Mitología sobre la mujer. Jorge Gissi Bustos

Mitología sobre la mujer

Por Jorge Gissi Bustos

El título de este artículo debe tomarse con reservas, pues por una parte dice mucho, y por lo mismo dice quizá demasiado poco. Se pretenderá estudiar algunos mitos presentes en la ideología y cultura mundial y chilena sobre la mujer, relacionando muy de paso, y a través de interrogantes, la arcaica concepción de hombres y mujeres sobre la mujer (y el hombre) con otros aspectos más generales. Para comenzar, reproduciré un gráfico que creo valioso y que presenté en otro escrito (1). No es mi intención en este articulo realizar todo el análisis teórico y empírico posible de este gráfico. Desarrollaré, sin embargo, algunos problemas teóricos y demostraré con las investigaciones empíricas chilenas que existen, la situación ideológico-cultural al respecto en mi país.

LAS CIENCIAS SOCIALES han demostrado hace ya bastante tiempo la interrelación entre los fenómenos económicos, culturales, ideológicos, jurídicos y políticos. Considerar tales relaciones se hace imprescindible para comprender "el problema de la mujer". Hoy como ayer -aunque en menor grado-, hay una discriminación y situación objetiva de inferioridad de la mujer en todos los aspectos mencionados. Este artículo se restringirá más bien a lo ideológico-cultural, pues lo económico-social lo he desarrollado en otra parte (2). Sin embargo, el análisis de lo ideológico-cultural se hace ininteligible sin remitir a la situación de vida radicalmente diferente para ambos sexos. Esta situación brota en gran medida de la división del trabajo, que tiene dos aspectos relacionados: primero, la división entre el trabajo masculino fuera de la casa y remunerado y el femenino a la inversa; segundo, cuando ambos sexos trabajan fuera de la casa irremuneradamente, la división entre tipos de trabajo, status de las funciones, sueldos, etc. El segundo aspecto de la división del trabajo es derivado del primero. La división se hace más sutil, y ha llevado a muchos a hablar de la "emancipación" femenina como algo ya logrado. Pero la segunda división demuestra también la no emancipación por tres razones fundamentales: a) la mayoría de las mujeres en el mundo, en occidente y en Chile no trabajan fuera de la casa ni tienen remuneración; b) las que las que trabajan son en general discriminadas en todo sentido; c) se mantienen aspectos ideológico-culturales en ambos sexos que derivan de la división primera y más radical, y que dificultan la visión critica de la situación de la mujer (y del hombre).

Es en este tercer aspecto en el que me detendré, ¿cómo y por qué hombres y mujeres creen y practican mitos sobre la mujer (y el hombre)? La visión dominante que se mantiene en la mayor parte del mundo y drásticamente en América Latina, es la visión masculina. El dominio ideológico-cultural del hombre se relaciona estrechamente con su dominio económico, jurídico y político. A la ideología del hombre sobre sí mismo como superior a la mujer la llamaré machista. Esta ideología no significa sólo ideas, sino también costumbres, una práctica de vida cotidiana interdependiente con tales ideas. En este sentido, la ideología implica una cultura y la cultura como estilo de vida implica ideas -cierta visión del mundo-, razón por la cual frecuentemente usaremos ideológico-cultural como una totalidad expresada por el guión que une los dos términos. Pero aunque a veces se use la palabra ideología sola, hay que entenderla en el mismo sentido anterior, y no en sentido racionalista. Por otra parte, las ideologías sobre los sexos son una expresión particular de una visión de la sociedad y del mundo que trasciende los sexos (3). Este aspecto es fundamental y no se debe olvidar.

En cuanto a los sexos, la ideología machista es la ideología dominante, lo que significa que la mayoría de las personas de ambos sexos creen y viven ciertos mitos que tal ideología presenta. Así pues, muchas mujeres serán también "machistas", consciente o inconscientemente. Esta ideología de la mujer sobre sí misma es una ideología dominante u oprimida, pues acepta las creencias y costumbres que se oponen a sus posibilidades, encerrando tales posibilidades dentro de los límites estrechos que impone la ideología machista dominante. Por lo tanto encontramos semejanzas en la ideología de hombres y mujeres. Pero estas semejanzas no quieren decir igualdad, pues aunque ambos sexos crean que el hombre es más apto para la abstracción, o para la dirección, esta creencia es vivida de diferente manera por los dos sexos. La distinta situación de vida condicionará diferencias importantes, y justifica que hablemos de ideología y cultura oprimidas en la mujer como diferentes a la del hombre, pero en estrecha relación dialéctica con la ideología machista del hombre, y ambos con la situación de ambos sexos en todos los otros aspectos.

Como ya hemos dicho, los sexos se dividen en todos los planos, y por tanto también ideológico-culturalmente a partir de la división del trabajo original. El sexo masculino legisla y ejerce el poder económico y político, además de hacer aparecer (en general inconscientemente) su ideología dominante como "la verdad". Análogamente a otros grupos sociales, el sexo masculino "se ve obligado, simplemente para conseguir sus objetivos, a presentar sus intereses como intereses comunes do todos los miembros de la sociedad, es decir, a dar a sus ideas la forma de universalidad y a representarlas como las únicas racionales y universalmente válidas" (4).

En esta situación se hace para hombres y mujeres "normal" creer que la mujer "no trabaja", que debe obedecer, etc. (5). Hay un desfase económico jurídico e ideológico en la mujer y familia respecto a otras instituciones en la mayor parte de la sociedad occidental. Es por este desfase que ella no recibe sueldo, que jurídicamente no hay igualdad (6), que ideológicamente no se suponen ambos sexos igualmente "aptos" (sea explícito y consciente o sea inconsciente y sutilmente).

Dado este marco, la familia y en particular la mujer será una fuerza activa y eficiente contra el cambio de la sociedad y a la inversa, si la sociedad no cambia, será una fuerza activa y eficiente contra el cambio de la mujer y la familia. La familia como mundo de lo "privado" será zona de refugio de los problemas "públicos" del hombre. Análogamente, la religión considerada como algo "espiritual" era y es -en sus formas alienadas- zona de refugio de los problemas materiales (7).

Pero la familia no es "privada", por el contrario, es uno de los agentes fundamentales de transmisión ideológico-cultural de la sociedad. Además: "poco importa si las instituciones que los realizan son públicas o privadas. Importa su funcionamiento. Las instituciones 'privadas' pueden 'funcionar' perfectamente como aparatos ideológicos del Estado" (8). Así, lo "privado, intimo y espiritual" son muy funcionales para mantener las relaciones sociales dadas, pues las ideologías oprimidas aceptan lo dado como algo "natural" y lo reproducen. La familia es el primer agente de esta reproducción ideológico-cultural, tomando al niño cuando es máximamente moldeable: "en cualquier sociedad de explotación la familia refuerza el poder efectivo de la clase gobernante proporcionando una forma paradigmática fácilmente controlable para todas las instituciones sociales. Y así es como encontramos la forma de la familia replicada en las estructuras sociales de la fábrica, el sindicato, la escuela (primaria y secundaria), la universidad, la gran empresa, la iglesia, los partidos políticos y el aparato gubernamental, los hospitales generales y mentales, etc" (9). Estas tesis sustentarán hipótesis nuestras para una investigación posterior. Así pues, hay una dialéctica mujer, familia, sociedad. La mujer es reprimida culturalmente en general, con particulares implicaciones económicas, políticas, intelectuales, emocionales, sexuales. El problema se transforma en un círculo vicioso cuando la mujer reprimida se hace también represora: "La mujer es reprimida, y asimila más o menos perfectamente su aprendizaje en la represión, para que, desde su función 'excelsa' de madre (todo lo más, adornada con algunos atributos de la 'mujer ideal', con que se nos obsequia anualmente), se torne ella en el ejecutor primario de la represión del establishment" (10). Así pues, la dominación de la familia se transmite, y de modos particulares para los dos sexos y los diferentes estratos sociales. Veamos concretamente cómo reprime la familia y la mujer: "De modo característico la familia adoctrina a los niños en el deseo de convertirse en cierto tipo de hijo o hija (después marido, mujer, padre-madre) dotándolos de una libertad totalmente impuesta, minuciosamente proscripta, de desplazarse por los estrechos intersticios de una rígida trama de relaciones" (11).

Así pues, la familia considerada desde siempre como agente de socialización, reconocida insistentemente desde el siglo pasado como de máxima influencia psicológica, ha estado sin embargo casi fuera de estudio como institución autoritaria. Excepción han sido algunos estudios clínicos, con una marca psicologista. Pero desde la perspectiva social hay muchos más críticos sobre los medios de masas, la escuela y la religión que sobre la familia. Esto no es por casualidad, sino producto de una lógica inmanente a la cultura dominante. Mientras más cercana es ella, más se nos oculta. "La ideología nunca dice soy ideológica" (12), decía Althusser. Pero la escuela de Frankfurt lo vio bien: "Como poder educativo de los más importantes, la familia asume la tarea de reproducir los caracteres que le exige la vida social, dándole en gran parte la indispensable capacidad de comportarse conforme al específico autoritarismo del cual depende en amplia medida la perduración del orden civil burgués". Y páginas más adelante: "De esta manera, el niño, que en la fuerza paterna basaba sus propias instancias morales, y por lo tanto su propia conciencia, para aprender por último a respetar y amar a quien se ofrecía a su intelecto como efectivamente existente, aprendía también la relación burguesa de la autoridad, y no sólo en lo referente a la esfera parcial de la familia. La familia se había convertido en un ente en el cual actuaba la sociedad, luego de la educación para la adecuación social. Y formaba a los hombres así, tales como tenían que ser para cumplir con las tareas planteadas por el sistema social. Y formaba a los hombres así, tales como sistema social" (13). Así, la familia autoritaria crea la "personalidad autoritaria" (14) y viceversa, y ambas son funcionales y reproductoras de un sistema social autoritario. Freud demostró que el súper yo es la autoridad primero externa, luego internalizada pero siempre heterónoma, y que la familia es central en su creación. Así, el súper yo "se convierte en portador de la tradición" escribía (15). Más adelante escribe Fromm: "A esto se añade otro factor basado en la estructura de la sociedad patriarcal autoritaria. La mujer es siempre la mas débil de esta sociedad, y puesto que el sádico odia y desprecia automáticamente a los débiles, también su actitud hacia la mujer adquiere una nota hostil y cruel" (16). Es el machismo, en el cual la agresividad es frecuente, como veremos luego. Dialécticamente la mujer se "adapta": "En cualquier caso, vemos que la situación de dependencia y la obediencia son vivenciadas como algo puramente positivo por muchos hombres (y mujeres, añado yo), aún en su conciencia, mientras que para otros la situación de dependencia es una de las mas insoportables y desagradables que existen" (17). Así, esta dinámica se ha dado y se da para la dominación de sexos, razas, etc. El súper yo mediatiza las ideologías dominantes. Freud enfatizó lo sexual porque era polo predilecto de represión en la cultura victoriana. Recordemos su relación con la religión como un agente muy importante, los restos de ideología feudal presentes en tal época (y aún hoy). La represión sexual también continúa hoy, aun cuando muy disfrazada, afectando la dominación de sexos y otros grupos (18). Pero si la represión sexual parecía sólo un problema psicológico y sexológico, la reflexión posterior le ha dado otra dimensión. Freud culpaba a los padres y a la cultura en abstracto, pero Reich después fue más sociológico y más dialéctico y se preguntaba: ¿Qué interés tiene la sociedad en la represión sexual?" (19).

El interés de sociabilizar en y para la frustración, coartando el "principio del placer" a favor del "principio de realidad": la adaptación al sufrimiento, el masoquismo. Al "principio de realidad" de frustración sexual y general en la mujer frente al hombre, la dura realidad del negro frente al blanco. Volveremos sobre esto más adelante.

MITOLOGÍA

De la feminidad De la virilidad
Caracterología
Suave, dulce Duro, rudo
Sentimental Frío
Afectiva Intelectual
Intuitiva Racional
Superficial Profundo
Atolondrada, impulsiva, imprevisora Planificado
Frágil (sexo débil) Fuerte
Sumisa Dominante, autoritario
Dependiente Independiente
(Cobarde) Protegida Valiente (Protector)
Tímida Agresivo
Recatada, prudente Audaz
Maternal ¿Paternal?
Coqueta Sobrio
Voluble, inconstante Estable
Seductora (conquistada) Conquistador
Bonita ¿Feo?
Puede llorar Hombres no lloran
Insegura Seguro
Pasiva Activo
Envidiosa Cómodo
Moral Sexual
Monógama Polígamo
Virgen Experto
Fiel Infiel
Existencial-Social
De la casa Del mundo
Psiquiatría
Masoquista Sádico

* El presente artículo forma parte de un trabajo inédito que será mucho mas amplio. Por esta razón es de temer que la coherencia, el nivel intelectual y la relación entre lo teórico y lo empírico o entre lo chileno e internacional no resulte satisfactorio para el lector. En todo caso, la parte que pone acento sobre la mujer en Chile tiene por lo menos la cualidad de ser un síntesis de material empírico y de intentar relacionar tales datos con la teoría confirmándola por una parte, e interrogándola por otra.

Notas:

  1. "Mitología de la feminidad", en el libro Opresión y marginalidad de la mujer, Editorial Humanitas, Buenos Aires, 1972, p. 134.
  2. "Un marco teórico-dialéctico para la compresión de la situación de la mujer". Inédito.
  3. En otro escrito he desarrollado teóricamente los conceptos de ideología, cultura, conciencia e inconsciente. Artículo inédito.
  4. La ideología alemana, cit. Por Bottomore-Rubel, en Sociología y filosofía social, Península, Barcelona, 1967, p.10l.
  5. Volveremos sobre esto al ver la realidad chilena actual.
  6. Ver ejemplos para Chile en mi articulo citado y para otros países en documentos de la ONU, Boletín documental sobre la mujer de CIDAL, Cuernavaca, México, y libros clásicos sobre el tema.
  7. Ver El refugio de las masas de Christian Lanve, Edit Del Pacífico, Santiago. Habría que investigar empíricamente si la mujer es más religiosa que el hombre, cómo y por qué.
  8. "Ideología y aparatos ideológicos de Estado", Louis Althusser, en Psicología social, Ricardo Zúñiga. U.C. De Valparaíso, 1970, pp. 54-56.
  9. La muerte de la familia, David Cooper, Paidós, Buenos Aires, 1972, p.10.
  10. Cuatro ensayos sobre la mujer, Carlos Castilla del Pino, Alianza Editorial. Madrid, 1971, p.71.
  11. David Cooper, operación cit.,P. 31.
  12. Operación cit, P. 123.
  13. La sociedad, T. Adorno y M. Horkheimer, Proteo, Buenos Aires, 1969, pp. 131 y 138.
  14. Ver id... Capítulo II y La personalidad autoritaria de T. Adorno.
  15. "Autoridad y Familia", citado por Fromm en el libro Psicoanálisis y sexpol. Gránica editor, Buenos Aires, 1972, p. 190.
  16. Operación cit, Pp. 237-238.
  17. Ibid., P. 234. Ver también, pp. 192 y ss.
  18. Ver el análisis de la realidad chilena, más adelante.
  19. "Irrupción de la moral sexual", en Sexualidad y represión. Carlos Pérez editor, Buenos Aires, 1969, p. 96.