Lecturas del mandato del 6 de julio. Inocencio Yáñez Vicencio

Lecturas del mandato del 6 de julio

"Zedillo... es el primer presidente mexicano que promete elecciones libres y que cumple su promesa ".

José Agustín Ortíz Pinchetti (La Jornada 13-07-97).

Por Inocencio Yáñez Vicencio (*)

Es muy importante que gobierno, partidos y sociedad hagan una lectura adecuada de la jornada electoral del pasado 6 de julio, con el objeto de situarse a la altura de los reclamos de nuestro tiempo y responder con certeza a esos desafíos para que no se den a sorprendidos en futuros escrutinios.

Desde nuestro punto de vista el Partido Acción Nacional está llamado a jugar un papel muy importante en la vida de México, si se moderniza no solamente en sus formas sino también en sus contenidos. No basta que le ponga traje o ropa elegante a sus dirigentes y militantes y nos deslumbre con escenarios del siglo XXI para que se modernice. Los principios trascendentalistas de Bien Común o Libertad pertenecen al todo y por eso es un error pretender utilizarlos para definir una de las partes del todo. Los principios de la Iglesia Católica pertenecen a todos los católicos y nadie debe aprovecharse de ellos para ganar votos y menos que un partido quiera vengar ofensas que supuestamente realizaron nuestros héroes.

No condenamos que el Partido Acción Nacional luche por quitarle el carácter laico a la educación que imparte el Estado, porque está en su derecho de hacerlo, y no negarnos que haya personas decididas a secundar su propuesta; lo que condenamos es que no le dé la cara al pueblo y presente esta demanda bajo el sofisma de que lucha por la libertad de enseñanza, cuando eliminar el laicismo de la educación significa, aquí y donde quiera, acabar con la libertad que hemos alcanzado en la enseñanza. El laicismo no es una doctrina sino simplemente un método que garantiza realizar una actividad libre de todo credo religioso. Que no le busque mangas al chaleco. Los que tenemos a nuestros hijos en escuelas católicas no lo hacemos porque nos permitan escoger los libros de texto y menos porque fomenten los valores regionales. El PAN debía de decirnos de frente cuáles son sus verdaderas razones por las cuales sigue atacando y pidiendo se elimine el libro de texto único, sobre todo ahora que no lo elabora el gobierno sino quienes ganan un concurso. En todo caso habría que pedir y vigilar que se mejore el concurso pero de ninguna manera terminar con su carácter gratuito y libre.

La reciente denuncia de la Universidad de Guadalajara en contra del gobierno panista de Jalisco por la reducción y retención de su presupuesto nos obliga a pedirle que le diga a la población cuál es su verdadera postura frente al sistema educativo nacional, porque tal parece que no lo quiere privatizar pero sí lo quiere hacer quebrar, lo que en los hechos significa lo mismo. Es ridícula su postura ante el sindicalismo. La prueba es de que el PAN combate a los sindicatos no por ser leales o desleales con la clase trabajadora sino simplemente porque no están bajo su subordinación, y la evidencia de ello es que ahora que el sindicato de telefonistas, acusado de salinista y desleal por su postura cuando se reprivatizó, le conqueteó a Carlos Castillo Peraza, éste no vaciló en ponerlo de ejemplo y paradigma del nuevo sindicalismo.

Punta Diamante y La Paca no seguirían causándole tantos daños si no se obsesionara en querer hacer pasar la política por la moral. En el caso de las muertes de Clouthier y de Colosio los juicios partidistas no pueden substituir a los juicios de los tribunales de pleno derecho y menos para descalificar adversarios en apoyo a puras especulaciones. Es hora que piensen que el electorado desea que los partidos busquen el voto convenciéndonos de sus virtudes y no resaltando únicamente los defectos de los contrarios. El apoyo que le brindó a Salinas, su moralismo y su pragmatismo, apenas ha empezado a ser castigado y los errores de Fernández de Cevallos, Lozano Gracia y Castillo Peraza todavía no terminan de cubrir la totalidad de la factura.

El Partido de la Revolución Democrática supo capitalizar su tenaz resistencia al presidente Salinas y combatir con éxito buena parte de la maniobras que pretendían asociarlo irremediablemente a la violencia, Es un trabajo que lleva varios años y que le ha tocado en suerte que rinda frutos durante la dirigencia de Andrés Manuel López Obrador, que aunque a él le cuesta mucho trabajo asumir la vía del diálogo y del acuerdo, debe convencerse que no hay otro camino para ganar votos y que el poder no puede tener otra fuente que no sea la de las urnas electorales, López Obrador y quienes se han formado en la confrontación y la barricada no deben atemperar su rijosidad coyunturalmente y comportarse como si las resoluciones de la Asamblea de Oaxtepec fueran una camisa de fuerza, sino de una vez por todas deben como partido comprometerse con el diálogo y la legalidad y respetar la autonomía de sus organizaciones y movimientos, para que desde dentro decidan sus estrategias, tácticas y métodos de lucha.

El PRD para consolidarse debe superar su estructura grupuscular y abrirse totalmente a la ciudadanización sin que ello signifique entregarlo a advenedizos o iluminados. En la etapa de nacimiento y crecimiento se explican las candidaturas externas pero insistir mucho en ello impide la madurez de un partido y la creación de un verdadero sistema de partidos. Los ciudadanos no cumplimos con actividades encaminadas al beneficio personal o al cultivo de una ciencia y un arte que por mucho que nos dé prestigio, no nos forma en el servicio a la comunidad desinteresadamente y nos somete al desgaste de la vida pública, igual que aquellos que sacrifican riqueza, familia, tiempo, para dedicarlo a tareas partidistas. Por eso no creemos que los ciudadanos lleguemos sólo como paracaidistas a quitarles la oportunidad a quien la tiene ganada y espera su turno. Estas acciones sirven para ganar puestos pero no para construir y fortalecer partidos. Los ciudadanos que queramos hacer política debemos ir al partido de nuestras preferencias y conquistar con trabajo y sacrificio igual que todos la oportunidad.

El Partido Revolucionario Institucional está emplazado a prepararse para la competitividad hoy que las elecciones han dejado de ser un ritual que sancionaba sus decisiones y que los resultados son impredecibles como en toda democracia. No creemos que por un acto autoritario se termine con el corporativismo que existe en todos los partidos pero sí somos de la idea que con voluntad el PRI puede contribuir a desmantelar un corporativismo que durante muchos años sumió a los principales sindicatos en un total estado de indefensión frente al capital y las autoridades. Debe suprimir el patrimonialismo y promover una cultura más apegada a la naturaleza impersonal de las leyes y las instituciones. Substituir lealtades personales por lealtades institucionales significa que se estimule y promueva sus cuadros en función de su fidelidad a sus principios, reglas y programas.

Establecer un método incuestionablemente democrático para tomar sus principales resoluciones y sus decisiones tengan corno fuente sus bases. La llegada a la Presidencia del Comité Estatal del PRI en Veracruz de un modernizador e impulsor del cambio democrático son buenas señales de que existe voluntad de cambio.

El PRD anunció una asamblea para revisar sus prácticas y relaciones internas para ponerse acorde de los nuevos tiempos, y por su parte, el Presidente Zedillo ha emplazado al PRI a realizar un cambio profundo. Solamente el Partido Acción Nacional ha sido muy poco receptivo al mandato del 6 de julio y lo sigue cuestionando y despreciando diciendo que el triunfo de Cuauhtémoc se fraguó desde Los Pinos y ahora se llama concertacesión al diálogo y al acuerdo que el futuro jefe de la Ciudad de México y el titular del Ejecutivo tuvieron recientemente. La descalificación puede servir paca ganar algunas elecciones pero no siempre ni todas.

Los representantes al Congreso de la Unión tienen la obligación de comportarse como representantes de la Nación y no como representantes faccionales o de partido. El Presidente ha dado un ejemplo de calidad republicana al ceder su derecho a nombrar Secretario de Seguridad y Procurador del Distrito Federal al futuro Regente, esperamos que la oposición aprenda a ceder y a hacer suyas las propuestas rivales cuando sean benéficas para la gobernabilidad y la ciudadanía.

La agenda de la transición debe contemplar: una nueva Ley Orgánica del Congreso de la Unión y revisar los reglamentos de las respectivas Cámaras para que respondan a la distribución y equilibrio surgidos el pasado 6 de julio; establecer el referéndum, el plebiscito y la iniciativa popular para regresar al pueblo la voluntad de decidir sobre los asuntos comunes de mayor trascendencia; crear la Contraloría Autónoma que vigile, controle y limite al gobierno y a la Administración Pública; profundizar la vigencia de un federalismo que distribuya poderes, funciones y bienes en forma equitativa en todos sus niveles.

Hoy que empezamos una relación en el Congreso que nos asemeja a un régimen semi-parlamentario, tenemos que abrir una discusión tarde o temprano para pronunciarnos si continuamos con el régimen presidencial o incursionamos en un sistema de corte parlamentario, porque los límites de la nueva composición plural del Congreso de la Unión al titular del Ejecutivo ponen fin al presidencialismo y lo sitúa en un régimen presidencial acotado; la presencia de tres fuerzas políticas con poca diferencia en los márgenes de votación, nos obliga a pensar en establecer la segunda vuelta para las elecciones presidenciales en caso de que el ganador no obtenga en la primera vuelta arriba del 50 por ciento más uno; no permitamos que a un sindicalismo progobiernista lo substituya un sindicalismo propatronal para suprimir la jornada de ocho horas, la basificación, los estímulos a la antigüedad y los mínimos, como lo quiere la derecha y el FMI; obligar a que los partidos políticos establezcan primarias o elecciones internas para elegir a sus candidatos, con el objeto de que la ciudadanía crea más en ellos y se fortalezcan, eliminando cuotas de poder, camarillas y abriéndose totalmente a la ciudadanía; una Reforma Económica para crecer con firmeza y atender a la demanda social; que los partidos políticos impulsen verdaderamente la educación cívica interna y externamente; apoyar a las organizaciones de la llamada sociedad civil para que realicen trabajos propedéuticos con cuadros que puedan nutrir a los distintos partidos políticos; institucionalizar el conocimiento de los actores, las instituciones y las reglas.

* Inocencio Yáñez Vicencio. Economista, egresado de la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional (1970-197x). Autor del libro de texto de la materia Teoría del Estado de la ESE del IPN, de la cual es profesor. En la administración pública federal ha desempeñado diversos cargos, de 1977 a 1988, en las Secretarías de Turismo, de Programación y Presupuesto, y en la SEP. Desde abril de 1994 se desempeña como coordinador estatal del Grupo Verdad, Veracruzanos por la Democracia.


SEGMENTOS:

"Donde dice PRM, siempre debió decir PRI"

Carlos Monsivais

El 18 de enero de 1946, el Partido de la Revolución Mexicana pierde su beligerante nombre, y adopta un certificado de buena conducta, o de amansamiento de tempestadas: Partido Revolucionario Institucional, un ajuste de cuentas semánticas con los sectores radicales. La antigua Revolución ya se adecenta, han muerto o envejecen los caudillos, a los maestros (el sector más combativo) los cerca la burocratización. En la asamblea constitutiva del 19 de enero, Lombardo exalta al PRI y atestigua su noble metamorfosis:

Miguel Alemán, heredero legítimo de Francisco I. Madero, heredero legítimo de los demás hombres de la Revolución, en su etapa Inicial, heredero legítimo de Lázaro Cárdenas y de Miguel Ávila Camacho. Yo lo llame desde el primer momento en que aceptó su candidatura cachorro de Cárdenas y de Ávila Camacho y hubo lambiscones que dijeron que esto era una falta de respeto al candidato (...) ¡No! ¡Es un hijo, Miguel Alemán, de la Revolución Mexicana! Un hombre hombre joven, nacido de la entraña de la Revolución, un continuador de Lázaro Cárdenas, un continuador de Francisco I. Madero.

El stalinismo mexicano, experto en las genealogías de la legitimidad. Con estos avales, y la conciencia generalizada del fin de la "era de los generales", es abrumador el triunfo de Alemán sobre el Partido Demócrata Mexicano que postula al exsecretario de Estado Ezequiel Padilla. El 7 de julio de 1946, Miguel Alemán es un ídolo popular.

Los jerarcas de la derecha entienden las ventajas de avenirse con el poder. El arzobispo Luis María Martínez ingresa a la Academia de la Lengua, rocía con agua bendita cualquier nueva instalación capitalista, se deja pintar por el anticlerical José Clemento Orozco y corrobora con su presencia ubicua el pacto no tan secreto entre Iglesia y Estado. En cenas con académicos y políticos, el arzobispo cuenta chistes "audaces", y se regocija ante el fin de la Cristíada y de la Empresa Desfanatizadora. ¿Para qué obstinarse en pleitos ideológicos, si se tiene a mano la edificación de una sociedad moderna?

La tradición y la modernidad

La renovación iniciada en 1940 la dirigen líderes tradicionales, no muy al tanto del alcance de sus acciones. En su vida personal seres rutinarios, partidarios del orden y del respeto, son arrastrados por la lógica del capitalismo a las acciones que niegan su afán de conservar. Surge la nueva etapa: la industrialización, el sueño que destruirá al México que lo engendra, y cuyo primer requisito es la forja de una nueva clase obrera, sumisa, deportiva, alcoholizada, amiga del orden y la parranda, enemiga del comunismo. Para impulsar la construcción de esta clase, y la idea de un país razonablemente moderno, surgen en 1943 las grandes campañas de alfabetización, ya desprovistas de la mística de 1923 o 1928, y seguras del objetivo: habilitar la mano de obra. Esta exige un magisterio alejado de las ferocidades verbales del cardenismo, como lo puntualiza en un discurso en 1943 el secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet, en el Congreso de Unificación Magisterial. Al gremio que de 1920 a 1940 encabezó las luchas radicales y la prédica del laicismo, con enormes costos personales, se le incita a una cruzada donde se precisarán "integridad" y "aptitud para el bien".

Todas esas virtudes no se improvisan. Los talleres en que se forja el alma de un pueblo son los hogares y las escuelas. Y cuando una parte de esos talleres se halla a merced de las tempestades políticas, el equilibrio se altera y los apetitos parciales se sacian a costa del progreso de la nación.

El segundo requisito: la forja de un nuevo tipo de funcionarios públicos y de empresarios que, en México, en Toluca, en Monterrey, elijan el modelo más exitoso, el norteamericano, se desprenden de los estorbos de la ideología y carezcan de los escrúpulos moralistas que ofenden la lógica del crecimiento. De tales exigencias sociales y administrativas se desprende un rasgo idiosincrático de los cuarentas, el desarrollismo, doctrina del salto cualitativo del sistema, indistinción entre funcionario y empresario, visión de una clase obrera cuya autonomía (marginal) es asunto de la vida nocturna, de modos de vida cifrados en la ostentación burguesa y en la administración popular por los corruptos, de lealtades amistosas transmutadas en técnicas de gobierno, de invisibilización social de la miseria, de obsesiones miméticas en relación con la burguesía de California y Texas, de patriotismo y amor a la "patria chica" ya no heredables de generación en generación.

En doble fila: los hijos de los funcionarios son los primeros bilingües; los obreros abandonan su vitriólica conciencia de clase, amagados por la represión y embelesados con las ofertas urbanas; los Junior executives inician el reemplazo de los anacrónicos self-made men. Hablan caciques y hombres rudos: que ya mis descendientes no se elaboren a sí mismos como productos toscos y voluntariosos de la Universidad de la Vida, y que a esta capital de la República, único espacio que importa en la nación, la rijan los productos del más exigente medio socia. Ya no más sargentos que aprovechen de su condición de sobrevivientes en la batalla. Ya no más abogadas postulantes a quienes extraen de los bares próximos a los juzgados el arribo al poder de un condiscípulo. Ya no más burócratas que hace mucho remplazaron la ambición por la paciencia.

Complacido, el país entero asiste al show.

"En la política, todo es tan sucio que un hombre honrado no la aceptaría"

Nada de "país plural" o de "diversidad de culturas". México es uno, y obreros y burgueses, campesinos y clasemedieros, católicos profesantes v ateos, deberán caber en un solo espíritu que detesta a los nazis, admira al cine nacional, reconoce las cualidades del progreso norteamericano, se confiesa romántico oyendo boleros, ama a la pobreza si es ostensiblemente pintoresca.

Despolitizar es convencer al pueblo de que la política en definitiva no es cosa suya. Déjense de cuentos y acepten las compensaciones. Pan: la infraestructura de los servicios, al derechohabiente. Circo: la certeza de pertenecer a una colectividad cálida y bullanguera, cuyos ídolos son exactas proyecciones anímicas del pueblo. Por añadidura, los organismos de mediación y mediatizaron (CTM, CNC, CNOP), son intérpretes certificados de deseos y necesidades populares.

En este orden de cosas, el PRM/PRI es partido político y estilo de vida y comportamiento. El priísmo"legaliza" el caciquismo, y lo incorpora, muy subordinado, a la estructura jerárquica; le da fluidez a la corrupción y a las represiones selectivas del orden civil; hace crecer al Estado, y convierte a la burocracia en su público cautivo; organiza la pirámide de acatamientos, sumisiones, ascensos y poderes inacabables mientras duren (un gobierno es la eternidad del mando en el ámbito de seis años); frena y encauza el apetito de modernidad; aísla férreamente a la provincia; participa real y fingidamente del sentido histórico de los ocupantes del poder; cree en los héroes, en la secularización y en el progreso de la nación, y ajusta estas creencias a los intereses específicos de los dirigentes en turno.

El PRI encumbra a la Cultura del Abogado, obliga a seres convencionales a ostentarse como abanderados del Progreso, hace del junior el heredero de la generación de rústicos y broncudos, y le permite a esa noción curiosa y autocrática, el Libertinaje, actuar en reemplazo de las libertades. Además, controla al movimiento obrero para "no entorpecer" los proyectos estatales a largo y mediano plazo; desarticula la Reforma Agraria con tal de permitir la producción en gran escala; rechaza cualquier democratización (el pueblo de México es "demasiado joven"); retiene a la mujer en papeles "espirituales" y decorativos (el voto femenino se obtendrá hasta 1953); se olvida de la "mística educativa"; ni oraciones por Virgilio, ni fe en utopías regresivas a la Frank Tannenbaum, ni confianza en pedagogías redentoras. Lo propio del PRI es la despolitización: "Más que inquietudes políticas, lo que el país necesita es trabajar", reiterará Miguel Alemán.

Tomado del libro Entre la guerra y la Estabilidad. (El México de los 40). Rafael Loyola, Coordinador. México, Editorial Grijalbo. 1986.