El problema en México es la credibilidad: Ludolfo Paramio
El problema en México es la credibilidad en los procesos electorales
El principal obstáculo para lograr la democracia en México es la limpieza del proceso electoral, también la aceptación de los triunfos y derrotas de los partidos contendientes, además de que no sea puesto en entredicho la garantía de los órganos electorales. Para Ludolfo Paramio estos son requisitos indispensables, sin embargo, él observa que en este periodo de Transición cívica no se resuelven positivamente muchas de los prácticas políticas que han caracterizado al sistema de partido de estado. Del mismo modo Ludolfo Paramio considera que la educación es un asunto central para hacer viable la democracia, porque la educación es ejemplo de bien público, necesario para el crecimiento y para la igualdad social. Simultáneamente reconoció que el sistema de partido se encuentra en una etapa de transformación y, a su vez, ha cambiado las circunstancias políticas del país...
Entrevista de Gina Domínguez a Ludolfo Paramio (*)
España y Portugal se consideran ejemplos de transición democrática en el mundo, pues vivieron una larga dictadura y, ahora, se encuentran experimentando un proceso que ha transformado a su sociedad. Actualmente algo semejante ocurre en algunos países de América Latina, que también están iniciando este tipo de procesos; en México también, pero de una manera distinta, pues hemos tenido un régimen de partido durante mucho tiempo. Desde su muy particular punto de vista ¿cómo conceptualiza usted la experiencia de lo que está sucediendo en nuestro país?
Bueno, tienen grandes novedades, porque las elecciones del 6 de julio evidentemente fueron elecciones competitivas. La gran victoria del PRD en el Distrito Federal implica pensar que las elecciones presidenciales en el 2000 van a ser también muy competidas y que las elecciones intermedias, igualmente, van hacer muy reñidas. Entonces, la gran novedad en el funcionamiento de la vida política mexicana, es que las elecciones reflejan una competencia importante, en este sentido puede haber alternancia y pueden introducirse cambios muy significativos en los gobiernos, es el signo de los nuevos gobiernos. El problema, yo entiendo, es un problema tradicional que viene de años anteriores, pues se requiere que haya un acuerdo más o menos estable por parte de los principales partidos, sobre las reglas de juego electorales; que la legitimidad en los resultados electorales se conviertan en la norma, que no se reclame siempre la validez de los resultados. Un segundo problema que es importante y que resulta ahora un desafío planteado en México, es la reestructuración de los principales actores. Por ejemplo, el PAN probablemente sólo tiene un desafío electoral, digamos, si se trata de ofrecer una imagen más de centro -a partir de una oferta política que parezca más atractiva para las clases medias urbanas-, particularmente en el Distrito Federal; pero los otros dos partidos principales, como es el caso del PRI, es evidente que atraviesa una crisis importante; tiene problemas para definir su liderazgo y su fuerza electoral en los próximos años. El PRD, también, porque la victoria en el Distrito Federal representa, como algo inmediato, el problema de la credibilidad del Partido de la Revolución Democrática como partido de gobierno.
Pongo un ejemplo: cuando está en juego el Distrito Federal, digamos que cualquier declaración económicamente no ortodoxa o preocupante, no tiene porque afectar al electorado o a los mercados financieros; caso contrario si lo que está en juego es la presidencia de la república, ahí puede suceder que el discurso sea muy importante. Si recuerdan ustedes lo que sucedió en la Argentina en los últimos meses del gobierno de Alfonsín, simplemente la inminencia del nuevo gobierno de Menen con su triunfo electoral, acabó siendo un asunto de ortodoxia financiera, pero su victoria provocó un verdadero cataclismo monetario, provocó la primera hiperinflación.
Entonces la conversión del PRD en fuerza creíble de gobierno, de cara al año dos mil, significa un serio problema, porque implica un desafío para ajustar el discurso a lo que realmente se puede hacer, estar a la altura de las expectativas sociales a partir de una fuerza creíble y no provocar los efectos indeseados, simplemente por su propio discurso. Es decir, tienen que ser capaces de proponer algo que atraiga a los ciudadanos y que sea realizable, y evitar que su propio discurso sea utilizado para la desestabilización política o económica del país, y ello no es un problema simple.
Considerando su experiencia en España y, al mismo tiempo, tomando el concepto de democracia como algo realizable: ¿Usted considera que en México realmente estamos viviendo un proceso democrático?
Lo nuestro fue relativamente sencillo, porque en nuestro caso hay elecciones y desde el primer momento funcionaron como elecciones competitivas, elecciones cuyos resultados son aceptados por todo el mundo; lo que entiendo que complica la situación en México es que ese proceso de credibilidad, de los procesos electorales, ha sido muy dilatado. Los propios mecanismos de concertacesión o la modificación de los resultados prácticos de las elecciones -a través de la movilización- disminuyen la credibilidad de los resultados electorales, y todo esto sirve para ganar tiempo y hacer más difícil lo que creo debe ser la normalidad electoral, que es el reconocimiento general de los resultados electorales. Pero hay otro problema, que es la recurrencia de las crisis económicas, aunque me parece que es la crisis del 94 la que ha provocado fuertes demandas sociales. En España algo similar sucedió a partir de la democracia, porque hemos tenido de superar, incluso se repitió una segunda crisis en el 92 y luego en el 94, pero han sido de dimensiones mucho más limitadas comparativamente, y han permitido manejar -hasta cierto punto- la voluntad electoral de castigar a los gobiernos, porque si no el conflicto social explota. Yo creo que en la situación mexicana se suma, a ese doble desafío que consiste en dar credibilidad a los resultados electorales y de ofrecer una total certidumbre a los ciudadanos de que no va haber otra crisis como la que hubo en el 94-, la necesidad de implementar una política social y tener estabilidad monetaria.
Un problema que durante muchos años ha tenido México, en relación a la cultura democrática, es la falta de reglas claras. Los procesos electorales fueron manipulados o totalmente cuestionados, porque había un partido mayoritario y único, pero desde hace muy poco tiempo hay otros partidos que empiezan a disputar el poder en las urnas, sin embargo, ¿cómo construir esta ética política que permita un tránsito pacífico hacia la democracia?
Pues fíjese que no creo que sea tanto un problema de construir una ética, es suficiente con que las principales fuerzas políticas acepten las mismas reglas, la ética o la percepción social de los valores de la democracia se producen con su funcionamiento; porque si los principales actores son capaces de aceptar los resultados electorales, también serán capaces de postular alternancias pacíficas dentro de! acuerdo, como entiendo es el caso del Distrito Federal. Yo considero que esas reglas del juego democrático -que se van sometiendo el conjunto de la sociedad- acaban llegando a todos los niveles de los diferentes partidos; como seguramente ustedes han observado. Por supuesto que aquí la cosa es diferente, pues México es más grande que España, y ese es otro problema, pues resulta difícil que logren -los partidos a nivel nacional- las mismas reglas del juego, siendo necesario un acuerdo a nivel estatal, incluyendo la renovación de la propia clase política en todos los niveles, porque en una transformación de las reglas del juego normalmente implica también un cambio en las personas. Será todo lo lento que se quiera, pero implica la llegada a la vida política de personas que no han estado en un fraude o que no han estado en los mecanismos no democráticos de gobierno.
¿De qué se habla cuando se pronuncia la palabra democracia?, ¿qué es la democracia? ¿se puede entonces pensar en concebir una ética del poder?
La segunda pregunta me supera completamente, sólo sé que hay unos valores compartidos en la democracia, que son las cosas que no se pueden permitir en el poder; son las reglas del juego que no se pueden quebrantar en ningún caso, en ninguna sociedad democrática. Si lo quiere así, una ética del poder, es más bien una autoculminación del poder. La otra cuestión, ¿qué entiendo por democracia? Lo que argumento, que sólo quiero entenderla como una cosa muy limitada, y la defino: como la capacidad de los ciudadanos para elegir a sus gobernantes -a partir de la libre competencia- entre propuestas distintas que se manifiestan libremente y que cuentan con recursos públicos equitativos para defender sus propuestas. A partir de ahí creo que son convenientemente más cosas, una vez que el libre juego democrático existe, yo soy partidario de defender políticas que permitan la cohesión social, que reduzcan la desigualdad, que produzcan la mejora del conjunto de la sociedad y que permitan, además, un crecimiento económico estable, que no sacrifiquen la viabilidad a largo plazo con tal de obtener resultados a corto.
No creo que cada uno deba defender sus propios criterios, si esto es riesgoso en resultados a corto plazo, pero sí creo que las elecciones deben ser libres, competitivas, equitativas y que los resultados deben ser aceptados. Pero si es cierto que los gobernantes pueden ser elegidos pacíficamente, también pueden ser derrocados o sustituidos, pacíficamente.
¿Cómo ve el problema de la transición en México y el papel del Presidente de la República en este proceso?
Hay un hecho incuestionable, el presidente Zedillo dejará la presidencia hasta el año dos mil, de eso no hay ninguna duda, el problema es si va a pilotear toda la transición o al menos en lo que le queda del sexenio. Yo tengo una visión que puede ser revocada por la distancia, pero tengo la impresión que el presidente marcó en el primer momento su posición de la sana distancia con su partido, para decir que no iba a existir la utilización de los recursos del estado para mantener al PRI como partido mayoritario, y eso entiendo que es muy positivo. Ahora, por lo visto, los resultados del 6 de julio han demostraron que el presidente no ha utilizado los recursos -o por lo menos- los resultados electorales han sido como si el estado no hubiera recurrido a sus recursos propios para evitar la victoria de la oposición, por eso la victoria de la oposición es política.
Lo que incluiría en una tercera fase está relacionado con la discusión reciente, de que si el presidente de la república debe involucrarse o no para impulsar o apoyar la renovación interna del PRI, pero es evidente que hay un riesgo frente a los dos partidos: PAN y PRD. Sabemos que el PRI está en una crisis, y ha demostrado una clara incapacidad para adaptarse a las nuevas reglas del juego electoral, en ese sentido a mi se me ocurre que el presidente o quienes dentro del PRI estén a favor de la reforma democrática, deberían apoyar o deberían participar en ese proceso de renovación.
En México, un punto central del debate ha sido si la alternancia en el poder es o no sinónimo de democracia, ¿usted qué opina? ¿cree que es sinónimo de democracia la alternancia en el poder?
Lo que no cabe ninguna duda es que cuando hay alternancia en el poder, es que la democracia esta funcionando, pero tampoco cuando es una condición necesaria. Una vez que todo el mundo está de acuerdo en que las elecciones son correctas, puede pasar que un partido se mantenga en el gobierno durante muchos años sin demérito de la democracia, y el ejemplo más claro es el Partido Social Demócrata, que si no mal recuerdo se tiro 40 años en el poder interrumpidamente, y nadie discutía si había o no democracia.
La alternancia creo que es un síntoma de buena salud, en el sentido de que observamos el funcionamiento de una democracia, pero podría suceder que en algunas elecciones obtuviera la victoria el partido que siempre ha estado en el poder en México y -aún así- estas elecciones pueden ser completamente democráticas.
La lucha electoral, con cierta igualdad competitiva, ya es un punto favorable para lograr la democracia en un país, pero la democracia no se termina de construir cuando logramos que se respete el voto. En ese momento aparecen otros factores esenciales, tales como el bienestar de la población y el mejoramiento de sus niveles de vida. Por ejemplo, en México y en América Latina, a veces los modelos económicos impuestos por políticas extranjeras, han impedido el desarrollo y el progreso general de los pueblos. ¿Usted considera que los modelos económicos imperantes pueden contraponerse a las aspiraciones de democracia?
Yo diría que no. Me parece que la democracia es simplemente eso, la capacidad para designar y probar gobernantes, y luego tenemos que ver que se hace con los modelos económicos, una vez que se tiene esa capacidad. Mi impresión es que los gobiernos democráticos son más capaces de implementar políticas económicas duras, cuando no queda más remedio, porque las instancias que las componen son capaces de hacerlo mejor en el sentido que cuentan con mayor apoyo social, con mayor participación social y a menores costos sociales, y también en las fases de crecimiento son capaces de conseguir mayores beneficios sociales, de beneficiar al conjunto de la sociedad. En ese sentido, incluso en circunstancias sociales muy adversas, el tener un régimen democrático es muy importante para evitar que una élite iluminada haga lo que quiera sin contar con intereses sociales y no necesariamente para obtener los mejores resultados o para distribuir de la mejor forma los sacrificios. Yo creo que globalmente la experiencia de los años ochentas es que los regímenes democráticos en los procesos de ajustes de reforma económica lo han hecho mejor que los regímenes autoritarios.
En el proceso de reforma democrática que México ha emprendido y que se reflejó de manera más clara en las pasadas elecciones, en donde se generó un mayor equilibrio entre las fuerzas políticas principales de este país, ¿qué riesgos existen por superar?
Yo diría que es un proceso que no tiene marcha atrás porque la sociedad no lo permitiría, porque existe una sociedad en México completamente consciente de sus derechos. Hay una vida política bastante libre, me parece que no hay condiciones para una regresión autoritaria, desgraciadamente en esta situación siempre se puede uno equivocar, pero yo diría que en estas circunstancias no hay nada que hacer en relación a esta alusión. Lo que si puede haber es resistencia de los sectores gobernantes: estado y autoridades. Pero insisto, el proceso que se manifestó ya el 6 de julio, sí es irreversible, en ese sentido de transparencia democrática.
¿Qué partido a su juicio tendría el mayor reto, el partido oficial o los partidos que están incursionando en el poder político, como es el caso del PRD?
Creo que todos ellos tienen bastante trabajo pendiente en los próximos años; esta situación es nueva y complicada para todos.
Si se habla de democracia como de elecciones autónomas, como parte de un proceso para elegir a los representantes populares, en ese sentido estamos hablando de una viabilidad democrática, pero autolimitada, ¿cómo incluir a la democracia en los procesos de globalización que el mundo vive?
Bueno, quizás estoy influenciado por la experiencia Europea, pero creo que el problema es conseguir una proyección de la democracia por encima del estado nacional. Como lo que existió en la Unión Soviética, con el socialismo de estado, que era una realidad limitada por las decisiones del régimen, bajo el criterio de que la social democracia de postguerra era un proyecto para un solo país, aunque se diera en varios a la vez. Tenía una lógica económica y política sustentada en un sólo país; en este momento lo que tenemos es una globalización del mercado de capital libre, sobre la que no hay ninguna autoridad política ni económica que fije límites o regulaciones. Bueno el ejemplo de la Unión Europea es crear mecanismos de regulación superestatales que permiten también controlar la economía a nivel internacional y que eviten que la lógica de los mercados funcione con la lógica impredecible y completamente catastrófica de los fenómenos naturales, lo que no puede suceder es que las sociedades nacionales puedan ser devastadas o estén a expensas del movimiento de los mercados financieros sobre de los que no existen ningún tipo de control de ta sociedad. Entonces, qué es importante, yo diría que lo más importante de la democracia a nivel local es superar el gran reto de los próximos años, para conseguir que las instituciones de gobierno supranacionales puedan introducir una racionalidad en el funcionamiento de la economía globalizada.
Entonces en el terreno social, político y económico ¿hacia dónde se encamina la tendencia de la sociedad mundial?
Hace mucho años la gente creía que iba hacia la derecha, ahora por lo que parece es que va hacia el centro izquierda. Entonces, yo diría que hay una presión entre igualdad y libertad que provocó la crisis del bloque soviético, por la crisis de la dictadura del cono sur, por una serie de fenómenos a partir de que la libertad era el valor que se imponía, y ahora se advierte que junto con ese valor, yo creo que nadie discute, en este momento se abre la discusión sobre igualdad o como condición social necesario para vivir en el mundo entero.
* Miembro de la Comisión ejecutiva del Partido Socialista, junto con Felipe González, en los últimos siete años.
SEGMENTOS:
El contrato social
Por Juan Jacobo Rousseau
Me he propuesto buscar si puede existir en el orden civil alguna regla de administración legítima y segura, considerando los hombres como son en sí y las leyes como pueden ser. En este examen procuraré unir siempre lo que permite e! derecho con lo que dicta el interés, a fin de que no estén separadas la utilidad y la justicia.
Empiezo a desempeñar mi objeto sin probar la importancia de semejante asunto. Se me preguntará si soy acaso príncipe o legislador para escribir sobre política. Contestaré que no, y que éste es el motivo por que escribo sobre este punto. Si fuese príncipe o legislador, no perdería el tiempo en decir lo que es conveniente hacer: lo haría, o callaría.
Siendo por nacimiento ciudadano de un Estado libre y miembro del soberano, por poca influencia que mi voz pueda tener en los negocios públicos, me basta el derecho que tengo de votar para imponerme el deber de enterarme de ellos: ¡mil veces dichoso, pues siempre que medito sobre los Gobiernos, hallo en mis investigaciones nuevos motivos para amar el de mi país!
Capítulo I
Asunto de este primer libro
El hombre ha nacido libre, y en todas partes se halla entre cadenas. Créese alguno señor de los demás, sin dejar por esto de ser más esclavo que ellos mismo. ¿Cómo ha tenido efecto esta mudanza? Lo ignoro. ¿Qué cosas pueden legitimarla? Me parece que podré resolver esta cuestión.
Si no considero más que la fuerza y el efecto que produce, diré: mientras que un pueblo se ve forzado a obedecer, hace bien si obedece; tan pronto como puede sacudir el yugo, si lo sacude, obra mucho mejor; pues recobrando su libertad por el mismo derecho con que se la han quitado, o tiene motivos para recuperarla, o no tenían ninguno para privarle de ella los que tal hicieron. Pero el orden social es un derecho sagrado que sirve de base a todos los demás. Este derecho, sin embargo, no viene de la naturaleza; luego se funda en convenciones. Trátase, pues, de saber qué convenciones son éstas. Más antes de llegar a este punto, será menester que funde lo que acabo de enunciar.
Capítulo II
De las primeras sociedades
La sociedad más antigua de todas, y la única natural, es la de una familia; y aun en esta sociedad los hijos sólo perseveran unidos a su padre todo el tiempo que le necesitan para su conservación. Desde el momento en que cesa esta necesidad, el vínculo natural se disuelve. Los hijos, libres de la obediencia recobran igualmente su independencia. Si continúan unidos, ya no es naturalmente, sino por su voluntad, y la familia misma no se mantiene sino por convención.
Esta libertad común es una consecuencia de la naturaleza del hombre. Su principal deber es procurar su propia conservación, sus principales cuidados los que se debe a sí mismo; y luego que está en estado de razón, siendo él solo el juez de los medios propios para conservarse, llega a ser por este motivo su propio dueño.
Es, pues, la familia, si así se quiere; el primer modelo de las sociedades políticas: el jefe es la imagen del padre, y el pueblo es la imagen de los hijos; y habiendo nacido todos iguales y libres, sólo enajenan su libertad por su utilidad misma. Toda la diferencia consiste en que en una familia el amor del padre hacia sus hijos le paga el cuidado que de ellos ha tenido; y en el Estado, el gusto de mandar suple el amar que el jefe no tiene a sus pueblos.
Grocio niega que todo el poder humano se haya establecido en favor de los gobernados, y pone por ejemplo la esclavitud. La manera de descubrir que más constantemente usa, consiste en establecer el derecho por el hecho (1). Bien podría emplearse un método más consecuente, pero no se hallaría uno que fuese más favorable a los tiranos.
Dudoso es, pues, según Grocio, si el género humano pertenece a un centenar de hombres, o si este centenar de hombres pertenece al género humano; y según se deduce de todo su libro, él se inclina a lo primero: del mismo parecer es Hobbes. De este modo tenemos el género humano dividido en hatos de ganado, cada uno con su jefe, que le guarda para devorarle.
Así como un pastor de ganado es de una naturaleza superior a la de su rebaño, así también los pastores de hombres, que son sus jefes, son de una naturaleza superior a la de sus pueblos. Así discurría, según cuenta Filón, el Emperador Calígula, deduciendo, con bastante razón, de esta analogía que los Reyes eran dioses, o que los pueblos se componían de bestias.
Este argumento de Calígula se da las manos con el de Hobbes y con el de Grocio. Aristóteles había dicho antes que ellos, que los hombres no son naturalmente iguales, sino que los unos nacen para la esclavitud y los otros para la dominación.
No dejaba de tener razón; pero tomaba el efecto por la causa. Todo hombre nacido en la esclavitud, nace para la esclavitud; nada más cierto. Viviendo entre cadenas, los esclavos lo pierden todo, hasta el deseo de librarse de ellas; quieren su servidumbre como los compañeros de Ulises querían su brutalidad (2). Luego sólo hay esclavos por naturaleza, porque los ha habido contra ella. La fuerza ha hecho los primeros esclavos, su cobardía los ha perpetuado.
Nada he dicho del Rey Adán ni del Emperador Noé, padre de los tres grandes Monarcas que se dividieron el Universo, como hicieron los hijos de Saturno, a quienes se ha creído reconocer en ellos. Espero que se me tenga a bien esta moderación; pues descendiendo directamente de uno de estos Príncipes, y quizás de la rama primogénita, ¿quién sabe si, hecho la comprobación de los títulos, me encontraría legítimo Rey del género humano? Sea lo que fuere, no se puede dejar de confesar que Adán fue soberano del mundo, como Robinson de su isla, mientras que le habitó solo; y lo que tenía de cómodo este imperio era que el Monarca, seguro sobre su trono, no tenía que temer ni rebeliones, ni guerras, ni conspiraciones.
Capítulo III
Del derecho del más fuerte
El más fuerte nunca lo es bastante para dominar siempre, si no muda su fuerza en derecho y la obediencia en obligación. De aquí viene el derecho del más fuerte; derecho que al parecer se toma irónicamente, pero que en realidad está erigido en principio. ¿Habrá, empero, quien nos explique qué significa esta palabra? La fuerza no es más que un poder físico, y no sé concebir qué moralidad puede resultar de sus efectos. Ceder a la fuerza es un acto de prudencia. ¿En qué sentido, pues, se considerará como derecho?
Supongamos por un momento este pretendido derecho. Tendremos que sólo resultará de él una confusión inexplicable, pues admitiendo que la fuerza es la que constituye el derecho, el efecto muda mudando su causa: Cualquier fuerza que supera a la anterior sucede al derecho de ésta. Luego que impunemente se puede desobedecer, se hace legítimamente; y teniendo siempre razón el más fuerte, sólo se trata de hacer de modo que uno llegue a serla. Según esto, ¿en qué consiste un derecho que se acaba cuando la fuerza cesa? Si se ha de obedecer por fuerza no hay necesidad de obedecer por deber; y cuando a uno no le pueden forzar a obedecer; ya no está obligado a hacerlo. Se ve, pues, que esta palabra derecho nada añade a la fuerza, ni tiene aquí significación alguna.
Obedeced al poder. Si esto quiere decir, ceded a la fuerza, el precepto es bueno, aunque del todo inútil; yo fiador que no seré violado jamás. Todo poder viene de Dios, es verdad: también vienen de él las enfermedades; ¿se dice por esto que esté prohibido llamar al médico? Si un bandido me sorprende en medio de un bosque, ¿se pretenderá acaso que no sólo le dé por fuerza mi bolsillo, sino que aún cuando pueda ocultarlo y quedarme con él, esté obligado en conciencia a dárselo? Pues al cabo la pistola que el ladrón tiene en la mano, no deja de ser también un poder.
Convengamos, pues, en que la fuerza no constituye derecho, y en que sólo hay obligación de obedecer a los poderes legítimos. De este modo volveremos siempre a mi primera cuestión.
Notas:
- Las sabias investigaciones sobre el derecho público, las más de las veces no son otra cosa que la historia de los antiguos abusos; y los que se han tomado e! trabajo de estudiarla demasiado, se han encalabrinado fuera de propósito. "Tratado de les intereses de la Francia con sus vecinos", por el Marqués de Argenson (impreso por Rey, en Amsterdam). He aquí cabalmente lo que ha hecho Grocio.
- Véase un pequeño tratado de Plutarco, titulado: "Que las bestias tienen uso de razón".
Tomado del libro El Contrato Social, de Juan Jacobo Rousseau, España, Ediciones Sarpe. 1983.


















