Veracruz: 10 años de elecciones municipales. Ricardo Gómez Leyva
Veracruz: 10 años de elecciones municipales
Los resultados de las recientes elecciones municipales muestran una nueva realidad político electoral del estado de Veracruz, considerado durante muchos años como la reserva electoral del partido oficial. Esta nueva geografía electoral, hasta hace algunos años impensable, nos llevan a reflexionar sobre lo ocurrido durante las últimas cuatro elecciones municipales en nuestro estado. El objetivo de este trabajo es presentar en perspectiva lo ocurrido en esta década de elecciones municipales 1988-1997 y aproximarnos al análisis de la reciente realidad electoral del estado. Para ello abordamos cuatro aspectos básicos: la nueva geografía electoral, cantidad de municipios y su distribución entre los diferentes partidos políticos, la cantidad de votos obtenidos en cada una de las contiendas municipales y la población gobernada o próxima a serlo en el caso de la elección del 19 de octubre.
Por Ricardo Gómez Leyva (*)
La nueva geografía electoral
Entre 1988 y 1997 la geografía electoral ha mostrado dos cambios sustanciales, el avance de la oposición y su posicionamiento de los municipios más grandes del estado y a su vez la disminución de la presencia del PRI en éstos, manteniendo esta únicamente en dos de los 10 más grandes.
Es el centro del estado la zona que más población concentra y fue aquí donde se hizo más notorio el avance del PAN y PRD. Orizaba, Córdoba, Veracruz, Boca del Río, Xalapa. Por otro lado en el sur, Coatzacoalcos y Minatitlán, en el norte Tuxpan, el PRI conservó Poza Rica en el norte y San Andrés Tuxtla en la costa de Sotavento.
Otro de los cambios importantes durante este periodo es el proceso de regionalización de las preferencias electorales, notorio sobre todo en el centro, el sur, y configurando una franja en el norte del estado.
Este proceso de regionalización mantiene una relación estrecha con el contexto nacional, por una parte el avance de la pluralidad electoral sobre todo en las ciudades y por otra la conservación por parte del PRI del llamado "voto verde". Esta pluralidad electoral se concentra en los tres partidos de carácter nacional, PAN, PRD y PRI.
El PAN consolidó su presencia en la región Córdoba, Fortín, Orizaba, Río Blanco donde gobernó durante 1994-1997. Hoy extiende su presencia a Nogales, Ixtaczoquitlán, Cuitláhuac y Naranjal; también en el puerto de Veracruz refrendó su triunfo y lo hizo extensivo a Boca del Río. El PAN además logró penetrar más que en 1994 en otros municipios urbanizados, pero ahora lo hizo más en municipios rurales y pequeños.
También en la zona centro, el PRD triunfó en la capital del estado, y en algunos municipios cercanos, como Xico, Teocelo, Jalcomulco. Pero es en el sur del estado, donde no sólo refrendó sus triunfos en Jáltipan y, Cosoleacaque, sino que además ganó en Ixhuatlán del Sureste, Agua Dulce y sobre todo en Coatzacoalcos y Minatitlán.
En el norte, el partido del sol azteca gobernará además de Tuxpan y Coatzintla, una franja cercana con notorias características rurales:Álamo, Tihuatlán, Tancoco, Ixhuatlán de Madera, Coatzintla y Papantla. El PRD logró el voto de las áreas urbanas y extendió su presencia en ayuntamientos medianamente urbanizados.
El PRI a su vez experimentó un retroceso mismo que fue inverso al avance de la oposición, disminuyó su presencia en las municipios más importantes del estado, manteniendo únicamente Poza Rica y San Andrés Tuxtla, preservando una influencia considerable sobre todo en 54 municipios muy rurales y con menos de 20,000 habitantes. El resto son municipios de tamaño medio distribuidos a lo largo del territorio veracruzano.
Número de municipios 1988-1997
Para 1988 la oposición había ganado municipios rurales en su mayoría, aunque se generaron expectativas en la capital del estado y otras ciudades como Coatzacoalcos y Minatitlán. Su avante se circunscribió sólo a 15 presidencias municipales, distribuidas entre el PAN y los partidos del Frente Democrático Nacional, PFCRN, PPS, PMS, PARM. Durante las elecciones de 1991 la cantidad de municipios no varió, pero este año marca la aparición en el escenario estatal, del Partido de la Revolución Democrática, mismo que triunfó en 6 municipios.
El PAN a su vez comenzó a penetrar en ayuntamientos medianamente importantes como Papantla y Perote. Mientras el PRI mantenía su dominio en el estado. Todavía eran los tiempos del "carro completo".
Las elecciones municipales para el trienio de 1995-1997 marcaron el inicio de la competencia electoral entre los partidos políticos importantes a nivel nacional; PAN, PRI, PRD y esta fecha marca la aparición en el escenario electoral veracruzano de nuevos partidos políticos; como el Partido del Trabajo. A su vez otra tendencia se manifestó, un paulatino desplazamiento de los partidos satélites. El PAN y el PRD gobernaron 19 y 27 municipios respectivamente, en su conjunto la oposición gobernó un total de 59 municipios, mientras el PRI 148, es decir, el 28.5 y el 71.50% del total.
La competencia se hizo más reñida en las recientes elecciones del 19 de octubre del presente año: el PRI perdió su hegemonía en cuanto al numero de municipios ganados y la oposición experimentó el más importante avance en los últimos 10 años. En cuanto el número de municipios el PRI resultó ganador en 103, mientras la oposición en 107. En porcentajes, el número de municipios que el PRI gobernará será de 49%, más de la mitad de estos marcadamente rurales, mientras el resto de los partidos el 51 % (el cuadro uno muestra la distribución por partido político).
Votos y Partidos
Indudablemente que los cambios en este periodo de elecciones municipales son importantes. Hoy podemos afirmar que por un lado se acrecentó el nivel de competencia electoral y también el nivel de participación de los electores en las contiendas electorales, el porcentaje pasó de 31% en 1988 a un 58.35%, marcando un retroceso del abstencionismo. La competencia generó un aumento de los votos y su consiguiente distribución en las diferentes ofertas políticas, con resultados favorables para los partidos de oposición y un claro descenso de los votos obtenidos por el PRI que pasó de tener casi el 70 % del total de los votos en las elecciones municipales de 1988 y 1991 al 39% en las recientes elecciones de octubre; a su vez, el avance del resto de los partidos políticos paso del 26% en 1988 a aproximadamente el 60 %, porcentaje distribuido sobre todo entre el PRD y el PAN (Cuadro A). Hoy la distancia entre el PRI y el PRD en número de votos del último proceso electoral se distancia por 8.7%, diferencia volátil en los próximos comicios.
Dos conclusiones más, 1997 marca la desaparición de los partidos satélites, que formalmente pierden su registro estatal, PPS, PC, PDM y la consolidación de partidos emergentes como el PT que gobernará 6 municipios y el PVEM que lo hará en 2.
Población y Votos
Es en la relación de votos obtenidas y población gobernada o a gobernar donde se observa la redistribución más importante; son los partidos de oposición los que durante años estuvieron sin poder demostrar su capacidad de gobierno, que hoy tendrán esta oportunidad, además de que tendrán que asumir el riesgo que esto implica; ya no sólo gobernarán municipios pequeños y rurales como en 1988, a partir de 1998 administrarán ayuntamientos importantes en población y actividad económica. Si observamos este tránsito por el 4%, 6%, hasta el actual 61% del total de la población del estado, significa una verdadera redistribución entre las preferencias por parte de un electorado que mantiene fuertes expectativas sobre los próximos gobiernos municipales.
Estamos ante una reconstrucción a nivel estatal del sistema de partidos y ante una pluralidad equilibrada en términos de población y gobiernos municipales.
Es muy probable que en las próximas elecciones para diputados locales y gobernador los electores mantengan las tendencias actuales de la votación, lo que augura una competencia entre las tres fuerzas políticas a nivel estatal bastante equilibrada.
* Ricardo Gómez Leyva, historiador y maestro en métodos educativos, investigador de CETRADE.
SEGMENTOS
Municipio y transición política: Una pareja en formación
Alberto Aziz Nassif
Hipótesis para una lectura municipal
De forma cada vez más insistente es una realidad que la ciencia política se ha acercado a otras disciplinas sociales, y ha buscado nuevos problemas o nuevas preguntas a los viejos problemas. Ante la inmensidad de los fenómenos y la limitación de los recursos, han aparecido metodologías y referencias teóricas cada vez menos ortodoxas. En este caso, hubo criterios de apreciación política sobre el problema de la gobernabilidad, que se mezclaron con estudios de caso de tipo antropológico, con ingredientes de administración publico, economía y sociología, cuyo resultado tal vez se pueda apreciar en el conjunto de este libro.
En México es relativamente nueva la preocupación por los gobiernos municipales, o por la participación de la sociedad en este nivel de gobierno. Es posible que el interés vaya de la mano del aumento de la competencia electoral y de la alternancia de partidos en dicho nivel gubernamental. La frontera es sutil pero importante: cuando el municipio era un simple eslabón del aparato priísta, sus formas de gobierno estaban supeditadas al gobernador en turno y las posibilidades de participación social estaban enmarcadas en un patrón doble de obediencia regulada y de disciplina e intereses partidarios. La complejidad de los ayuntamientos no pasaba por formas plurales de interacción social. El supuesto es que hoy existe un cambio, y el punto de partida para analizarlo es que la relación de la ciudadanía con su ayuntamiento es un fenómeno nuevo y complejo que requiere de enfoques y de instrumentos diversos.
Este proyecto se ubica en las siguientes coordenadas: es difícil obtener una tipología de las cinco experiencias regionales, tampoco podría hablarse de algún valor de generalización porque no existe una muestra con todos los requisitos científicos para ello y, sin embargo, tenemos varias decenas de casos de gobiernos municipales de cinco regiones del país que nos ofrecen un conjunto importante de experiencias de cambio, de inercias y de procesos de transición.
El tema puede ser abordado de diferentes maneras. En este proyecto se optó por privilegiar una dimensión de estudio; la relación que se da entre el gobierno municipal y la participación de la sociedad, La pregunta guía es acerca de cómo esta relación procesa y digiere formas democráticas y, al mismo tiempo, eficientes, para gobernar. Después de la experiencia quedó más o menos claro que no existen modelos típicos y tampoco recetas para observar los casos.
Uno de los resultados del proyecto es que muestra dos dimensiones, la heterogeneidad entre regiones, y la homogeneidad de reglas, A pesar de que la dimensión de análisis es la misma en todas las regiones y en todos los casos, el resultado es heterogéneo y desigual, tal vez porque la diferencia social y económica de los municipios analizados genera respuestas políticas y formas de participación social particulares, pero al mismo tiempo, con características similares, dado que los municipios están inmersos en un sistema político común, tienen una legislación uniforme y necesitan cumplir un conjunto de reglas generales para todos.
Para analizar la participación social en los gobiernos municipales se requiere de ciertos parámetros. Hay al menos tres factores necesarios que hemos seleccionado: democracia, ciudadanía y partidos políticos. También establecimos dos supuestos teóricos que sirven de puntos de referencia: a) la democracia descansa en la ciudadanía y ésta se apoya en la autonomía de los actores sociales privados frente al Estado; b) el funcionamiento de una ciudadanía necesita un sistema competitivo de partidos políticos como forma democrática de representación de intereses.
Otra premisa que tiene que ver con la ubicación y la temporalidad del proyecto; es que hay que tomar en cuenta que la democracia, la ciudadanía y la participación de la sociedad en el gobierno municipal en México se encuentran en una fase de transición, en un momento de cambio, en un proceso de reacomodos.
Una primera hipótesis que surge al ver todas estas experiencias de gobierno municipal es la siguiente; los grandes procesos nacionales y sus vistosos decorados políticos, tienen una contraparte de apoyo y de resistencia, de inercia y de cambio, que a nivel regional y municipal empiezan a tejer de forma generalizada una red de nuevas experiencias de gobierno en donde se están desarticulando las viejas formas caciquiles de representación de intereses y de partido prácticamente único y se va construyendo como un proyecto irreversible, con ritmos y tiempos desiguales, un país con una exigencia democrática, una ciudadanía con creciente preocupación por la cuestión pública.
Una hipótesis complementaria que representa la otra cara de la moneda es la siguiente; a pesar de que el soporte de los cambios políticos nacionales puede ubicarse en el nuevo tejido social de los grupos ciudadanos que tienen su expresión más directa a nivel de los gobiernos municipales, la dinámica de los acontecimientos extraordinarios, en la que ha entrado el sistema político desde 1988, es la que marca el ritmo y los tiempos de una posible transición democrática en México.
Estas dos hipótesis son complementarias, pero están en contra de los explicaciones que pusieron el acento en que el cambio político en México vendría gradualmente y desde las legiones hacia el centro, En los últimos años hemos observado que las dinámicas regionales han sido vanguardia en algunos momentos, incluso han llegado a formar una especie de cadena con reclamos y conflictos similares en diversas partes del país.
Sin embargo, a partir de 1988 el ciclo de lo regional se conectó con un escenario nacional y la conjunción es hoy día la que marca el ritmo de los reclamos democratizadores, En ese sentido, no son los ritmos graduales y los avances regionales v municipales los que van a marcar el tiempo de los cambios, sino la combinación de lo regional con los acontecimientos extraordinarios nacionales, que involucran reclamos comunes, los que van a determinar los ritmos del acontecer municipal.
Sumados al nivel local, hay una serie de espacios estatales y nacionales que marcan las luchas cívicas o los movimientos sociales, y que también empujan esos nuevos gobiernos. Los impulsos nacionales sirven a las regiones porque remueven imágenes, liderazgos y ejemplos, sobre todo cuando se trata de una sucesión presidencial, ya que dejan huella en la dinámica política regional y local. Entre el centro y las regiones existe una larga relación de afinidades y separaciones. Hay testimonios de estas huellas que afirman, por ejemplo, que "con el 88 la gente se animó y le gustó las idea de la democracia".
El municipio dentro de un sistema político en transición
En los últimos años hay experiencias que demuestran los avances democráticos como una relación directa con los acomodos del sistema político mexicano. En muchos de los casos que forman parte de este proyecto hay políticas, decisiones y acontecimientos que los cruzan a pesar de sus diferencias sociales y económicas, de las cuales se pueden destacar las siguientes:
- la reforma al Artículo 115, en 1983, se puso en marcha para resolver un problema de administración municipal, con la intención de fortalecer a los ayuntamientos y de otorgarles mayores recursos;
- la reforma del 115 no pasó por una reforma política, sino que se vio obstaculizada, en muchos casos, por los conflictos políticos de la alternancia, que durante los años ochenta nos mostraron una intensa lucha política regional y local que puso el acento en el acceso al poder y no tanto en los problemas administrativos después de haber llegado al poder;
- durante casi toda la década pasada una parte considerable de la dinámica política de los municipios donde hubo alternancia, tuvo como acompañamiento de los gobiernos estatales o de la federación, la obstrucción política y financiera; la reforma del 115 estuvo jaloneada por la cerrazón política de un sistema que se resistió al cambio expresado en la alternancia: algunos de los casos más conocidos por la opinión pública fueron los de la capital de San Luis Potosí, la ciudad de Chihuahua o el ayuntamiento de Juchitán en Oaxaca;
- la dinámica de conflictos municipales formó una larga cadena que sirvió de apoyo o de referencia en el movimiento nacional que se construyó en 1988 en torno a la sucesión presidencial; aunque una de las causas más evidentes de este proceso fue la división cardenista del PRI, por lo que los municipios y las regiones aportaron experiencia acumulada;
- las dos reformas políticas que se hicieron en 1989-1990 y 1993 mostraron avances importantes en las reglas electorales, sin embargo, no dejó de haber conflicto político por problemas electorales, y su expresión más clara fueron los diversos interinatos de gobernadores; a pesar de todo el reacomodo político del sexenio 1988-1994, no fue sino hasta el surgimiento del conflicto en Chiapas -un problema regional de nuevo- cuando se aceptó hacer una tercera reforma electoral que estableciera mejores condiciones de equidad para la sucesión presidencial.
Con los talleres que se realizaron en este proyecto no tenemos una radiografía que hubiera cubierto el esqueleto municipal del país o por lo menos su columna vertebral; lo que sí pudimos armar es una tomografía de algunas regiones, cortes milimétricos de problemas en ciertas zonas del sistema político. En un primer recuento, después de lo obvio, el carácter heterogéneo de nuestros municipios y regiones, tenemos:
- movimientos políticos cruzados con variables culturales, desde una política que si no se entiende por la tradición cultural no se le entiende nada; hasta las expresiones más acabados de una modernización que se expresa en técnicas administrativas aplicadas por profesionistas;
- hay desde el más comunitario de los municipios, hasta el más complejo y diferenciado, es decir, desde San Pablo Yaganiza en la sierra norte de Oaxaca, hasta la ciudad de Monterrey y desde una frontera del país hasta la otra, de Mérida a Ciudad Juárez o Tijuana;
- historias muy parecidas y al mismo tiempo diferentes; niveles de participación diversos que no son comparables y también algunos signos de la formación de una nueva cultura política en los municipios, que expresan y sintetizan los mejores avances de una conciencia ciudadana, con una historia de fragmentación político, donde un movimiento ciudadano, un acontecimiento, una ruptura, algún proceso de cambio, y a a partir de entonces las cosas ya no vuelven a ser iguales, esa historia con caras similares, a pesar de membretes diferentes, cruza casi todas las regiones de este proyecto;
- existen en los casos analizados diferentes experiencias de la relación entre el municipio y la federación, que de alguna forma se ubican alrededor del programa de solidaridad; las experiencias son diversas y muestran la flexibilidad en el manejo político.
El movimiento de cambios y reclamos, que se ha movido desde los conflictos por un fraude electoral hasta las movilizaciones por más recursos y gobiernos que den cuenta de sus actos a la ciudadanía que los eligió, es uno de los más definidos perfiles del gobierno municipal.
Estos movimientos para lograr mayor democracia municipal han dejado de ser excepciones y se empiezan a convertir en una cadena, y en nuevo modo de gobernar y de participar. Ya no es eficiente ese autoritarismo protector o tutelar con un sistema formalmente democrático. Las viejas reglas ya no sirven paro gobernar, esa dualidad entre reglas constitucionales que daban sustento legal y legitimidad al poder, pero que estaban acompañadas de otras reglas no escritas con las que se operaba en la práctica, ahora generan conflictos graves, porque la ciudadanía tiene el poder del voto que antes no tenía efectos de alternancia.
La relación entre región y centro, en la cual se respetaban las participaciones de coda territorio, siempre y cuando siguieran vigentes las estructuras de control y autoridad, y las jerarquías con las que el gobierno y su partido mantenían la paz y la estabilidad del país, parece que están en crisis. Hay un nuevo tejido social, propio de una sociedad cada vez más compleja políticamente, que necesita gobiernos más eficientes. Una buena parte de los conflictos que surgen de este proyecto apuntan hacia la necesidad de un nuevo pacto entre el centro y las regiones.
Aquí hay una serie de problemas que tiene que ver con el centralismo, con el Pronasol, con los presupuestos estatales y federales, que se cruzan con la lucha político. Parece que el sistema de partidos o la red de relaciones que cruza los poderes reales, caciquiles o patrimoniales, son los que se oponen a un cambio, a una institucionalización, y constantemente contaminan las acciones de gobierno.
Hay diversas experiencias que indican que el municipio se empieza a volver cada vez un espacio de confrontación de intereses y problemas de una sociedad que se vuelve más compleja, y que al mismo tiempo, se encuentra en un proceso acelerado de cambios políticos, que llegan a la sustitución de un presidente municipal o incluso hasta su acercamiento o, problemas ecológicos que antes eran inexistentes.
Al parecer todavía no tenemos un piso laico de gobierno en donde las luchas partidarios o los intereses de otros niveles de gobierno queden regulados en otros niveles. Tal vez por ello, la estabilidad de un gobierno municipal depende de factores externos al propio municipio que contaminan su desempeño cotidiano, como el gobierno estatal, el congreso del Estado y la federación por medio de sus diversas agencias de desarrollo o de programas como Solidaridad. En estos casos aparece la expresión directa de conflictos propios de un sistema político en transición, y de una distribución de recursos cruzada por fenómenos como la centralización y el presidencialismo, el la cual lucha por la autonomía y el fortalecimiento económico de los municipios apenas se inicia.
Tomado del libro En busca de la democracia municipal: la participación ciudadana en el gobierno local mexicano, de Mauricio Merino (coordinador). México, El Colegio de México. 1995.




















