Editorial

Empleo y desempleo

Los reajustes iniciales que en la planta laboral generó la implantación del modelo económico neoliberal -recortes masivos de personal ejecutados sin conmiseración desde 1990, como nos lo recuerda hoy con puntualidad el secretario de Organización de la CTM estatal, Manuel Pérez Martínez-, cuatro años después, producto de la crisis económica nacional derivada del ya tristemente célebre error de diciembre, se vino a sumar otra crítica escalada de desempleo que acabó de echar por la borda los buenos propósitos y proyectos que aquí en Veracruz, en esta materia, el régimen del gobernador Patricio Chirinos había plasmado en su Plan Estatal de Desarrollo 1993-1998 con el optimismo y la esperanza propias de todo inicio de administración pero sobre todo alentado por las perspectivas favorables de la coyuntura financiera y las amplias expectativas que el inminente Tratado de Libre Comercio en ese momento representaba.

Lo cierto es que hoy, de aquél propósito gubernamental "de crear por año, por lo menos en lo que resta de la década, un promedio de 100 mil nuevos puestos de trabajo", el panorama laboral en la entidad, si bien sería exagerado considerarlo como catastrófico, tampoco sería posible negar o minimizar que continúa siendo francamente poco alentador.

Aunque existen discrepancias poco significativas en cuanto a estadísticas de empleo y desempleo, sin embargo entre los ensayistas invitados y personajes que debaten sobre este tema en nuestra publicación -empresarios, líderes sindicales e investigadores universitarios-, son más las coincidencias que les une: ni es real la reactivación económica que oficialmente se presume ni se avizora a corto plazo la recuperación en cantidad y calidad de los puestos de trabajo perdidos durante el sexenio presidencial anterior (1988-1994).

Voces francas y sensatas como las del presidente del Consejo Coordinador Empresarial de Xalapa, don Andrés Beceiro López, o la del dirigente regional de la Cámara Nacional de la Industria de la Construcción, Marcos Salas Contreras, enfatizan los escasos y a veces hasta nulos incentivos gubernamentales que en vez de promover contribuyen a inhibir la urgente generación de empleos, ya que según su muy particular parecer, el mismo daño provocan la actitud persecutoria de la autoridad fiscal -que contradictoriamente acosa a los agentes de la economía formal y solapa a los evasores de la economía subterránea-, que la voracidad de la banca o la privatización y restricción de la obra pública.

Otros, como el profesor Artemio Ríos Rivera, líder del Frente Democrático de Trabajadores de la Educación, de plano advierte que una vez pasadas las elecciones federales del 6 de julio próximo, "los trabajadores nos vamos a despertar con una serie de planteamientos de la economía nacional, parecidos a los errores de diciembre (y) vamos a volver a caer en un periodo de reflujo en cuanto a prestaciones, en cuanto a salarios".

La verdad es que empleados o desempleados, y lo mismo patrones que trabajadores, pocos son los que avizoran un repunte económico tangible en puerta. El escepticismo ante las estadísticas oficiales y la incredulidad frente al desbordado optimismo gubernamental, previo al más reñido proceso electoral, es el más contundente síntoma de desacuerdo.

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