identificar las causas y los antecedentes, así como las tendencias que están en juego en cada momento. En virtud de que es una recopilación de artículos, intervenciones en eventos y entrevistas, es difícil aprehender la estructura del libro como un todo, pero tiene la ventaja también, de proporcionarnos una visión más clara de los diferentes momentos.
En este recuento, por supuesto, hay temas polémicos, empezando por la revelación de la "entrevista secreta" del Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas con Carlos Salinas de Gortari en julio de 1988. Al respecto, escribe el autor:
Desde el punto de vista de la ética política, destaca la entrevista secreta que sostuvo el entonces candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, quien recientemente se ha referido a ella en términos que no son veraces ni reflejan un ánimo de contribuir al esclarecimiento de sucesos que, reiteramos, influyeron decisivamente en el curso de la historia contemporánea de nuestro país.
En efecto, al respecto, el ingeniero Cárdenas se mostró parco y simplemente mencionó que ello no esclarecía en mayor medida los hechos ocurridos. ¿Fue un factor esa entrevista para contener la movilización popular que generó el fraude? Al respecto, sería interesante contar con una versión más amplia del propio ingeniero Cárdenas.
Sin duda, tiene razón el autor al señalar que la información de lo acontecido en dicha entrevista ayudaría a aclarar lo sucedido en esos agitados días. Por otra parte, sostiene que fue un error no dar un cauce más decidido a la movilización popular para obligar al gobierno y su partido a desistir de la ejecución del fraude.
Dejando a un lado estos señalamientos polémicos, en diversos momentos, nuestro autor hace un análisis de la coyuntura en cada una de las etapas. Al respecto, fue reconfortante para un servidor observar que el análisis de la situación política mexicana se enmarca en el contexto global y va acompañada de un conocimiento profundo y amplio de la realidad internacional, de las tendencias que seguía la construcción de la democracia en América Latina y de las relaciones multilaterales que debe promover México y el resto de los países latinoamericanos. Nuestro autor repara insistentemente en los embates y bloqueos que sufren los Estados por parte de fuerzas supranacionales y subnacionales. Llaman particularmente los escritos elaborados durante y posteriormente a su desempeño como embajador ante la comunidad europea, al igual que sus intervenciones en diferentes reuniones multilaterales, en las que se analizan los efectos de las políticas neoliberales en la profundización de la pobreza en los países periféricos y las dificultades que ello trae para el fortalecimiento del Estado y de la democracia.
Por otra parte, hace el recuento de las debilidades institucionales del Estado mexicano, así como de las limitaciones y la estrechez de la clase política que reduce su visión a los intereses inmediatos de la coyuntura, evitando con ello las reformas de largo plazo, recordándonos, con Madison, que la diferencia entre un político y un estadista es que el primero piensa en las próximas elecciones y el segundo, en la próxima generación. El predominio del pragmatismo entre la clase política, la división interna de los partidos y la falta de democracia, así como su separación de los ciudadanos, generan un vaciamiento de la política, conformando así lo que Klaus Von Beyme llama: un Estado de partidos. Asimismo, la manera en que los medios de comunicación y el dinero invaden la política subordinándola a intereses venales y poco transparentes. El espacio público se ve opacado por estas interferencias que distorsionan el verdadero sentido de la competencia democrática al sustituir la argumentación y la presentación de propuestas por la mercadotecnia y el abuso en la publicidad a través de los medios de comunicación. Todo ello configura lo que Muñoz Ledo llama: Un Estado fallido.
Estas tendencias hacia la descomposición política, el autor reseñado ya las anticipaba desde el 2001, cuando apuntaba lo siguiente:
Cuando los regímenes de alta concentración política, como lo fue el presidencialismo mexicano, no son sustituidos con cierta celeridad por un nuevo sistema, funcional y consensual de distribución de los poderes públicos, existe el peligro de que la autoridad se traslade hacia las instituciones no estatales, llamadas poderes fácticos, que son, en la experiencia internacional, focos de inconformidad y rebeldía, crimen organizado, fuerzas armadas, corporaciones económicas y mediáticas, iglesias o países hegemónicos.
Si había alguna duda sobre este diagnostico, después de lo sucedido en Morelia, difícilmente podríamos estar en desacuerdo con esta valoración que nos indica la grave tendencia hacia la descomposición del país.
2.- Frente a esta cauda de problemas, el autor despliega como parte de la solución, un vasto programa de reforma del estado, cuyos contenidos son una constante a lo largo de la mayor parte de los artículos. Nutrido por los resultados de todo un conjunto de trabajos llevados a cabo por un equipo de académicos e intelectuales coordinados por él, en diferentes modalidades, pero también por su omnívora vocación para absorber y manejar una gama extremadamente amplia de tópicos, Porfirio insiste en la refundación del Estado que incluye varios elementos. En primer lugar, sustituir el régimen presidencialista por un régimen semi-parlamentario, en el que se separen las funciones de jefe de Estado y jefe de gobierno, de tal manera que el primero represente a la federación y el segundo sea nombrado por el Congreso, instituir un nuevo esquema de distribución de competencias entre el gobierno federal, los estados y los municipios para conformar así un nuevo federalismo de tipo distributivo, en el que se reconozca las autonomías de las comunidades étnicas y se redistribuyan las competencias fiscales, establecer un conjunto de organismos autónomos de Estado y, una propuesta bastante novedosa, al menos para mi que no soy jurista, para la creación de un consejo constitucional encargado de dirimir la controversias constitucionales, quitándole esa potestad a la Suprema Corte de Justicia.
Por supuesto, en el ámbito electoral se requiere de un estatuto para los partidos políticos, la plena autonomía del IFE y del tribunal electoral, reducir considerablemente el financiamiento privado y el gasto excesivo en las campañas, así como el voto de los mexicanos en el extranjero. En cuanto a los medios de comunicación, elaborar una ley de medios que ponga énfasis en la responsabilidad social que tienen con los ciudadanos. De igual forma, una redistribución de competencias entre los poderes. La revocación de mandato del presidente, los gobernadores y los presidentes municipales, así como la posibilidad de la reelección de los diputados y los presidentes municipales. Para todo ello, se requiere de una nueva constitución que sea la base para una nueva república, que tome como punto de partida el reconocimiento a los derechos humanos, el cumplimiento a los convenios y tratados internacionales, la elección democrática de las autoridades, el referéndum y el plebiscito, así como la iniciativa popular, que él prefiere llamarle iniciativa social.
3.- El registro reflexivo de las etapas de la transición, el diagnóstico del presente y las tendencias que apuntan a futuro tienen como eje la puesta en juego de dos conceptos clave que son: las de transición trunca o catastrófica y la noción que acuña el autor acerca del "Estado fallido".
Respecto de la transición, Muñoz Ledo afirma que necesariamente se da en dos etapas; la primera sería la de la reforma pactada, en la cual, las elites del antiguo régimen acceden a abrir la competencia por el poder con reglas del juego más equitativas. En la segunda fase, se da la ruptura pactada. En ella, se rompe con el antiguo orden institucional y se establece un marco normativo nuevo que posibilita el dejar atrás las viejas reglas en que se sostenía el régimen autoritario.
Para el caso de México, se logró con mediano éxito la primera fase que consistió en la modificación de la legislación electoral para abrir la competencia en condiciones más equitativas; sin embargo, la segunda fase se prolongó indefinidamente debido a que el presidente Vicente Fox, pero también el resto de los actores políticos, no supieron estar a la altura del resto histórico que significaba instituir un nuevo régimen, una nueva constitución y un diseño institucional democrático, que promoviese la participación ciudadana.
Habría que decir, en relación a esto, que esta transición truncada o catastrófica no es exclusiva de México, sino de varios países que habían sido considerados como parte de la tercera ola de la que hablaba Samuel Huntington. De hecho, afirman algunos autores como Thomas Carothers, que el paradigma de la transición simple y sencillamente está agotado; que la mayoría de los países considerados como parte de este proceso gradual de cambio político, han seguido un proceso de estancamiento o, de plano, de involución democrática, que rompe con el esquema lineal y teleológico de las teorías de la transición. Según esto, de los 100 países que habían sido considerados como candidatos a ingresar en un proceso de transición, sólo 20 habían logrado llegar a una etapa de consolidación. En la mayoría de estos países, como parece ser el caso mexicano, se ha asentado un "pluralismo débil" o, como les llama el propio O´Donell, uno de los principales teóricos de la transición democrática, se han creado democracias delegativas o de baja intensidad. Todo ello, para América Latina, fue confirmado por el estudio realizado por el PNUD, en el cual, la mayoría de los países, tienen una baja calidad democrática, debido a prácticas que distorsionan la participación ciudadana como el clientelismo, la compra del voto debido a la pobreza extrema o condiciones inequitativas de competencia electoral en los medios de comunicación.
Por otro lado, Muñoz ledo utiliza el concepto de "Estado fallido" para describir la realidad política mexicana del sexenio pasado, que bien puede aplicarse al actual. Así, menciona tajantemente:
México va camino en convertirse en un Estado fallido. Ahora es un Estado infuncional, subordinado y corrupto, pero mucho me temo que vayamos camino a una catástrofe mayor que, en el caso, sería un protectorado: la irakización incruenta del país. Uno de los últimos libros del profesor Eric Hobsbawm, La guerra y la paz en el siglo XXI, reúne un conjunto de ensayos de ese pensador de izquierda que también se ha radicalizado. Él contrasta, por un lado, la inseguridad interna con el terrorismo y las emigraciones, mientras, por otro lado, traza el gran mapa de la desigualdad y de los imperios, es decir, las fuerzas que están determinando, por su estrategia económica, de poder, petróleo y geopolítica, la multiplicación de la desigualdad.
Para reafirmar esa idea continua:
El narcotráfico actúa en las altas esferas del poder. Abajo hay sicarios, vendedores, cómplices, policías venales, extorsionadores y ejecutados, pero arriba hay una zona, que no es legal ni ilegal, conformada gracias a un complejo entramado de instituciones reconocidas por la ley: tiendas, bancos, aduanas y políticos. La red es institucional: no hay economía informal sin una red urdimbre de organismos "legales" que la apoyen y una casta de funcionarios que provea protección e impunidad.
Decía anteriormente que si había alguna duda, lo ocurrido en Morelia y la información cotidiana, nos confirman esta tendencia que el autor preveía desde el 2001. La falta de legitimidad de quien ejerce el poder político, la red de complicidades de las que se han valido para mantenerse en el poder y que han tenido que proteger, socavan la institucionalidad, la legalidad y la seguridad.
En efecto, si nos atenemos a la definición que nos da Max Weber acerca del Estado, vemos que este es:
Aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio, (el territorio es un elemento distintivo), reclama (con éxito) para si el monopolio de la violencia legítima. Lo específico de nuestro tiempo es que a todas las demás asociaciones e individuos, sólo se les concede el derecho a la violencia física, en la medida en que el estado lo permite.
Como vemos, Weber subraya el hecho de que este monopolio, ha de ser ejercido "con éxito" y que cualquier otra violencia existe porque el estado lo permite, y eso es lo que está pasando en México, entre otras cosas, ha perdido la capacidad de brindar el bien básico y más elemental que está obligado a dar, que es la seguridad.
Entonces, este escenario de irakización, del que nos habla el autor comentado, no es una afirmación aventurera sino una posibilidad que ya está presente aquí y ahora. Y esto, ciertamente, no es un diagnóstico que parta de una visión obnubilada por su posición política sino una reflexión que parte de una base teórica y de una vasta experiencia como la que todos le conocemos.
No es un escenario deseable, pero, en efecto, de no mediar un gran pacto entre los principales actores de la política, la economía y los ciudadanos, en el que, sobre todo los grandes grupos empresariales, comprendan que están tomando una parte excesiva del pastel de la riqueza, a través de los favores de quienes están en el gobierno, y que les conviene tener autoridades legítimas, electas democráticamente, que les garanticen seguridad y paz social, este escenario catastrófico está en camino de confirmarse.
4.- Finalmente, en el epílogo del libro se hace una entrevista a Porfirio Muñoz Ledo en la cual, se hace una reflexión sobre su trayectoria y su visión actual de la situación política. La reflexión gira en torno a la diversas rupturas que ha tenido a lo largo de su trayectoria. La ruptura inicial con el antiguo régimen, la formación del PRD, su ruptura con el PRD y la formación del movimiento por la nueva república, la alianza con Vicente Fox y su rompimiento también con él. Nuestro autor da una explicación y dice, precisamente, que él ha sido un hombre de rupturas pero ha mantenido su congruencia.
La congruencia sólo puede entenderse en el contexto de la biografía. Hoy en día, existe una confusión generalizada entre ser tránsfuga o ser rupturista. En las democracias maduras no acontece el transfuguismo, que pertenece a una edad geológica de formación de los partidos y al acomodo de los dirigentes y militantes. Las verdaderas rupturas tienen un significado diferente, Lutero no fue un tránsfuga, sino un rupturista, Miguel Hidalgo también y así Venustiano Carranza.
En tiempos convulsos suelen producirse, asimismo, rupturas dentro de un mismo movimiento, lo que por cierto ha ocurrido en casi todas las revoluciones. A la posteridad corresponde analizar las razones y las motivaciones de los actores. Para esa valoración sirve mucho la ponderación objetiva del resultado de sus actos y, sobre todo, de su conducta ulterior; a través de ella es fácil medir la consecuencia y la inconsecuencia.
Respecto a estas afirmaciones, yo sólo puedo decir lo siguiente:
Fui testigo, en efecto, de cómo Porfirio Muñoz Ledo se vio atrapado en el PRD, entre el liderazgo carismático de Cuauhtémoc Cárdenas, y las facciones que cotidianamente se han encargado de deteriorar a ese partido por dentro. En 1997, el PRD y Cuauhtémoc Cárdenas cometieron un error estratégico al buscar este último ser candidato a jefe de gobierno, pensando en esa posición como una antesala para buscar nuevamente la presidencia de la república. Era evidente que, si pensaba ser candidato a la presidencia, no le iba a ser suficiente año y medio para acreditar logros que legitimasen su aspiración. En cambio, Porfirio tenía la gran oportunidad de ser candidato a jefe de gobierno y seguramente también hubiese ganado. Más allá del papel nefasto de los medios de comunicación que hicieron también una campaña negativa, la tendencia del PRD a la baja en la elección presidencial de 2000, se debió a la falta de resultados tangibles que hablasen de un mejor gobierno. Es de comprenderse la incomodidad de una personalidad como la de Porfirio, en un partido que parecía estar destinado a servir a los deseos de su máximo líder en ese momento, reproduciendo una cultura con rasgos autoritarios, donde se denostaba a quien disentía del máximo dirigente. Cabe recordar que no sólo le sucedió a Porfirio Muñoz Ledo, igual ocurrió con Gilberto Rincón Gallardo, ciertamente, otro político con ideas y hasta con el propio Heberto Castillo. Anteriormente, había pasado con José Woldenberg, Rolando Cordera, Jorge Alcocer y otros miembros distinguidos. Comprendo la decisión de Porfirio de buscar otras rutas en el 2000, aunque no estoy tan seguro de que se justificara su alianza con Fox.
Por otra parte, y no podemos omitir esa situación hoy, cuando se cumplen cuarenta años de la matanza de Tlatelolco, espíritus menores le han cuestionado el haber permanecido en el antiguo régimen a pesar del rostro autoritario que asomó de manera trágica el 2 de octubre del 68. Ese cuestionamiento merece una reflexión mayor para la que no estoy capacitado. Como dice el mismo Porfirio, deberá ser valorado por la posteridad, con más objetividad. En el libro se menciona con acierto una frase de Edmundo O´ Gorman quien afirma que los historiadores no pueden juzgar a los actores sino comprenderlos.
Para ello, me viene a la mente el ensayo de José Ortega y Gassett "Mirabeau o el político" en el que afirma que al político no se le debe juzgar moralmente en el mismo sentido que a un hombre común.
El hombre de Estado debe adornarse con las que él llama «virtudes magnánimas» y no con las «virtudes pusilánimes»: «Cabe no desear -escribió- la existencia de grandes hombres, y preferir una Humanidad llana como la palma de la mano; pero si se quieren grandes hombres, no se les pidan virtudes cotidianas…y es sin disputa, más fácil y obvio, no mentir que ser César o Mirabeau.
Al político se le debe medir por sus fines y por sus ambiciones, y al respecto, como decía Gramsci, hay pequeñas y grandes ambiciones. Es una pequeña ambición querer ganar una fortuna, es una gran ambición, querer transformar un Estado. ¿Significa eso que un político debe o puede, decir siempre lo que piensa?
Dicho esto, permítanme terminar con una frase de Max Weber, en su pequeño ensayo: La Política como vocación, que particularmente me es muy significativa para entender a un político.
"La política consiste en una dura y prolongada penetración a través de tenaces resistencias, para las que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura. Es completamente cierto, y así lo prueba la historia, que en este mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez. Pero para ser capaz de hacer esto no sólo hay que ser un caudillo, sino también un héroe en el sentido más sencillo de la palabra. Incluso aquellos que no son ni lo uno ni lo otro han de armarse desde ahora de esa fortaleza de ánimo que permite soportar la destrucción de todas las esperanzas, si no quieren resultar incapaces de realizar incluso lo que hoy es posible. Sólo quien está seguro de no quebrarse cuando desde su punto de vista el mundo se muestra demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él ofrece; sólo quien frente a todo eso es capaz de responder con un <sin embargo>. Sólo un hombre de esa forma construido tiene <vocación> para la política".
De ese talante creo que es Porfirio Muñoz Ledo y por ello, "La Ruptura que Viene" es un libro del que podemos aprender mucho.



















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