Por la lentitud de la Transición, la Reforma Democrática nos parece mitológica: Ernesto Fernández Panes

Por la lentitud de la Transición, la Reforma Democrática nos parece mitológica: Ernesto Fernández Panes

Exmilitante del desaparecido Partido Comunista Mexicano y primer representante de la oposición en el Congreso local, Ernesto Fernández Panes, hoy comisionado ciudadano ante la Comisión Estatal Electoral, expresa que el proceso de transición actual es producto del esfuerzo de muchos sectores que desde diversos ámbitos han venido buscando desde hace 20 años atrás la democratización de México y Veracruz, y afirma que sería falso considerar que el proceso de cambio sea resultado de la voluntad democrática del gobierno. Con estudios en Economía y maestría en Docencia Universitaria, el académico acepta que la reforma política en Veracruz tiene mucho de propaganda, pero apunta que se ha logrado la construcción de significados y objetivos comunes que han permitido la movilización y el avance de los ciudadanos. No obstante, reconoce que la participación de los grupos sociales ha sido escasa en el proceso de consulta pública, y remarca que la incredulidad, el escepticismo y la desconfianza de la sociedad a todo lo que huela a gobierno, no ha sido casual. El exdiputado local por el PSUM y expresidente de la Academia Mexicana de la Educación, A. C, Sección Veracruz, manifiesta con cierta decepción que los medios de comunicación se han quedado a la zaga del proceso de reforma en la entidad , quedándose prácticamente aislados del cambio. Maestro de tiempo completo en la Facultad de Antropología de la U.V., Fernández Panes augura dificultades para concretar la transición en Veracruz porque advierte que existen muchas resistencias que vencer. "Los que detentan el poder no están dispuestos a soltarlo fácilmente", declara, por lo que convoca a sustentar la defensa política con transparencia y promover "una lucha de propuestas".

Entrevista de Gina Domínguez

Como ciudadano que de una u otra manera ha estado inmerso en el proceso de cambio en Veracruz por lo menos durante las dos últimas décadas, ¿cómo definiría hoy la transición?

Bueno, ese es un concepto, una categoría de análisis que ha surgido sobre todo de los teóricos que han analizado los cambios de formas de gobierno y de sistemas políticos caracterizados como no democráticos hacia otros considerados como democráticos, es decir, hay toda una serie de análisis político, lógico y científico en el ámbito de la sociología sobre el concepto éste. Pero en términos generales, los teóricos también han hecho referencia a los procesos empíricos, es decir, sobre todo a raíz de los cambios de un régimen autoritario como son los casos de Europa oriental con la caída del muro de Berlín, o el caso de la ex Yugoslavia, o en el caso de América Latina de formas militaristas y dictatoriales como Chile, Brasil, Argentina, Nicaragua. En el caso de México este concepto de la transición nos ha servido para analizar el proceso que va, desde lo que podíamos llamar la lucha por las libertades políticas que yo veo que fue uno de los elementos centrales del movimiento de 1968, e incluso antes, pero sobre todo a partir del despertar de conciencia, no solo de partidos de oposición, sino también de sectores de la propia clase política gobernante, pero con una visión de cambio de ver que el sistema político mexicano y las formas de representación, y sobre todo la regla del juego electoral, se estaban rezagando respecto a lo que la exigencia mundial y de la globalidad democrática exigía. Entonces ese proceso de tránsito —yo te digo porque, por ejemplo, nosotros comenzamos a plantear la necesidad de libertades políticas desde aquella elección presidencial cuando salió Díaz Ordaz y empezó Echeverría, nosotros lanzamos una candidatura independiente en 1976, que fue la de Valentín Campa—, nos planteábamos la necesidad de nuevos partidos y de una reforma política que permitiera la apertura a nuevas organizaciones. Entonces la transición en Veracruz yo creo que se enmarca en ese contexto, en la lucha por la libertad política, por el registro de nuevos partidos y por elecciones libres, transparentes y por la conformación de organismos electorales realmente independientes y autónomos. Entonces para hablar de transición en Veracruz yo creo que habría que referirnos también a la participación de los movimientos sociales que abarcan desde los años setenta, pero donde empieza ya a convertirse en ley, en artículos digamos con un perfil de democratización, es a partir de la reforma de Reyes Heroles y López Portillo que fue en 1979 y 1980. A raíz de esa movilización que se hizo en el país, participamos candidatos independientes. Yo me acuerdo que en 1977 fui candidato a diputado local sin registro, hicimos campaña pero no nos reconocieron los votos porque no estábamos registrados. Entonces así se dieron una serie de manifestaciones en todo el país y creo que esto se viene a concretar a principios de los ochenta con un tránsito muy lento hacia formas precisamente más creíbles de proceso electoral. Entonces el proceso de transición de formas autoritarias, más centralistas, creo que se ha venido retrasando por que pudo haber sido más rápido. Y yo lo colocaría desde las primeras reformas a principios de los ochenta hasta el momento actual, donde ha habido cierto gradúalismo, ha habido recomposición, ha habido nuevos marcos jurídicos, diferentes momemtos del código federal electoral, de diferentes formas de integración de la Cámara, pero fue hasta cuando surgió la figura del diputado plurinominal, incluso de senador de minoría, y bueno desde luego de los ayuntamientos con representación proporcional. Creo que la transición sí es una categoría que nos puede permitir analizar una forma de gobierno y sistema de gobierno en crisis centralista, muy corparativa, autoritaria, que todavía guarda esos rasgos hacia formas que podríamos caracterizar como formas democráticas modernas, de coexistencia y de disputa del poder político.

La reforma en Veracruz e incluso nacional, ¿qué tanto es realidad?, ¿qué tanto es mito? y ¿qué tanto es una estrategia propagandística del actual sistema para mantenerse?

Bueno, yo digo que es todo eso. Es un mito si por mito entendemos la construcción de significados comunes que nos puedan movilizar. Entonces, todos los proyectos políticos de alguna manera adquieren el rango de mitológicos. Ahora, tiene un sentido propagandístico porque todo político y sujeto que actúa políticamente hace propaganda, o pretende difundir su punto de vista y venderlo en un mercado político, ¿no? en el sentido más moderno. Ahora, yo creo que aquí la connotación de decir que esto podía ser un enmascaramiento, una simulación, viene efectivamente de sectores desconfiados, no casualmente desconfiados, sino con mucha razón, porque han visto muy lento el proceso de tránsito. Creo que en Veracruz, si vamos a hablar de un proceso de transición —yo por ejemplo fui diputado local en los ochenta, y llegué como el primer diputado plurinominal después de un periodo de muchos años de lucha por las libertades políticas—, entonces qué pasa: si vemos la ley del periodo de Hernández Ochoa, que fue una reforma muy importante porque se abrió la Cámara a la representación proporcional, y vemos el nuevo código, indudablemente que el código actual tiene un serie de ventajas. Una, de que ya los órganos de gobierno no están representados; por otro lado, de que en el órgano electoral hay partidos y representantes ciudadanos o comisionados ciudadanos que no tenemos ninguna militancia partidista en este momento, que tenemos un compromiso más con la imparcialidad. Entonces yo digo que en ese sentido ha habido avances importantes en Veracruz. Ahora, creo que diferentes fuerzas han contribuido a esto, y por otro lado los propios dirigentes del gobierno han visto que en un momento dado no puede seguirse gobernando con los mismos estilos de relación entre los poderes y entre las fuerzas políticas. Entonces creo que analizando esto con más frialdad, con más objetividad, sin caer en las diatribas, sin caer en la desconfianza absoluta, pero tampoco en considerar que la reforma de Veracruz es la máxima, yo digo que hay que ser mesurados, hay que ver que ha sido un esfuerzo no sólo del gobierno —porque sería exagerado decir que es del gobierno—, sino que ha sido también un esfuerzo de muchos sectores que han luchado por la democratización de Veracruz. El que se haya convertido este código en un marco jurídico renovado no es suficiente porque todavía en el código actual, el director por ejemplo de la Comisión Estatal tiene mucho control sobre el proceso electoral, hay desequilibrio entre las funciones de los órganos ejecutivos y el órgano directivo que es el Consejo General. Todavía la Cámara tiene atribuciones para vigilar el presupuesto, lo deberíamos de tener nosotros, el Consejo General. Todavía hay procesos no muy adecuados de nombramientos de los funcionarios distritales, eso debería ser de otra manera. Es decir, hay una serie de puntos que todavía limitan lo que podríamos decir un funcionamiento plenamente democrático y transparente del órgano electora!. Pero bueno, se dieron pasos importantes. Yo creo que con esta consulta han surgido muchas propuestas, yo me acabo de enterar que el PRD presentó una iniciativa con muchas coincidencias a otra presentada por el PAN. Claro, también tienen diferencias, como por ejemplo acerca del porcentaje de votación para acreditarse una representación proporcional. Acción Nacional está proponiendo que todos los partidos que tengan derecho a estar representados en la Cámara, mínimo deben obtener el tres por ciento de la votación, mientras que el PRD está proponiendo que sea de dos por ciento. Ahí hay una diferencia, pero son matices que pueden... Bueno, pero creo que en el caso de la representatividad en el Congreso todos tendrán que estar de acuerdo en que hay una sobrerepresentación; no puede seguir como hoy está de que un solo partido con el 50 por ciento de los votos controle el 80 por ciento de los diputados. ¡Eso es absurdo! No puede seguirse sosteniendo. Entonces hay ya rumbos marcados por la reforma federal que van a tenerse que modificar también en los estados, incluso el número de elecciones. A mí me parecería muy adecuado que se juntaran las elecciones; el PAN, por ejemplo, está proponiendo que la elección de gobernador se junte con la de los municipios porque se gasta mucho dinero en los procesos electorales en las campañas. Ahora, sobre los topes de campaña hay que bajarle también porque son demasiado costosos, es una ofensa a los pobres el que se derroche tantos recursos. Yo creo que hay que invertir en la política, hay que invertir en los procesos electorales y en la democracia, pero hay que ponerle límites también al uso de esos recursos. Entonces todo esto se tiene que discutir. Creo que la consulta permitió que muchas de esas propuestas surgieran de los mismos ciudadanos o de grupos o de personalidades o de gente interesada en que el código debe ser modificado y debe haber una reforma constitucional democrática. En el caso de Veracruz los foros sí han contribuido y todo depende ahora de que las fuerzas, el gobierno, el Ejecutivo, sean sensibles para que puedan sacar el consenso. Ya hay dos iniciativas ahora que se han propuesto. Hay que debatirlas, pero yo creo que ahí es donde los del PRI, PT y demás partidos deben de analizar esto y deben de buscar un proyecto único, algún dictamen que unifique. Creo que el PRI también debería hacer llegar su propia propuesta.

Maestro, en ese sentido, a su juicio, ¿cuál sería el área o el ámbito en el que se hace más urgente ir aterrizando o concretando ya la reforma?

Bueno, por los tiempos en los que estamos —pues hay incluso un artículo transitorio de la reforma constitucional federal que da un plazo para que las legislaturas y los gobiernos de los estados que tengan elecciones el próximo año entren en un proceso de reforma y echen a andar una nueva ley—, entonces esto se tiene que estar ya. Prioritariamente yo diría que está la reforma electoral. Hay que comenzar a trabajarla, hay que empezar a generar discusión sobre esto, todavía en el ámbito de la legislatura y de las comisiones y entre los que tienen en sus manos la posibilidad de generar iniciativas; tendrán que ponerse de acuerdo. Pero lo que urge hoy es tener un nuevo código modificado en todo aquello que deba ser modificado, según el consenso. Y por otro lado, bueno también es prioritaria la reforma de los poderes legislativo, ejecutivo y el judicial. Hay que recomponer la relación, hay que disminuir las funciones del ejecutivo, hay que darle mayores atenciones al legislativo. Ahora, por ejemplo, el PAN propone que los magistrados del Tribunal Superior de Justicia del. Estado sean nombrados por la legislatura, y que los comisionados ciudanos ante el órgano electoral lo sean bien por las dos terceras partes del Congreso. Eso me parece que es positivo también. Hay otros ámbitos que se cruzan, por ejemplo los delitos electorales, pero eso es un problema de reforma del código penal. Y bueno, también está la cuestión de los municipios, la forma en cómo deben estructurarse más democráticamente. El PAN está proponiendo por ejemplo que los ayuntamientos cuenten ahora con sólo un síndico de mayoría y que los demás sean de representación proporcional. Bueno, eso hay que debatirlo porque eso cambia la estructura y, efectivamente, los regidores deben tener funciones ejecutivas y el Cabildo debe estar representado de manera realmente plural, que no haya una sobrerepresentación en los municipios. Entonces, la reforma electoral involucra o integra también una reforma en los otros ámbitos, tanto en el judicial, como en el de la distribución entre los diferentes poderes y en el propio legislativo. El poder legislativo debe ser reformado también en su propia estructura, en la forma de organizar las comisiones, en el reglamento interno que incluso están proponiendo. Pero yo diría que en este momento la prioridad es la reforma electoral, y que en este sentido los sectores, los grupos que están involucrados en esto deberían ya de ir acercando los consensos.

Una sociedad incrédula, incrédula no gratuitamente, sino con fundamento ante un proceso de reforma y su participación que para muchos fue casi poco representativa en la consulta pública...

Sí, sí fue realmente escasa...

¿Cuál es su opinión de este proceso de consulta?

Mira, el proceso de consulta —y me refiero concretamente al caso de nosotros, el del comité para la consulta de la reforma electoral—, hicimos el esfuerzo por invitar a mucha gente y yo creo, me consta a mí de que se hicieron los esfuerzos, pero el problema es que esa incredulidad ha llevado a un rechazo de todo lo que huela a oficial, a gobierno; eso ya de por sí, genera desconfianza. Pero tienen razón los ciudadanos. Yo creo que no bastan los discursos, no basta con que tú metas desplegados o difundas mucho la imagen de alguien, sino que hay que ir acercando las acciones al discurso, es decir, que en la práctica realmente se hagan las cosas de manera diferente. En ese sentido hay que ver la corresponsabilidad. Yo tampoco le apuesto a que entre más incrédulos sean los ciudadanos más cerca estamos de un cambio. Yo digo que no. Hay que ser incrédulos, pero hay que ser participativos. En ese sentido también los propios ciudadanos pueden imponer formas de participación. Vamos a suponer que ahora se hubiesen iniciado los foros, ¿no hubiera sido muy interesante que los propios ciudadanos diversos, plurales, se hubieran organizado para hacer contrapropuestas, para plantear cosas? Esa hubiera sido una gran iniciativa, pero todavía hace falta mayor participación independiente. Entonces, en ese sentido, creo que debemos ir marchando en un ambiente donde además los medios de comunicación deben involucrarse también. Yo noto que los medios como que se han ido retrasando respecto a la opinión del tipo de reforma que necesitamos, como que los medios no se meten y solo dejamos que opinen el gobierno, los partidos, etcétera. Bueno, ¿pero los medios qué opinan? Los medios tienen que opinar no sólo de que el gobernador es de San Luis Potosí o de que en el Instituto de Pensiones se clavaron la lana... Sí, eso es importante, sacarlo y que se conozca, que se difunda, pero también los medios tienen que organizarse para proponer, tienen que hacer propuestas de reforma. Yo digo que en ese sentido debe darse su involucramiento, porque los medios no están aislados de la reflexión, del sentido de democracia que necesitamos en Veracruz. Entonces, en esta cuestión de los foros, creo que sí hizo falta la participación ciudadana independiente, porque la mayoría fueron partidos políticos, personas que pertenecen ya a corporaciones y, bueno, algún sector independiente de agrupaciones realmente ciudadanas; a título personal hubieron también participaciones, pero creo que esto nos llama la atención. Un amigo, un maestro, el doctor Hernández Vega decía que la sociedad civil cuando se calla, cuando no opina, también es un indicador de que algo anda mal, de que no hemos logrado despertar la confianza. Entonces, yo creo que efectivamente el silencio de la sociedad civil hay que tomarlo muy en cuenta de que todavía la gente no cree en el gobierno, y no cree en los gobernantes y no cree en los políticos y no cree también de alguna manera en los partidos políticos. Se requiere recuperar la confianza y credibilidad ciudadanas. Los partidos políticos se están consolidando, incluso la reforma que pueda tener el PRI pudiera beneficiar también en este sentido. Pero aquí es una corresponsabilidad, porque no creo que pueda haber un sector único que diga: "yo a proponer el cambio, yo solo voy a articular el cambio". No. Habría que seguir discutiendo. Y la política es discurso, es análisis, pero también es acto.

Finalmente, sobre este tema maestro, ¿cuál es el futuro, si se puede predecir, que usted le augura al proceso de transición en Veracruz?.

Mira, yo lo veo de manera optimista, pero relativa. Creo que vamos a estar en un proceso de reforma donde es posible que se hagan cambios importantes, pero también creo que todavía existe mucha resistencia; mucha resistencia porque hay sectores que piensan que con darle una manita de gato a la ley, con a veces simular que cambiamos, ya estamos cambiando, y a la gente no la vamos a engañar. Yo creo que en eso hay que estar vigilantes. No soy demasiado optimista, pero sí soy optimista en el sentido de que los esfuerzos que se han hecho en los foros y en la discusión pública y en los foros que están haciendo los partidos ahora con esta iniciativa, pueden llevar a una reforma que mejore el código. Este código no está mal del todo, hay avances importantes. Pero creo que sí hay que ajustar, hay que cambiar sobre todo las formas de representación. Si se cambiara, si se echara abajo la sobrerepresentación en la legislatura, si se unieran elecciones, si se distribuyeran mejor las atribuciones del Consejo y del director en la Comisión Estatal Electoral, las funciones de las distritales; si se organizara mejor el proceso de funcionamiento interno de la Comisión Electoral, etcétera, si se fortaleciera el sistema de partidos con mayores apoyos, si se vigilara mejor los gastos de campaña, si se hiciera seguimiento y se sancionara a aquellos partidos que violaran las topes de campaña y que se comprobaran los recursos, que se hicieran auditorías a los partidos políticos, sería un gran avance.

¿Cuáles serían es este caso las principales resistencias a vencer?

Yo digo que hay temores porque, bueno, el que tiene el poder no lo piensa soltar así tan fácilmente. Lo tiene que defender, pero la defensa tiene que ser más transparente, es decir, tiene que haber más competencia, más lucha de propuestas y sobre todo con candidatos que despierten credibilidad en la gente. En ese sentido, yo creo que hay temores porque existe también una visión patrimonialista del poder: muchos que llegan al gobierno piensan que son los dueños del gobierno y se olvidan que van a estar tres o seis años, aunque pertenezcan a grupos poderosos que están enraizados en la economía. El poder es transitorio. Y en ese sentido creo que no deberían tener tanto temor. Pero hay también un temor que se generó a raíz de la crisis y del descrédito de Salinas, un hombre que llega al poder a los cuarenta años y comete tantas arbitrariedades, tantas estupideces, pero que también hizo cosas del mucha inteligencia política. Ahora bien, existen grupos de políticos viejos que creen que era mejor como estábamos antes y esa es otra cuestión de inercia de grupos políticos que piensan que funciona mejor un sistema tradicional que enfrentarnos a un cambio. Entonces esa otra resistencia. Y otra es que hay intereses económicos que piensan que, por ejemplo, si hubiese mayor trasparencia, mayor honestidad en el manejo de los recursos públicos, no van a recibir los beneficios del poder. Entonces también hay intereses fuertes que prefieren tener amigos en el poder —digamos gente del propio grupo para poder usufructuar los beneficios que da el poder—, y esos son intereses económicos poderosos, no sólo son intereses ideológicos, sino son obstáculos fuertes. Entonces creo que la reforma, en sí, no es algo sencillo porqué afecta intereses indudablemente. Las formas de representación política van a tener que ir minando al corporativismo, porque los sindicatos reclaman espacios en los ayuntamientos, regidurías, y los líderes charros de los sindicatos exigen también posiciones en el Congreso, diputaciones. Entonces, ahí, al interior del aparato gubernamental, esto es parte del juego y de las presiones.