La lección del 6 de julio. Isael Petronio Cantú Nájera

La lección del 6 de julio

Contra los apologistas de la violencia, contra los irracionales llamados a "no votar" de guerrilleros milenaristas, contra la "tregua" del EPR, contra la campaña del miedo de Zedillo, Roque y corifeos, contra los desmedidos intereses de los voraces banqueros, contra los seudoperiodistas que en sucia campaña intentaron manipular la opinión pública para malquistarla contra la estrategia de transición pacífica y pactada del PRD, los ciudadanos derrotaron un modelo hegemónico de más de seis décadas con la poderosa arma de su voto.

Por Isael Petronio Cantú Nájera (*)

Conculcado éste derecho inalienable del hombre durante largo tiempo, los gobiernos priístas se entronizaron en el monopolio del poder político y mediante fraudes sistemáticos y legislaciones electorales ad hoc pusieron un valladar, durante todo ese período, a las legítimas aspiraciones de cambio democrático en el país.

Largo ha sido el trayecto en que las oposiciones debieron enfrentar un modelo de gobierno republicano con un presidencialismo autoritario que subsumía a los otros dos poderes: legislativo y judicial. Esquema, mediante el cual logró corromper casi toda la infraestructura, particularmente, la esfera administrativa del Estado y sumir al país en una profunda crisis económica, política y social.

Nos dice Miguel Basáñez, que la hegemonía que detentó el priísmo se construyó sobre cuatro elementos ideológicos fundamentales: redistribución de la tierra, sindicatos obreros, educación masiva y no reelección: "Estas cuatro interpelaciones ideológicas se fundamentaron en tres importantes aspectos legados del siglo XIX: los sentimientos de nacionalismo e independencia que se formaron desde la guerra de independencia (1810-1821), y que más tarde fueron reforzados por la intervención francesa (1863-1867) y las muchas invasiones norteamericanas; la largamente debatida materia del federalismo o centralismo, que consumió el período de 1824-1854, y la separación de la Iglesia del Estado, que cubrió el período de 1857-1876. De aquí que la constitución de 1917 recogiera aspiraciones tanto liberales como revolucionarias".

El Estado moderno posrevolucionario en México no siguió el modelo clásico de desarrollo de otros Estados, donde de manera más clara, una clase social se apoderó de él. Aquí, los militares y otros agentes crearon una burocracia política, que se constituyó en un eficaz intermediario de la fracción económica predominante para mantener el dominio del Estado y del bloque en el poder, citando in extenso a Américo Saldívar, nos encontramos que: "Así, concebimos al Estado en general, y al mexicano en particular, como el marco institucional en el que se expresa una determinada dominación y dirección de clase. Sin ser éste un bloque monolítico, estaría dirigido por un determinado grupo social estructurado orgánicamente en torno a un proyecto común, siendo el Estado, a través de la burocracia política, su portador y mantenedor frente a las demás clases. De tal suerte, como ya se mencionó, podemos considerar a la burocracia política mexicana (la que ocupa las alturas del Estado) como el grupo social dirigente políticamente hegemónico del Estado, sin que coincida estructuralmente con la clase económicamente dominante ni con su fracción predominante".

El Estado mexicano al no ser un Estado puro de clase, por el hecho de haber surgido de una revolución popular con hondas aspiraciones sociales y democráticas ha oscilado entre el populismo y el desarrollo capitalista feroz y su identificación cada vez más con los capitalistas. Al efecto, Arnaldo Córdova nos señalaría allá por 1972 en su libro La formación del poder político en México que: "El régimen político mexicano, régimen populista por obra de una revolución, es también, por supuesto, un régimen clasista. Este carácter aparece claramente, no tanto porque una clase se encuentre en el poder, sino porque el poder del Estado promueve de un modo específico los intereses de una clase, la clase capitalista".

El desarrollo económico seguido por esta sui géneris estructura estatal y los gobiernos conformados por su clase política, al pasar los sexenios fueron creando una profunda crisis económica, política y social que en términos generales creó inflaciones de dos dígitos, superiores al 50%, arrojó al desempleo a más de 10 millones de mexicanos y en medio del cinismo acuñó nuevos términos para intentar ocultar la gravedad del asunto: la pobreza extrema. En materia de seguridad pública, ésta, se desplomó creando un elevado nivel de delincuencia organizada principalmente de mafias de narcotraficantes, a lo que se le ha sumado una serie de magnicidios muy similares a los primeros años posrevolucionarios, que para muchos fueron realizados desde la lógica de la razón de Estado.

En las periferias del sistema siempre se larvaron movimientos opositores que alcanzaron su parte álgida en el 68 y la lucha armada representada por la guerrilla urbana y rural en la década de los 70's que dio por resultado un creciente movimiento social, cuyo objetivo central se ubicó en la democratización del Estado mexicano.

Podemos afirmar que la nueva clase política engendrada dentro del partido oficial comenzó a ser inoperante para un importante sector de la clase capitalista, la cual, formada también por facciones, vio como se acumulaba la riqueza en manos de unos cuantos beneficiados por su cercanía con la burocracia política, mientras se destruían aceleradamente capitales intermedios, de pequeños y micro empresarios. En medio de la borrachera neoliberal, del achicamiento del Estado y las fraudulentas privatizaciones del sector social del mismo, los focos rojos se prendieron en las sierras del país, lugares que históricamente han sido semillero de revueltas revolucionarias. La existencia del EZLN, del Procup-PDL y del EPR siguen siendo los extremos de una lucha, que parafraseando a los teóricos de la guerra, es la política por otras vías.

Sin embargo, y pese a que existe un México profundo, bronco y violento, la sociedad civil, los partidos políticos y los nuevos actores del escenario político nacional decidieron atajar la salida militar a la crisis y optaron por la política política. Por lo menos tres grandes ejes convergen para crear las condiciones del 6 de julio. Todos ellos, a su vez son multifactoriales, los cuales, en su complejidad explican el gran giro constitucional y de correlación de fuerzas, a saber:

a).- El modelo económico neoliberal demostró su incapacidad para generar una distribución equitativa de la riqueza y contra las previsiones del grupo gobernante, ahondó las diferencias económicas entre los mexicanos, arrojando principalmente a más de 30 millones a la miseria y concentrando la riqueza en un grupo plutocrático de menos de 100 familias. Los indicadores macroeconómicos tales como el salario, el empleo, los precios al consumidor y la balanza de pagos, si bien, de manera diferenciada fueron controlados, no menos cierto es que los efectos en su conjunto fueron devastadores para las familias trabajadoras, obviamente, más en el campo que en la ciudad; la pequeña y la microindustria se erosionó progresivamente, cayendo en una crónica insolvencia en el pago de créditos que la banca reprivatizada concedió de manera leonina; hoy la "cartera vencida" es un problema de magnitudes nacionales que impacta los indicadores económicos en el país; no menos grave es el hecho de que la parte social del Estado, aquella en que se refleja su objeto solidario y garante de los "derechos sociales y particulares", fue paulatinamente anulado y entregado a la "iniciativa privada" ahí donde las inversiones fueran redituables, de tal forma que el "achicamiento" de la parte social pasó a agrandar los activos de los capitales internos o foráneos que sin riesgo alguno invertían a lo seguro con la garantía del grupo en el poder. La parte más importante de este desvío de recursos sociales a privados es la masa de ahorro que significa el sistema de pensiones de millones de trabajadores: las AFORES,

A riesgo de ser prolijo con lo obvio, podemos decir que los efectos económicos en el poder adquisitivo de millones de familias es el resultado más importante en las políticas económicas implementadas por cualquier gobierno y que la destrucción masiva de fuerzas productivas en el recambio tecnológico obligado por la globalización de la economía, obliga al ciudadano común y corriente a tomar una decisión cívica y política con respecto a cómo le va en este "baile". El proyecto neoliberal le significó al grupo que hegemoniza el poder un alto costo político para su implementación. Voto consciente y voto de castigo fueron dos vectores convergentes que el 6 de julio cambiaron la correlación de fuerzas en el Poder Legislativo y que traerá efectos profundos en el escenario nacional.

b).- La larga lucha política por democratizar al Estado mexicano es el segundo elemento fundamental que explica el cambio de correlación de fuerzas en el quehacer político de millones de mexicanos. Esta lucha circunscrita en derrotar la hegemonía que el priísmo ha ostentado durante más de seis décadas en el poder del Estado, ha oscilado entre la lucha sindical, la guerra de guerrillas, los movimientos sociales hoy identificados plenamente dentro de las ONG's, y la lucha político-electoral.

La vertiente más aguzada de esta democratización fue la que se hizo en la búsqueda de un nuevo escenario que, en el concierto de las naciones, lograra un apoyo político substancial y que las naciones del "primer mundo" vieran bondadosamente y aceptaran arriesgar ciertos intereses, en el interés mayor de lograr espacios fuera de sus territorios, seguros y alejados de nuevas guerras regionales; al final de cuentas, la paz es mejor para la expansión de los mercados y la nueva globalización de la economía.

Desde el Centro de Estudios Woodrow Wilson y en la posguerra de los 40" s se inició un fuerte trabajo de investigación de carácter multidisciplinario y transnacional para estudiar las Transiciones de un Estado autoritario a uno democrático, obviamente ésta nueva metodología y enfoque de analizar los cambios en el mundo, tenía su correlato en la teoría de la lucha de clases impulsada desde el bloque socialista y su peligrosa idea de la "revolución mundial".

Los errores administrativos, políticos y económicos de los Estados socialistas dieron como resultado no sólo el derrumbe de sus economías, sino que pusieron en el escenario teórico mundial la duda de si el acertó y veracidad de la "violencia revolucionaria" como elemento indispensable de los cambios que un país debe de tener, era necesaria. Seguramente las dos guerras mundiales que tuvieron de manera preponderante como escenario sólo a Europa, generó un pensamiento hegemónico de rechazo a la violencia y de búsqueda de alternativas para democratizar a las Estados, alejadas de toda violencia revolucionaria.

La salida democrática de la España posfranquista, la inserción veloz de su economía al Mercado Común Europeo, la eficacia de los gobiernos "socialistas" en Francia y la misma España, alejada ya de la "guerra fría" dio el triunfo a la teoría de que "las transiciones pacíficas y pactadas hacia la democracia" eran más seguras que las salidas cruentas de las revoluciones entre las clases por la hegemonía del Estado.

Bajo éste escenario y con un nuevo paradigma ideológico, se da la visita histórica del presidente de Estados Unidos William Clinton, quien al platicar con los presidentes de los tres partidos más importantes, dejó un claro mensaje de que el triunfo de la oposición en México mediante elecciones sería bien visto por su país, mensaje que atemperó cualquier incertidumbre en los inversionistas y redujo sensiblemente los deseos de posible fraude orquestado desde el gobierno.

A la par de la paulatina consolidación de la teoría de las transiciones, se abrió el debate conceptual de la democracia moderna, concibiéndose ésta, con un carácter instrumental: la democracia se fundamenta en reglas claras, igualitarias y equitativas mediante las cuales, los ciudadanos de un Estado pueden integrar y modificar su forma y modo de gobierno. Concepto que privilegia el escenario electoral por encima de cualquier otro para introducir cambios substanciales en la estructura y la política de cualquier régimen.

Este frente abierto, vilipendiado en otros tiempos, pasó a ser el objeto estratégico de los principales actores políticos en México y a el se aplicaron con ahínco, objetivizándose en una lucha por una nueva y profunda reforma electoral que garantizara elecciones legales, transparentes y equitativas. Con la reforma no se hizo esperar la ciudadanización de los órganos electorales y el que viejos militantes de izquierda, operando desde una posición de centro ideológico, se convirtieran en los principales actores del nuevo movimiento social.

Papel relevante jugó la antiquísima institución de la Iglesia, la cual, de manera más objetiva y de acuerdo al signo de los tiempos, hizo declaraciones a través de sus principales voceros de que era necesario votar de manera consciente, libre y secreta. Por otro lado, de forma inédita los medios masivos de comunicación, si bien hace falta legislar sobre la materia, dieron una amplia cobertura a las campañas que influyó de modo decisivo para que los ciudadanos fueran a las urnas con mayor conocimiento de causa.

Las elecciones bajo los principios constitucionales de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad fueron el primer triunfo de los partidos de "oposición", con ello generaron un ambiente de confianza y alta estima del voto ciudadano: ¡ahora si, el voto cuenta!.

Podemos decir que fue correcta e importante la ciudadanización de las estructuras electorales, que se ha inaugurado el inicio de un verdadero sistema de partidos y que el electorado al comprender el valor de su voto, es capaz de diferenciarlo y darlo a distintos partidos, ubicando incluso su preferencia personal por los candidatos. Con este voto los ciudadanos le retiraron el registro a los partidos pequeños, que por lo común y en tiempos pasados fueron conocidos como "paleros" del Gobierno; así el Partido Cardenista, el Popular Socialista y Demócrata Mexicano han perdido su registro.

No está por demás decir, que aún quedan cosas que reformar en la actual ley electoral; que tenemos que evitar que el partido oficial siga de manera ilegal utilizando los recurso públicos, evitar que el presidente de la República y los gobernadores sigan inaugurando obra pública como medio de campaña y que los medios masivos de comunicación de manera equitativa den a conocer las distintas propuestas de los partido. Hoy por hoy, transiciones pacíficas, ciudadanización y autonomía de los órganos electorales, democracia instrumental y voto ciudadano son los elementos primos de cambios fundamentales en nuestro país, lo cual, explica en segundo término el seis de julio.

c).- Los recursos públicos aplicados al proceso electoral, sí bien representan un alto costo, no menos cierto es que la alternancia pacífica en el poder, al dar seguridad a los inversionistas, garantiza la estabilidad de los mercados internos, y en el. plano estrictamente económico los reactiva al pagar al contado los insumos de su despliegue. Actividad económica adjunta a los partidos en la compra de materias primas para su propaganda y un mayor acercamiento a los medios electrónicos masivos de comunicación, generaron un binomio que le dio a la sociedad un mayor dinamismo para estar al tanto del proceso electoral. La constante presencia en los medios de los distintos programas de los partidos logró que el 70% de los electores en el Distrito Federal salieran a votar y el 60% en el resto del país, votación que da un alto grado de legitimidad a los gobiernos emanados de ese proceso electoral.

Podemos asegurar que su política indeclinable de "principios" del PRD y su planteamiento general de la política como un "imperativo categórico", diferenciándose de las administraciones corruptas del priísmo y ponderando sus propuestas democráticas, le atrajo el voto de millones de ciudadanos.

Pertinente es reconocer que en la "memoria histórica" de los mexicanos está fresco aún el gobierno del Gral. Lázaro Cárdenas, quien con sus grandes reformas en materia agraria, educativa, vivienda y salud, dejaron una onda huella de respeto y gobierno de profunda vocación popular y democrática. Esta herencia histórica es altamente valorada y aquilatada por Cuauhtémoc Cárdenas, quien ame la corrupción del régimen, el autoritarismo y el desvío de los objetivos populares del grupo hegemónico, decide junto con Porfirio Muñoz Ledo romper el bloque desde adentro y sumarse a la vertiente de izquierda democrática de los partidos de oposición, particularmente a la socialista representada en ese entonces por el PMS.

La ruptura de la "corriente democratizadora", al decir de algunos, creó un fuerte movimiento bautizado corno "neocardenismo", el cual se fortalece al no entrar en componendas con el salinismo y mantener su postura indeclinable de que Salinas fue un presidente producto del mayor fraude que se le haya hecho al pueblo de México. Su reiterada postulación y su política de principios, así como la presentación de proyectos económicos y políticos viables y de gran contenido popular, dieron como resultado una candidatura de talla nacional. Su campaña en el distrito federal para la jefatura de! mismo , se realizó con tal certeza, flexibilidad y aplomo, que bien puede decirse que era una elección más para la presidencia del país. La magnitud de esa campaña "jaló" prácticamente la campaña de los 300 distritos restantes. En el Distrito Federal posibilitó el triunfo contundente en la mayoría, al igual que en la Asamblea de Representantes.

No se puede decir lo mismo del panismo, quien de manera inoportuna y bajo principios no claros para la Ciudadanía acepta el "cogobierno" con resultados adversos y graves. Su paso por la Procuraduría General de la República y su cauda esotérica dio al traste con una credibilidad de "buenos gobernantes" que desde las gubernaturas ganadas en el norte del país, habían venido construyendo. Su relación con el "salinato", en sentido contrario al PRD, fue elemento decisivo para perder credibilidad electoral.

El 6 de julio los ciudadanos salieron a votar y consolidaron la transición pacífica hacia la democracia; le quitaron al PAN su segundo lugar después de verlo mal actuar junto al PRI; le dieron el triunfo al PRD en la jefatura del Gobierno del Distrito Federal y el segundo lugar en diputaciones en la Cámara de Diputados en claro reconocimiento de su plataforma política de profundo contenido democrático y popular, así como su indeclinable lucha de "principios ético-políticos"; al PRI contra la soberbia de "Roke"; sus nexos con crímenes, narcotráfico, impunidad y su alejamiento de los principios democráticos y populares le propinó una derrota de magnitudes históricas.

En suma podemos decir, pendiente está un análisis puntual distrito por distrito para analizar la tendencia electoral, que los ciudadanos mexicanos el 6 de julio votaron por:

1.- Acabar con el presidencialismo y su cauda autoritaria que prácticamente lo erigía en Rey sexenal, cuya impunidad creó el abyecto régimen del "salinato". Con su voto, le quitaron la mayoría legislativa al PRI y se la otorgaron a los partidos de oposición, elemento necesario para restarle poder al Ejecutivo y crear un efectivo Poder Legislativo que lo meta en cintura y lo obligue a respetar el texto Constitucional.

2.- Contra la corrupción y la impunidad de los funcionarios del régimen y a favor de un régimen de Derecho donde solo impere la Ley. El ciudadano espera que se castigue a todos los que robaron el erario público y que dicho dinero se reincorpore eficientemente a la economía.

3.- Contra la desigualdad social y por la recuperación de los derechos sociales que la Constitución norma como inalienables: trabajo, salario digno, salud, vivienda, educación, etc.

4.- Por el respeto a los derechos humanos y al carácter pluriétnico y pluricultural de nuestro país. Se espera la paz en Chiapas, Guerrero, Oaxaca y el respeto a los indios.

5.- Por el impulso de una cultura democrática que privilegie la participación libre y consciente de los ciudadanos y termine con la alienación y el cooperativismo. Es obvio que los electores-quieren que se acabe con el fraude y que su voto cuente de manera efectiva.

6- Por la defensa de la soberanía nacional. Se identifica con proteger a las industrias vitales como PEMEX, FFCC, CFE, y temas relativos al TLC.

7.- Por felicidad, el ciudadano votó, por el derecho a ser feliz en su propia patria. Votó con alegría contra quienes la estaban llevando al caos, la inseguridad, el miedo y la incertidumbre. El ciudadano a partir de hoy, ya no se recluirá en su casa dejando hacer lo que sea a los funcionarios corruptos, presto estará a castigarlos antes de que cometan más desmanes, sean del partido que sean.

* Isael Petronio Cantú Nájera, médico egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad veracruzana, se ha distinguido por su participación en el proceso político democratizador en el estado de Veracruz. Actualmente es Secretario General del Comité Ejecutivo Estatal de PRD y diputado federal electo el 6 de julio de 1997.


SEGMENTOS:

Las elecciones de 1985 en el Distrito Federal

Juan Molinar y Leonardo Valdés

El presente artículo es el resultado de una exploración preliminar de las recientes tendencias electorales en el Distrito Federal, destacando el análisis de la abstención y de la pluralidad del voto. Para ello lo hemos dividido en dos partes: la primera coloca los resultados electorales metropolitanos de 1985 en la perspectiva del resto del país a lo largo de los tres últimos comicios, la segunda busca identificar, de manera preliminar, algunas de las bases de sustentos del comportamiento electoral metropolitanos. En ambos casos intentamos una aproximación cuantitativa que nos parece de gran utilidad.

Basándose en la evidencia que aporta el trabajo se puede adelantar, como conclusión, que las elecciones de 1985 no se alejaron de las tendencias normales de cambio que presenta el sistema electoral en su conjunto desde hace algunos años. En cuanto al papel del electorado del D.F. en este proceso se encontró que tampoco muestra diferencias sustanciales con respecto al que tuvo en comicios anteriores.

Las elecciones federales de julio de 1985, "las primeras de la crisis", se esperaban particularmente reñidas (considerando los parámetros mexicanos) y efectivamente lo fueron. El proceso electoral federal de 1985 arrojó como resultado una aplastante victoria priísta (casi 65% de la votación total y 287 de 300 diputaciones de mayoría), tal como se esperaba, pero también confirmó las expectativas de que esa victoria sería la menos espectacular de cuantas ha tenido el PRI en su larga historia. Se consumó, en efecto, la aplastante victoria del partido del régimen, pero éste continuó en su constante descenso en el apoyo electoral nacional, pues perdió casi 5 puntos con respecto a la elección de 1982 (a nivel nacional), casi 6 con respecto a la de 1979 y 16 comparado con la de 1976. En términos, de derrotas en distritos uninominales, el resultado también muestra la paulatina erosión de las bases de apoyo priístas: 11 diputaciones parecen pocas si se comparan con las 300 que se disputaron, pero son bastantes comparadas con las que perdió en 1982 y 1979 (una y cuatro, respectivamente).

En este proceso electoral el Distrito Federal conservó su papel como punta de lanza de la erosión priísta. Nada nuevo hay en ello, pues es una entidad federativa de características únicas en el país, lo cual se refleja políticamente de múltiples maneras. En el terreno electoral esto es especialmente cierto, pues el comportamiento de los habitantes del D.F. al respecto es muy distinto al del resto del país.

Dos grandes diferencias muestran los resultados electorales de la metrópoli cuando se les compara con los del resto de! país. En primer lugar destaca la tendencia participativa del electorado metropolitano; en segundo lugar sobresale el pluralismo que muestra al manifestar sus preferencias partidarias.

Tomado de la Revista Mexicana de Sociología, México, Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Año XLIX/Vol.XLIX/Núm.2/ abril.junio de 1987.