CULTURA EN TRANSICIÓN. Los indígenas ayer y hoy. Estanislao Barrera Caraza
Cultura en Transición
Los indígenas ayer y hoy
(Una propuesta desde la perspectiva personal)
Vivimos en una sociedad en crisis, misma que debería obligamos a la reflexión, y no a las cortesías y complacencias habituales.
Por Estanislao Barrera Caraza
A más de 500 años de la Conquista, es necesario que hablen los indígenas en su propia voz, para que triunfen en la lucha por dignificar su existencia. Pero esto implica que aprendamos a escuchar sus palabras, y no estorbar su intervención, para no modificar o manipular su pensamiento.
Esta demanda la retomo como producto de la observación, que en los últimos años, nos ha enseñado que los movimientos reivindicadores de los grupos étnicos tienen como principal objetivo descolonizar a los pueblos sometidos durante siglos.
Tal forma de dinámica, que es clasista e intercultural, al mismo tiempo es histórica. Esto quiere decir que iniciada con la Conquista, consolidada durante la Colonia, y perfeccionada durante la Modernidad, la opresión ha generado la respuesta en los tiempos actuales. En este largo proceso, las características de la Cultura de Conquista han intentado destruir las estructuras tradicionales, para modificar las costumbres, la ideología, los procesos de producción y los modelos de consumo. Sin embargo, y a pesar del flagelo, la resistencia, primero pasiva y luego activa ha ido cobrando conciencia en el mundo occidental. Esto debería servir para que los antropólogos revisen sus proyectos, los planes institucionales y sus perspectivas teórico-metodológicas.
Debemos reconocer, que las luchas que defienden a las culturas autóctonas, se han dado en diferentes momentos de la historia de México. El ejemplo más antiguo y significativo lo constituye, curiosamente, fray Bartolomé de las Casas, en Chiapas. Actualmente, San Cristóbal es el escenario donde viven los indígenas la más profunda lucha, que posiblemente los conduzca a lograr sus objetivos: la justicia con honor y dignidad.
En este contexto, nos podemos preguntar: ¿qué papel han desempeñado los antropólogos? Mi experiencia personal es la siguiente:
Desde 1974 me titulé con el rimbombante grado de Maestro en Ciencias Antropológicas, especializado en Antropología Social. Antes, siendo estudiante, me pareció criticable y cuestioné el quehacer de la Antropología Aplicada en México, específicamente la actividad asistencialista e integracionista del Instituto Nacional Indigenista, cuyos antecedentes lo fueron la Dirección de Antropología entre 1916 y 1920, y el Departamento Autónomo de Asuntos Indígenas, en 1936. Porque no aportaba -ni aporta- claras y contundentes evidencias de que los indígenas mejoraran realmente sus condiciones de vida. Sobre todo, las relaciones de explotación, lejos de diluirse se perfeccionan al ritmo del desarrollo tecnológico, para sacrificarlos en forma más eficaz. Algunos, incluso antropólogos, a dicha relación la califican de explotación tecnificada.
En esta polémica intervinieron personalidades, y no sólo en el nivel local o regional, sino también en el nacional, fuertemente influenciados, muchos, por el pensamiento marxista, y tal vez la mayoría, por el positivismo en su versión liberal (recientemente se habla de neoliberalismo o liberalismo social). Los ejemplos abundan, y algunos de ellos ahora participan aplicando los programas oficiales y manteniendo las estructuras del Estado.
En el lustro comprendido entre 1970-1975 tuve la oportunidad de ingresar al INI, debido a que su director don Gonzalo Aguirre Beltrán (a quien pongo como ejemplo a seguir en la investigación antropológica) abrió las puertas para que los antropólogos dirigieran los centros coordinadores. Para mi fue preferible privilegiar el camino de la Antropología Urbana, como una forma teórica y metodológica de comprender la realidad nacional desde perspectivas más globales, porque los indígenas, que son parte de la problemática social, curiosamente, también integran a los sectores con serias adversidades en el medio urbano.
Por esas fechas -entre 1970 y 1975-, debemos recordar que incluso la polémica en torno a la política integracionista del gobierno a través del INI, fue llevada a los medios de difusión, particularmente en forma de artículos en revistas y libros. De eso que llaman Antropología Mexicana (Editorial Nuestro Tiempo, México, 1970), es un texto en el que Arturo Warman, Guillermo Bonfil y Margarita Nolasco, fundamentan esa crítica, y nos sirve de ejemplo en dos sentidos: 1) porque nos ilustra sobre las discrepancias antropológicos a las que nos referimos; 2) porque nos muestra en qué y en dónde pueden terminar los críticos, como es el caso de Arturo Warman y, por supuesto, de otros tantos más. Para fechas posteriores debemos incluir el texto La quiebra política de la Antropología Social en México (UNAM., México, 1986, 2 tomos), en el que es retomada esta discusión por diversos escritores, desde variados ángulos, y que provocó, al igual que en la época anterior, fuertes reacciones por parte de quienes veían en su quehacer político oficial una integración viable del indígena a la vida nacional; y sin hacerse pregunta alguna, como por ejemplo: ¿cuál es el camino que les ofrecemos mediante el cambio dirigido desde la perspectiva occidental?.
Como lo he manifestado, privilegié la Antropología Urbana, iniciando mis estudios sobre el tema de La prostitución en Xalapa, apoyado por el Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana, al que ingresé, después de titularme, ya como investigador de tiempo completo. Más tarde he indagado sobre El modo de producción y las formas de intercambio indígenas. La situación de la mujer, La migración y la marginalidad, El uso de psicoactivos en sectores marginales. Al poco tiempo volví al tópico de La prostitución en jóvenes, por encargo, del ex Consejo Nacional de Recursos para la Atención de la Juventud; más tarde profundicé en la investigación sobre Los usos rituales de la marihuana, Los mitos y verdades en torno de la cannabis en el estado del conocimiento actual. El uso de enteógenos en culturas pre y poshispánicas en México, etc. En una de mis libretas de campo asiento: "no me arrepiento de perder la oportunidad, según algunos compañeros que ingresaron al INI, de ser director de un centro coordinador y de hacer carrera política en el gobierno. Prefiero conocer la otra cara de la moneda, es decir, el mundo que se les ofrece a los indígenas al buscar integrarlos, en la forma como se hace, a la vida (moderna) occidental".
Los estudios a que me refiero, y otros con temas urbanos en mayor medida, pronto me hicieron ver que con el mentado cambio introducido en las etnias, desde y únicamente en la perspectiva del gobierno, lo que generaba era -y es-: Fortalecimiento de los factores de expulsión del medio rural, por múltiples causas; en la población migrante a las ciudades, marginalidad urbana (vecindades de miseria) y suburbana (cinturones de miseria), y todo lo que ella implica; las actividades a ocupar por dicha población, entre las más bajas de la escala social: Ayudantes de albañiles, jardineros, barrenderos, vendedores de verduras en los mercados y en las calles, servidumbre doméstica, etc.; incrementó en los índices de alcohólicos en los cinturones de miseria de las grandes ciudades; ingreso a la prostitución como alternativa "ocupacional" en muchas mujeres, etc. De lo cual deduzco, que el "fenómeno indígena" lo estudiaba, implícitamente, al realizar mis investigaciones sobre los tópicos mencionados, y particularmente el alcoholismo, la prostitución, etc. De ahí también comprendí que la degradación no es sólo económica y cultural en tanto que hay pérdida de costumbres y valores -míticos, religiosos, culturales, éticos-, sino que la aculturación (o modernización) los lleva a la autodestrucción.
Cabe subrayar que todo lo que se menciona arriba no se ha dado mecánicamente, es decir, como efecto de la modificación de los patrones culturales y de conducta de los indígenas, por la presión del tiempo dirigido unilateralmente desde el gobierno. Ya desde mucho tiempo atrás, por no decir que como resultado de la particular forma de evolución socio-económica a partir de la Conquista, los grupos indígenas sufren, simultáneamente, porque en general en sus poblaciones se da la migración temporal y una multiplicidad de condiciones adversas. Entre estas, de naturaleza común a ellos, podemos citar las siguientes:
- Cultivos incipientes (con la práctica de la roza, instrumentos rústicos de labranza, escasos apoyos financieros y técnicos, etc.), cuya producción, que primordialmente es para el autoconsumo, con otras actividades como la recolección, caza y pesca, excepcionalmente algo de avicultura, ganadería y apicultura, les permite la subsistencia.
- El comercio en baja escala, distante de los centros rectores, comúnmente es observable sólo en unos cuantos indígenas; se trata más bien, de una forma de intermedialismo comercial entre los negociantes de los centros rectores y la población indígena general, en el cual los segundos se llevan la mejor parte. A este proceso se unen los acaparadores y los intermediarios itinerantes, que recorren las zonas indígenas comprándoles sus productos a bajos precios y vendiéndoles otros a precios elevados.
- A lo anterior hay que agregar la falta de control de precios; fraude al pesar sus productos; y, si pueden, robo en la liquidación por lo que les adquieren.
- El trabajo asalariado es uno de los menos remunerados en significativas regiones autóctonas del país. Cuando se les debe pagar quince o dieciocho pesos por día, si ellos les dan nueve o diez, y por más de ocho horas de labor.
Como si lo expresado fuera poco, los indígenas aún se enfrentan a otros problemas más o menos comunes:
- Conflictos con caciques y/o terratenientes vecinos por cuestiones de tenencia de la tierra, fundamentalmente. Además de la indiferencia, abandono, o franco rechazo por parte de las autoridades agrarias, cuando no hay elecciones, porque en períodos electorales son manipulados.
- La manipulación religiosa y política en las "regiones de refugio". La primera, que incluso llega a generar conflictos graves, por ejemplo los enfrentamientos entre sectas distintas, y de éstas con las religiones tradicionales. La segunda, por parte de los diversos partidos políticos, que en muchos casos provoca el divisionismo y la desarmonía comunitaria, así como hechos violentos más allá de las contiendas electorales. A lo que se debe añadir la imposición de autoridades comunitarias realizada por los presidentes municipales, precisamente por implicaciones partidistas.
La relación de problemas que enfrentan los indígenas se ve aumentada con aquellos que se refieren a la vivienda, alimentación, escolaridad y salud pública.
Respecto del primero, recuérdese que en general viven en chozas con piso de piedra, en las que comúnmente conviven con animales domésticos; falta el agua entubada, y no hay -en muchísimas comunidades- la luz eléctrica. En cuanto a la alimentación (basada primordialmente en maíz, frijol, chile y café), no cabe duda que es muy deficiente, pues en forma excepcional consumen carne, huevos y leche; el pescado es adquirido de manera aún más excepcional. De esto resulta que en las localidades indígenas, individuos de todas las edades padezcan una inadecuada alimentación, siendo más notable este problema en los niños.
Las dificultades escolares son igualmente múltiples: falta de kínder, de aulas y profesores para la primaria completa; ausentismo y deserción escolar, pero también retrasos y ausentismo en los profesores. Cuando se aproximan las vacaciones, con antelación abandonan la escuela, y cuando termina el asueto llegan varios días después de los indicados en los programas.
Los problemas contra la salud son, así mismo, diversos: Anemia crónica en todas las edades que, en opinión de algunos médicos, se trata de desnutrición genética; poliparasitosis; y todavía es observable, lógicamente, la tuberculosis, además de otros males que se pueden curar y cuyo origen es el hambre insatisfecha.
Por último, en muchos grupos étnicos del país prevalece el problema del alcoholismo, desligado en la práctica de los rituales de origen mágico, religioso y medicinal; y, en cambio, originado por diversos factores socio-económicos, culturales, psicológicos, etc., que generan a su vez, como efectos más problemas en esos mismos campos, incluida la muerte.
Cuando la situaciones se han vuelto ocasionalmente adversas, no dejo de pensar en aquellas críticas que recibí por no participar en el trabajo de "desarrollo comunitario de la etnias" de México. Pero, desde hace aproximadamente 80 años que se comenzó a implementar la política oficial de atención a los indígenas; y cerca de 50 años de que se fundó el INI, además de mirar directamente en el campo cómo viven los indígenas, porque con cierta frecuencia he convivido con los otomíes del municipio de Ixhuatlán de Madero, Veracruz, entre los que he estudiado precisamente las funciones sociales de la cannabis, y, sobre todo, de los últimos acontecimientos caracterizados por el levantamiento armado de grupos étnicos del estado de Chiapas, las protestas de otros indígenas de Oaxaca, Guerrero, Veracruz, etc. (porque no se han resuelto ni siquiera sus necesidades fundamentales), confirmo que la decisión tomada en un principio era correcta.
Más aún al ver el cuadro dramático que se vive en el país, compuesto por la aguda crisis económica (hasta la burguesía criolla la está resintiendo); crisis social (angustia colectiva, inseguridad, incertidumbre, desconfianza, etc.); crisis política (los discursos de los partidos y particularmente del PRI-Gobierno, por agotados ya ni la retórica les ayuda); crisis religiosa (enfrentamiento de opiniones entre la jerarquía católica, y entre ésta y la de otros grupos religiosos), etc, con una lucha encarnizada entre los partidos políticos, la corrupción en todos los niveles de gobierno, los magnicidios sin esclarecer (Luis Donaldo Colosio, Francisco Ruiz Massieu, Polo Uscanga, Juan Jesús Posadas, campesinos de Aguas Blancas, del municipio de Coyuca de Benítez en el estado de Guerrero, etc.), el narcotráfico y todos los factores concatenados, incluido así mismo el de la corrupción de muchos funcionarios, de miembros de las diversas corporaciones policiacas, y en fechas recientes el involucramiento de altos integrantes del ejército mexicano.
Por todo esto, lo único que se puede concluir en forma de preguntas es lo siguiente: ¿Este es el mundo al que se ha querido incorporar a los indígenas? ¿Para llegar a lo que vemos cotidianamente entre los pobres del campo, incluidas las comunidades autóctonas, se ha gastado tanto dinero? ¿Qué han hecho, realmente, el INI y tantas Secretarías de Estado que tienen que relacionarse con el desarrollo de diversos componentes sociales del país?.
Si, ya lo sé. No faltará quien me diga, y hasta me increpe, que es mucho lo que se ha hecho por los indígenas, los campesinos, los cinturones de miseria de las grandes ciudades, por la sociedad en genera!, y que si no se han resuelto todos los problemas es porque es mucho lo que se ha debido hacer y no ha sido posible, dado el subdesarrollo de nuestro país (recuérdese que la cultura colonial que nos impusieron tiene el propósito de perpetuar el subdesarrollo social, económico, político...). Y hasta es posible que haya quien me diga que éste es precisamente el orden social: la desigualdad, la diversidad, la lucha de quienes quieren tener lo que tienen las burguesías nacionales; y por qué no, seguro hay quienes opinen que así son las cosas porque Dios lo quiere. De todo hay en este mundo, donde el poder fomenta un sistema de ignorancias, mentiras (a sí mismo y a los demás), contradicciones y agresiones de múltiples maneras.
Pero si respondiera a tales cuestionamientos seguramente sería ocioso, y en esto muchos estarán de acuerdo conmigo. Lo que hay que enfatizar, pues, con los pies en la tierra, es que el INI ha fracasado, que aún con tantas Secretarías de Estado en la obligación de atender los muchísimos problemas de amplios sectores del país, ésto no se han resuelto, y que, tal y como están las cosas en el territorio nacional, con seguridad, y a pesar del optimismo de algunos, o muchos, difícilmente se resolverán algunas de tantas adversidades en el corto plazo; aunque ya para el largo tiempo habrá muchísimos muertos, y de hambre, que es, en nuestra opinión, aún más grave, como es el caso de yaquis y tarahumaras.
Y, en medio de todo esto, un INI que no reconoce su fracaso. Su titular, Carlos Tello, el 6 de marzo en un noticiero televisivo manifestó: "en lugar de fracasos yo hablaría de insuficiencias". ¿Insuficiencias de qué? ¿Acaso no entiende que insuficiencia es fracaso? Y convoca, por medio de su Departamento de Asuntos Jurídicos, a la investigación de los problemas indígenas para que planteen las posibles soluciones. La Secretaría de Gobernación, por su lado, junto con las Cámaras de Diputados y Senadores y los gobiernos de los estados, promueven a foros por todo el país igualmente para discutir La Cultura y los Derechos de los Pueblos Indígenas, frente a las necesidades que se llevaron al cabo, en San Andrés Larrainzar, y que el Presidente de la República incumple en una actitud que sorprende. Pero los asesores de! EZLN, la CONAI y la COCOPA, al lado de otras organizaciones indígenas y no indígenas -nacionales y extranjeras-, rechazan esa actitud por manipuladora y no acorde con las soluciones propuestas. Aunque en los últimos días la COCOPA tiende a ceder en sus posiciones.
¿Acaso no les da a ustedes la impresión, sino es que la certeza, de que todo esto se hace para mediatizar precisamente la lucha de los pueblos indios, utilizando todas las formas de poder. A lo cual se prestan intelectuales de todo tipo, incluidos, por supuesto, aquellos que durante años han sido beneficiados de esa política que llevaría a los indígenas a experimentar mejores condiciones de vida?.
Por ello, lo que propongo, es que se deje a los indígenas los espacios en donde se habla, que digan su palabra, que luchen por sus reivindicaciones, porque, si no los hemos ayudado, realmente, es mejor que no les obstaculicemos el desarrollo libre de su propia identidad.
Resulta sumamente importante observar, que los indígenas en lucha, y en diálogo, han nombrado a sus asesores, incluidos algunos antropólogos que seguramente por sus acciones son merecedores de ello, pero en ningún momento han convocado, en forma específica, a la "comunidad de antropólogos". ¿Por qué será? ¿Por qué sólo unos cuantos han tenido el valor, y la dignidad, de salir en su defensa? ¿O es acaso que la mayoría ha guardado el silencio cómplice ante los atropellos a los derechos humanos de los originarios de este país?.
Insisto, dejemos que sean los mismos indígenas quienes ahora digan lo que tengan que decir, reclamen lo que tengan que reclamar, e incluso reprochen lo que consideren que deben reprochar. Ya no mediaticemos su conciencia y sus acciones en favor de quienes en forma directa los han explotado durante cinco largos siglos, y en beneficio de quienes de manera indirecta defienden los intereses de las clases dominantes de la sociedad: los gobernantes y sus aparatos de Estado. Y, en cambio, seamos útiles -como muchos en el país y en el extranjero-, solidarizándonos plenamente con su lucha, y/o en el momento que sea oportuno, instrumentado técnicamente los acuerdos a que ellos mismos lleguen con los representantes del gobierno, y a petición expresa, de ellos mismos, protagonistas de este espacio de la sociedad mexicana y latinoamericana.
Además, para asumir una actitud real y en beneficio de los indígenas, probablemente sea recomendable leer o volver a leer los Tratados de fray Bartolomé de las Casas, porque aún cuando su obra tiene más de cuatrocientos años -y es polémica, lo mismo que las actuaciones del autor-, el contenido expresa una defensa beligerante hacia los auténticos dueños de estas tierras. Nos dice Lewis Hanke que fray Bartolomé era un propagandista vigoroso y hábil, quien tenía la impresión de que cuando el rey y sus consejeros supieran las crueldades que sus compatriotas estaban cometiendo entre los indios, la Corona actuaría como era debido (Fondo de Cultura Económica, México, 1965). El rey se enteró, seguramente bastante bien -como se han enterado los presidentes-, y casi no hizo nada. A más de 500 años de distancia sólo cabe preguntar: ¿qué tanto se ha hecho en favor de los indígenas después de tantas rebeliones en contra de la Encomienda, del movimiento de independencia, las rebeliones de los mismos indígenas, y las revoluciones que han convulsionado al país?.
Si vemos que "ayer" el rey poco o nada hizo, y el presidente actual -por la complejidad de intereses- en lugar de atender los acuerdos, contribuye a ahondar el problema, es posible que la única respuesta sea la intervención de la sociedad civil -de la cual forman parte muchos intelectuales- por ser crítica y combativa, como lo ha demostrado, para resolver la aguda problemática social. Es en este proceso como se le tendrá que devolver, a los indígenas, su libertad con justicia y dignidad.


















