Diálogo entre el alcalde de Madrid, Juan Barranco y el Doctor Raúl Olmedo Carranza
Diálogo entre el alcalde de Madrid, Juan Barranco Gallardo y el Doctor Raúl Olmedo Carranza
En Guadalajara se celebró entre los días 14 y 16 del mes de junio de mi 1988 el XIX Congreso de la Organización Iberoamericana de Cooperación Intermunicipal, que contó con la presencia de destacados dirigentes y estudiosos de la problemática municipal. Uno de los asistentes fue el alcalde de la ciudad de Madrid, el doctor Juan Barranco Gallardo, sucesor del profesor Enrique Tierno Galván, quien ciertamente dejó una profunda huella en la conciencia cívica de los madrileños. El actual alcalde de Madrid y el doctor Raúl Olmedo Carranza, Vocal Ejecutivo del Centro Nacional de Estudios Municipales, sostuvieron un interesante diálogo sobre diversos temas que atañen al municipio madrileño y también ampliaron su conversación a otros puntos de convergencia entre el municipio español y el municipio mexicano. A continuación el texto de este interesante diálogo:
¿Cuáles considera que deben ser los principales atributos que debe poseer un alcalde de una ciudad como la de Madrid?
Yo creo que el primer atributo de cualquier representante político es conocer muy bien cuáles son los problemas de la realidad sobre la que opera y percibir muy bien las aspiraciones de los ciudadanos que lo han elegido y otorgado su confianza, para poder ejercer esa responsabilidad que los cargos públicos democráticos llevan consigo. En definitiva, hacerse acreedor de la confianza y asumir la responsabilidad que el pueblo le otorga de una manera soberana y libre. Creo que eso es lo principal. Si además de eso, tiene un conocimiento de la realidad y el cariño de sus ciudadanos, estimo que contará con los principales atributos. Pero el cariño de los ciudadanos hay que ganárselo con una postura de modestia, sabiendo que cuando se tiene un cargo público hay que ejercerlo al servicio de la colectividad, al servicio de la sociedad y no al revés, que la sociedad esté al servicio de uno.
Esta idea, que normalmente todos tenemos clara al llegar a los cargos públicos suele olvidarse con mucha facilidad pasado un tiempo en el cargo. Por eso, es un ejercicio muy sano recordar periódicamente que somos servidores públicos y que estamos al servicio de la sociedad y no al revés. Por otra parte, es básico para un cargo público tener un sentido provisional del poder, saber que los cargos no son eternos y que uno tiene que estar ligero de equipaje, como decía nuestro poeta Antonio Machado.
Pero un alcalde de una ciudad como Madrid, ¿qué características debe tener, sobre todo cuando su municipio es también la sede del poder del Presidente de España?
Si hiciéramos un retrato robot, si se lo encargáramos a técnicos especialistas, seguramente saldría lo más distinto, lo más alejado de la realidad, como suele suceder en los ejercicios teóricos y en los apriorismos que se establecen de una manera completamente teórica. El alcalde que necesita un pueblo es aquel que tiene la confianza de la mayoría de sus ciudadanos. Y luego cada alcalde tiene sus características, tiene su formación, su capacidad, su propia personalidad, su manera, de ver las cosas. Sería, pues, muy difícil establecer un retrato robot de los alcaldes de determinadas ciudades que pudiera responder a lo que el pueblo soberano decide en última instancia. Si nos pusiéramos a analizar las características, tas circunstancias y la personalidad de los alcaldes, por ejemplo de las capitales europeas más importantes, y si el mismo ejercicio hiciéramos en América, encontraríamos una gama de gran diversidad, por ello resulta imposible establecer un retrato robot de ese tipo de cargos.
¿Cuáles considera que fueron los principales atributos de un alcalde como Enrique Tierno Galván?
El tenía muchos atributos. Antes que alcalde era profesor, y yo creo que ejercía precisamente su cargo de alcalde desde esa personalidad de profesor. Como alcalde de Madrid fue un hombre muy pedagógico que reflexionó profundamente sobre la ciudad y sus problemas y que supo explicarlo luego al pueblo en un lenguaje llano, sencillo, que el pueblo entendía. Además, por su manera de ejercer el poder público, se hizo querer por la inmensa mayoría de los ciudadanos. Su figura ha trascendido a la del alcalde de una ciudad, para convertirse de un gran atractivo desde el punto de vista humano, desde el intelectual en el ámbito internacional aunque fundamentalmente en los países iberoamericanos.
Si se tuviera que seleccionar lo más ejemplar de Tierno Galván que se pudiera recomendar a otros alcaldes, ¿qué recomendaría usted?
Bueno, hay características de él que yo procuro recordar y aplicarlas a mí mismo, porque soy el primer interesado en poner en práctica estos consejos, estas enseñanzas, ya que tuve el privilegio de trabajar con él como vicealcalde durante varios años. Si tuviera que resumir la contestación diría que lo que resalta es la gran presencia, la gran comprensión que él tenía de los problemas, sobre todo de las opiniones ajenas.
¿Cuál cree que haya sido el éxito de la administración de Tierno Galván?
Yo creo que acercar la administración local al ciudadano. Es decir, que el ciudadano madrileño sintiera al ayuntamiento, como algo propio, como algo querido por él. Ese fue uno de los grandes éxitos; y otro quizá sea la capacidad de interesar a la juventud por los problemas de la ciudad.
Ese acercamiento entre el gobierno municipal y la sociedad operativamente, ¿cómo lo lograba la administración del profesor Tierno Galván?
Pues con un talante muy abierto. Como hemos dicho, él era un hombre muy abierto, muy dialogante; tenía un gran sentido de la tolerancia y del respeto a las ideas ajenas que transmitía en todas sus manifestaciones públicas. El ciudadano captaba ese espíritu. Tierno Galván decía que el alcalde antes de tomar las decisiones o tomar las últimas decisiones, debía tener muy en cuenta esas opiniones, esa manera de sentir o de pensar de los ciudadanos. Además de eso en el terreno práctico se hicieron bastantes cosas que coadyuvaron para que se estableciera esa confianza y relación de cercanía con la administración. Las asociaciones de vecinos de todos los barrios o de los distritos de Madrid, fueron reconocidas, protegidas, ayudadas política y económicamente por el Ayuntamiento de Madrid. Nosotros financiamos a la Federación regional de asociaciones de vecinos. Estas asociaciones tienen entrada en las comisiones deliberantes del Ayuntamiento de Madrid, pueden intervenir en cualquiera de los temas que se discuten en el Ayuntamiento con voz y sin voto y pueden incluso intervenir en los planes del propio Ayuntamiento.
¿Está reglamentado?
Sí, bajo unas normas de participación ciudadana que se elaboraron en el año de 1979, que luego hemos ido ampliando y desarrollando hasta unas últimas que acabo de firmar con la representación de todos los vecinos de Madrid. Con la experiencia adquirida del año 79 a la fecha, hemos abierto más esos canales y vías de participación de los ciudadanos que ahora se refleja en las distintas normas que hemos ido elaborando. Aunque nuestra experiencia es modesta y como ocurre en una conversación corta, no da tiempo a profundizar ni de matizar; hay que decir también que el proceso de participación social ha sido conflictivo; no ha sido una cosa ni rápida, ni fácil, ni automática. Muchas veces las sociedades de vecinos se dedican fundamentalmente a criticar, a reclamar y a reivindicar cosas y no siempre eso se comprende por parte del gobierno. A veces las acusamos de ver sólo parcialmente y de una manera muy egoísta aspectos muy concretos de los problemas de la ciudad, porque creemos que nosotros tenemos la gran visión global de los problemas y eso nos ha creado muchos conflictos. Seguiremos viviendo seguramente unas relaciones dialécticas, conflictivas, pero eso sí, con una nueva voluntad muy clara por nuestra parte de abrir, de establecer cauces de participación de estas asociaciones, porque creemos que es importante para el buen gobierno del ayuntamiento que los ciudadanos se sientan implicados, que sientan como suya la gestión del gobierno municipal.
¿En qué puntos ha sido más conflictivo este proceso de participación ciudadana y qué se ha hecho para salir adelante?
Hablo de nuestra experiencia española, que posiblemente no tenga mucho que ver con la situación de ustedes. En nuestro caso concreto uno de los problemas iniciales fue que estas asociaciones de vecinos eran en muchas ocasiones utilizadas por determinados partidos políticos -fundamentalmente el Partido Comunista-, para camuflar posiciones que no eran reivindicativas ante la administración, sino eminentemente políticas. La fuerza que no obtenía en las urnas, en las confrontaciones electorales, el Partido Comunista la quería obtener a través de esos movimientos sociales; era una utilización negativa de los movimientos sociales. Los partidos políticos tienen su papel, su esfera de actuación. Pueden hacer propuestas claras y legítimas a los ciudadanos para que éstos elijan y decidan.
Los movimientos vecinales son eminentemente reivindicadores frente a la administración, plantean sus problemas inmediatos, sus problemas cotidianos, de los cuales no se debe hacer una utilización partidista. Deben agrupar, a mi juicio, a todo tipo de personas sin distinción de ideologías ni de credos políticos. Al principio no era así, y entonces las relaciones se enturbiaban. Otro problema era que a los gobernantes municipales no los elegía directamente el pueblo. Entonces veíamos a los movimientos vecinales como una usurpación de nuestra responsabilidad democrática. Poco a poco nos hemos ido convenciendo de que esas asociaciones no suponen una vejación de nuestra representatividad, de nuestra responsabilidad, de nuestra responsabilidad democrática, sino supone un enriquecimiento de puntos de vista, de alternativas, ideas y proyectos que son positivos para el conjunto de gobierno de la ciudad. Como se puede usted imaginar, se trata de un proceso muy largo, de diálogo, de flexibilidad, de ir entendiendo las cosas, de ir comprendiendo un poco mejor. Los movimientos vecinales han ido entendiendo también que su papel no es usurpar a los representantes legítimos del pueblo ni ser instrumento de los partidos políticos, y que tiene otros cauces y otras vías de participación.
Hemos visto que efectivamente los partidos políticos han perdido terreno en los aspectos de la vida local, en lo que se refiere a las demandas de los ciudadanos en cuanto a servicias públicos para su bienestar. Frecuentemente ocurre en los municipios mexicanos que los ciudadanos se organizan y establecen la relación directa con el ayuntamiento. ¿Podríamos pensar que esta "apolitización" de los grupos sociales que se ponen directamente de acuerdo con el gobierno municipal sin pasar por los partidos, es una situación solamente transitoria originada por el hecho de que los partidos no habían contemplado este resurgimiento repentino de la vida local y de la participación social, perdiendo así terreno en esta mediación entre sociedad y Estado? ¿Podría pensarse que más adelante recuperarán terreno?
Yo creo que en las relaciones que se deben establecer entre Estado y sociedad necesitamos intermediarios, sin ninguna duda. De hecho hay intermediarios que están institucionalizados y quizá no se reflexiona mucho sobre su papel eminentemente de meditación, por ejemplo, la función que juegan los medios de comunicación que son intermediarios de la sociedad y de los poderes públicos, y que también lo deben ser de los partidos políticos. Claro, para esto tienen que reunir un requisito: tener la capacidad y sensibilidad suficientes para captar esas demandas sociales y trasladarlas al conjunto de las instituciones públicas que forman el Estado. En la medida en que los partidos políticos, que son los que vertebran la democracia, pierden esa sensibilidad, aparte de que a mí, en lo particular, me parece un fenómeno extraordinariamente negativo y peligroso, serán suplantados por otro tipo de mecanismos. Por ejemplo, los sindicatos también son intermediarios entre los poderes públicos y la sociedad, concretamente de la sociedad asalariada; en la medida que el sindicato deje de ser el representante genuino que recoja las aspiraciones de los trabajadores para trasladarlas al Estado, y por lo tanto, de garantizar la responsabilidad de los acuerdos de esta labor de intermediación entre unos y otros, en la medida que los sindicatos pudieran perder ese papel surgirían los movimientos espontáneos que normalmente son unos movimientos crispados, sincopados. Eso es malo para la sociedad; yo creo que la sociedad y el Estado necesitan intermediarios válidos, capaces de ejercer esa mediación y ese diálogo de ida y vuelta constante entre unos y otros. Los movimientos, las asociaciones de vecinos, de una manera muy concreta y muy específica, cumplen un papel que no tienen por qué asumir los partidos políticos y que no va en menoscabo de éstos. Una comunidad de vecinos, una manzana de vecinos gestiona un semáforo, una mayor iluminación pública, un mejor servicio de limpia a un jardín público. Es decir, busca solución a problemas muy locales, muy concretos, muy localizados. Ese papel reivindicador, que no tiene carga ideológica, que es meramente una reivindicación de bienestar de las condiciones de vida diaria, ese papel puede ser perfectamente asumible por las asociaciones de vecinos, sin que esto suponga un menoscabo de los partidos políticos que normalmente hacen planteamientos globales, más a largo plazo, más generales, más ágiles. Por lo tanto, no debe establecerse ninguna competencia, ninguna rivalidad entre asociaciones de vecinos y partidos políticos.
¿La declinación de los partidos de izquierda en muchos países y, el aumento del abstencionismo electoral, podría explicarse por el hecho de que las demandas de cambio global que planteaban los partidos han sido sustituidos por la demanda pequeña, la del bienestar local?
Yo creo que en este momento, por lo menos en el ámbito europeo, se podría hablar sin ninguna exageración de una cierta crisis de la izquierda. En este sentido, yo creo que la izquierda tiene que hacer un gran esfuerzo de reflexión porque puede ser que algunos de sus postulados, algunas de sus propuestas en este mundo moderno, en este mundo de la cibernética, de la fibra óptica, posiblemente hayan quedado ya envejecidos, o que la izquierda no ha sabido ir planteando otras alternativas, otras propuestas a esa realidad social que vivimos ahora. Quizá se pueda hablar de una cierta crisis de la izquierda en su conjunto y de la necesidad de una reflexión colectiva para dar respuestas adecuadas a los problemas que esa sociedad moderna tiene planteados. Lo que es evidente también es que la izquierda en su conjunto, al menos en Europa, ha renunciado a esas viejas utopías de la revolución radical. Creo que la toma del Palacio de Invierno en la Unión Soviética (en octubre de 1917), la Revolución Francesa, incluso la Revolución Mexicana en esta época contemporánea, ya no entran en la propuesta y la reflexión de la vieja izquierda europea. Yo creo que todo mundo ya se ha dado cuenta de que eso no es posible. En ese sentido, lógicamente, hay una revisión de las posiciones de lo que podemos denominar la vieja izquierda europea.
¿Se podría decir que ha ocurrido un cambio en el sentido de que la idea de la transformación cualitativa de modelo ha venido a ser sustituida por la idea de un mejoramiento cuantitativo del bienestar a través de más y mejores servicios públicos; es decir, que los servicios públicos han tomado importancia verdaderamente grande en comparación con hace unos cuantos años?
Yo creo que el socialismo utópico, que estuvo en el origen y nacimiento del socialismo en Europa, o el socialismo revolucionario de una Rosa Luxemburgo, por ejemplo, o de nuestro propio Pablo Iglesias, el fundador del Partido Socialista Obrero Español, ha ido decayendo en favor de la idea de un socialismo del norte de Europa, de un socialismo democrático, modelando lo que sería sencillamente la sociedad democracia en la actual acepción de la palabra, no en la que tenía en los tiempos primitivos del socialismo. Es decir, no en una línea de transformaciones radicales o revolucionarias, sino mas bien en una línea de un reparto mas equilibrado, más justo, de la riqueza. Una mejor distribución, más igualitaria, más equitativa y la garantía de unos servicios mínimos para cualquier ciudadano sea cual sea su status; es decir, una buena asistencia sanitaria, una buena educación escolar, una buena pensión, un buen retiro y una buena atención a los jubilados, etcétera. Un estado de bienestar que no pasa por la revolución o por el cambio radical, sino que pasa por una mejor y mayor distribución de la riqueza y de unos mejores servicios públicos que garanticen los mínimos de bienestar de los ciudadanos. Eso es lo que se puede llamar, sin ningún rubor, social-democracia europea, que quizá sea el modelo imperante en este momento en muchos partidos. Todo esto hay que analizarlo y contemplarlo en función de la realidad de cada país. Y este modelo yo creo que puede ser razonable y perfectamente defendible en las situaciones de los países europeos. Ahora bien, en países donde hay 10 o 20 señores muy enriquecidos y cinco millones de señores que viven en la miseria, este tipo de modelo social-demócrata posiblemente no tiene ninguna validez. Yo creo que todas estas cuestiones hay que analizarlas a la 1uz de la realidad social en la que se vive, en cada sitio, y en cada momento.
Regresemos a la relación entre Estado, partido y sociedad. En la época en que el municipio y las autoridades locales no tenían gran importancia, los partidos ocupaban ese papel de mediación entre la sociedad y el Estado. Pero ahora que los gobiernos municipales y, más aún, los gobiernos de las comunidades que pertenecen a un mismo municipio, van creando órganos de gestión, de autogobierno, ¿no van llevando ellos este papel mediador que ejercían antes los partidos políticos y en consecuencia, los partidos políticos tienden a extinguirse en el largo plazo?
Yo creo que no. Pero posiblemente mi respuesta sea interesada porque soy un hombre militante de un partido de izquierda. Es mi respuesta como demócrata, como militante. No pretendo situarme por encima del bien y del mal y dar una respuesta teórica, sino una respuesta desde mis compromisos vitales como demócrata y como socialista. Yo creo que todo lo que implique disminución del papel de los partidos políticos, todo lo que menoscabe la vitalidad de las organizaciones políticas, que son los cauces de expresión de las ideas, etcétera, es peligroso desde el punto de vista de la consolidación de la democracia. Creo que es peligroso, a. mi juicio, que entes intermedios entre tos poderes públicos y la sociedad puedan menoscabar el papel de los partidos políticos. En Europa, los municipios tienen cada vez más importancia y más un papel en el conjunto del Estado, pues son parte del Estado. Por ejemplo, ya no hablamos de la Europa de las naciones y de los estados sino de la Europa de las ciudades, porque estamos convencidos de que en las ciudades tenemos más facilidad de relación, de intercambio, de comunicación. Pensamos que es más fácil la paz y la solidaridad a través de los contactos con los mas directos representantes de los ciudadanos que son los municipios, que a través de esa gran complejidad que son las relaciones internacionales. En países como Francia, por ejemplo, resulta difícilmente concebible que alguien llegue a Presidente de la República o a ministro, si no ha sido, o es, en ese momento, alcalde de una ciudad. Están los ejemplos de Mitterrand, de Chirac, de Gastón Deferre. Y en España, con otro tipo de cultura política, sin llegar a estos extremos, el papel de los municipios es cada vez más importante. Las transferencias de los presupuestos generales del Estado a las haciendas municipales van siendo cada vez más importantes. Es evidente, desde mi punto de vista, que en la construcción de una sociedad moderna, los municipios deben tener cada vez más fuerza, más presencia. Y para ello, lógicamente necesitan tener más medios económicos a través de sus impuestos propios y de los presupuestos generales del Estado. Porque además, se ha demostrado con una evidencia meridiana que los municipios son una unidad de gasto muy eficaz, y fácilmente controlable por estar cerca de las necesidades y del contacto con los ciudadanos. La tendencia es a canalizar cada vez mayor cantidad de recursos económicos del Estado a los municipios, en detrimento de los organismos, digamos, de planificación o de gestión superiores.
Ahora bien, todo esto no debe ni tiene por qué hacerse en menoscabo del papel de las organizaciones políticas y sindicales, que siguen siendo, desde mi punto de vista, los motores que le dan vida al pueblo.
En ese sentido, ¿habría entonces simplemente que esperar una adaptación del papel de los partidos y de los sindicatos para ligarse más a la vida local?
Yo siempre hablo de mi experiencia, de la situación española, no extrapolo a otras experiencias las situaciones que son distintas y a las que yo no me considero, ni política ni ideológicamente preparado para hacerlo. En el Partido Socialista, al principio su organización era por afinidad, por militancia sectorial; por ejemplo, había una agrupación de profesores, otra de obreros, etcétera. Pero ahora la organización del PSOE está adecuada a la misma distribución administrativa del Ayuntamiento de Madrid. Se tiene una agrupación por cada distrito de Madrid, pretendiendo recoger las demandas que surgen en estos barrios, en esos distritos. Es decir, el partido tiene una estructura totalmente territorializada. ¿Qué se aconseja dentro de nuestro partido?: que nuestros militantes, además de ejercer la militancia en su sector profesional, asistan a debates, a discusiones, que no sean estrictamente políticas o partidistas, que se involucren cada vez más en las asociaciones de sus barrios, en los movimientos asociativos. Es decir que sin renunciar a su posición de socialistas, ejerzan un papel de doble militancia y que participen también en los movimientos sociales que se generan en las asociaciones de padres de alumnos, en las asociaciones de vecinos, en las agrupaciones deportivas o culturales, etcétera. Es decir, que se introduzcan en el tejido social, de tal manera que esa separación que pueda haber entre la política del partido y la vida del barrio no existan; que el militante también traslade a su partido esa vida que se da en el barrio en el aspecto deportivo, cultural, educativo, y en el uso y mejoramiento de los servicios públicos y del equipamiento colectivo.
¿Este cambio del predominio de lo sectorial sobre lo territorial, y este surgimiento de lo territorial para subordinar a lo sectorial, de cuándo data en España?.
En nuestro caso, apenas de un poco antes de las primeras elecciones democráticas del año de 1977. Estamos hablando de once años. En general, yo creo que en este momento todos los partidos, tanto de izquierda como de derecha han adquirido un sistema organizativo territorial. Incluso los sindicatos que históricamente formaron sus organizaciones por ramas de producción o de actividad (construcción, comercio, sanidad, etcétera), han adquirido también formas de organización de tipo territorial. Algunas veces los propios sindicatos recogen las reivindicaciones, digamos, estrictamente urbanas, estrictamente ciudadanas, las hacen suyas. Lo cual viene a demostrar que el sindicato no tiene un papel único, exclusivamente reivindicativo en su fábrica, en su empresa, sino que ha ampliado su sensibilidad y su capacidad de lucha a aspectos ciudadanos. Creo que estos son fenómenos importantes que se han producido en las últimas décadas y sobre todo los que merece la pena reflexionar, porque esto está poniendo en evidencia que los departamentos estancos y la especialización de cada uno, no tiene ya validez. La sociedad moderna es mas plural, mucho más compleja y exige que las organizaciones lógicamente se adapten a esa realidad. Los medios de comunicación y los avances tecnológicos han contribuido a que esta sociedad sea más compleja. Las organizaciones sindicales y políticas tienen que abordar esa complejidad, esa nueva situación social.
En la mayoría de reuniones de alcaldes, como la que estamos teniendo ahora, este tipo de problemas casi no se abordan. Sin embargo, a mi manera de ver, son precisamente estas discusiones las que deberían abordarse y ser el centro de los intercambios entre los alcaldes. ¿Por qué no se abordan, por qué las discusiones en estos congresos se van hacia lo cuantitativo, hacia cómo mejorar la limpieza de la ciudad, cómo planear mejor los asentamientos humanos?. Sin duda es importante todo ello, pero a final de cuentas el fondo de las cosas en esta época tan complicada está en el cuestionamiento de la relación Estado-sociedad-partidos.
Yo estoy totalmente de acuerdo con la afirmación que usted acaba de hacer. Algunas veces tengo la impresión de que los temas que se tratan o se abordan en los congresos no interesan demasiado y que este tipo de reflexiones que entre todos deberíamos hacer ayudarían a enriquecernos para tener una visión más profunda de las cosas. Por la propia estructura de los congresos es difícil establecerlo, porque se necesita un clima de mayor tranquilidad, de mayor serenidad que ese clima que generan los congresos, que más que para la reflexión sirven para los contactos, para establecer relaciones, pero no para profundizar seriamente sobre líneas de pensamiento o sobre retos que la sociedad actual plantea. Pudiera surgir la iniciativa de otro tipo de reuniones con temas menos perentorios, menos urgentes, menos cuantitativos, y que nuestras propias organizaciones facilitaran ese otro tipo de encuentros con menos asuntos protocolarios, con menos medios de comunicación, con menos formalidades de cara al exterior. Debemos hacer un esfuerzo para que el trabajo de tener día a día las calles limpias, los semáforos funcionando, etcétera, no nos impida levantar la vista y reflexionar de una manera más profunda sobre el acontecimiento contemporáneo de la mayor amplitud que es la aparición de las grandes urbes, de las grandes concentraciones urbanas. En muy corto tiempo nuestras sociedades, que eran eminentemente agrícolas, campesinas, rurales, se están convirtiendo en sociedades urbanas; y eso supone un cambio cualitativo tremendo sobre el que se reflexiona muy poco. Creo que estamos asistiendo en las últimas décadas, de una manera quizás un tanto impasible, a un gran cambio de estructura social, sin que hayamos reflexionado sobre las consecuencias, por ejemplo, de la aparición del automóvil en nuestra sociedad, que es un hecho relativamente moderno que nos ha tomado a todos desprevenidos. El automóvil es un elemento de status social, es la gran aspiración de los ciudadanos, pero al mismo tiempo es un elemento muy agresivo para el ser humano. Se reflexiona muy poco sobre esta transformación social que estamos viviendo, de convertirnos de una sociedad de campesinos, en una sociedad urbana.
Sin embargo, en mí práctica cotidiana de estar dialogando con los presidentes municipales, de estar trabajando en apoyo del movimiento municipalista en México, me doy cuenta de que fuera de las reuniones formales surgen este tipo de preocupaciones, tal vez no con la generalidad o con el sello filosófico que le estamos imprimiendo en esta plática. Pero sin duda estos problemas están en el fondo de las preocupaciones. Siempre hay una solución técnica para el problema de la basura, para el problema de los asentamientos humanos, pero en cambio no hay una solución técnica que se encuentre al momento para discutir fenómenos relativos a esta enorme transición que está ocurriendo. Como que hay que rascar, quitar costras a la relación, al diálogo.para poder extraer este tipo de preocupaciones que las noto igual en usted que en un presidente municipal de la sierra de Oaxaca.
Estamos muy pillados por la inmediatez, por la urgencia, por las prisas de esta sociedad. En las ciudades se vive muy de prisa y lógicamente los alcaldes, los responsables municipales, tenemos que adaptar nuestros ritmos a esa velocidad. Eso nos hace un poco víctimas de esa improvisación, de esa rapidez, de esa precipitación con la que viven nuestras ciudades y que a nosotros nos afecta también. En el fondo cada uno de nosotros espera tener ese momento tranquilo, sereno, relajado, para poder expresar esas preocupaciones profundas que llevamos dentro y que en nuestro quehacer diario, en nuestra responsabilidad, no tenemos el tiempo preciso para poder hacerlo. Quizás se podría hacer algo sobre estos temas con el municipalismo iberoamericano; establecer alguna línea de reflexión a través de una revista u otro tipo de publicación, y esporádicamente también a través de algún encuentro, pero a la vez más profundo. Podríamos quizás iniciar en Iberoamérica la creación de una revista más teórica que nos permita además de intercambiar nuestras experiencias técnicas, de expertos, de funcionarios y de los problemas que nos agobian a diario en la ciudad, intercambiar también líneas de reflexión de este tipo, más perennes, que lleven consigo mayor índice de meditación y de reflexión.
SEGMENTOS
Los pasos de Juchitán: Un ayuntamiento de oposición y una coyuntura regional del poder en el México contemporáneo.
Moisés J. Bailón
1.- Introducción
En el presente contexto pretendo analizar la forma en que distintas fuerzas sociales y políticas, desde diversos niveles de integración social -local, regional y nacional-, intervinieron, primero, para determinar el triunfo de la COCEI (Coalición Obrero-Campesino-Estudiantil del Istmo) en las elecciones municipales de Juchitán en 1990 y 1981 y, posteriormente, para el desconocimiento de dicho Ayuntamiento por parte de la legislatura oaxaqueña en 1983.
Juchitán es uno de esos extraños pueblos con historia propia, A diferencia de otras poblaciones que la historia nacional les da su identidad, los juchitecos han asimilado la historio de los grupos que dominan el país, pero como complemento de una historia local, que se enriquece, vive y transmite por tradición oral, con su propio santoral de héroes y su propia mitología. Esto les ha dado un sentimiento de colectividad, autonomía y ha reproducido en sus habitantes la identidad de ser juchiteco o "teco", perceptible en cualquier parte en que dos nativos se encuentren. La historia oral de Juchitán habla de la derrota que infligieron a los franceses en 1866, de sus enfrentamientos con Juárez por la defensa de sus salinas en el istmo oaxaqueño, del levantamiento de Che Gómez en 1911 contra el régimen porfirista y del papel de los soldados juchitecos comandados por Heliodoro Charis en contra de los cristeros en Colima.
Aunque pueda hablarse de esta población istmeña como poseedora de un pasado cercano en que era completamente homogénea y como únicamente zapoteca, ha sido hasta las últimas décadas, cuando el proceso modernizador llegó a la región, cuando han aparecido en su interior contradicciones sociales más abiertas y se han gestado profundas luchas sociales. Si la cultura juchiteca -fusión de lo zapoteco y de la historia política de la población- coexiste y persiste con otros elementos de modernidad, las luchas recientes que se viven en el municipio son tanto expresión de su resistencia a desgajarse como vida colectiva, pero también resultado del proceso de penetración que transforma sus anteriores formas de existencia. Puede tratarse incluso de un movimiento de redefinición de esa conciencia colectiva de lo juchiteco, ahora penetrado por enfrentamientos entre grupos de la misma población.
El problema social más importante de Juchitán, y que es el jefe de la división entre los grupos sociales locales, es el relacionado con la reproducción de las condiciones materiales de la vida de la mayoría de los habitantes pobres: la tierra comunal. Desde 1949 los campesinos juchitecos habían venido gestionando la confirmación de sus extensos terrenos comunales, cuyos títulos primordiales habían sido devorados por un incendio en el siglo XVIII. Sin embargo, los conflictos internos surgen hasta la creación de la presa de almacenamiento "Benito Juárez" y el distrito de riego número 19 en 1961. Al beneficiarse más de 50 mil hectáreas con el riego -32,995 de las cuales pertenecían a Juchitán y sus anexos-, el Estado buscó integrar al campesinado a canales institucionales de crédito, cultivos comerciales y control oficial extendiendo un decreto donde, en lugar de restituirlo o confirmar los bienes comunales, se creaba una posesión ejidal por acuerdo presidencial en 1964. Sin embargo, el decreto no se cumplió cabalmente porque dos años más tarde, siendo Presidente Gustavo Díaz Ordaz, se autorizó un acuerdo a través del Cuerpo Consultivo Agrario que alteraba el decreto, y otorgando 2,500 títulos de propiedad privada que amparaban unas 25 mil hectáreas del distrito irrigado. Por un lado la dotación ejidal alteró la posesión comunal tradicional y, por el otro, al violentarse el acuerdo presidencial previo, se crea una nueva forma de propiedad único en el país: propiedad privada de origen comunal.
Esta situación ha fortalecido dos grupos agrarios que han incorporado distintos aliados dentro del municipio. Por un lado los propietarios privados y. por el otro, los comuneros encabezados por la COCEI desde 1974 -año en que esta organización nace-. Las pugnas se habían expresado desde años antes en las elecciones municipales pero principalmente en la disputa por el control del Comisariado comunal de Juchitán, única autoridad reconocida para gestionar la aplicación de los acuerdos presidenciales en materia agraria comunal. Con el surgimiento de la COCEI la lucha por la recuperación de los bienes comunales cobró mayor fuerza a tal grado de que han sido varios los enfrentamientos entre los grupos y entre los comuneros, su dirección política y algunos gobiernos estatales. La represión gubernamental ha aparecido varias veces y la elección de las autoridades agrarias locales se ha pospuesto por algunos años.
Sin embargo, en 1981, después de varios intentos, la planilla propuesta por la COCEI para dirigir el Ayuntamiento istmeño logra triunfar. Su triunfo, su gobierno y el desenlace final, el desconocimiento del Ayuntamiento coceísta, constituyen acontecimientos para caracterizar algunos de los elementos y mecanismos por lo que el poder se ejerce en el México actual. En esta coyuntura lo local, lo regional -definido en el marco del estado federado- y lo nacional se entrecruzan dinámicamente para producir un fenómeno ilustrativo de las relaciones estatales y de la formación de grupos y movimientos sociales a nivel regional.
Los límites más generales que se pueden trazar en el caso de la coyuntura del Ayuntamiento de la COCEI se inician con los acontecimientos de la anulación de las elecciones municipales en los dos últimos meses de 1980 y el triunfo de la planilla de la unidad popular (COCEI-PCM) en elecciones extraordinarias de marzo de 1981. El cierre del momento social se perfila en febrero de 1983, cuando realizan una marcha campesina a la capital del estado, empieza a concretarse en el enfrentamiento del 31 de julio entre la COCEI y el PRI, tiene como acontecimiento cumbre el 3 de agosto -cuando se desconoce el Ayuntamiento-, para apagarse en los meses siguientes con la movilización de defensa del cabildo desconocido, las elecciones del 20 de noviembre, el desalojo priísta en enero de 1984. Al principio y al final de la coyuntura -que toma los acontecimientos como referencia y expresión sintética de las relaciones de fuerzas existentes, pero cuya vida social los trasciende-, se encuentran diferencias en la forma en que se estructuraban las diversas fuerzas sociales y organizaciones políticas, tanto las municipales, como las de la entidad oaxaqueña y aún a nivel nacional.
2.- Las fuerzas en 1980 y 1981
Por lo anterior, creo que respecto al triunfo electoral de 1980-81 necesito enriquecer dinámicamente los aspectos que intervinieron.
A nivel de la sociedad nacional operaba una apertura del grupo gobernante que permitía en esos años la expresión -aunque no completamente libre y autónoma- de algunas diversidades políticas, La Reforma que comenzaba con el famoso discurso de Reyes Heroles en 1977, abría una forma de relación hacia algunas minorías políticas del país. Se pretendía legalizar e incorporar por la vía electoral las disidencias de sectores tradicionalmente relegados de la participación dentro de los cauces reconocidos del gobierno, además de buscar el fortalecimiento hegemónico del grupo en el poder. La crisis política de 1968, la guerrilla urbana y rural activada en los primeros años de los setenta, el abstencionismo, el control sindical y la represión en el campo eran otros tantos índices de la pérdida de legitimidad del sistema político frente a algunos sectores medios politizados. Este marco nuevo de pluralidad controlada permitió entre otras cosas el reconocimiento de nuevos partidos políticos como el PCM, el PST y el PDM, se les dio el carácter de entidades de interés nacional a las organizaciones y a los partidos v se abrieron espacios a los medios de comunicación pata la difusión de sus idearios.
La Reforma Política finalmente terminó en una reforma electoral que permitía la participación de las organizaciones que se expresaban nacionalmente. Con las elecciones federales de 1979 mostraba sus limitaciones nacionales, En 1980 en Oaxaca se expresaría en la lucha por el control de los Ayuntamientos. Aquí, como en los demás estados, afrontarían sus restricciones. Las Legislaturas instrumentarían en cada estado las modalidades generales dictadas por la Ley Federal de Organizaciones v Procesos Políticos y Electorales y las modificaciones al Artículo 115 de la Constitución. El carácter urbano de los nuevos elementos electorales se palpa en el número de habitantes exigidos para que en un Municipio se pudieran integrar Ayuntamientos pluripartidarios -trescientos mil, según las adiciones al Artículo 115-. Con esta salvedad, ningún municipio oaxaqueño podía constituirse plurinominalmente, así que el gobierno estatal optó por participar de las nuevas rutas nacionales: la nueva ley electoral de Oaxaca baja el límite a los municipios con población de cien mil habitantes o más. La Reforma Política, en su aspecto pluripartidario, alcanzaría al municipio de Oaxaca, de Juárez, asiento de la capital del estado, por ser el único que cubría el requisito (Moisés J. Bailón. Elecciones locales en Oaxaca, 1980, en Mueva Antropología, No. 25, 1984). Las reglas electorales no fortalecían la participación de un gran número de mexicanos sin opciones previas de actividad política.
Sin embargo, en el caso de la COCEI se trataba de una fuerza social real, constituida desde varios años antes v con gran presencia entre la población juchiteca. La política nacional de apertura hacia fuerzas de oposición que se incorporaran a las exigencias legitimantes del Estado lleva a la COCEI a decidir participar con el registro nacional del PCM -hoy PSUM- en las elecciones municipales de Juchitán por varias razones. El cambio de autoridades municipales había sido violento en las cuatro elecciones anteriores. En las dos primeras, cuando la COCEI no se creaba todavía, un grueso sector de la población rechazaba las imposiciones del partido oficial (1968-1971). En 1971. con el registro del PPS, el descontento popular lograba lo instauración de una Junta de Administración luego de anularse las elecciones: pero el líder del movimiento, que encabezaba la Junta, abandonaba los principios de sus seguidores. En 1974 nacía la Coalición, dirigida por un cerrado y hermético núcleo de jóvenes de extracción estudiantil -que persiste hasta la actualidad-, organizando y encabezando diferentes demandas de la población, hasta concretizar lo que sería el eje de su lucha; la recuperación de las tierras comunales de los zapotecos de Juchitán acaparadas por propietarios privados.
En 1974 y 1977 la COCEI participaba con candidatos propios y planillas independientes en las elecciones municipales; los resultados favorecieron a los candidatos priístas y al denunciar procedimientos fraudulentos, finalmente habría represión gubernamental en su contra. En esos años, la participación en las elecciones municipales era considerada por la organización como un medio de agitación y concientización que sustentara su lucha por la tierra. Para 1980 la visión de la COCEI se modificaba. Con una historia y experiencia de seis años de lucha, la alianza electoral con el PCM se establece muy claramente; autonomía local de la organización en las tácticas de lucha y programa de gobierno, sin permitir que el PCM interviniera en su organismo, y la aceptación del registro y apoyo nacional que el partido instrumentara fuera de Juchitán. La COCEI considera su tradicional antipartidismo -resultado en parte de su experiencia electoral con el PPS en Juchitán- para aliarse al registro del PC. Polo de Gyves afirmaba ahora: "participar (...) nos ha permitido consolidar a nuestros contingentes que marchan con nosotros en este proceso electoral, y atraer nuevos sectores, fortaleciendo nuestro movimiento" (Entrevista con el compañero Leopoldo De Gyves de La Cruz, Punto Crítico, núm. 114, 1980, p.4).
Con una cobertura del gobierno federal que declaraba el respeto a las decisiones electorales que fueran favorables a la oposición, el triunfo de la alianza COCEI-PCM fue posible dentro de una lógica de estructuración del poder oaxaqueño que cubre diversos niveles espaciales. Localmente, en el municipio, la COCEI movilizó electoral y políticamente a una amplia capa de los grupos sociales pobres: comuneros, pescadores, artesanos comerciantes, jornaleros demandantes de tierra y asalariados de los niveles inferiores de calificación por su propia fuerza, más que por la del PCM y el POS -que en Juchitán se incorporaba a la campaña-. En Juchitán el discurso político, especialmente el zapoteco, es fuerza material de movilización y COCEI lo articuló con la recuperación de la tradición de lucha de los zapotecos del istmo en contra de las imposiciones del gobierno y la lealtad de la dirección política hacia sus bases, probada en su independencia frente al PRI y el enfrentamiento permanente con el gobierno estatal y las dependencias federales.
Pero la fuerza social de la COCEI en Juchitán se logró concretar electoralmente por la incidencia de otros factores.
- El enemigo electoral, el PRI, estaba enfrascado en pugnas y profundas divisiones municipales que afloraron durante la anterior administración del ayuntamiento y continuaron en el periodo de selección del candidato a la presidencia municipal durante la segunda mitad de 1980. Esto le dio votos a la COCEI, o cuando menos esta contó con la abstención de priístas descontentos con la nominación de su partido. El PRI no enfrentó en Juchitán de manera unificada a lo Coalición, ni tampoco logró la participación completa de los empresarios juchitecos a su favor.
- A nivel estatal la COCEI tuvo elementos que fortalecieron sus movilizaciones. La división local del PRI permanece porque en la entidad no hay alternativas de dirección claramente establecidas. Las elecciones municipales transcurrieron en un parteaguas político en lo entidad: en unos días saldría un gobernador interino Jiménez Ruiz y tomarla posesión en diciembre el gobernador electo en el mes de agosto: Pedro Vásquez Colmenares. Las exigencias de un clima de tranquilidad por la proximidad de la sucesión hace que las presiones de la COCEI (toma del palacio municipal exigiendo la anulación de las elecciones, movilizaciones en la capital oaxaqueña y difusión nacional del problema) consigan sus objetivos. El gobierno saliente no quiso resolver una cuestión que ya no le correspondió y dejó la solución al nuevo. Por su parte, Vásquez Colmenares decidió no iniciar su mandato con medidas violentas; además de que había hecho eco de la política de apertura del gobierno federal a lo largo de su campaña a la gubernatura.
Para la actitud del nuevo gobernante no sólo estaba el compromiso con la Reforma Política. Contaba también el hecho de que, recién llegado de la ciudad de México, no constituía aún su propio grupo político que lo fortaleciera frente a los demás grupos del partido locales y los grupos económicos de la entidad. Debilidad por no constituir aún su propia fuerza interna, pero fortaleza al tener cierto margen de autonomía frente a los intereses económicos dominantes. Con respecto a los grupos del PRI a nivel estatal, éstos estaban sumergidos en el proceso de reacomodo frente al nuevo gobierno, buscando colocar sus personeros en la administración o en las instancias de dirección política, en esa pugna que no siempre llega a los medios de difusión.
Tornado del libro Poder y dominación: Perspectivas Antropológicas, de Manuel Villa Aguilera (Editor), Caracas, URSHSLAC-EI Colegio de México.


















