La reforma, por agotamiento del modelo de Estado benefactor: Leopoldo Alafita Méndez
La reforma, por agotamiento del modelo de Estado benefactor: Leopoldo Alafita Méndez
Director con licencia del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Veracruzana, Leopoldo Alafita Méndez, ratificado como consejero electoral, hace una extensa pero amena explicación, a la luz de la historia reciente del país, de la pérdida de credibilidad de la ciudadanía en los procesos electorales. Erudito historiador, el maestro Alafita Méndez llega a la conclusión de que tras el agotamiento del modelo político y económico del Estado benefactor surgido de la Revolución Mexicana, las modernas administraciones de tecnócratas neoliberales que gobiernan México desde 1982 a la fecha, por presiones internas pero más por recetas de la comunidad financiera internacional, han tenido que impulsar una serie de reformas constitucionales y electorales no sólo en su desesperado afán de intentar recuperar la legitimidad del pueblo socialmente desprotegido sino también para asegurarse la propia gobernabilidad.
Entrevista
Maestro, queremos conocer su opinión como investigador, como comisionado ciudadano sobre la reforma electoral. ¿Cuáles son los alcances que a su juicio tiene esta reforma electoral recientemente aprobada en Veracruz?
Yo pienso que la reforma electoral de Veracruz sí es un paso importante hacia mejores niveles de democracia. No creo que podamos hablar de democracia plena, pero me parece que avanzamos de manera significativa hacia mejores niveles de democracia en Veracruz. Creo que hablar de democracia es un tanto cuanto difícil, tendríamos que hacer una serie de acotaciones en relación al propio concepto de democracia, que es un concepto que ha tenido diferentes significados a través de la historia; su uso en diferentes momentos históricos tiene connotaciones distintas. Pero en términos generales, cuando nosotros hablamos de democracia, estamos hablando de niveles en donde más amplio sectores de la ciudadanía puedan coincidir en la definición de su propios niveles mínimos de desarrollo social, de los mínimos de capacidad de decisión política, de los mínimos de decisión de cuáles deben ser los niveles sociales y culturales de educación. Yo creo que es éste el término moderno de democracia: la participación, las maneras de participación de cada vez más amplios sectores en la toma de decisiones. En ese sentido me parece que la reforma democrática del estado de Veracruz apunta a eso. Sin embargo creo que es un camino que se ha iniciado y que no debe de detenerse. Me parece que hay todavía muchas cosas qué hacer por la democracia en Veracruz. Creo que no debemos darnos por satisfechos sino que al contrario, debemos de estar pensando permanentemente nuestra vida y las relaciones sociales, las relaciones económicas, las relaciones políticas en un ejercicio que verdaderamente nos haría no solamente llevar a la gente a que opine en un momento dado en un foro de consulta, sino que debería estarse expresando permanentemente y las revisiones deberían hacerse casi de manera cotidiana. Esto no quiere decir que piense que las leyes deben estarse modificando todos los meses, pero me parece que la discusión, el análisis, la reflexión, debe ser cotidiana para que cuando se presenten los momentos de decisión en el cambio, los individuos podamos estar más capacitados. Debemos estar también más alertas en el sentido de impulsar los cambios.
Maestro, la democracia un proceso inacabado, perfectible, y creo una de las bases fundamentales de la democracia es la credibilidad. ¿La reforma electoral puede considerarse como el sustento para ir construyendo la credibilidad social en los órganos electorales, en los procesos electorales?
Mire usted: yo pienso que el país tiene, una serie de transformaciones que se vienen dando desde 1982 y aún antes; hay una serie de reformas constitucionales no solamente en el ámbito electora, reformas de todo tipo, que son puestas desde los cambios que se están dando también a nivel internacional. Yo creo que a nivel internacional hay cambios que han posibilitado una nueva estructuración de la economía, reformas, reestructuración en la gestión industrial, en la gestión económica, cambios que se dan con las implicaciones tecnológicas. Hay una permanente transformación internacional y México, obviamente, no puede estar o no puede ser una abstracción, no puede abstraerse de esos procesos. En el nivel económico hay exigencias que se le han impuesto al país, que le han exigido que se modifique una serie de normas de carácter económico que venían siendo trabas para el propio desarrollo de las empresas. La revolución mexicana creó una sociedad que se estructuró con ciertas características, y en lugares en donde no se dieron estos tipos de condiciones, la empresa tuvo mayores posibilidades de cambio y de movimiento que no fueron impedidas por las normas establecidas constitucionalmente como en nuestro país. Junto con las transformaciones internacionales, en México se da un agotamiento de un modelo que está surgido justamente de ese modelo de la revolución mexicana, y creo que estas normas, por las presiones externas tanto como las presiones internas en cuanto a agotamiento del modelo de desarrollo, hizo que ese Estado surgido de la revolución mexicana, ese Estado benefactor, no pudiera jugar el papel de productor -no solamente de reproductor de la vida social sino también de reproductor de la fuerza de trabajo al interior del país-, y este Estado benefactor, que estaba apoyado sobre todo en un sistema corporativo que era el sistema surgido de los trabajadores en principio pero más tarde por encima de los trabajadores, implicaban fuertes trabas para esos cambios políticos. Yo creo que eso fue lo que vislumbraron justamente los gobiernos que se definieron como modernizadores, primero el de Miguel de la Madrid y después Carlos Salinas de Gortari. Independientemente de la valoración que hoy se pueda hacer de sus gobiernos, me parece que el momento en que surgen la políticas neoliberales, justamente están dando pauta a que surjan proyectos económicos que sean alternativas a este agotado modelo de la revolución mexicana. Había cosas tan fundamentales como por ejemplo que había una crisis fiscal del Estado, es decir, el Estado ya no tenía siquiera la posibilidad de reproducirse a sí mismo porque había tenido una reducción importante del ingreso por gravámenes y por lo tanto no podía seguir jugando el papel de benefactor y de reproductor social. En ese sentido las instituciones caen en un bache grave que para mucha gente es lo que se le traduce como la crisis. Entonces no es una decisión también de los gobiernos optar por un nuevo modelo de desarrollo sino que no tenían otra alternativa, no tenían ya la posibilidad de continuar con las políticas anteriores. Y si a esto le sumamos también, que desde años anteriores venían dándose el proceso de la caída de los precios del petróleo, simplemente encontramos que los gobiernos de Miguel de la Madrid y luego el de Carlos Salinas de Gortari no tenían los recursos para continuar con ese modelo de Estado benefactor. Ahora, no solamente el Estado benefactor entró en crisis por esa naturaleza, por esa razón, entró en una crisis en la que el modelo ideológico, el discurso político dejan de tener un efecto importante. Entonces es en este tiempo en el que mantener las cuestiones como estaban, sobre todo en el control político, es que sufre descalabros sumamente importantes y en donde los esfuerzos gubernamentales a toda costa quieren mantener el control político pero justo a partir de esto se pierde legitimidad y confianza que es esa la pregunta que usted me hacía. Por eso era importante contextualizar el hecho; no es un hecho que podamos decir nosotros: bueno, la sociedad pierde confianza en su gobierno de manera gratuita y sin explicaciones. Tenemos que encontrar un poco las razones del por qué esa pérdida de confianza. No es que los funcionarios o los diferentes niveles gubernamentales hayan sido excesivamente malos y en este momento cae un velo que los hace ver claramente por el pueblo, ¿no? Yo creo que es un proceso que tiene explicaciones de esta naturaleza. En este momento me parece entonces que se empiezan a hacer con mayor celeridad una serie de reformas para ganar la legitimidad, para tratar de recuperar la legitimidad perdida. Creo que el régimen de la revolución mexicana es un régimen que es muy importante históricamente, no solamente porque los gobiernos se asumen en el discurso, reproducen el discurso y porque hacen que haya una gran credibilidad de grandes masas en el país siguiendo esto. Recordemos por ejemplo la expropiación petrolera, es decir, el pueblo ligado al gobierno en su proyecto; esto es tal vez un caso extremo de cómo el pueblo se ligaba ideológicamente a este proyecto gubernamental, a este proyecto de Estado también. Bueno, esto sólo sirve para ilustrar simplemente. Pero en el momento en que la crisis pega, el velo se corre y entonces aparecen muchas realidades que también por otro lado es un asunto muy sano, porque me parece que nos permite desarrollarnos socialmente. Entonces creo que el esfuerzo, como decía, del gobierno por mantener esta legitimidad, les hace arrebatar algunos triunfos sobre todo por la vía electoral, la vía política para conservar el poder, y empiezan hacer un poco más tendentes algunos fraudes; la credibilidad acompañada o apoyada en la crisis, en el adelgazamiento del bolsillo de los habitantes y ver que los cosas no funcionan bien, pues derivada de la crisis económica viene la crisis política. Entonces creo que aquí estas reformas juegan un papel de buscar justamente que se restituya esa credibilidad, también con cuestiones de gobernabilidad. Nosotros no podemos hablar que el gobierno solamente necesita que le crean simplemente, sino que necesita que le crean para que pueda seguir gobernando. Y, en ese sentido, la única alternativa que aparece es la reforma; es la reforma económica, es la reforma constitucional, es la reforma política y, el último y tal vez como principio de todo, la reforma electoral. En ese sentido hay una justificación: hay un entender cómo codos estos procesos son justamente una gran necesidad, no sólo social, no sólo política, sino también gubernamental para que esta reforma se dé y creo que por eso las reformas han sido impulsadas por diferentes sectores sociales, pero también y sobre todas las cosas por las perspectivas gubernamentales.
En esta nueva circunstancia que el país vive y de la cual obviamente Veracruz no es ajeno, ¿cuál es a su juicio la responsabilidad de los partidos políticos como actores esenciales de un proceso de transformación política, social, económica y obviamente electoral?
Pienso que los partidos políticos son institutos que tienen un papel fundamental que yo creo que la democracia en el país no se explicaría sin los partidos políticos; por lo menos no hasta ahora. Lo que quiero decir es que la suerte del país está muy ligada a los partidos políticos. Los partidos políticos han jugado un papel muy ligado a lo que han sido los diferentes momentos en la historia del país. En los años cuarentas, cincuentas, tal vez incluso hasta los años sesentas, encontramos algunos partidos políticos que estaban o bien muy opuestos al gobierno o bien ligados para justificar al gobierno y de alguna manera ligados al partido oficial; iban desde ser leales cuates del sistema o ser totalmente adversarios del sistema. Esto, creo yo, a lo que nos llevaba era a que los que estaban verdaderamente en contra eran partidos que estaban marginados y, por lo tanto, estar junto con los leales llevaba a un sistema de un partido dominante y los demás simplemente satélites. Creo que estas cosas se han venido transformando sobre todo después de los años setentas, y encontramos que verdaderamente se empieza a construir un sistema de partidos. No creo que esté terminado ni mucho menos; más bien lo que creo es que falta mucho para verdaderamente poder reconocer un sistema de partidos moderno que pudiera compararse con otro sistema de partidos a nivel internacional. Sin embargo creo que hay avances sumamente importantes en el que nosotros reconocemos, la sociedad reconoce, que hay opciones; ya no podemos hablar que hay un sistema de partido único y esto es un avance sumamente importante. Yo creo que el reconocimiento de alternativas -tres, cuatro, cinco alternativas distintas para que la gente pueda encontrar una perspectiva de desarrollo, un reconocimiento a alguna plataforma de carácter político- me parece que es un avance importante. Y le decía: este sistema de partidos y los partidos políticos en su conjunto, a medida de que se consoliden como instituciones verdaderamente independientes, autónomas, que se constituyan en verdaderas perspectivas y alternativas para la ciudadanía, yo creo que estaríamos avanzando justamente hacia la democracia e institucionalmente en la democracia porque no son transformaciones que se vayan a dar simplemente por el ascenso de una de estas fuerzas al poder sino por la construcción permanente, cotidiana de una transformación, de una consolidación de la democracia.
La reforma electoral es un proyecto no concluido porque en la práctica se deben de ver sus avances y sus deficiencias de tenerlas. Hay reclamos de algunos partidos sobre todo de mecanismos no establecidos dentro de la reforma y que según ellos colocan a la reforma electoral de Veracruz a la zaga de la nacional. Se habla, por ejemplo -bueno, la nacional tampoco la considera-, pero en Veracruz se llegó hablar de la posibilidad de establecer el plebiscito, el referéndum, los partidos regionales, las candidatos independientes y un aspecto que también no se reguló dentro de este nuevo ordenamiento fue el acceso a los medios de comunicación. ¿Estos aspectos no considerados estarían en una agenda pendiente de la reforma electoral para más adelante o no son necesarios por el momento?
Usted considera que quedaron en la agenda éstos sin resolverse, ¿no?. Yo creo que son estos y otros más. Me parece que la reforma no es una reforma que todo mundo, en el momento en que se firmó, todo mundo se va a su casa tranquilo y ya tiene resuelta la vida para siempre, ¿no?, y menos la vida política. Yo creo que no es receta; es decir, el hecho que en un estado, en una entidad o en una instancia federal se den algunos cambios y que aquí no se hayan puesto de acuerdo para que se den esos cambios, me parece que no nos sitúa en la zaga. Yo creo que lo que tenemos es un buen código electoral que desde mi punto de vista debe ser modificado en algunos sentidos, pero creo que para la contienda política en el estado de Veracruz tenemos la herramienta de hacer una contienda que verdaderamente pueda ser creíble a la ciudadanía, y en el que se respeten a los diferentes fuerzas políticas. De que se puede mejorar, me parece que se puede mejorar y mejorar en mucho. En ese sentido, yo creo que el hecho que tengamos nueve reformas o cuarenta reformas que sean apegadas a los puntos constitucionales que deben acatarse según la Constitución de nuestro país, me parece que es importante y eso nos hace más o menos similares a otras entidades. El que no tengamos dos o tres puntos o que no estemos completamente en acuerdo con dos o tres puntos constitucionales, tampoco nos va a situar de manera radical, de manera distinta a la contienda en otras entidades. Sin embargo, me parece más bien la explicación de por qué no se llegó a tocar estos puntos y acordarlos, es por el carácter específico de lo que son estas fuerzas políticas en el estado de Veracruz; cuando hablo de fuerzas políticas en el estado de Veracruz no hablo solamente de los partidos políticos sino de otras fuerzas políticas, incluso las gubernamentales. Es decir, lo que debemos hallar es una explicación de ese carácter en ese tipo de razones. Y que seguramente de la misma manera como no hay algunos elementos constitucionales, federales contenidos en nuestro código, eso no nos haría... es decir: el hecho de que en algunos estados se tuviera uno o dos puntos que en nuestro código contiene, no nos haría tampoco mejores. Yo creo que en general hay una estandarización de lo que son los códigos federal y de las entidades, y que estamos con un buen instrumento para hacer elecciones y listos para que este tipo de perfeccionamientos se sigan dando.
Un punto central del debate es si democracia es sinónimo de alternancia en el poder. Usted como investigador, como consejero electoral qué piensa, ¿realmente la alternancia, el cambio en la correlación de fuerzas, es un sinónimo de democracia o no necesariamente?
Mire usted: la alternancia en el poder revela que se rompió la hegemonía en el poder, y eso me parece sano desde todos los puntos de vista que se quiera ver porque la hegemonía se logra a veces con consensos y a veces con algún tipo de presiones. Si nosotros tenemos un reconocimiento de una alternancia quiere decir que esos tipos de mecanismos no consensuales por los menos ha dejado de tener la importancia que les permita tener un control férreo. La alternancia desde otros puntos de vista me parece que lo que posibilita es una mayor transparencia. Si yo en un momento dado no tengo quien me vigile o quien me suceder, seguramente no me voy a cuidar y se han dado muchísimos casos en la administración pública de desvío de recursos, veinte mil problemas que la sociedad conoce bastante claramente de fondo. Yo creo que cuando hay la posibilidad de que quien le suceda sea diferente, la vigilancia y el cuidado de las administraciones tendrán que ser mayor. En ese sentido me parece que es muy sano. Yo creo que un partido u otro puede ser mejor, pero me parece que no es garantía de resolver los problemas; los problemas en muchos sentidos no se han resuelto porque son problemas sumamente difíciles de resolver y que no se resuelven porque un partido llega en un momento dado a la administración de algún nivel de gobierno. Yo creo -y esto lo vamos a ver cada vez más claramente-, que el ejercicio de otros gobiernos no resuelve los problemas. Entonces lo que sí podemos esperar es que halla cada vez administraciones más justas.
Como pregunta final, maestro, el sistema político nacional está plagado de vicios e inercias que fueron construyendo a lo largo de los años la hegemonía además de un solo partido. Actualmente en Veracruz tenemos un nuevo código electoral, un órgano electoral ciudadanizado, autónomo, como se ha determinado. ¿Podríamos hablar de que los veracruzanos tendremos la garantía o podemos tener la certeza de que el próximo proceso electoral municipal que será en donde se aplique por vez primera esta reforma electoral, va a ser garante de los derechos ciudadanos, de la voluntad popular? ¿No se repetirán vicios e inercias anteriores?
Mire usted, desde el punto de vista de lo que es mi relación con una institución pública como lo es la Comisión Estatal Electoral, yo lo que veo es un ánimo muy decidido de que la elección sea una elección transparente, que sea una elección muy respetuosa del voto de los ciudadanos. Usted puede estar segura de que el esfuerzo personal, y creo que de todos los miembros de este organismo, será vigilar -organizar primero- que éste sea un proceso eficiente, legal, transparente, pero sobre todo muy respetuoso del voto de los ciudadanos. Yo creo que en ese sentido la ciudadanía puede tener plena seguridad de que habrá una vigilancia, y no solamente la vigilancia del órgano general del estado de Veracruz, sino que estamos por desarrollar un trabajo muy fuerte, un trabajo a fondo con todas las comisiones municipales, con los comisionados electorales municipales para tratar de convencerlos del papel que estos organismos deber jugar en este respeto del voto ciudadano. Hay muchas cosas que están fuera del alcance del organismo electoral, fuera de alcance del accionar de los comisionados municipales y de los comisionados electorales que revelan las formas de ejercicio cotidiano del poder económico, del poder político, en una pequeña ranchería, en una pequeña región o en un ámbito municipal; éstas son cosas que forman parte de nuestra cultura política, de nuestra cultura electoral, del ejercicio del poder que creo que no se pueden arrancar de raíz y de una vez y para siempre, Pero contra esas cosas yo creo que tenemos que luchar todos los veracruzanos.


















