La ciudadanización, un término mágico: Margarita Acosta Mota
La ciudadanización, un término mágico
Para la consejera electoral Margarita Acosta Mota -una destacada arquitecta con especialidad en Diseño Visual por la Scuola Politécnico de Milán, Italia, lugar donde también cursó una maestría sobre Urbanismo entre 1975 y 1977- la incrustación de ciudadanos en los órganos electorales no será efectiva ni suficiente para llegara elecciones creíbles, pulcras y transparentes si la ciudadanía en su conjunto no se involucra y participa más activamente.
Exsubdelegada de Desarrollo Urbano y Vivienda de la Sedesol en Veracruz, Margarita Acosta -quien en la actualidad es candidata al Doctorado en Arquitectura y Urbanismo por la Universidad Politécnica de Madrid, España- está convencida, sin embargo, de que hoy más que nunca empezamos a transitar también hacia elecciones más equitativas, pues comenta que si no hemos podido avanzar más en este aspecto es porque no debemos de olvidar que todavía "la mayoría del país está gobernada por un partido específico" y que, en ese sentido, "hay muchos programas de gobierno que tienen una serie de elementos que le dan una mayor imagen al partido en el poder".
Entrevista de Gina Domínguez a Margarita Acosta Mota
El proceso electoral que actualmente se desarrolla en México, ha despertado una serie de expectativas por las condiciones novedosas en las que se está dando, con organismos electorales autónomos y ciudadanizados en todo el país, como es el caso también de Veracruz. Cuál es su perspectiva del proceso, usted que está como consejera ciudadana y que, bueno, se dice que el consejero ciudadano va a ser el garante de que este proceso sea distinto a los que ha tenido el país anteriormente.
Bueno, yo considero que como ha mencionado, es un proceso. Y en este proceso hemos iniciado un cambio importante. Es precisamente el hecho de que ciudadanos comunes y corrientes, como en este caso, participemos involucrados directamente en los organismos electorales. En ese sentido, es muy importante la ciudadanización. ¿Qué significa ese término? Significa que empieza -podemos decir- en una punta de un triángulo, de una pirámide, y para que este hecho o este término o este concepto que nos permite estar a ciudadanos comunes y corrientes en el proceso, se dé en la realidad, requerimos precisamente que toda la ciudadanía participe. Creo que es un término mágico. Es decir, que a partir de nosotros ojalá lográramos despertar precisamente la confianza y sobre todo el interés para que ciudadanos comunes y corrientes podamos participar en una diversidad de actividades que van desde emitir el voto y cuidar que ese voto se ejerza como tal, hasta una serie de actividades como pueden ser las de observadores electorales, el ir a las casillas los que hayan sido elegidos funcionarios de casillas, o sea, los que hayan tenido la suerte, la oportunidad de ser funcionarios de casillas por insaculación, bueno, pues que vayan a ejercer precisamente ese derecho, esa obligación. Y en ese proceso precisamente estamos involucrados toda la ciudadanía; ese es el sentido que yo considero importante recalcar, distinguir: invitar a la población para que nosotros no seamos nada más unos elementos aislados, porque de otra manera no funcionaríamos, no tendríamos un efecto real. Para que nuestra función se cumpla requerimos que el sentir de nuestro nombramiento se extienda a toda la población; que a toda la población, al igual que a nosotros, les resulte una experiencia muy rica, muy emocionante, muy fuera de todas las expectativas que tuviéramos, porque no somos gente precisamente que seamos profesionales de la política o de los procesos electorales. Que esa experiencia que nosotros tenemos, ojalá pudiéramos lograr que la ciudadanía la fuera haciendo suya. Que conozca cómo es el proceso, que es todo un aprendizaje, y que a mayor interés por parte de la ciudadanía, habrá mayor participación y mayor oportunidad de que realmente todo se dé con transparencia y equidad.
Una de las cuestiones más difíciles es construir la credibilidad de los procesos. Las experiencias anteriores de todos los mexicanos y la manera de cómo nuestro sistema se ha ido estructurando, hacen difícil al ciudadano común y corriente creer que en esta ocasión su voto sí va a ser respetado y que en este caso va a ser determinante en todo el país. ¿Cómo concibe usted este proceso con relación a la credibilidad? ¿Cree que ya se está caminando hacia él, que ya los ciudadanos comienzan a creer en los procesos electorales?.
Yo creo que sí es un proceso. Le repito: cuando ciudadanos comunes y corrientes como nosotros se involucran, en ese momento se va a dar una transmisión de oportunidad para que otros ciudadanos se involucren, o sea vamos a ver más gente que participen en estos hechos. Ahí yo ubicaría este concepto de credibilidad con conocimiento, y conocimiento con capacitación; en ese momento entramos a lo que es una área muy importante tanto de los Consejos como de las Juntas, y en sí del proceso electora! que debe ser un proceso continuo de capacitación. La ciudadanía debe de conocer cómo es el proceso electoral para que pueda confiar en él desde que se inicia. Quiénes participan, qué intenciones tienen cada uno de los elementos que participan; a eso lo llamamos conocimiento y eso está vinculado con la capacitación. Desde el momento que la gente conozca perfectamente cómo es el proceso, que sea capaz de involucrarse en cualquiera de los periodos que forman parte de este proceso, en ese momento va a creer, porque él va a formar parte de ese mismo proceso. No va a ser algo aislado. Precisamente yo pienso que los términos son compuestos, ¿no?. O sea, el que haya ciudadanización no quiere decir que sea algo que nada más yo represento a la ciudadanía, sino que realmente la gente esté involucrada en el proceso. Eso significa ciudadanización. Porque, no nada mas una persona o cinco gentes representamos a toda la población de cinco millones de veracruzanos -a los tres millones setecientos y pico de votantes-, sino que es necesario que realmente toda esta gente conozca cómo se hace el proceso. En el momento en que lo conozca va a poder operarlo en cualquier de esas instancias, va a poder ser observador, va a poder ir a una casilla y a lo mejor es funcionario o simplemente observador formal o informal, porque también los observadores informales tienen una función. Y ahí pasamos a otro punto, el de los partidos. Que los partidos tengan realmente cobertura y que sinceramente puedan decir: "A mí me consta que en la casilla de Huayacocotla, la del sitio más alejado, son los votos que nos dieron los votantes. ¿Porqué?, porque yo estuve ahí, porque yo pude observar, vi cuando el presidente de la casilla levantó el acta, es decir, yo soy testigo que se publicó la lista con el resultado de esa casilla". ¡En ese, en ese momento vamos a tener credibilidad!.
Por lo vivido aseguramos que ciudadanización es un término, es un proceso que está compuesto de muchos elementos y que en cuanto más ciudadanos estemos involucrados mayor credibilidad va a haber. Yo creo que aquí ya ganamos. ¿Por qué?, porque aquí en el estado somos seis a nivel estatal y seis en cada distrito. Si son 23 distritos, entonces suman en total 138 consejeros distritales. ¿Esto qué quiere decir?, que ya más gente común y corriente, que antes éramos totalmente ignorantes de este proceso, que no conocíamos nada, nos estamos capacitando. Yo lo veo como una capacitación y ésta tenemos que extenderla al general de la población. A eso yo le llamaría sinónimo de credibilidad, porque la credibilidad se da al tener la certeza de algo. Es como un proceso científico, podemos compararlo; o sea, a mí me consta que esto va a estar aquí, porque estos votos sí se emitieron. ¿Eso cómo es posible? Bueno, que todos conozcamos cómo son los procesos, que todos estemos interesados en ellos, que más gente conozcamos los procedimientos. Eso es credibilidad y eso es capacitación, eso es estar involucrados y eso es que cualquier ciudadano se sienta con el derecho de participar en el proceso.
Se habla mucho también de que todavía nos falta -aparte de terminar de construir la credibilidad, y son tal vez dos elementos que van de la mano- la creación de una verdadera cultura democrática. ¿Cómo lograr esto?
Bueno, el cómo lograrlo, yo creo que hay varias fórmulas. Nosotros creemos que el meollo de todo esto es precisamente la capacitación. Tiene que cambiarse la forma de capacitación. No podemos capacitar tres meses antes de que sean las elecciones y pensar que todo mundo ya va a saber cómo es el proceso, y que los que fueron nombrados funcionarios de casillas, pues que sepan perfectamente cómo van a hacer el llenado de las fórmulas, etcétera, y le den la importancia que tiene. Vuelvo a repetirlo: ¿esto qué significa?. Aunque sea una cantaleta: capacitación. Tenemos que cambiar la estrategia de capacitación. El proceso electoral debe ser algo común a toda la población: niños, adolescentes, adultos, viejitos, amas de casa, todos debemos conocer. Así como hacer una receta de una sopa. Conocer un proceso no es simple. A veces no sabemos cómo pagar la luz o cómo hacer un contrato. Debemos de lograr que sea algo tan común como el pago de nuestros impuestos. Todo esto forma parte de un conocimiento y de toda una cultura que debe ser común a todos.
El proceso electoral -sobre todo en este año, y ese es otro punto de debate- cuesta muchísimo dinero en un país que está en crisis económica. ¿Usted cree, como ciudadana que está inmersa en el proceso electoral, que una inversión así vale la pena y que los resultados corresponderán a la erogación económica que se está haciendo ya?
Yo creo que la democracia siempre vale la pena. La oportunidad de tener un sistema democrático... ¿Qué significa tener un sistema democrático? Sembrar las bases de que todas las personas tengamos oportunidad de realizarlas, y un ciudadano, una gente o una persona realizada es productiva. Una persona que tiene sus posibilidades de desarrollar sus capacidades y ejercerlas, en ese momento se vuelve un ser productivo. Yo creo que los programas económicos del país son un poco de ficción, o sea, hay mucho de realidad pero también hay muchas mentiras. Los mexicanos tenemos que aprender que podemos hacer las cosas, pero también tenemos que tener la conciencia de cómo prepararnos para poder realmente ser eficaz. En ese sentido, el construir la democracia resulta una inversión rentable porque en el momento que las personas sientan que pueden realmente salir de sus problemas, que pueden ser realmente un pueblo productivo, cuando sientan que nuestros derechos se van a respetar, de que nuestros impuestos se van a utilizar adecuadamente, que van a producir una serie de servicios que la población requiere, eso es la democracia, la oportunidad de que todo camine hacia mejores niveles, hacia mejores aspectos cualitativos. En ese sentido pues yo pienso que invertir en un proceso limpio, en la estabilización de la democracia y del país, es una buena inversión, pienso que es una inversión rentable.
Otro aspecto sustancial también del debate nacional que se viene dando desde hace algunos años, es si la alternancia en el poder es sinónimo de democracia. Durante muchos años hemos tenido un régimen de partido único, pero las circunstancias han empezado a cambiar en diversas partes del país, situación de la cual Veracruz obviamente no se ha excluido. ¿Usted cómo concibe la democracia? ¿Considera que la alternancia es sinónimo de democracia?
Yo pensaría que es un tipo de sinónimo. No es un sinónimo totalitario. Me explico: el que haya alternancia es un eslabón más, es un camino más, es un peldaño más de la construcción de la democracia. ¿Por qué? Bueno, como incluso dijo una candidata a senadora en un programa de televisión: la alternancia da la oportunidad de que un funcionario de un partido equis que puede ser sucedido por otro de un partido diferente, va a tener más cuidado de ejercer el presupuesto, de cuidar sus decisiones y la forma en que va a ejercer sus actividades; actuará con mayor cuidado, con mayor honradez. Y aquí volvemos a la segunda parte del proceso, donde se están creando situaciones que nos permitan una mayor limpieza en lo que sucede en todo el proceso, ya del gobierno, de la forma en que se gobierna.
Finalmente en este proceso hay diferentes actores. Los órganos electorales son parte de este proceso, pero no significan el proceso en su totalidad. Aquí hablaríamos de tres instancias con distintas responsabilidades. ¿A su juicio cuál sería la responsabilidad de los ciudadanos, todos, comunes y corrientes, en este proceso electoral?
Yo pienso que la primera responsabilidad de los ciudadanos es entender precisamente que todos tenemos derechos y todos tenemos obligaciones. Ejercer el voto es un derecho pero también es una obligación. Para que yo pueda criticar un sistema también necesito estar involucrado, aceptar la otra parte que es mi responsabilidad. Y la responsabilidad es precisamente ir a ejercer el voto, esa es parte de la responsabilidad. Son dos valores: es un derecho y es una obligación ¿Por qué?, porque desde el momento en que voy a ejercer mi voto me voy a interesar en muchas partes del proceso, donde yo voy a tener la oportunidad de verificar que efectivamente sen respetado mi voto.
¿Cuál sería en este caso la responsabilidad de los partidos políticos?
Su responsabilidad, yo creo, es hacer una oferta política viable, que en el momento en que sus candidatos sean electos cumplan con esa oferta, que sean congruentes en el ejercicio con lo que hayan ofrecido, y ,bueno, regresándonos a lo que son sus campañas, pues que realicen campañas realmente formativas, porque en la actualidad estamos viviendo situaciones muy desagradables: los partidos están más preocupados en ofenderse, en descubrirse cosas negativas que haya hecho uno u otro de sus candidatos, en vez de proponer programas de trabajo, los programas de su futura acción, de definir el lineamiento de lo que ofertan como opción política, y construir una oferta política que sea viable, compatible para realizarla.
¿Y cuál sería, en este caso, la responsabilidad del gobierno que ya no está como un órgano responsable del desarrollo de los procesos electorales? Se han cuestionado mucho -y ese ha sido uno de los puntos centrales del debate recientemente- las acciones de gobierno, sea cual sea su afiliación política, su origen político.
Bueno, ahí es un poquito sutil la situación de alguna manera. La mayor parte del gobierno es del partido que siempre ha estado en el poder y, en ese sentido, tiene mucha -digamos- capacidad de ejercer una serie de acciones que apoyen al partido en el poder. ¿Eso qué significa? Que haciendo un esfuerzo debería mantenerse como lo han solicitado los órganos electorales, permitiendo la equidad, o sea, evitar que en los meses previos a la fecha de la elección se difundan programas que tienen símbolos, colores, elementos que hacen muy bien identificable la acción del gobierno con el partido en el poder.
Usted ha mencionado un aspecto que es básico en todo proceso electoral: el de la equidad. ¿Realmente hay equidad en este proceso o aun falta por consolidar este término que también es muy debatible y a veces muy cuestionable?
Bueno, yo pienso que sí hemos avanzado mucho. Yo lo observo, por ejemplo, en los anuncios que pasan en la televisión; creo que se siente la presencia de los tres principales partidos, tienen opinión los tres y una buena calidad en su publicidad, o sea, creo que lo han hecho ya hablando como profesionales de la publicidad. En ese sentido creo que estamos caminando en la equidad, también. Ahora bien, los términos en la realidad nunca son absolutos, siempre hay cierto grado de relatividad. En ese sentido, si nosotros analizamos las actuales campañas, podemos decir que sí hay equidad. Si observamos -y es una realidad aún en México- que la mayoría del país está gobernada por un partido específico, evidentemente en ese sentido no hay tal equidad. ¿Por qué? Bueno, porque hay muchos programas de gobierno que tienen una serie de elementos, como comentaba, que le dan una mayor imagen al partido en el poder. En ese sentido, bueno, hay una falta de equidad pero estamos caminando hacia ello.
Una pregunta final: ¿qué le pediría Margarita Acosta, la ciudadana, a los veracruzanos en esta elección federal y qué les ofrece la consejera electoral a sus conciudadanos?
Bueno, lo que yo les pediría es que se identifiquen con nosotros. En ese sentido, al momento de identificarse, que se involucren en el proceso al nivel en que se encuentra. Habrá posibilidades de que si fue electo presidente de casilla o funcionario de casilla, que acepte ese derecho y asuma esa responsabilidad. Lo mismo: si se registraron como observadores electorales, y si no, aún así, pueden hacer una serie de presencias en el proceso electoral, el día de la elección, etcétera. Se piensa que puede ejercer aún esa actividad, aunque no sea de manera formal. En relación a los partidos, que oferten opciones políticas, programas de gobierno, que sean interesantes e importantes para la ciudadanía. Ahora, lo que yo les puedo ofertar es que nos sintamos acompañados. En este sentido, más que ofrecerles yo les solicitaría algo aunque regrese la pregunta: no podemos estar presentes, aunque seamos 144 consejeros en el estado, sin la compañía de toda la población. Es decir, para que nosotros seamos efectivos requerimos la presencia de la ciudadanía, ya sea como funcionarios de casilla o como observadores del desarrollo de la elección. ¿Yo qué les ofrezco?. Lo que le ofrezco es que yo los represento y que espero ellos estén ahí.
SEGMENTOS:
La agenda democratizadora
Carlos Ramírez
La reforma democrática que quiere el país debe comenzar por procesos electorales más abiertos, más limpios y menos impugnados. El problema es que cada nueva ley electoral iniciada por el gobierno federal o por el PRI sólo busca garantizar el dominio priísta de los puestos de elección popular, cualquiera que sea el resultado en las urnas. Ello ha llevado a la paradoja política de que el PRI pierde votos en las urnas pero recupere posiciones de mayoría; que el PAN mantenga estancada su clientela electoral pero conquiste alcaldías y gubernaturas, y que el PRD aumente su caudal de votos pero pierda posiciones de poder ganadas en 1988.
La verdadera reforma política deben tomar en cuenta -a partir de la experiencia política del periodo 1988-1994- exigencias mínimas:
- Democratizar la presidencia. Salinas se convirtió en el jefe de campaña de los candidatos priístas a diputados, senadores, presidentes municipales, gobernadores y de dos candidatos presidenciales. La presidencia debe retroceder a su papel de árbitro político y no de protagonista electoral.
- Democratizar el PRI. El tricolor dejó de ser el partido promotor de espacios democráticos y de las reformas sociales y políticas y se convirtió en la aplanadora de la antidemocracia. Las reglas de la democratización del PRI no son muchas: independencia del ejecutivo, ruptura del cordón umbilical que lo une al Estado, transparencia en el origen de sus recursos económicos, vida interna más abierta Y selección más democrática de candidatos a puestos de elección popular.
- Ley electoral democrática. Hasta ahora las leyes electorales no han servido para promover la democracia sino para fortalecer la hegemonía del PRI. La ley electoral que garantice la democracia debería asegurar tres cosas: respeto al voto, equilibrio de oportunidades partidistas y garantía de libertad en los procesos electorales. El respeto al voto provocaría una verdadera revolución democrática en el país.
- Organismos electorales independientes. Pruebas más que fehacientes han reiterado uno de los vicios más comunes en las elecciones de todo tipo: todo el proceso electoral está controlado por el gobierno. Se debe pugnar par crear un cuarto poder electoral independiente que organice y califique las elecciones. El PRI ha demostrado eficacia en controlar los esquemas de insaculación, pues resulta que hasta los jefes de casilla son funcionarios de gobierno o priístas profesionales. Sin organismos electorales independientes no habrá democracia electoral, simiente de la democracia política.
- Democratizar el padrón y la credencialización. A nadie escapa la apreciación de que el padrón electoral y la credencialización constituyen el arma secreta del PRI y del gobierno para ganar elecciones. Mediante mecanismos sofisticados y hasta cínicos, el gobierno manipula el padrón y las credenciales para facilitar los votos priístas y dificultar los votos por la oposición. El INEGI no ha podido desmentir que el Censo de Población y Vivienda de 1990 fue diseñado para disminuir las cifras de población en los distritos donde perdió el PRI y para elevarla en distritos dominados por el tricolor. Al contrario, en cada elección estatal y municipal se ha confirmado el papel político-electoral del censo. De hecho éste estuvo en el origen del operativo electoral para que el PRI ganara las elecciones de 1994.
- Tribunales electorales independientes. Hasta ahora no hay instancias judiciales que castiguen el fraude electoral. Los tribunales existentes tienen condiciones demasiado estrictas, como lo prueba el hecho de que hasta la fecha no se ha castigado a ningún mapache o alquimista del PRI, como lo indica el dato de que ninguna elección ha sido anulada pese a las pruebas de irregularidades presentadas. Las quejas electorales deberían ser atendidas en la Suprema Corte de Justicia y en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, si es que se quiere tener la garantía de elecciones limpias.
- Apertura de los paquetes electorales. Los conflictos poselectorales se han querido resolver con negociaciones y con componendas, cuando hay una prueba reina para satisfacer las dudas razonables en procesos electorales: abrir de nuevo los paquetes y proceder al recuento de votos. Hasta ahora, el PRI se ha negado a hacerlo porque sus mapaches modifican actas y resultados, y la apertura de paquetes podría comprobar el fraude electoral. Una verdadera democracia no debe tenerle miedo al recuento de votos.
- Control de los recursos económicos. El tema básico de la democracia que se refiere a la vinculación del PRI con el gobierno es el del uso de los recursos económicos del gobierno por los candidatos priístas. Ante el fracaso y la parcialidad de la Secretaría de la Contraloría de la Federación, se debe crear un organismo auditor independiente que Tenga la capacidad de investigar el origen de los recursos de los partidos. Hasta ahora, el PRI tiene ventajas económicas sobre la oposición. De hecho, la corrupción por el mal uso de los fondos públicos es un obstáculo para la democracia.
- Controlar el Programa Nacional de Solidaridad. Oficialmente nacido para atender las necesidades de la población en condiciones de pobreza extrema, el Pronasol es un instrumento electoral del PRI que cambia inversiones por votos. Además de someter al Pronasol al control del congreso, sus fondos deberán ser suspendidos en tiempos y áreas electorales. Si persiste en su tarea electorera, el Pronasol deberá desaparecer.
- Prohibirle al PRI el uso de los colores nacionales. En una sociedad de fetiches, el PRI tiene una ventaja competitiva: la apropiación de los colores nacionales, que por lo demás son también los colores de Solidaridad. Por decisión política propia, el PRI debería cambiar sus colores partidistas. El uso del verde, blanco y rojo apela, con indignidad, al bajo nivel educativo de los electores. Por lo demás, un partido que no tiene más de 50% de los votos no puede apropiarse de los colores nacionales. Es posible que en México se dé una verdadera reforma política cuando el PRI acepte que no es la nación y deje de usar los colores republicanos.
Tomado del libro Cuando pudimos no quisimos, el decenio del derrumbe: la transición y el caos. México, Editorial Océano, 1995.


















