Quiénes apoyamos la Reforma. Inocencio Yáñez Vicencio

Quiénes apoyamos la Reforma

Por Inocencio Yáñez Vicencio (*)

Es cierto que la Reforma en México y en Veracruz debía de proponerse acortar distancias, antes que cualquier cosa, entre el escenario real y nuestra formalidad sin que las disfunciones que encontremos en uno respecto de otro sirvan para negar y descalificar los cambios trascendentales que en los últimos años ha sufrido nuestra estructura jurídico-política.

No tenemos el afán de buscar consuelos ni de justificar disparidades, pero no existe en el mundo una región o un país donde no se den distanciamientos entre el esquema formal y la práctica de ese orden. Tan dañino es negar o resignarse a ese distanciamiento como en su nombre negar todo progreso o avance. En los mismos Estados Unidos viven en este momento los hombres y mujeres de origen africano discriminación; los inmigrantes de origen asiático y latinoamericano sufren persecuciones y torturas; muchas resoluciones judiciales se producen con criterios políticos; los partidos revolucionarios están proscritos, etcétera, que ponen una realidad muy lejos de su constitución formal.

La distancia que siempre guarda la realidad respecto del formalismo es porque surgiendo éste último de la misma realidad nos servimos de él para construirla y transformarla. Es conveniente darle su justo lugar al formalismo sin llegar a atribuirle propiedades que no tiene pero tampoco negarle el importante papel que juega en la construcción de una organización social y política.

No se puede ignorar que la misma democracia ha sido acusada de ser simple democracia formal. ¿Cómo podrían evadir, el calificativo de formalistas, los que conciben la democracia como simple mecanismo para elegir a quienes habrán de decidir todos los asuntos de interés común en nombre y representación de la ciudadanía y hoy nos quieren convencer de que basta lograr el perfeccionamiento y la pureza en el funcionamiento de los mecanismos de elección para que tengamos resueltos todos nuestros problemas? ¿Qué nombre reciben los que pretenden reducir la democracia al simple cambio; libre, escrupuloso, periódico, pero al fin y al cabo simple cambio de personas en el gobierno? ¿Cómo se puede llamar a los que no les importa quién gobierne sino simplemente cómo se gobierne? ¿Qué significa vaciar de su contenido social a la democracia?

Este formalismo tiene sentido si sirve para que el pueblo escoja a los más honestos y más capaces, para que vigile y le pida cuentas a sus gobernantes, pero, principalmente, para que decida sobre sus asuntos fundamentales y la orientación del Estado.

De la formalidad tenemos que valemos para construir una realidad más liberal, más democrática, más social. Es imperdonable que pensemos únicamente en la forma de elegir escrupulosamente a nuestros gobernantes y no pensemos en un modelo de desarrollo que saque a los millones de niños que viven en la miseria, las enfermedades y la ignorancia; que saque a los millones de jóvenes de la incertidumbre y el abandono, que saque a los millones de mujeres de la indefensión y la postración; que saque a los millones de hombres del desempleo y la desesperación; que reivindique a nuestros indígenas y les dé seguridad a nuestros ancianos.

La reforma que vivimos puede verse desde distintos ángulos, pero el que nosotros -el Grupo Verdad, Veracruzanos por la Democracia- la contempla, no tiene nada que ver con los extremos tradicionales que por un lado aplauden incondicionalmente todo lo que emana del gobierno y los que, por otro lado, niegan todo valor a las cosas por el sólo hecho de venir de la autoridad o donde ella esté inmiscuida. No compartimos la primera posición porque tenemos la convicción de poder pensar por sí solos y tener algo, por muy modesto que sea, para contribuir a cambiar el actual estado de cosas; y en cuanto a la segunda posición., no la compartimos porque tenemos la seguridad de que la razón no es patrimonio de nadie y que como hoy está en unos mañana puede estar con otros, y que la independencia respecto del poder, ni se logra insultando funcionarios ni mucho menos ella nos hace dueños de la razón.

En los tres años que tiene de existencia nuestra organización, únicamente ha aceptado la suposición como punto de partida pero nunca la hemos visto como punto de llegada y mucho menos hemos cometido la infamia, como otros lo han hecho, de utilizarla para hacer conclusiones. Para los societafundamentalistas la independencia del poder no se mide en una organización por tener una propuesta diferente o que vaya adelante de la del partido en el poder y del mismo gobierno sino por el sistemático rechazo a todo lo que venga del poder público y la cantidad de injurias vertidas en contra de los funcionarios. Hace poco calificaron de más congruente al PAN que al PRD por el sólo hecho de que el primero votó en contra de las reformas a la Constitución de Veracruz en materia político-electoral, aunque no sabemos si mantengan esa misma posición después de que el PAN votó a favor de las mismas reformas a la ley secundaria. Nosotros apoyamos la Reforma porque estamos convencidos del esfuerzo que han hecho ciudadanos, partidos y gobernantes para que contemos con las leyes e instituciones que nos habrán de permitir encauzar, racional y pacíficamente, nuestras diferencias y avanzar en la construcción de una organización de convivencia que nos acerque a los ideales de libertad, justicia, igualdad y democracia. Muy triste espectáculo ha dado esa secta surrealista que a nivel nacional coordina el Mesías Sergio Aguayo Quezada, no solamente por su fundamentalismo sino porque uno a uno sus grandes postulados han ido cayendo por su incongruencia y su inconsistencia. ¿Que era una organización de voluntarios?. Hoy mismo siguen dependiendo del dinero de la Unión Europea y del gobierno. ¿Que son imparciales?. En Xalapa, Aguayo descubrió esa mentira al declarar: "Ya no queremos ser observadores sino actores". Lo que quiere decir juez y parte. En la realidad siempre lo han sido porque no podemos ignorar que se toma partido estando a favor pero también estando en contra, lo cual intentaron legalizar al pedir su registro como Agrupación Política Nacional, conservando su derecho a la observancia electoral. ¿Que están por el consenso y en contra del colonialismo jurídico? Esta careta también se les cayó, lo siento por Habermas, cuando en la misma ocasión pidió el Guía Mayor de Alianza Cívica "un estatuto jurídico que reconozca espacios de participación a organizaciones como la nuestra", poniendo en evidencia no solamente una gran contradicción sino una escandalosa farsa participacionista. En el pensamiento habermasiano consecuente, sería impensable hacer depender de un estatuto jurídico el nacimiento y la existencia de organizaciones voluntarias, espontáneas y libres que son importantes para la reivindicación de intereses específicos e inmediatos, pero que se corrompen y distorsionan cuando sintiéndose "salvadoras" pretenden sustituir a los partidos políticos y hasta asumir funciones estatales, al grado que en esa misma ocasión, un alucinado dirigente local de esa organización, colocándose por encima del Congreso, se quejaba de que el Gobernador "se negó incluso a recibir nuestra solicitud de información sobre los ingresos que el Estado le paga a él y a su gabinete {Periódico "Política", 25-03-97).

En nada bueno contribuye quien parte de suposiciones y prejuicios para observar un proceso electoral, porque si no existen los ilícitos tendrá que inventarlos para justificar su razón de ser.

Para estos iluminados, todo aquél que no participe de las injurias hacia el gobierno, es un oficialista. Para ellos basta con ser "autónomo" para ser moral, honorable, demócrata, liberal, republicano, eficiente, justo, sin importar si se pertenece a una organización revolucionaria, moderada, conservadora o fascista. Al tener como eje definitorio la autonomía, estos grupúsculos no pueden aprobar nada externo y menos que venga del gobierno, por muy próximo que estuviera a los valores que dicen enarbolar, porque perderían su independencia y con ello su status de sociedad civil. Conforme a su muy particular concepción de sociedad civil nadie puede expresar una coincidencia con un funcionario sin perder su autonomía y su virginidad intelectual. Sociedad civil y antigobierno significan para estos "inmaculados" las aguas que todo limpian y todo purifican. Basta con que cualquier sinvergüenza se ponga a insultar al gobierno para que por arte de magia le broten las virtudes por donde quiera.

¿Que observa Alianza Cívica Nacional?. Esta organización nació para tratar de crear un vacío con sus ataques al PRI y al gobierno, con la esperanza no de que a la larga la ocupe la oposición partidista sino "el poder ciudadano", que quiere decir: ella misma.

Para no irnos muy atrás, quisiéramos saber qué hizo esta organización cuando el diputado Juan Guerra, del PRD, denunció desde la tribuna de la Cámara de Diputados la existencia del Plan "Ave Azul" en Coahuila, que puso al descubierto el contubernio de los curas con el PAN (Reforma, 29-10-96). Tampoco se ha pronunciado sobre el reciente llamado del arzobispo primado de México, Norberto Rivera, para votar por aquellos candidatos que presenten "el valor cristiano de la caridad". (La Jornada, 16-03-97). Está muy claro quiénes apuestan al caos y quiénes apoyamos la lucha porque los grandes valores liberales, republicanos, democráticos y sociales se plasmen en leyes e instituciones para construir una mejor convivencia. Secundamos una Reforma para una competencia justa y plena, no para liquidar a nadie. Los observadores no necesitamos de ilícitos para serlo.

Hoy la democracia no necesita ni de mesías ni de vengadores.

* (Tuxpan, Ver.: 28 de diciembre de 1948) Economista, egresado de la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional (1970-1974). Autor del libro de la materia Teoría del Estado de la Escuela Superior de Economía del IPN, de la cual es profesor. En la administración pública federal ha desempeñado diversos cargos, de 1977 a 1988, en las Secretarías de Turismo, de Programación y Presupuesto, y en la SEP. Desde abril de 1994 se desempeña como coordinador estatal del Grupo Verdad, Veracruzanos por la Democracia.