Análisis de la Población Económicamente Activa en el nivel estatal. María de la Luz Aguilera y Alejandro Juárez Gómez

Análisis de la Población Económicamente Activa en el nivel estatal

En noviembre de 1995, la Universidad Veracruzana publicó la primera edición del trabajo de investigación colectiva, cuyo título es Veracruz: cifras y perfiles. 1970-1990, en la cual participaron 25 investigadores, 35 asistentes técnicos y auxiliares, y cuatro instituciones: el Instituto de Investigaciones y Estudios Superiores Económicos y Sociales, el Instituto de Salud Pública, la Facultad de Instrumentación Electrónica y la Dirección General de Asuntos Ecológicos del Gobierno del Estado. Esta magna obra consta de tres volúmenes, de los cuales los dos últimos contienen 5 tomos cada uno. Precisamente el trabajo que aquí reproducimos corresponde al Volumen II, La población y su bienestar, Tomo II Análisis de la Población Económicamente Activa, cuyo equipo de coautores fue coordinado por la maestra María de la Luz Aguilera, del IIESES. Tal y como consignan en su prólogo los miembros del Consejo Editorial -formado por los investigadores Isidro Rojas, María de la Luz Aguilera, Francisco Montfort Guillen, Ronald Martínez, Ivonne Carrillo y Flora Velázquez-, "se trata de un primer y serio intento de integración informativa, en el que destacan las cuestiones relacionadas con la distribución poblacional por ramas de actividad, la posición que se guarda en el trabajo, ¡a distribución urbana y rural y la situación de la Población Económicamente Activa en algunos municipios seleccionados." Sobre el problema del desempleo, que a su juicio les mereció tratamiento aparte, concluyen que a partir de él "se conoce que existen fuertes rezagos dentro del territorio veracruzano ", aunque lamentan que la información oficial no presente adecuadamente la magnitud de dicho fenómeno, debido a que no se consideran cuestiones relativas al empleo informal y, en general, al problema del subempleo. No obstante, los autores sugieren al respecto que "tal vez el desempleo sea el principal problema que actualmente enfrenta la entidad veracruzana".

Por María de la Luz Aguilera y Alejandro Juárez Gómez

Antecedentes

En los últimos años el interés por el estudio del empleo en nuestro país ha crecido al punto de colocarse en el primer plano de las preocupaciones del gobierno, sobre todo porque la insuficiencia del empleo se encuentra inserto actualmente en el marco general del análisis de la pobreza. La aplicación de las políticas neoliberales, con el firme propósito de crear un ambiente estable para la economía mexicana, y así generar un largo periodo de crecimiento económico, ha desembocado en un fuerte desempleo. Si bien la lucha contra la espiral inflacionaria ha tenido éxito, el costo ha sido la desaceleración económica, la cual ha tenido un impacto muy desigual en la economía y ha afectado principalmente a los grupos mayoritarios de la población y a las empresas medianas y pequeñas, que son las mayores fuentes generadoras de empleo.

El desarrollo económico, definido por los libros de texto de economía como el crecimiento sostenido del ingreso per cápita, representa para una persona o su familia el tener un buen trabajo, estable y bien remunerado, del cual derivan los ingresos que satisfagan plenamente sus necesidades vitales y de esparcimiento.

Esta situación adquiere una connotación muy especial en el estado de Veracruz, pues la entidad es un área en vías de desarrollo, en la cual un alto porcentaje de la mano de obra de sus 207 municipios (210 en la actualidad) se encuentra empleada básicamente en labores agropecuarias; esta cuestión crea un problema en el estudio del empleo; la proporción de personas realmente desempleadas no representa el problema principal, sino el grado de utilización de la mano de obra. El hecho de que todavía en la actualidad coexistan unidades de producción familiares (parcelas agrícolas, talleres artesanales, etcétera) con factorías altamente tecnificadas, con una gama de situaciones intermedias, dificulta el análisis del desempleo, pues obscurece los límites del mercado de la fuerza de trabajo. Por ejemplo, 10.3% de la Población Económicamente Activa en 1990 no recibía ningún tipo de remuneración, es decir, se trataba de personas que realizaban su trabajo dentro de unidades de producción familiares, en las que participaban todos los miembros de la familia sin recibir un salario, como es el caso de los pequeños comercios o parcelas agrícolas; indudablemente, catas personas se encuentran subempleadas, pues su productividad es muy baja, en algunos casos cercana a cero, por lo que su retiro del proceso productivo no afecta el producto total.

Conceptos y definiciones del Censo de Población

En la actualidad, los censos de población distinguen a las personas empleadas y desempleadas de las inactivas de acuerdo con la presión que ejercen en el mercado de trabajo.

En el Censo de Población y Vivienda de 1990 se consideró tomo Población Económicamente Activa (PEA) al total de personas de 12 anos y mas que se encontraban ocupadas o desocupadas en la semana de referencia. Las personas ocupadas son definidas como el total de personas de 12 años y más que realizaron cualquier actividad económica (en la agricultura, la ganadería, el comercio, la industria, la construcción o los servicios) a cambio de un sueldo, salario, jornal u otro tipo de pago en dinero o en especie, en la semana de levantamiento del censo.

Incluye, además, a las personas que tenían trabajo pero no trabajaron en la semana de referencia por alguna causa temporal (vacaciones, licencia, enfermedad, mal tiempo, huelga, o porque estaban en espera de iniciar o continuar con las labores agrícolas).

Incluye también a las personas que ayudaron en el predio, la fábrica, la tienda o el taller de algún familiar sin recibir sueldo o salario de ninguna especie, y a los ayudantes o aprendices que trabajaron sin remuneración.

En la definición de la población desocupada se consideraron a las personas de 12 años y más que no se encontraban en alguna de las situaciones anteriores, es decir, que no trabajaron, no tenían empleo o trabajo, ni ayudaron en un negocio familiar sin retribución, pero que buscaron trabajo activamente. Incluye tanto a los buscadores de trabajo que ya hablan trabajado como a los que buscaron trabajo por primera

Por lo tanto, se incluye en la Población Económicamente Inactiva a las personas de 12 años y más que no se encontraban empleadas o desempleadas, y que se dedicaban a los quehaceres del hogar, estudiaban, eran rentistas o se encontraban jubiladas, pensionadas o incapacitadas para trabajar, etcétera.

Comparando las definiciones de los censos de 1990 con las de 1970 y 1980 se encuentran notables similitudes. En primer lugar, las tres consideran como límite de edad los 12 años; ello se debe a la existencia de un amplio sector de la actividad económica, sobre todo en la agricultura y el comercio, en el que trabaja un gran número de niños. En segundo lugar, todas las personas que realizaron, tuvieron o buscaron algún trabajo en la semana de referencia se consideraron como población activa.

Evolución de la Población Económicamente Activa estatal: 1970-1990

Durante el periodo de 1970 a 1990 la fuerza de trabajo total de la entidad experimentó importantes cambios. En ese lapso, la Población Económicamente Activa se incrementó en 787,463 trabajadores, lo que representó una tasa anual de crecimiento de 2.9%. Sin embargo, por decenios el crecimiento de la mano de obra presenta diferencias substanciales: un crecimiento anual de 5.9% en 1970-1980 contra otro negativo de 0.02% en el decenio 1980-1990.

Si bien es difícil precisar cuáles han sido los factores demográficos y socioeconómicos que han afectado este comportamiento, se puede señalar que los cambios experimentados en las tasas de crecimiento demográficas, de 3.4% en el periodo 1970-1980 a 1.46% en 1980-1990, afectaron a la distribución de la Población Económicamente Activa por grupos de edad e incidieron en variables tan importantes como la distribución de la población por edad y sexo; otro factor es que las oportunidades reales de empleo disminuyeron en los decenios mencionados por los ajustes llevados a cabo en la economía mexicana.

El censo de 1970 nos dice que la población de 12 años y más era de 2'361,803 personas, de las cuales 1'004,809 conformaban la Población Económicamente Activa, constituyendo 42.5% de este tipo de población, y 1'356,994 personas eran consideradas inactivas, es decir, 57.4%, un valor superior a la Población Económicamente Activa. De la población activa, 97.51% se encontraban plenamente ocupadas y 2.49% estaban desempleadas.

En 1980 la participación de la Población Económicamente Activa de 12 años y más se incrementó a 50.9%, y 49.1% de la población se mantuvo inactiva. El índice de masculinidad que resulta de dividir la Población Económicamente Activa masculina entre la femenina, multiplicada por 100, tuvo un valor de 299. Puede afirmarse que cuando la relación de masculinidad registra una disminución debido a una mayor participación de la fuerza de trabajo femenina, el porcentaje de participación correspondiente aumenta.

Las tasas de incorporación de las mujeres a la fuerza de trabajo se incrementó de 1970 a 1990; esta situación está relacionada con procesos ligados al desarrollo, como la urbanización, el proceso educativo y la misma actitud de la mujer frente al trabajo remunerado, debido sobre todo a la caída del ingreso real familiar.

En 1990 la Población Económicamente Activa registró un número de 1'972,274 trabajadores, de los cuales 97% estaban ocupados y 3% se encontraban desocupados; la Población Económicamente Inactiva fue de 2'447,046 personas, es decir, de 57.1%, contra 41.8% de población ocupada.

Población Económicamente Activa por rama de actividad

Durante el periodo 1970-1990 la estructura de la Población Económicamente Activa por ramas de actividad experimentó importantes cambios. Por ejemplo, en 1970 ta fuerza de trabajo agrícola representó 53.08% de la población activa total y en 1990 disminuye a 39.36%. Esta situación, que representa un importante cambio en la estructura de la mano de obra, coincide con un rápido proceso de migración del campo a la ciudad, como resultado de la disminución de las oportunidades de trabajo en las regiones agrícolas. La fuerza de trabajo en minería y extracción de petróleo también experimentó disminuciones notorias en su participación durante este periodo. De 3.66% en 1970 pasa a 3.11% en 1990.

Respecto a la mano de obra que labora en el sector industrial y de servicios, su participación aumentó, aunque se mantuvo muy por debajo de las magnitudes relativas y absolutas que se presentaron en la agricultura. La industria manufacturera manifestó un comportamiento errático; sin embargo, su contribución se incrementó sensiblemente, de 9.5% a 11.5%, durante el periodo 1970-1990, es decir, el número de trabajadores pasó de 94,953 a 200,119, lo cual representó una tasa anual de crecimiento de 3.8% en este sector.

El surgimiento de una estructura industrial más diversificada, concentrada en regiones bien definidas de la entidad, es el factor responsable de esta situación que experimenta la mano de obra. Las ramas de actividad de este sector que aumentaron su participación con mayor rapidez fueron construcción y electricidad, las cuales son generalmente muy dinámicas durante las épocas de crecimiento económico y demográfico; sin embargo, su contribución es tan baja respecto al total que sus movimientos no son fácilmente perceptibles ni afectan la estructura general por actividades. Respecto al sector terciario existe una estrecha relación entre éste y el crecimiento de las ciudades. En el estado de Veracruz se lleva a cabo un proceso de urbanización bastante rápido. A partir de 1950 las migraciones campo-ciudad se han intensificado, lo que ha provocado que un número elevado de ciudades veracruzanas experimenten un crecimiento en su tamaño, logrando que sus economías se basen fundamentalmente en los servicios.

La migración campo-ciudad, aunada al crecimiento natural de la fuerza de las ciudades, ha originado que las actividades realmente productivas sean incapaces de absorberla; como consecuencia, algunas ramas del sector terciario se encuentran "recargadas", implícitamente hablando, lo que constituye un problema.

El desequilibrio que presenta el sector terciario ha hecho crecer al denominado sector informal o economía subterránea de la entidad; los trabajadores por su cuenta y en las pequeñas empresas familiares representan un alto margen del "desempleo disfrazado" y aumentaron sensiblemente de 1970 a 1990, al pasar de 28 a 32%. En 1980 este valor fue de 33 por ciento.

Esta situación se ve con mas claridad al analizar la evolución interna que presenta la Población Económicamente Activa en términos de su posición en el trabajo, definida como la situación que guarda la persona ocupada en su trabajo principal, es decir, indica si la persona fue patrón o empresario, obrero o empleado, jornalero o peón, trabajador por su cuenta, trabajador en negocio familiar, ejidatario, trabajador no remunerado, e incluye también, como sucede en todas las definiciones de empleo, a las personas que no especificaron su ocupación.

En el siguiente apartado se hace un análisis de la fuerza de trabajo en función de este renglón.

Población Económicamente Activa por posición en el trabajo

En primer lugar, destaca el hecho de que un elevado número de personas se encuentran laborando como trabajador por su cuenta o en negocios familiares, principalmente en el sector terciario, en el comercio y en los servicios personales. Esta situación puede ser un indicio de que sólo se puede considerar desproporcionado el crecimiento del sector terciario si nos basamos en criterios que tengan en cuenta la productividad y el subempleo en los distintos estratos ocupacionales. En nuestro caso, 21.3% del empleo en 1970 se encontraba bajo el rubro de trabajador por su cuenta con una elevada concentración en los sectores arriba mencionados. En los años 1980 y 1990 esta situación no varió sino que se acentuó, lo que indica el abultamiento del sector terciario en la entidad.

En el caso del sector rural, los jornaleros, que son generalmente campesinos sin tierras, sumaron 276 mil en 1970 y en 1990 esta cifra se elevó a 321 mil, fenómeno que señala que el crecimiento económico veracruzano ha sido tremendamente desigual.

Otra desproporción se advierte en las cifras relativas al número de empresarios; en 1970 se tiene un valor aproximado de 51 mil patrones, pasando a 37 mil en 1990; lo anterior indica una tasa media anual de crecimiento negativa para el periodo (-2.4%).

Esta situación es incomprensible, pues el número de establecimientos industriales, de comercio y servicios se elevó en 1990 a 88,238, de acuerdo con la información proporcionada por los censos económicos; basándose en ella, sólo 42% de los establecimientos contaban con empresarios profesionales, concentrándose este tipo de empleos principalmente en los negocios de tipo familiar, en los que el propietario es a la vez el gerente. Estos datos señalan que la evolución del empleo en el estado ha sido fuertemente desigual respecto a la posición de éste en el proceso de crecimiento de las actividades económicas, lo que en parte ha frenado la posibilidad de generar empleos estables y bien remunerados en la economía formal. Tal situación ha originado que la economía subterránea se haya convertido en la alternativa ocupacional de una gran cantidad de trabajadores, sobre todo porque este tipo de actividades genera, en muchos rubros económicos, ingresos superiores al salario mínimo sin tener que cubrir jornadas laborales de más de ocho horas diarias y mal remuneradas.

Respecto al renglón de obreros y empleados, el número que registró el censo de 1970 fue de 317 mil, que representaban 31.7% de la Población Económicamente Activa total. En 1990 esta cifra fue de 769 mil trabajadores, es decir, 44.2% del empleo total. La tasa de crecimiento media anual para este tipo de empleo fue de 4.5%, superior a la tasa de crecimiento de la población. Las cifras de este renglón del empleo evidencian que, paralelamente a la expansión económica de la entidad, se ha dado un crecimiento de la demanda de mano de obra, aunque es preciso aclarar que el aparato productivo ha sido incapaz de generar todos los empleos que demanda la fuerza de trabajo; de ahí deriva el crecimiento de la economía informal, sobre todo en las áreas urbanas de la entidad.

Población Económicamente Activa urbana y no urbana

En el estado de Veracruz la Población Económicamente Activa urbana ha ganado importancia como componente de la mano de obra total. Este comportamiento de la fuerza de trabajo se debió al rápido proceso de urbanización.

En el estudio se escogieron las 12 ciudades del estado más urbanizadas; éstas son Acayucan, Boca del Río, Coatzacoalcos, Córdoba, Xalapa, Minatitlán, Orizaba, Pánuco, Poza Rica, San Andrés Tuxtla, Tuxpan y Veracruz. En 1970 concentraban 30% de la fuerza de trabajo; en 1980, 31% y en 1990, 35%. El crecimiento que experimentaron los municipios urbanos contrasta con el comportamiento de los municipios no urbanos, los cuales disminuyeron su participación en la Población Económicamente Activa

Hay que aclarar que Veracruz es una entidad que posee uno de los sistemas de ciudades más completos del país. Su estructura territorial ha dado lugar a este fenómeno urbano; así, las 12 ciudades seleccionadas como urbanas se encuentran distribuidas uniformemente sobre el espacio veracruzano y representan importantes mercados regionales, alrededor de los cuales se encuentran localidades de menor jerarquía urbana pero con gran importancia económica en servicios, comercio y actividades agropecuarias, principalmente.

El fenómeno anterior se puede observar también a través de la tasa media de crecimiento de la Población Económicamente Activa urbana y no urbana. Durante el periodo de estudio, la primera es mayor que la segunda (4.35% versus 1.65%, tomando como población urbana las localidades que cuentan con 20 mil o más habitantes). Este resultado era de esperarse en una región donde el proceso de concentración geográfica de la población y de las actividades productivas ha sido muy rápido; a ello ha contribuido, como ya se mencionó, la conformación territorial de la entidad, que ha provocado el surgimiento de mercados regionales bien definidos en función de la potencialidad y la riqueza de tos recursos naturales. Puede asegurarse que el crecimiento de la Población Económicamente Activa urbana refleja el crecimiento natural de la mano de obra urbana ya existente, reforzado por la migración rural-urbana de los trabajadores.

La rasa de crecimiento de la Población Económicamente Activa tanto urbana como no urbana aumentó más rápidamente durante el decenio 1970-1980 que en el siguiente. Esto puede deberse a que durante el primer periodo las condiciones económicas fueron más favorables para la estructura laboral de las zonas urbanas y no urbanas del estado: la creación de un mayor número de establecimientos comerciales, de servicios e industriales; una mayor utilización de la capacidad instalada industrial; el aumento del empleo en diversas actividades de bajo grado de capitalización, así como el apoyo a la agricultura, son algunos de los factores que contribuyeron a la mayor absorción de empleo en el primer decenio. Por otra parte, en el siguiente el estado en su conjunto se vio sumido en una de las más agudas crisis de su historia económica, en la que la mayoría de los indicadores sociales y económicos disminuyeron considerablemente, en particular la creación de empleos.

El análisis de la Población Económicamente Activa urbana y no urbana por rama de actividad indica que las diferencias de estructura ocupacional son muy pronunciadas, como era de esperarse, La Población Económicamente Activa no urbana se concentró fundamentalmente en las ramas de actividad primaria, principalmente en la agricultura y la ganadería. En cambio, la mano de obra urbana se localizó en la industria, el comercio y los servicios. Como resultado, la tasa de terciarización e industrialización ha sido mayor en los municipios considerados como urbanos que en los no urbanos. Sin embargo, y como ya se mencionó en otro apartado del trabajo, la mano de obra que labora en el sector primario tiene una importancia significativa, con lo cual se intensifican las desigualdades regionales y, con ello, las diferencias en materia de bienestar social.

Análisis de la Población Económicamente Activa por ciudades

Debido a su naturaleza, una ciudad debe tener características multifuncionales, en el sentido de que su mano de obra se dedique a distintas actividades. Sin embargo, al comparar su Población Económicamente Activa con otra, por ejemplo con la estatal, se observa que algunas ciudades se especializan en determinadas ramas. En el caso de nuestras ciudades, es bastante claro cuál es su función económica predominante. Por ejemplo, el puerto de Veracruz es una ciudad en la que la actividad portuaria determina la especialización en los transportes y el comercio.

Orizaba, dado el proceso de industrialización, se dedica principalmente a la industria ligera de transformación. Acayucan, relacionada con la comercialización de productos agropecuarios para el mercado doméstico, se especializa en el comercio y los servicios.

Resumiendo, se puede asegurar que la baja participación del sector industrial y la elevada participación del sector primario y terciario dentro de la estructura ocupacional del estado de Veracruz se refleja en el predominio de ciudades que se ocupan principalmente en servicios, comercio y transportes. Por ejemplo, en 1990 el Censo Comercial y de Servicios reportó un ingreso por ventas de 7,578 millones de nuevos pesos.

Analizando la participación de la Población Económicamente Activa en la población total (tasa bruta de participación), se observa una tendencia hacia su aumento de 1970 a 1980, de 27.4 a 33.9%, para luego disminuir en el siguiente decenio a 3l.5%.

Otra observación es que el porcentaje bruto de participación muestra una tendencia a aumentar a medida que aumenta el tamaño de las ciudades. Esto tiene diversas causas; una de ellas es que la ciudad, al aumentar, tiene mayores posibilidades de ofrecer empleos; además, recordemos que el estado experimenta una mayor participación de las mujeres en la mano de obra, aunque, por otro lado es posible que el aumento y la extensión de los servicios sociales {educativos, de salud, comunitarios) ejerzan un efecto negativo sobre las tasas participación.

En 1990 había en el estado 309,301 mujeres ocupadas, que representaban 17.7% de la población ocupada, y de las cuales 48% trabajó más de 40 horas semanales. Así, las mujeres han pasado de tener un papel pasivo a asumir el de líderes en muchos campos de la actividad económica.

Otro hecho, es el cambio que han experimentado las participaciones más altas; durante los dos últimos años de estudio correspondieron a la capital del estado, mientras que en 1970 el primer lugar fue para la ciudad de Veracruz.

Como conclusión se puede afirmar que las 12 ciudades que absorben más Población Económicamente Activa en los tres años analizados son las mismas. Los tres primeros lugares son ocupados -en los tres años- por las áreas urbanas de las ciudades de Veracruz, Xalapa y Coatzacoalcos. Las nueve ciudades restantes experimentan diversos cambios de rango a lo largo del periodo.

De las ciudades seleccionadas, cabe mencionar también que los porcentajes brutos de participación son ligeramente mayores al promedio estatal en el periodo analizado v también superiores a los que presentan las zonas no urbanas. Esta situación asume características similares en la República Mexicana.

Población Económicamente Activa y distribución del ingreso

Finalmente, se analiza la relación entre la Población Económicamente Activa y la distribución del ingreso, dando importancia a la temática de las ciudades; desafortunadamente, la información que el censo proporciona al respecto no es comparable, lo que dificulta compararla en el tiempo; por ejemplo, en 1990 los rangos de ingreso se expresaron en términos de número de salarios mínimos y no en ingreso mensual, como se consignó en 1970 y en 1980.[1]

Independientemente de estas pequeñas dificultades, es evidente que en el estado la distribución personal del ingreso de los jefes de familia (población ocupada) se ha deteriorado. Las estadísticas muestran que actualmente hay más pobres en Veracruz, y que si bien es cierto que la población recibe un ingreso mayor (nominalmente hablando), éste aumentó con menor rapidez que el de la población rica. Según el Censo de Población de 1990, 129 mil trabajadores y sus familias tenían que subsistir con menos de 5 mil viejos pesos, cuando la canasta básica tenía un precio de 10 mil viejos pesos. Algo que nos muestra la desigualdad en la percepción de los ingresos es que en 1990 sólo 2% de la población ocupada de las 12 ciudades seleccionadas obtuvieron ingresos por más de 10 salarios mínimos, en tanto que 21% recibía un salario mínimo.

También se observa que la desigualdad en la distribución del ingreso es mayor en las zonas rurales que en las urbanas, como era de esperarse dado el predominio de la agricultura tradicional en la entidad.

Es conveniente destacar que la estructura de la distribución del ingreso de las ciudades localizadas en los municipios seleccionados es bastante análoga, lo que se debe principalmente a la igualdad en las políticas de precio, tecnología y a la misma composición industrial de la entidad.

Consideraciones sobre la estructura del desempleo en el estado de Veracruz. 1970-1990

Ley de Okun, evidencia empírica sobre el desempleo

En la macroeconomía moderna, uno de los temas básicos es el estudio de la estrecha relación existente entre Producto Nacional Bruto real (PNB) y la tasa de desempleo. Se ha observado que la tasa de desempleo se mueve inversamente proporcional a la razón del PNB real. Así, cuando las ventas disminuyen, los trabajadores son despedidos y la casa de desempleo aumenta. Pero cuando las ventas aumentan y el PNB real es alto, algunos de los desempleados son contratados y la tasa de desempleo disminuye.

Esta relación ha sido llamada Ley de Okun, en memoria de Arthur M. Okun, quien fue el primero en señalarla en la década de 1960. Varías características se derivan del estudio de esta relación. La primera es el rezago en la respuesta del desempleo ante los cambios en el PNB real. Cuando la actividad económica se expande, las empresas demoran en contratar trabajadores y algo similar sucede cuando el PNB real disminuye, pues las empresas tardan un tiempo en despedirlos.

Otro aspecto que se ha observado de la relación empírica de Okun es que cuando una recesión incrementa la tasa de desempleo en un punto porcentual por encima de la tasa natural de desempleo, e PNB real observado[2] disminuye en dos puntos porcentuales por debajo de la producción natural.

Esta disminución que sufre la producción se debe a toda una serie de factores económicos, entre los que destacan la pérdida general de ingresos que sufre la sociedad debido al despido de trabajadores, el retiro definitivo del mercado de trabajo de algunos trabajadores desempleados, la pérdida de ganancias que sufren las empresas por la baja en las ventas, y la cantidad de ingresos derivados de los impuestos que pierde el gobierno.

En las gráficas se presenta una evolución hipotética de la relación histórica existente entre el PNB real registrado y la tasa de desempleo observada. La línea negra muestra el PNB real natural, el cual crece a través del tiempo en función del crecimiento de la población. La línea de puntos señala el PNB real registrado.

En el plano inferior se muestra la tasa natural de desempleo (línea negra) y la casa observada de desempleo (línea de puntos). Cuando el PNB real registrado es bajo, la tasa de desempleo se encuentra por encima de la tasa natural de desempleo. Nótese también que los periodos de bajo desempleo registrados coinciden con períodos de alto PNB real registrado; estos aspectos indican periodos en los cuales la economía está "sobrecalentada".

El desempleo en Veracruz

Las autoridades mexicanas se han preocupado en los últimos años por la estabilización cíclica de los agregados nacionales (ingreso nacional, consumo, inversión y exportación, principalmente), y sobre todo porque la respuesta de éstos a las políticas fiscales y monetarias sea positiva.

Uno de los principales objetivos ha sido mantener un nivel bajo de inflación como condición necesaria para la expansión económica; sin embargo, las políticas dirigidas a controlar la inflación ignoran los efectos sobre el desempleo. La inflación es un fenómeno que por sus características tiende a distribuirse de una manera más uniforme que el desempleo, y entre las regiones hay mayores diferencias en el nivel de desempleo que en los precios, ya que los bienes gozan de mayor movilidad que la mano de obra, especialmente a corto plazo.

Actualmente existe un acuerdo general sobre el hecho de que el desempleo y el subempleo están entre los problemas más agudos del país. En el estado de Veracruz esta situación se ha recrudecido con la puesta en operación de políticas fiscales y, sobre todo, monetarias de corte neoliberal, las cuales han originado un ajuste en la planta productiva que se ha traducido en un número cada vez mayor de desempleados.

Desafortunadamente no existen cifras confiables acerca del número de desempleados y subempleados, y los datos proporcionados por el censo no reflejan la magnitud del fenómeno. Según esto, en Veracruz, en 1990, 3% de la mano de obra se encontraba desocupada (exactamente 50,143 trabajadores); ésta es una cifra irreal para un estado con la estructura productiva de Veracruz. Sin embargo, el argumento es que este porcentaje esta formado por las personas relativamente más educadas, las cuales pueden contar con el apoyo económico de familiares mientras buscan trabajo, en tanto que los individuos de menores recursos y sin educación están mas dispuestos a ingresar al sector informal de la economía, incluso en calidad de subempleados.

Lo realmente importante para las entidades en vías de desarrollo, como se podría clasificar a nuestro estado, es el fenómeno del subempleo, entendido éste como la inadecuada utilización de la fuerza de trabajo debido a la carencia de empleo satisfactorio y continuo para las personas ligadas a algún trabajo. Esta es una situación en la que la desviación de cierta cantidad de trabajo hacia otros usos no disminuirá en forma apreciable la producción total de los sectores de los cuales es desviado.

De acuerdo con la definición se identifican las siguientes categorías principales de subempleo, sin dejar de reconocer que ellas no abarcan todos los aspectos del problema.

  1. Subempleo visible, que incluye a las personas que involuntariamente trabajan a tiempo parcial o durante periodos inferiores al período normal de trabajo.
  2. Subempleo invisible, que existe cuando el tiempo que trabaja una persona no es inferior a la jornada normal de trabajo, pero cuyo empleo es inadecuado en otros aspectos como: a) no permite la plena utilización de sus mejores calificaciones o de su principal capacidad; b) cuando los ingresos que obtiene del empleo son reducidos, y c) cuando está empleado en un establecimiento o unidad económica cuya productividad es baja.

El subempleo consignado en los incisos a y b del punto 2 suele denominarse subempleo encubierto, en tanto que la situación correspondiente al inciso c se designa como subempleo potencial.

Mediante estas definiciones de subempleo se subraya que la denominación de subempleo queda "abierta", en el sentido de que puede aplicarse a cualquier situación de deficiencia cualitativa o cuantitativa del empleo, y de que diversas categorías de subempleo pueden superponerse parcialmente (excepto las categorías visible e invisible).

En este sentido, y para fines de análisis, se seleccionó para la medición del subempleo el concepto de visible, debido a que se basa, en principio, en características individuales directamente observables y verificables.

De acuerdo con los Censos de Población y Vivienda, en 1970 se registraron como trabajadores de tiempo parcial, es decir, aquellos que trabajaron menos de 35 horas a la semana, 162,724 personas, de las cuales 49,864 se encontraban en las áreas urbanas y 112,860 en las zonas no urbanas.

Esto arroja una tasa de subempleo en el estado, en ese año, de 16.27%. Respecto a las zonas urbanas, la tasa fue de 16.1% y 16.34% en las regiones no urbanas en 1980; estos valores se incrementaron a 21.62% en el estado, 20.30% en los 12 municipios seleccionados como urbanos y 22.21% en las áreas agrícolas. Sin embargo, este incremento en la tasa de subempleo que representa el censo de 1980 se debe a cuestiones de precisión en el levantamiento de la información.

En 1990 la situación que presenta la entidad respecto a este fenómeno es la siguiente: 308, 312 personas subempleadas, divididas en 104,240 en las áreas seleccionadas y 204,132 en las zonas no urbanas, lo que nos arroja una estructura porcentual de 17.70, 17.05 y 18.05%, respectivamente, para cada uno de los componentes arriba mencionados. Como se observa, estos valores son ligeramente superiores a los de 1970.

Conclusiones

Las conclusiones generales que pueden derivarse en este trabajo son las siguientes:

  1. Durante el periodo 1970-1990 se intensificó la concentración de la mano de obra en las ramas de actividad no primarias: En este sentido, destacaron las altas tasas de terciarización de la Población Económicamente Activa.
  2. Los movimientos mencionados fueron más intensos en el decenio 1970-1980 que en el siguiente, debido a diversos factores socioeconómicos que favorecieron una mayor absorción de mano de obra, entre los que destacan la urbanización, la industrialización y el proceso migratorio que experimentó el estado.
  3. Sin embargo, la fuerza de trabajo en la entidad presenta un carácter primario en comparación con el país.
  4. La contribución de la Población Económicamente Activa agrícola ha disminuido notablemente en el estado; sin embargo, el numero absoluto de mano de obra en el sector se ha incrementado, de 1970 a 1990, en 172,242 trabajadores.
  5. Respecto a los porcentajes brutos de participación de la Población Económicamente Activa, la mano de obra rural muestra valores menores que la Población Económicamente Activa urbana.
  6. El dinamismo de la Población Económicamente Activa en la entidad en el periodo de análisis se debió, sobre todo, a la Población Económicamente Activa urbana.
  7. La estructura de la Población Económicamente Activa urbana por actividades favorece más a las ramas de servicios, y en la medida en que aumenta el tamaño de las ciudades la tasa de terciarización es mayor; de lo que se desprende que ésta obedece a factores asociados con el rápido proceso de urbanización experimentado en la entidad.
  8. El volumen del desempleo abierto en la entidad no representa la verdadera magnitud de éste. Más importante que el desempleo es el fenómeno del subempleo, noción que se aplica únicamente a las personas empleadas en actividades de baja productividad. En la entidad, dada la estructura de la población de 12 años y más, se agregan anualmente 83 mil personas, de las cuales 41.8% (34,694 personas) ingresan a la fuerza de trabajo. Indudablemente, este es un volumen de mano de obra, que sin embargo no es absorbido por el mercado de trabajo, dada la incapacidad del aparato productivo. Esta situación ha dado origen a que estos mismos trabajadores busquen una solución personal a través del sector informal de la economía.
  9. El subempleo es el verdadero problema de la entidad, y está ligado fuertemente al fenómeno de la pobreza y a las circunstancias de las que surge, como son el bajo nivel educativo y los altos índices de desnutrición y salud.

Si bien las cifras y tasas sobre el fenómeno del desempleo son importantes, lo que se requiere es replantear la política laboral en términos de una estrategia general de reactivación económica.

Notas.

  1. Para salvar esta dificultad se realizó una transformación en los rangos de la distribución, tomando como referencia el salario mínimo general del estado en 1990.
  2. Las conceptos de PNB real natural y la tasa de desempleo natural difieren en cuanto a los términos PNB real registrada y tasa de desempleo observada. El significado del PNB real natural se refiere a la cantidad de bienes y servidos que la economía puede producir sin causar una aceleración en la tasa de inflación; y la tasa natural de desempleo se define como aquella que es compatible con una inflación constante.

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