CULTURA EN TRANSICIÓN. Ángel de Sotavento: El arpa jarocha. Andrés Barahona Londoño
CULTURA en Transición
Ángel de Sotavento: El arpa jarocha
Contrariamente a lo que se suele creer, la dotación instrumental original de la música jarocha no incluía el arpa. Fueron los campesinos, rancheros, vaqueros, peones de hacienda, arrieros, pescadores y demás, quienes dieron vida a los sones jarochos con los instrumentos que tenían a su alcance: la jarana, la guitarra de son o requinto jarocho y el violín. El arpa, aún como instrumento diatónico popular, siempre ha sido un instrumento relativamente caro, delicado y difícil de transportar... Esto puede explicar -en parte- por qué entre los campesinos, el arpa no fuera un instrumento común.
Por Andrés Barahona Londoño
Las tertulias decimonónicas
Sin embargo, el arpa fue un instrumento muy conocido y apreciado durante el siglo XIX en casi todo México. El estado de Veracruz no fue la excepción, como nos cuenta el escritor Manuel Payno (1810-1894) en la Carta 13 de su texto titulado Un viaje a Veracruz en el invierno de 1843 (1). Carta en la que el autor hace las siguientes menciones: "(...). Dos señoritas tocaron el arpa y otra las acompañó con una jaranita"."(...) y escucharon las sentidas vibraciones de las arpas, mi enajenamiento fue tal, que apenas pude dirigirles algunos fríos cumplimientos", Más adelante Payno menciona que para las mujeres xalapeñas "(...) sus diversiones se reducen a (...) tocar la (sic) arpa y cantar esas canciones populares (...)". El mismo autor nos dice que durante su estancia en Xalapa "(...) se repitieron los conciertos de las arpas (...)".
Como se desprende de tales comentarios, el arpa era un instrumento común en las tertulias a las que acudió Manuel Payno, donde conoció gente de clase más o menos acomodada o de clase media, entre las que destacan "(...) varias señoritas y algunos caballeros y oficiales del escuadrón de húsares" (2). Estas señoritas arpistas -ya que el autor no menciona varón alguno que tocara este instrumento- sin duda alguna conocían y gozaban ciertos aires populares y entre estos, algunos sones jarochos; pero asimismo interpretaban otros géneros musicales "cultos" como nos refiere el mismo autor, después de haber asistido a un concierto de "(...) una sociedad filarmónica, sociedad que estudiaba multitud de piezas y sonatas {...)". Manuel Payno nos describe que "(...). La orquesta se compone simplemente de jaranitas, un par de bajos y cuando más un arpa". Enseguida Payno señala que "(...). El concierto comenzó por uno de esos lindos Wals, compuesto por D. Guillermo Wallace (...)". Finalmente, después de consignar que "(...). Multitud de composiciones se tocaron (...)" en ese concierto, Payno comenta que "(...). Vieux-Temps o M. Brorer, se habrían encantado al oír la magia de esta música exclusivamente mexicana".
En relación con esta Carta 13 de Manuel Payno, se pueden hacer los comentarios siguientes:
En primer lugar, existe una clara diferencia entre quienes cultivan "su propia música" de manera espontánea -tal y como ya en 1843 lo hacían los campesinos jarochos- y quienes, a partir del estudio académico clásico de la música, se acercan a una determinada expresión musical popular regional, como es el caso de arpistas como los de la sociedad filarmónica que menciona Payno. Para expresarlo en términos sencillos, un músico popular intuye primero "su" música y después la aprende por tradición oral, mientras que un músico académico primero aprende la música a través de la teoría musical y después aplica este conocimiento. Esta es una diferencia fundamental.
Por otro lado, puesto que la música jarocha se desarrolló dentro de un contexto sociocultural machista, la presencia de una mujer tocando el arpa no era socialmente aceptada. La función de la mujer dentro del evento social del baile o fandango popular, era precisamente bailar y eventualmente participar en los coros colectivos, mientras los varones tocaban los sones jarochos.
En este sentido, se puede considerar que si una o un arpista en el Veracruz del siglo XIX, llegó a familiarizarse con ciertos sones jarochos, esto de ninguna manera significó la integración del arpa como un instrumento musical que desempeña un papel activo dentro de la tradición musical jarocha del siglo pasado.
Un mosaico de estilos
La inclusión del arpa en la dotación instrumental de los sones significó un proceso complicado, que se desarrolló de diferentes maneras a lo largo de la región jarocha. Esta heterogeneidad se debe a que la música llamada jarocha, en realidad ofrece -dentro de una región geográficamente pequeña- una gran variedad de estilos de interpretación musical del son. En este sentido sería mejor hablar de las músicas jarochas.
En una simplificación esquemática, pueden señalarse tres grandes estilos de interpretación musical del son jarocho:
- El son de la sierra (los Tuxtlas o la sierra de Soteapan).
- El son del llano (Tres Zapotes o la Boca San Miguel).
- El son de la ciudad (Boca del Río o Xalapa).
Es necesario agregar que esta clasificación obedece más a criterios de estilo musical que a delimitaciones geográficas estrictas.
A grandes rasgos, se puede decir que el estilo serrano no incluye el arpa; por su parte, el estilo llanero rara vez la incluye; y en cambio, el estilo citadino prácticamente se basa en el arpa como instrumento melódico y en no pocas ocasiones, esta desplaza al requinto jarocho.
Esto no debe sorprendernos ya que por las características previamente mencionadas, de ser un instrumento delicado y difícil de transportar, el arpa jarocha ha sido un instrumento principalmente urbano. Cabe mencionar aquí que la noción de ciudad o urbe se ha modificado a lo largo del presente siglo y en este caso, se refiere básicamente al proceso de migración de la población originalmente campesina hacia nuevos focos de población citadinos. Así, la migración de la población veracruzana hacia las principales ciudades o ciudades medias no fue significativa durante la primera mitad del siglo actual, pero se acentuó notablemente a partir de los años sesenta.
Este movimiento migratorio ha significado entre otras cosas, la dilución de las fronteras estrictamente geográficas entre los distintos estilos musicales aquí señalados y también ha propiciado una cierta unificación en la ejecución musical de los sones jarochos. Ya volveremos sobre este tema más adelante.
Una reivindicación popular
Durante las dos primeras décadas del siglo XX, México vivió tiempos muy difíciles al estallar la revolución armada. Entonces el pueblo supo plasmar aquellos importantes sucesos en voz de los llamados corridos revolucionarios, los cuales alcanzaron una enorme popularidad. Con el tiempo, y en la medida en que se fueron apaciguando los ánimos, el nuevo orden social emergente tuvo -en lo que se refiere a la música jarocha- dos grandes implicaciones.
Por un lado propició la aceptación popular del género del corrido como portavoz de sucesos socialmente importantes (y esto a pesar de que el corrido no se baile en los fandangos jarochos). Por otro lado, el gesto de adoptar el arpa por parte de los músicos jarochos de principios de siglo, expresaba el sentimiento popular de una nueva actitud de igualdad ante la clase pudiente, en función de los nuevos valores sociopolíticos.
Es decir que si anteriormente había sido un instrumento connotadamente aristocrático, ahora el arpa también pulsada por los músicos campesinos jarochos. Se puede entonces afirmar que aquella familiaridad con ciertos aires jarochos que mantuvieron arpistas como las que describe en 1843 Manuel Payno, encontró dentro del nuevo contexto social del México posrevolucionario, un terreno propicio para que el arpa -como instrumento diatónico- se integrara a la música jarocha. Como es de suponer, la presencia de un instrumento tan notable como lo es el arpa, no podía pasar inadvertida en el contexto social de los sones jarochos.
Soneros y algo más
Uno de los arpistas contemporáneos de mayor experiencia, Mario Barradas -nacido en tierra Blanca en 1926- recuerda que "(...) En los primeros bailes que yo fui -ya como músico arpista- lo que más se tocaba eran piezas. Es decir canciones, boleros, danzones y demás. Eso sí, cuando veía uno que ya empezaban a cabecear de cansancio los viejos, entonces nos arrancábamos con un buen son jarocho y eso como que reanimaba a todo mundo. Así se intercalaban las piezas con alguno que otro son para que durara el baile (...)" (3).
Este testimonio es importante porque nos permite ubicar en la década de los años treinta, la presencia activa del arpa dentro de la región jarocha. Sin embargo, como lo señala Barradas, en aquellos bailes de pieza o bailes de salón se tocaban sólo ocasionalmente ciertos sones jarochos, ya que predominaba otro tipo de piezas. Como es natural, a la par de estos bailes permanecía la costumbre de realizar fandangos populares. Pero entre dos eventos aparentemente similares: el baile de salón y el fandango popular existen grandes diferencias. Se les denomina bailes de pieza o de salón precisamente porque se hacen a puerta cerrada y generalmente para acceder a ellos se tiene que pagar la entrada, mientras que los fandangos populares siempre se han hecho al aire libre permitiendo así, el libre acceso a todos los interesados. A estos fandangos los músicos acuden convocados por el estallido de los cuetes que lanzan al aire los convidadores del baile y a cambio de su música reciben alimento v bebida, pero nunca o casi nunca un pago en efectivo. Por su parte, para los bailes de pieza los músicos, que solían tener una guitarra sexta, un violín y una arpa, eran contratados para toda la velada o por hora. Esto marca gran diferencia entre unos y otros músicos: la profesionalización.
Músicos profesionales
Existen tres grandes elementos que durante la primera mitad del presente siglo influyeron de manera importante en la tradición musical jarocha, entre otras razones porque significaron la creación de un nuevo mercado de trabajo. Estos son: 1) Los medios de comunicación masiva como son las industrias radiofónica, fonográfica y desde luego la cinematográfica. 2) Las giras artísticas y promocionales organizadas por distintas empresas cerveceras; y 3) La industrialización de los llamados ballets folclóricos.
En 1930 la XEW -llamada la Voz de la América Latina desde México- inauguró las concesiones para radiodifusoras. Los programas con músicos en vivo tuvieron un éxito enorme.
En 1936 se firmó la película "Allá en el Rancho Grande" que se convirtió en un clásico de la llamada Época de Oro del cine mexicano. Esta fue la primera película en donde participó el gran arpista veracruzano Andrés Huesca (1917-1957). La industria fonográfica que se desarrolló a la par que la del cine, grabó comercialmente sólo unas pocas decenas de discos de música jarocha pero les dio una enorme explotación mercantil. Incluso todavía hoy en día algunos de estos discos se siguen reeditando. Tal vez los discos que mayor volumen de ventas han alcanzado sean los que grabó el conjunto Medellín de Lino Chávez.
Respecto a las giras artísticas organizadas por las compañías cerveceras, otro gran arpista terrablanquense, Rubén Vázquez comenta lo siguiente: "(...) la desaparición de las tarimas y los fandangos tradicionales -cuando menos en esa zona- se debió en buena medida a la llegada de los templetes patrocinados por tal o cual marca de cerveza. Este tipo de negocios, con tal de vender su producto, incluía en su variedad cualquier cosa; lo mismo grupos de rock, señoritas en bikini, grupos norteños, bailarinas y diferentes shows" (4).
En 1952 la maestra Amalia Hernández (1918-) creó el Ballet Folclórico de México, cuyas vistosas y estereotipadas coreografías han recorrido prácticamente el mundo entero. Este tipo de espectáculos -mezcla de talento artístico y atractivo turístico- ha sido desde entonces imitado hasta el cansancio por instancias oficiales y también particulares.
Así, en tan sólo tres o cuatro décadas se suscitaron grandes cambios en México y estos tuvieron importantes repercusiones en las tradiciones populares regionales como lo es la música jarocha. Estas nuevas fuentes de trabajo propiciaron una migración hacia la ciudad de México. Dicha migración, más que por su número, se distingue por las consecuencias que tuvo dentro y fuera del estado de Veracruz.
El arpa grande jarocha
Andrés Huesca fue sin duda el primer arpista veracruzano que triunfó en la ciudad de México interpretando tanto corridos y piezas como sones jarochos. Con menor participación en películas, los hermanos Barradas -sobre todo Carlos (QEPD) y Mario- también se consagraron allí como grandes arpistas, de hecho Mario se quedó a vivir en la ciudad de México.
Gracias a la indudable calidad interpretativa de estos músicos -y otros arpistas veracruzanos como Nicolás Sosa y Andrés Alfonso- y desde luego en buena medida también por el tremendo poder de penetración de los medios masivos, el estilo musical -tanto en sonido como en imagen- de este tipo de conjuntos se convirtió en el modelo a seguir para entrar en el mercado de trabajo. En la medida en que se fue comercializando, este estilo fue una y otra vez imitado. Esto propició una uniformación interpretativa que abarca diversos aspectos, algunos de los cuales se señalarán aquí.
Cuando se filmó en 1936 la película Allá en el Rancho Grande, el arpa tradicional jarocha tenía aproximadamente un metro con veinte centímetros de altura, por lo que los arpistas tenían que tocar sentados. Esto significó un inconveniente para los criterios de imagen cinematográfica. De hecho, Huesca utilizó un arpa grande michoacana en esa película. Al ver esto los músicos jarochos no demoraron en hacer una nueva arpa jarocha que se pudiera tocar de pie. Al respecto Andrés Alfonso nos cuenta lo siguiente: "Recuerdo que cuando comenzamos a tocar, en la Fonda Santa Anita, con Nicolás Sosa, el problema era justamente que había que tocar sentado. Nosotros teníamos que tocar de mesa en mesa y en un restaurante de esa categoría, lleno a reventar, eso era un estorbo y se veía muy mal que cargáramos con una silla. Tuve entonces la idea de hacer un arpa jarocha que se pudiera tocar de pie. Por esos días, vi a Andrés Huesca que tocaba de pie, pero con un arpa michoacana. Me fijé bien en esa arpa y noté que estaba cortada a escuadra, por lo que tendía a irse hacia adelante al estar tocándola uno. Por eso le di más ángulo a la base, para que el instrumento se recargue en uno y permita mayor comodidad" (5).
En cuanto a la imagen, se estableció el uso del atuendo de guayabera, pantalón y botín blanco para el hombre; y para la mujer se generalizó el vestido de gala en blanco, en lo que se ha dado en llamar el traje de jarocha.
El corazón del conjunto
El arpa jarocha no solamente creció de tamaño en la ciudad de México, también se convirtió en el instrumento principal del conjunto jarocho típico, o cuando menos el que tiene mayor éxito comercial. Este suele constar de una arpa, un requinto, una jarana y guitarra sexta. En términos generales, el arpista se volvió el líder y dueño del nombre del grupo. Aunque todo esto pasaba en la ciudad de México, la influencia de este nuevo estilo comercial fue muy notoria dentro del propio estado de Veracruz.
Mientras en los fandangos los sones suelen durar cerca de media hora, el esquema musical básico del estilo comercial consiste en introducción instrumental -generalmente a cargo del arpa- dos coplas, solo de arpa al que se une el requinto, última copla y final. La idea de esta variante estilística es romper la monotonía del son, ofreciendo brillantes ejecuciones en solo, y todo en un lapso apenas mayor a los tres o cuatro minutos. La lógica inherente es clara; mientras mas breves sean los sones, mas sones pide el cliente.
Así -no sin ciertas reservas- se puede decir que la inclusión del arpa como instrumento principal en los sones jarochos se da más en función del dictado del estilo comercial. Para ilustrar este fenómeno tomemos por ejemplo los dos lugares siguientes: Boca del Río y el complejo turístico aledaño, ubicado en el centro del litoral veracruzano; y Catemaco que es un sitio turístico a orillas del lago del mismo nombre en la región de los Tuxtlas.
Boca del Río, junto con Mandinga y el Conchal forman un complejo turístico cuyas actividades principales son la pesca y los restaurantes. Los arpistas boqueños aseguran que allí los sones jarochos siempre se han tocado con arpa. Hoy en día la música jarocha boqueña esta íntimamente ligada a la presencia turística. En Boca del Río existe un ballet folclórico auspiciado por la Universidad Veracruzana, pero en contraste, hace tiempo que se perdió la costumbre de organizar fandangos.
Catemaco es una pequeña ciudad cuyas actividades principales -al igual que en Boca del Río- son la pesca y el turismo. La diferencia es que Catemaco se encuentra dentro la región de los Tuxtlas, donde el son jarocho tradicionalmente no incluye el arpa. Sin embargo, existen allí varios conjuntos de arpa cuyo estilo interpretativo difiere enormemente del estilo tradicional tuxtleco. La presencia del arpa en Catemaco es relativamente reciente y obedece más al concepto del conjunto comercial hacia el turista, que a la costumbre típica tuxtleca. En las localidades y rancherías aledañas a Catemaco persiste aún la organización de fandangos populares en lo que se conoce como los Velorios tuxtlecos.
En la zona de Boca del Río, la música jarocha existe solamente en tres lugares: Boca del Río, Mandinga y el Conchal, pero ya no se da la tradición del fandango; mientras que en Catemaco el conjunto de arpa existe, pero de manera aislada en una región que conserva todavía el baile tradicional.
Una ruptura generacional
Lo que algunos músicos veracruzanos consideran como un avance gracias a la supuesta modernización de su estilo interpretativo -al imitar o proseguir el estilo comercial- ha implicado por otra parte, la pérdida generacional del fandango tradicional con todo lo que esto significa en cuanto a costumbre local y repertorio musical. Siendo una tradición oral, la música jarocha se transmite de manera directa a través de los músicos mayores hacia los jóvenes. Cuando los músicos viejos no tienen a quien legar sus conocimientos surge una ruptura generacional.
Esto fue lo que sucedió en buena parte de la región jarocha, a raíz, de las migraciones hacia las zonas citadinas. Muchos lugares perdieron su costumbre musical local. Tal es el caso en Amatitlán, Acula, Cosoleacaque, Ignacio de la Llave, Tlalixcoyan entre otras localidades. Actualmente en el estado de Veracruz perdura mucha de la variedad de estilos que ofrecen las músicas jarochas, pero indudablemente su extensión territorial ha disminuido.
La situación actual
Si se compara con otras músicas regionales mexicanas, la música jarocha sigue -en efecto- vigente y su arpa sigue siendo un instrumento popular activo. Aún así, en lo que a repertorio se refiere, las ultimas innovaciones fueron hechas por Lino Carrillo con sus composiciones llamadas el Tilingo Lingo y el Huateque. A decir verdad, estas piezas no son unánimemente aceptadas por los músicos jarochos. El repertorio mismo se ha reducido considerablemente y hoy no quedan más de setenta sones, pero existen además la tendencia por parte de los músicos a encajonarse en la ejecución de los sones más conocidos, los cuales no son mas de veinte. Dicen ellos que esto se debe a que los demás sones nadie los pide, o bien porque no hay quien los sepa bailar.
Tal y como ya sucedía hace ciento cincuenta años en Xalapa, la presencia del arpa veracruzana no está forzosamente ligada al fandango jarocho tradicional. La enorme gama de piezas que interpretaban los viejos arpistas de la región, es evocada así por el maestro Rubén Vázquez: "Don Delfino Martínez era una persona peculiar. Tocaba espléndidamente valses, sones y demás en el arpa. (...) Fue a él a quien -por primera vez- yo vi tocar los medios tonos, utilizando el recurso de presionar la cuerda con un dedo de la mano izquierda. (...) Me parece importante mencionar a Don Delfino, porque su enorme destreza y alto nivel de ejecución deben servir hoy en día, para darnos una idea de lo que fueron aquellos arpistas de principios de siglo. Ellos tuvieron que ampliar el registro del arpa para interpretar ciertas melodías, modificando los tonos con la ayuda de la mano izquierda" (6). Actualmente los arpistas veracruzanos que indagan musicalmente más allá del esquema armónico básico que rige alos sones jarochos, recurren a otros géneros. Dentro de esta amplia gama que incluye boleros, baladas de moda y canciones, la influencia de las arpas paraguaya y venezolana es predominante.
Hacia finales de 1973 se formalizó la entrada del grupo musical Tlen Huicani a la Universidad Veracruzana. El director de este grupo, el maestro Alberto de la Rosa es sin duda uno de los mayores intérpretes actuales del arpa folclórica en Veracruz. De la Rosa nos comenta que: "Actualmente hay más arpistas en Xalapa que en cualquier otra parte de Veracruz. Xalapa se ha convertido en el lugar de los arpistas. Aquí es frecuente encontrar el arpa en una fiesta. Además, las serenatas con arpa aquí son típicas".
Se puede entonces asegurar que el arpa en Veracruz no va a desaparecer, por el contrario existen pocos arpistas jóvenes. Lo que no se ve en este momento, es una tendencia a crear nuevas composiciones con un sabor y un estilo que evoquen al arpa jarocha. Es de suponer que esto sucederá con las nuevas generaciones. Por ahora -sin que esto deba significar motivo de alarma- la evolución del arpa en Veracruz y la evolución del son jarocho siguen caminos diferentes.
Notas:
- Historia y Fandango. Mtra. Irene Vázquez. Testimonios Jarochos Inéditos.
- Húsar: Soldado de caballería ligera vestido a la usanza húngara. La caballería estaba constituida por soldados con mayores recursos económicos que la infantería.
- Por su propia Voz. Mtro. Andrés Barahona L. Testimonios Jarochos. Inédito.
- Por su Propia Voz. Mtro. Andrés Barahona L.
- Por su Propia Voz. Mtro. Andrés Barahona L.
- Por su Propia Voz. Mtro. Andrés Barahona L.
FANDANGO
Antiguo baile español, a tres tiempos y con movimiento vivo y apasionado, que procede de la familia de las seguidillas, las boletas y el jarabe. Fueron fandangos en España la rondeña, la malagueña, las marcianas y las granadinas. Esta forma musical fue introducida a México, por Veracruz, hacia fines del siglo XVII, por tañedores de arpas y jaranas, que más tarde penetraron a los estados de Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Jalisco, Colima, Hidalgo y San Luis Potosí. El acompañamiento original se transformó en Yucatán en una orquesta, y en una pequeña banda de instrumentos de viento en Tehuantepec.
Los sones de fandango se ejecutan sirviéndose de coplas en versos de seguidilla, cuartetas, quintillas y sextillas octosilábicas o de décimas con cuatro, cinco y hasta seis estrofas, según la planta. Son especialmente notables los siguientes, todos veracruzanos: Los Arrieros, Los Artilleros, El Balahú, el Buscapiés, El Butaquito (Cielito Lindo), El Borrego, La Bruja, El Siquisirí, El Carpintero Viejo, El Carpintero Nuevo, El Canelo, El Colás, El Cascabel, El Cuervo, El Café Molido, El Cupido, El Cartucho, El Coco, El Conejito, El Camotal, El Caracol, La Dulce Caña, Los Chiles Verdes, El Chocolate, Los Enanos, El Fandanguillo, La Guacamaya, El Gavilancito, el Guapo, El Gallito, El Huerfanito, La Indita, La Iguana, El Jarabe, La Jota, El Lelito, La Llorona, La María Chuchena, La Morena, Los Negritos, El Pájaro Cú, Los Panaderos, El Palomo, El Pollito, El Piojo, La Petenera, El Pescadito, El Pinole, El Queretache, La Risa, El Sacamandú, La Sarna, El Torito, La Tuza, El Tortolito, La Tarasca y El Trompito, a los que hay que agregar El Zapateado, vigoroso son de procedencia guajiro-cubana, que siempre se toca precedido de una introducción, que es El Aguanieve; y, por último, El Aguadulce o Ahualulco, al cual le llaman La Guadalajara.
Gerónimo Baqueiro Foster, de cuya obra se tomaron los datos anteriores, observó en Esencias de la canción popular (México, Realización y Esperanza, 1952) que "gracias a estos sones, elemento vivificador de inagotable poder, la música popular de Veracruz, con la característica de que se canta, se toca, y se baila en sonoras tarimas de madera, tiene garantizada una larga existencia de siglos. Con ritmo menos vivo, pero ya en una madurez espléndida, Tehuantepec conserva un centenar de sones de fandango en que reinan La Sandunga, La Llorona, La Petrona. La Petenera y el propio Jarabe, perteneciente a la misma familia, pues desciende en línea recta de la seguidilla".


















