Ética y política. V. Antonio Tejeda-Moreno

Ética y política

A Consuelo Moreno Vda. de Tejeda: Madre amorosísima cuya principal virtud es su Ética férrea, pero plena de comprensión y amor.

La política se opone a la moral, como la Filosofía a la ingenuidad. Emmanuel Levinas, Totalidad e infinito.

Por V. Antonio Tejeda-Moreno

La proposición de Emmanuel Levinas con la que se inicia mi sencilla reflexión, no deja de ser sorpresiva y, más allá de lo puramente sorpresivo: asombrosa. Existe sin lugar a dudas una conexión entre los dos adjetivos que he empleado, pero también una gran diferencia: lo asombroso, que nace del asombro es, al par, el origen mismo de la reflexión filosófica y, por dar a luz a ésta, de la Filosofía misma; lo sorpresivo, en cambio, es sólo la presencia de lo inesperado en la conciencia y, en no pocas ocasiones, del ser-entero del hombre. La idea antes expuesta, i.e., que del asombro nace la Filosofía, es de tipo y de autoría platónicas; y este autor, este Maestro, está siempre presente en Emmanuel Levinas.

Por su parte, Sören Kierkegaard, padre del Existencialismo, defendió su bien conocido punto de vista: la Filosofía nace decía de la angustia, más de cerca: de la angustia-existencial. Los dos conceptos, como veremos, no se contradicen, sino que, antes bien, se complementan. La Filosofía es saber, conocer articulado que se demuestra en proposiciones y por medio de argumentos; la política, en cambio, es acción, praxis, aplicabilidad de los conceptos que las proposiciones y los argumentos contienen. No existe, ni existirá alguien que sea capaz de enunciar sus postulados políticos sin que éstos contengan proposiciones filosóficas, o, con otras letras: no hay política sin Filosofía; y no la hay, porque es el filósofo, e! hombre de pensamiento, quien percibe el estado en el que un país se encuentra, en qué fundamenta su Economía, sus políticas educacionales, de Salud, etcétera. Es, entonces, de esta premisa de la que parte este análisis: no existe política sin Filosofía, como no existe Filosofía sin ideas. Las ideas son, en este orden, los fundamentos de toda acción, de toda praxis, de toda política, para decirlo con una palabra. Ahora bien, ¿qué decir de la Ética? Desde hace unos seis años quizá más, la preocupación primera de no pocos filósofos de distintas corrientes es, justamente, la de cómo elaborar una Ética para nuestro tiempo, para las necesidades que la cotidianidad nos presenta. Nuestro presente, nuestro ahora es difícil, turbio, pantanoso, justo porque carece de una Ética, de una serie o conjuntos de proposiciones, argumentos y enunciados que orienten lo que el hombre debe hacer en el terrible ahora que vivimos. Acabo de escribir "... lo que el hombre debe hacer" y, casi sin percatarme, me doy cuenta que es una de las preguntas que Kant se hizo y nos hizo en su muy conocida Crítica de la Razón Pura. Al darse cuenta de lo incompleto e inacabado de su respuesta, Kant se sintió en la necesidad de escribir su Crítica de la Razón Práctica, en la que vuelve por así decirlo, a ciertos conceptos que algunos filósofos consideraban superados o anticuados. Estos, empero, no fueron capaces de ver que Kant no es un filosofo ingenuo. Es, sí, un filósofo idealista en la mayor parte de sus exposiciones, pero nunca es ingenuo. Por otro lado, Kant sabia que es la moral, así como la Ética.

Muchísimo antes que Kant, Aristóteles se ocupó de la Ética, a punto tal, que escribió un tratado de Ética para su hijo Nicómaco, y otro más para sus alumnos. Aristóteles pensaba que el último fin de la naturaleza humana era la felicidad y que, por tanto, todo acto humano debía estar dirigido a esto: el finis operantis de todo hombre era buscar la felicidad. En nuestros días, no pocos autores han demostrado que tal posición, paradójicamente, es inmoral, porque se deja de lado mi responsabilidad por el otro: aquel que me interpela y, en la Epifanía de su Rostro, se manifiesta como: enfermo, pobre, desclasado desde una perspectiva social, etc. No quiero decir que Aristóteles y sus críticos hayan defendido un mundo, mejor; un Cosmos dividido en clases sociales y, con éstas a aquél. No. Aristóteles defendía, enseñándonos a pensar solo en y con categorías ontológicas, que la búsqueda de la felicidad es el bien supremo para el hombre; ahora bien, si éste es el bien supremo, es, así mismo, su quehacer político, pues es la acción máxima de toda la Humanidad. Y en realidad, la máxima acción de la Humanidad, debería ser la búsqueda de la felicidad de todos, la búsqueda de la felicidad de! otro, aquel que, oprimido, es capaz, sin embargo, de buscar todo para todos y nada para sí mismo. De esta forma de pensar las cosas dimana lo siguiente: antes que la pregunta por el ser, está la pregunta por el qué hacer. Antes que el asombro o la angustia, está el ¿qué debo dar a mi prójimo?, pues es mi prójimo, mi próximo el que me interpela no-ontológicamente, sino que éticamente. Así, la Ética debe anteceder a toda Ontología, a toda Antropología Filosófica. Todo esto, porque pretender conocer a Dios con nuestras categorías ontológicas es pretender objetivarlo; y si se le objetiva no es Dios.

Esta es la diferencia existente entre el dios de la Filosofía y el Dios-Trascendencia-Absoluta de la Biblia: el primero se demuestra, cabe en las estrecheces de un silogismo; en cambio, el Dios-Trascendencia de la Biblia, El Único Dios Vivo y Verdadero, sólo se conoce en actos de misericordia, de derecho, de justicia. Piénsese en el severo e intenso proceso de transculturación que ocurre entre Occidente y Oriente: para el primero, conocer es objetivar, demostrar; para el segundo es penetrar, sentir la Presencia de Dios en actos de justicia y, sobre todo, en actos de justicia a favor del huérfano, de la viuda, del enfermo, etc. Marx lo enunció brillantemente en la primera Tesis sobre Feuerbach: "La falla principal... es que la realidad sensible es captada solamente bajo la forma de objeto de contemplación". El hombre meramente occidental conoce objetivando; el oriental entendiendo y sintiendo la Trascendencia de Dios.

Ahora bien, esta forma (Eidos) de concebir la Ética en tanto que servicio-al-otro y reconocimiento-de-la-Trascendencia-del-Otro, me parece que es, al par, una forma (Morphé) de Política, en el sentido de que el otro se torna el centro de gravitación de toda actividad humana, queda fuera de ser objetivado y convertido, por expresarlo de alguna manera, como dinero y entendido como ganancia o pérdida no a nivel del acto moral, sino que fuera del mismo, por lo que tal forma de conocimiento es, del todo, amoral. El P. Pierre Bigó lo ha expresado de una manera admirable:"... la delicadeza suprema de la caridad es reconocer el derecho de aquel a quien ella da". Y debe tenerse en cuenta que la caridad (cáritas) es amor.

Ética y política se engarzan y unen de manera muy estrecha, cuando se entiende lo que el hombre es: Imagen y semejanza del Dios Creador de la Biblia. Es imagen de Dios porque el hombre posee la palabra y, en la mayor parte de las ocasiones, puede expresarla gracias a la voz. En efecto, en Dt. 4,12 se puede leer: "Oí en ustedes sonido de palabras (debarím), no veían figura humana, figura alguna; solamente voz". La imagen no habla, no intima mandamiento alguno, no prohíbe asesinar, no exige justicia y derecho para el otro, en nombre del Otro. Y es por esto que la Biblia considera imagen de Dios al hombre de carne y hueso, como dice don Miguel De Unamuno. Todo tipo de explotación es ajena al pensamiento bíblico y al Plan Salvífico del Dios Creador, llámese TLC o PROGRESA. Toda acción humana que esté ubicada fuera del Plan de Dios está condenada al fracaso.

La ausencia de una Ética universal determina el estado de cosas que, al momento actual, deterioran al hombre: daño del hombre a manos del hombre, daño al hombre por medio de políticas reduccionistas que más que nada desean reducirlo, daño al hombre por medio de innovaciones técnicas y/o científicas que, a la larga, contribuyen más a afectarlo que a beneficiarlo, aumentando su nivel de vida y la calidad de la misma; no estoy sosteniendo que ciencias y técnicas sean "dañinas" para el hombre. No. Sostengo, sí, que el uso, la pragmática que la clase política hace de las ciencias y las técnicas, acaban por perjudicar al hombre.

La búsqueda, entonces, de tal Ética universal debe ser la labor central de filósofos, humanistas, artistas, científicos, técnicos, etc. Deben propiciarse debates y coloquios, seminarios y talleres, cursos y otras actividades universitarias, creadoras e independientes, para, así, lograr avanzar hacia una visión más completa del hombre y de sus necesidades, entre las que sobre sale la Ética, entendida como la responsabilidad de un yo por un tú, de un yo por el otro, de un yo por el Tú eterno: La trascendencia eterna: Dios. La Ética que buscamos no será "universal" si continuamos representándonos al hombre en medio de estrecheces e intereses egoístas y mezquinos. La Ética será Universal, cuando el hombre sea Universal, esto es: El ser considerado como fin en sí, no como mero medio; cuando la sexualidad del hombre sea libre, cuando el hombre pueda dedicar su ocio a la creatividad, cuando el hombre-poeta pueda escribir sus poemas sin que esto sea considerado una gran traición a la patria, cuando la Humanidad, en fin, obtenga lo que llamamos libertad, cuando ésta pueda conocer y descubrir las verdades que la circundan y están ahí: dispuestas para ser descubiertas; finalmente, cuando el hombre termine con la opresión que es para el hombre y vea en el Rostro del otro su-propio-Rostro y el del Otro.

Entonces, y sólo entonces, el hombre vivirá conducido por una Ética amorosa y en el centro de una libertad creadora. No han sido otros los esfuerzos de Herbert Marcuse, Max Horkheimer, Luis Villoro, Adolfo Sánchez Vázquez, Samuel Ruiz, Arturo Lona, y, en nuestro medio, tantos y tantos que buscan la verdad y abandonan al "valor" comodidad, prefieren el duro camino que la justicia exige, abandonan a Mammón y prefieren las satisfacción profunda del logro literario, filosófico, científico. Cuando esa era no tan lejana dé sus frutos, entonces el hombre será hombre: Imagen y Semejanza de Dios, del Dios bíblico, no del motor eterno e inmóvil de Aristóteles, la Gran Edad Media y otras corrientes de pensamiento que no dejan a Dios ser Dios, ni al hombre existir como hombre.

Asombro y angustia existencial, la Filosofía sigue guiando al pensamiento moderno, por lo menos en algunos sectores. Asombro y Angustia, la Filosofía Ética es la Filosofía sin más, de la que algunos hablaron. Angustia y Asombro, la Filosofía Ética es, o debe ser, ante todo: LIBERACIÓN. Liberación que devuelva al hombre su ser más personal e íntimo: Ser Imagen del Dios Vivo y Verdadero, del Dios bíblico.


SEGMENTOS:

El nacimiento de la Política

Por Moses N. Finley

Política

Algunos sintieron dudas ante la imagen de los líderes políticos atenienses, como nobles caballeros que no se hubieran manchado con formas de comportamiento tan bajas como solicitar el voto de los campesinos y tenderos (sólo líderes políticos buenos, apenas necesito añadirlo, no demagogos como Cleón) los escépticos han logrado ahora un triunfo inesperado.

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Por (Política) entiendo algo concreto y mucho más limitado que, por ejemplo, la definición de Michael Oakeshott: (la actividad que consiste en ocuparse de la organización general de un grupo de gente, a quien el azar o la elección ha reunido) (4). Esta definición, ampliamente compartida, comprende cualquier grupa imaginable desde una familia o un club o una unidad tribal laxa hasta la más omnipotente y autocrática monarquía o tiranía, y soy incapaz de encontrarle un empleo analítico o, en otro caso, significativo. Me parece que son necesarias tres distinciones. La primera es entre los estados y las múltiples agrupaciones que existen dentro de un estado, sociales, económicas, educativas o de cualquier otra índole. No me preocupan esos usos metafóricos porque son (política de academia). La segunda es entre estados en los que las decisiones son obligatorias y vinculantes, y las estructuras preestatales, en las que no lo son. La tercera es entre estados en los que un hombre o una junta tienen el poder absoluto de decisión, sin tener en cuenta los consejos que puedan haber solicitado previamente, y aquellos en los que las decisiones vinculantes se consiguen después de discutir, argumentar y finalmente votar. La discusión puede estar restringida a un solo sector de los miembros de la comunidad, como en una oligarquía -no limito mi definición a las democracias- o a representantes elegidos o la decisión sobre algunas cuestiones limitadas, pero es esencial que la decisión sea alga más que consultiva. Esta es la razón de mis límites cronológicos, y especialmente mi exclusión de Roma bajo los emperadores. Donde prevalece el principio Quod "principi placuit legis habet vigorem ('lo que el emperador decide tiene fuerza de ley'), aunque sólo sea en espíritu, hay gobierno de antecámara, no de cámara, y por lo tanto no puede haber política en el sentido que yo le doy. Es decir, aunque había discusión en el principado, el poder de decisión, último y eficazmente libre de trabas sobre asuntos de política, descansada en un solo hombre, no en los votantes (ni siquiera en los cientos que incluía el senado).

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La política, según nuestra opinión figura entre las actividades humanas menos usuales en el mundo premoderno. En efecto, fue un invento griego, más correctamente quizás el invento separado de los griegos y de los etruscos y/o romanos. Probablemente hubo otras comunidades políticas primitivas en Oriente Próximo; en todo caso, entre los fenicios, que luego llevaron sus instituciones al oeste, a Cartago. El único estado no griego que Aristóteles incluyó en su colección de 158 monografías sobre "constituciones" individuales, era Cartago. Esta obra se perdió, aunque se conservan algunos datos suyos en la Política (especialmente (1).272b 24-73b26), y no encuentro motivos para creer que hubiera un trasvase importante de los fenicios a los griegos o etruscos (los cuales, imagino, pusieron las bases del futuro desarrollo de las instituciones políticas romanas). Es objeto de debate y cuestión incontestable cuánta influencia ejercieron las primitivas comunidades griegas de Sicilia e Italia en los estadios formativos de los etruscos y romanos; realmente, carece da importancia: ninguna respuesta arrojará luz, sobre los distintos caminos que se desarrollaron la política y las instituciones políticas en las esferas griegas y romanas.

Asuntos y Conflictos Políticos

Los políticos profesionales, tanto en el contexto antiguo grecorromano como en el contemporáneo, por lo que a la cantidad se refiere, son una minoría desdeñable del cuerpo de ciudadanos. Para ellos la política es un modo de vida, aunque crean que su función es fomentar el bien de la sociedad en la que actúan, o al menos intenten convencerse a sí mismos de ello; en otras palabras, que la política es una actividad de segunda clase, encaminada a lograr objetivos que, en sí mismos, no son políticos. Para todos los demás, la política es enteramente instrumental: los propios objetivos son lo que importa en definitiva. Al decir esto no quiero dejar sentado que haya satisfacción o en todo caso diversión, en la excitación de una campaña electora! o de una estrecha pelea legislativa; o que las elecciones al estilo romano, con sus juego y repartos gratuitos masivos, no ofrecieran ganadas inmediatas, tangibles, desconectadas de la política o de los programas políticos. Tampoco quiera decir que la masa de ciudadanos hubieran formulado claramente en sus mentes unos fines, o que fueran menos aptos que sus equivalentes actuales para sostener puntos de vista contradictorios. No hago más que repetir un lugar común: los hombres que votaban en las elecciones o asambleas no separaban las personalidades de los logros, creían que de un modo u otro los resultados importaban bastante como para garantizar su participación en política en algún nivel. (1)

El punto de partida obvio es el conflicto constitucional, y en ningún área parece más evidente la existencia de dos niveles diferentes. Uno fue el nivel de la lucha abierta por el poder; las clases bajas lucharon, a menudo literalmente, por una participación en el gobierno, y cuando lo consiguieron, las clases altas intentaron recobrar el monopolio político que habían perdido. El ciclo de las constituciones (metabole politeion) se convirtió en una obsesión para los analistas políticos griegos, a partir de mediados del siglo V a. C. (7). Se encuentra en toda la política de Aristóteles y en los 158 opúsculos sobre (constituciones) individuales, compilados por él y su escuela (perdidos ahora en su totalidad, salvo el de Atenas). Todavía en el siglo II a. C, el éxito que lograron los romanos al escapar de ese ciclo (8), desconcertaba al griego Policio. Por debajo subsiste el hecho, evidente para cualquiera, de que las constituciones fueron muy inestables, incluso en su propia época. En todas las ciudades había una oscilación entre oligarquía y democracia, acompañada de guerra civil, matanzas en masa, exilio y confiscaciones. A veces intervenían tiranos, añadiendo otra dimensión al ciclo. El otro nivel de conflicto, el de la (quietud), se señaló con cambios dentro del entramado constitucional existente, proceso que nunca cesó y que a veces implicaba más agitación y resistencia que lo que puede suponer una palabra tan incolora como (reajuste). Pese a lo mucho que diferían ambos niveles en sus extremos, había una buena parte borrosa de coincidencia mutua.

Notas:

Política

1.- R. Thomsen, The origin of Ostracism, Copenhague, 1972, pp. 84-108.

4.- M. Oakeshott, en Laslett (1956), p. 2.

Asuntos y Conflictos Políticos

l.- Véase Finley (1976 a).

2.- Meier (1980), p. 258. Rechaza aquí mi opinión de que la política es un instrumento sin examinar explícitamente los motivos de mi punto de vista.

3.- Astin{1968). pp. 10-11; cf. Veyne (1976), pp.419-426.

4 - El punto de vista clásico que estoy poniendo en duda es el de Syme (1939), p. 11: (La vida política de la república romana llevaba el sello y la oscilación, no de los partidos y programas..., sino de la lucha por el poder, la riqueza y la gloria).

7.- El estudio clásico es Ryffel (1949).

8.- Véase muy recientemente Nippel (1980), pp. 142-153.

Tomado del libro El Nacimiento de la Política, de Moses N. Finley. México, coedición Grijalbo y CNCA. 1989.