El papel político de la mujer

El papel político de la mujer en la historia reciente

La Revolución Mexicana fue el parteaguas de una nueva época histórica. En ésta se inicia la legitimidad de la lucha para obtener la igualdad política entre los mexicanos. La participación de la mujer durante la Revolución modificó el papel tradicional de ésta en la familia: su situación de sometimiento y su aislamiento de los asuntos nacionales.

A principios del siglo XX había una agrupación precursora del feminismo que ya luchaba por la igualdad de la mujer, la Sociedad Protectora de la Mujer, fundada en 1904 y que fue presidida por María Sandoval de Zarco.

En el movimiento obrero de 1905 a 1907, que se opuso al régimen porfirista, destacó un grupo de 50 mujeres, encabezado por Lucrecia Toriz, en los enfrentamientos y la brutal represión, en las huelgas de Río Blanco y Santa Rosa, en el estado de Veracruz.

Durante la etapa armada de la Revolución hay que considerar, en primer lugar, la participación directa de las mujeres en el campo de batalla, junto a los soldados. Muchas soldaderas o "galletas" se separaron de sus familias y de sus tierras para luchar junto con su pareja por las causas de la Revolución. A la mujer mexicana esto le permitió conocer otras regiones, otros grupos y ampliar su percepción de lo que eran los intereses nacionales.

Entre las mujeres que empuñaron las armas en los combates y que incluso lograron destacar al mando de las tropas, estaba Margarita Neri. En la línea de fuego, las compañeras tenían a su cargo el aprovisionamiento de medicinas, municiones, ropas, alimentos, correo, equipo militar e información sobre el enemigo. Atrás de la línea, se empleaban como despachadoras de trenes, telegrafistas, enfermeras, farmacéuticas, reporteras, editoras de periódicos, mujeres de negocios y maestras.

En el periodismo, particularmente, hubo mujeres que realizaron una labor sobresaliente, aún antes de 1910 para combatir el régimen de Díaz, como Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, editora de la revista satírica Vesper, y Guadalupe Rojo viuda de Alvarado, editora de Juan Panadero, en Guadalajara. Con la Revolución y con el florecimiento del periodismo liberal femenino, destacó la figura de Aurora Martínez, quien incluso fue encarcelada por escribir en contra de Huerta en el periódico La Voz de Juárez.

En mayo de 1911 varios centenares de mujeres firmaron una carta dirigida al presidente interino De la Barra, en la cual reclamaban el voto para la mujer con el argumento de que la Constitución de 1857 no excluía el voto femenino pues no se hacía en la carta magna mención alguna sobre el sexo de los votantes.

Existieron otras organizaciones femeninas que pugnaban por la igualdad política por un mejor trato en todos los órdenes, por ejemplo, La Liga Femenina Cuauhtémoc. Nueve mujeres perdieron la vida durante el enfrentamiento de las mujeres del barrio de Santa Julia en México, cuya marcha fue repelida por los rurales que intentaron establecer el orden. La intensa participación de las mujeres de la Revolución trajo como resultado una serie de leyes para mejorar la condición de la mujer.

Así, en Yucatán, el general Salvador Alvarado, entre 1915 y 1918, trabajó para elevar y dignificar el papel de la mujer y su educación.

El presidente Carranza, con el objeto de otorgar a la mujer igualdad legal y liberarla de la dominación masculina, decretó en 1914 una ley que hizo posible que ésta pudiera obtener el divorcio en varios casos, entre otros, por la ausencia del marido.

El artículo 123 de la Constitución estipuló que las mujeres trabajadoras debían gozar de prestaciones por maternidad y no se les podía exigir trabajo nocturno ni otras actividades pesadas y peligrosas.

Lucha por el voto

Durante el Congreso Constituyente de Querétaro fue discutido el tema del sufragio femenino y se llegó a la conclusión de no otorgarle el voto a la mujer. No se pretendió negar la participación de las mujeres en la Revolución, pero hubo desconfianza respecto a si su lealtad sería con la iglesia o con la nación. Un numeroso grupo de mujeres, encabezado por Hermila Galindo de Topete, se manifestó frente al Congreso exigiendo su derecho al voto.

A pesar de la postura inflexible del Congreso la lucha feminista continuó durante la década de 1920, principalmente en el sureste del país.

En enero de 1916 se reunió en Mérida el primer congreso feminista, convocado por el gobernador de Yucatán, Salvador Alvarado. A él asistieron 617 delegadas de todo el país que exigieron el derecho a la igualdad, a la educación y al ejercicio de una ciudadanía plena que les permitiera participar junto con los varones en la construcción de una sociedad más justa, democrática y moderna.

En 1922 el nuevo gobernador de Yucatán, Felipe Carrillo Puerto, envió a la Legislatura del estado una iniciativa que concedía el voto a la mujer. En ese mismo año por primera vez, una mujer, la profesora Rosa Torres G. ocupó un puesto de elección como primera regidora del ayuntamiento de Mérida.

Al año siguiente fueron postuladas como candidatas a diputadas propietarias tres mujeres: Elvia Carrillo Puerto (hermana del gobernador), Beatriz Peniche y Raquel Azib. Todas ellas triunfaron en las urnas, pero al caer el gobierno de Felipe Carrillo Puerto, las elecciones fueron anuladas.

En 1923, en San Luis Potosí, el gobernador Rafael Nieto otorgó a la mujer derechos electorales, pero sólo a las que sabían leer y no pertenecieran a ninguna asociación religiosa. Dos años después Elvia Carrillo Puerto cambió su residencia y se presentó a las elecciones legislativas de ese estado. De nuevo obtuvo la mayoría, pero el colegio electoral no reconoció su triunfo.

Al año siguiente se derogaron los derechos concedidos a las mujeres en San Luis Potosí.

Acercamiento de Cárdenas con las mujeres

En 1934 el líder máximo del PNR, coronel Carlos Riva Palacio, convocó a la formación del sector femenino del partido. Las principales agrupaciones femeninas que se sumaron a las filas del partido fueron: La Liga Orientadora de Acción Femenina (1927), constituida por profesoras, enfermeras y campesinas, dirigida por Elvia Carrillo Puerto; el Bloque Nacional de Mujeres revolucionarias (1929), integrado por profesionistas y presidido por la licenciada Florinda Lazos León; el Partido Feminista Revolucionario (1929) de donde saldría la primera dirigente del sector Femenil del PNR, Edelmira Rojas viuda de Escudero; por último, la Confederación Femenil Mexicana (1931) cuyas bases eran los sindicatos y estaba encabezada por María Ríos Cárdenas.

En 1935 el Comité Ejecutivo Nacional del PNR autorizó que las mujeres trabajadoras y campesinas del estado de Veracruz, organizadas dentro del partido, participaran en las votaciones internas para designar comités municipales y autoridades de los ayuntamientos.

Las organizaciones independientes también cobraban fuerza y en ese año de 1935 se constituyó el Frente Único pro Derechos de la Mujer que reunía a 800 agrupaciones femeninas de todo el país y sumaba cerca de 50,000 miembros.

El frente aglutinaba diversas posturas ideológicas: había militares socialistas como María del Refugio García, la doctora Esther Chapa, Consuelo Urangay, Adelina Zendejas; pero también estaban allí dirigentes afiliadas al PNR como Aurora Fernández, Matilde Rodríguez Cabo (esposa del general Francisco J. Mujica). Soledad Orozco y Guadalupe Narváez de Vilchis. Todas las comentes coincidían en los objetivos principales: conquistar el derecho a votar y ocupar cargos públicos para la mujer.

En su primer informe de gobierno (1935) el presidente Lázaro Cárdenas señaló la necesidad de que el PNR buscara un acercamiento con las masas, principalmente con los sectores juvenil y femenil. Una de las medidas concretas que se tomaron fue transformar la sección femenina del partido en una oficina de acción femenina que dependería directamente del Comité Ejecutivo Nacional que entonces presidía el licenciado Emilio Portes Gil. La primera directora de la nueva oficina fue doña Margarita Robles de Mendoza, que en enero de 1936 informaba al presidente Cárdenas de la fusión de diversas agrupaciones femeninas en el Consejo Nacional del Sufragio Femenino, que lucharía por la liberación de !a mujer.

Experiencias electorales

Mientras tanto en Veracruz el comité de acción femenil del PNR lanzó en el estado la candidatura para diputadas locales de María Tinoco y Enriqueta L. De Pulgarón (propietaria y suplente respectivamente). Pero a pesar de que contaban con el apoyo del partido no fue aceptado su registro por el Departamento Electoral Nacional en vista de que la ley electoral no incluía ningún capítulo sobre las mujeres. En el mismo año de 1936 en el estado de Puebla se autorizó el voto por las mujeres; pero en el ámbito nacional eran condenados los acontecimientos de Veracruz y Puebla ya que contradecían la Constitución Política de 1917, la cual debía ser reformada para otorgar derechos políticos a las mujeres.

Obstáculos para el voto femenino

En el mes de agosto de 1937 el presidente Cárdenas anunció, en un mitin de la Confederación Femenina Mexicana en Veracruz, que pronto publicaría "La iniciativa que incorpora a la mujer en toda su función social y política".

En noviembre fue enviada al Congreso de la Unión la iniciativa de reforma a la Constitución que consideraba ciudadanos de la República a todos los hombres y mujeres que tuvieran la calidad de mexicanos y que tuvieran 18 años si eran casados o 21 si eran solteros.

Se decidió posponer la discusión de ésta hasta después de que se celebrara la Asamblea Nacional Constituyente del que a partir de entonces se llamaría Partido de la Revolución Mexicana. La asamblea se celebró en marzo de 1938.

En el año de 1938 la principal agrupación femenina independiente, el Frente Único Pro Derechos de la Mujer, decidió incorporarse al PRM y con él demostrar a los opositores del movimiento femenino que no eran "mochas" ni comunistas y que su lealtad estaba con la Revolución.

La iniciativa presidencial que había sido enviada al Congreso de la Unión no se aprobó, seguramente porque prevaleció el prejuicio de impedir a las mujeres el acceso a los cargos públicos.

Manuel Ávila Camacho asume la presidencia a fines de 1940. Durante su administración se incluyó a la mujer dentro de los beneficiarios del IMSS y ya algunas mujeres ocuparon cargos públicos como Matilde Rodríguez Cabo, jefe de Previsión Social de la Secretaria de Gobernación.

El derecho al voto

A finales de 1945 se empezaron a desarrollar las campanas presidenciales de los dos contendientes principales, el veracruzano Miguel Alemán, candidato del PRM, y Ezequiel Padilla, candidato de la oposición.

Miguel Alemán Valdés reconoció el derecho de las mujeres a votar en las elecciones, pero su propuesta consistía en otorgar el voto paulatinamente, comenzando por el ámbito municipal.

Y lo que el presidente Alemán había prometido para aumentar la participación política de las mujeres lo cumplió tan pronto fue nombrado presidente. Tres días después de su toma de posesión envió al Congreso de la Unión una iniciativa para reformar la fracción primera del artículo 115 constitucional, la cual fue aprobada y publicada en el Diario Oficial de la Federación el 15de febrero de 1947.

A raíz de esta reforma las mujeres comenzaron a formar parte del gobierno de los ayuntamientos. La primera fue, en 1938, Aurora Meza Andrade, presidenta municipal por Chilpancingo, Guerrero; Virginia Soto en Dolores Hidalgo. Guanajuato; María del Carmen Martín del Campo, primera presidenta municipal de Aguascalientes. En el Distrito Federal, Aurora Fernández fue nombrada delegada de Milpa Alta, y Guadalupe Ramírez de Xochimilco; en el poder judicial dos mujeres destacan como agentes del Ministerio Público; y una más, doña María Lavalle Urbina, como magistrada del Tribunal Superior de Justicia y Territorios Federales.

El 6 de abril de 1952 se realizó una asamblea femenil nacional en el parque 18 de Marzo de la ciudad de México, con veinte mil mujeres que participaron representando a todos los estados de la República. En el discurso de su toma de posesión, Ruiz Cortines anuncio que enviaría a las Cámaras una iniciativa para reformar el artículo 34 constitucional y demás relativos al voto femenino a fin de incorporar de manera plena y definitiva a la mujer a la vida política, Aprobada por el Legislativo la enmienda al artículo 34 constitucional fue publicada el 17 de octubre de 1953 en los siguientes términos:

Son ciudadanos de la República los varones y mujeres que teniendo la calidad de mexicanos, reúnan además los siguientes requisitos:

I.- Haber cumplido 18 años siendo casados o 21 si no lo son; y;

II.- Tener un modo honesto de vivir.

Al obtener las mujeres el derecho al voto ciudadano la democracia en nuestro país se fortaleció enormemente, pues de inmediato se duplicó el electorado.