El 6 de julio, ¿la democracia va? Martín Quitano Martínez
El 6 de julio, ¿la democracia va?
El próximo 6 de julio México estará ante un momento crucial de su historia. El proceso electoral que se desarrollará, independientemente de los resultados en términos de las votaciones a los partidos políticos, deberá ser evaluado con base en la confiabilidad que logre acaparar por parte de la ciudadanía, es decir, que el proceso electoral se considere un momento realmente aceptable para las discusiones que el país requiere.
El gran reto del próximo 6 de julio, así, pues, es la del reto por la apuesta de la transición democrática, por el cambio de los viejos mecanismos autoritarios y antidemocráticos que inhibieron toda confianza en los procedimientos electorales. Los comicios del 6 de julio deberán ser entonces la gran posibilidad de mostrarse como procedimientos donde los actores políticos fundamentalmente asuman, fuera de la autocomplacencia, mirarse en relación directa a los resultados electorales. Esto deberá estar sustentado en una confianza en que el cambio que se da desde las instituciones que organizan el proceso electoral hasta los partidos políticos contendientes es real, es decir, que la ciudadanía debe estar convencida que electoralmente se está avanzando en concretar las aspiraciones que se demandan con gran urgencia por la sociedad.
Por Martín Quitano Martínez (*)
El ejercicio democrático, la participación ciudadana tienen en el próximo proceso electoral su momento, debiendo ser éste el acto donde el poder ciudadano se manifieste como un Tribunal Superior, al que tienen que someterse los distintos actores que concurran en el proceso. Las elecciones deben de convertirse en el espacio que dé legitimidad para gobernar y/o legislar, teniendo con ello que considerarse creíbles sus resultados, no manejados ni maquillados, sin intromisión del gobierno, se debe ya de romper la idea del control gubernamental sobre ellas.
Un cambio requerido para los comicios implica necesariamente sustentarse en la idea general de la ciudadanía de que su voto vale, que su voto se respeta; la construcción de un sistema realmente democrático obliga a escuchar a la sociedad, a sumar voluntades políticas que genuinamente asuman el compromiso por la democracia.
El Instituto Federal Electoral enfrenta después de la reforma, la obligación de entregar buenos resultados; el país lo requiere, para ello se necesita dar un voto de confianza inicial al Instituto en términos de ver con objetividad que el proceso que ahora dirige implica asumir que apenas se está cambiando y no que ya se logró el cambio. Sin embargo, esto no debe de disminuir la responsabilidad que le corresponde al IFE de buscar y lograr el mayor de los equilibrios en la contienda electoral, de evitar por todos los medios el fraude y la desconfianza en los resultados. La crisis de la política y de los partidos políticos se sustenta en la incredulidad en las posibilidades del cambio, que no es sólo el cambio de un partido por otro, sino el cambio de una cultura política subterránea, obscura y autoritaria por otra abierta, clara y democrática. Dar la oportunidad al pueblo, a la sociedad de creer en una transformación realizable por todos, independientemente de signos políticos, implica brindar la oportunidad a la capacidad de los mexicanos por construir una sociedad plural.
Sin duda se han enfrentado aun viejas prácticas que ponen en entredicho la posibilidad de consolidar el proceso de transición democrática que el país requiere, pero esas prácticas cada vez rinden menos beneficios a sus promotores. Estos personajes ni ven ni oyen los cambios que se están manifestando en el entramado de relaciones sociales y políticas, consideran que aun se pueden seguir realizando las mismas formas de control. Por el contrario, en México las nuevas prácticas de una sociedad a la alza en su composición política-democrática ha logrado influir de tal manera que, contra toda idea de la vieja clase política, se han realizado modificaciones electorales que pueden ser el principio del fin del coliseo romano, donde los leones devoraban a los cristianos, para dar paso a un escenario donde puedan plantearse las diferentes opciones a discutir y ofrecer a la sociedad sus programas; y con esto no quiero parecer ingenuo sino simplemente me doy la oportunidad de confiar en el futuro.
La construcción del espacio político democrático para dirimir diferencias urge, no se puede retrasar más. El vivir realmente en un sistema democrático donde los distintos actores políticos puedan ejercer sus actividades con la plena seguridad de que se está en un marco legal que cubre las expectativas sociales, dará la oportunidad a la paz. El referente de lo político como un espacio intocable por la sociedad, en términos del grotesco control corporativo estatal, ha quedado atrás o al menos se observa una gran tendencia de la sociedad mexicana a plantearse un mayor nivel de pluralidad política que augura el enriquecimiento de los mecanismos de participación ciudadana. En este marco se pueden observar las reformas electorales que se han llevado a cabo en los últimos años y que son producto de la exigencia de los partidos de oposición y de la sociedad, de los ciudadanos.
Las reformas electorales no pueden considerarse como acabadas pero sí como los caminos sinuosos por los que transita la democracia. Queda mucho por hacer, pero a fuerza de presión, las viejas prácticas son cada vez más señaladas, menos soportables, debe entenderse. Si las elecciones del 6 de julio se desarrollan con apego al marco legal, México dará un paso importante en todos los órdenes; en caso contrario, de insistir -por algunos- en imponer criterios de relación política retrasados, solo podrá brindar la apertura de una puerta que nos conducirá al caos.
El próximo proceso electoral mostrará si en realidad estamos por entrar en un proceso de transición democrático o habrá que accionar aun más para concretar esa aspiración. El 6 de julio será en sí misma una fecha -sin exagerar- que tal vez nos presente ante el destino político de México. Este día será el examen para observar si nuestro país logra por fin conquistar procesos electorales creíbles que independientemente de sus resultados éstos se asuman como parte de la manifestación social en torno a las propuestas partidarias. De suceder esto, será una muestra de la madurez que esta sociedad ya tiene.
* Martín Quitano Martínez. Coatepec, Veracruz. (1962). Licenciado en Economía (UV). Exfuncionario de la Procuraduría Agraria y del Registro Nacional Agrario. Es dirigente del Movimiento Social MOSVIC. Actualmente cursa estudios de Doctorado en Ciencias Políticas y Sociología, en la Universidad Complutense de Madrid, España.


















