Autonomía (Editorial)

Autonomía (Editorial)

La Universidad Veracruzana está en transición.

A partir de la iniciativa de Ley de Autonomía enviada por el Ejecutivo Estatal a la LVII Legislatura del Estado, nuestra Casa de Estudios -la única universidad pública en todo el país que aún no era elevada jurídicamente a esta categoría-, comenzó a andar un nuevo camino.

Aunque desde medio siglo atrás había quedado registrada en su estatuto de creación, sin embargo la autonomía universitaria no logró alcanzar mayor trascendencia en la agenda de la Universidad a lo largo de estas cinco décadas de existencia. Al menos no se expresó -puntualiza por ejemplo el investigador de la UV Ragueb Chain, uno de los 18 candidatos propuestos a integrar la primera Junta de Gobierno de la era autónoma- como una preocupación de los universitarios, que se dedicaron en principio a conformar una institución de educación superior, en un segundo momento a consolidarla a través de la diversificación, la regionalización y la expansión acelerada, y en la década pasada, a resistir la agudización de los problemas que le impuso la carencia de recursos derivada de la crisis económica y los que se generaron por su propio desarrollo caracterizado por la falta de regulación y la ausencia de proyectos alternativos.

El tema de la autonomía -se ha repetido con exceso- ha estado presente en lia UV como concepto y ejercicio activo de una circunstancia vivida por esta institución desde hace 52 años. Dicha iniciativa, pues, se ha encargado de recoger una posición reiterada, cotidiana, de una comunidad universitaria que sólo estaba a la espera de este faitante paso para completar una autonomía que de facto la Universidad ha gozado siempre desde los puntos de vista normativo, académico y financiero.

Se ha criticado, y quizá con justificada razón, la forma vertical y el excesivo ruido propagandístico con que sus autores han decretado la autonomía, pero no hay que cerrarle el paso a la realidad: éste no es el fin sino tan solo el principio del proceso democratizador de la UV. Y será precisamente la comunidad universitaria la que determine cuándo y hasta dónde agotar la democratización de la Universidad, cuyo capítulo inicial apenas está por escribirse con la integración de la primera Junta de Gobierno y con la elección de un nuevo Rector.

De ahí el interés de nuestra publicación, Transición, de invitar al rector Emilio Gidi y a las voces más representativas de la comunidad universitaria para debatir acerca de cómo conciben y qué esperan de la autonomía de la UV.

¿Cuál es el perfil de Universidad que se requiere en un mundo marcado por la velocidad del cambio y la competencia, donde la excelencia no es opcional, sino una condición ineludible de viabilidad institucional y de acceso a los mercados de trabajo? ¿Cómo acometer el reto formidable de conciliar la libertad de pensamiento, reflexión y cátedra, con la indispensable disciplina académica y el rigor científico?¿Cómo acceder a la sofisticada y progresiva especialización del conocimiento, sin renunciar a la riqueza del pensamiento universal y al espíritu humanista que están en el origen de la propia Universidad? ¿Cómo lograr esos propósitos, sin lesionar su condición de Universidad gratuita, esencialmente popular, al servicio de la sociedad y comprometida con el destino de su estado y de su país?, son dilemas que como expone el Ejecutivo del Estado entre los considerandos de su iniciativa de ley, a partir de ahora sólo corresponde resolverlas a la propia comunidad universitaria.

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