Industria petrolera y cambio político en Minatitlán. Saúl Horacio Moreno Andrade
Industria petrolera y cambio político en Minatitlán
Saúl Horacio Moreno Andrade *
No obstante que el cambio manifiesto en las nuevas preferencias electorales de la sociedad veracruzana, ha sido impulsado desde instancias a menudo ajenas a la comunidad concreta en la que vive el ciudadano, tales como las circunstancias a las que obliga la globalización económica, las situaciones inmediatas, es decir, las vivencias del individuo concreto definen actitudes y necesidades que la actividad propiamente política exige tomar en cuenta para establecer sus estrategias de relación con la ciudadanía.
El caso de Minatitlán, en el sur del Estado, es definitivo en este aspecto. Por ello es importante relacionar las circunstancias particulares en las que vive el electorado de aquel municipio con las que se viven en el resto del Estado o en alguna otra localidad, pues haciendo explícita la distinción de los motivos y circunstancias en las cuales se produjo la alternancia partidista, por ejemplo, el caso de la actividad económica o las relaciones religiosas, podremos entender la diversidad intrínseca que implica una valoración objetiva y responsable de la realidad veracruzana.
Es debatible que los resultados electorales sean un reflejo fiel de las transformaciones cualitativas en la percepción ciudadana sobre el quehacer político. Sin embargo, en el caso de los resultados de las elecciones municipales en el sur veracruzano, la derrota del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en las importantes ciudades petroleras de Coatzacoalcos y Minatitlán puede interpretarse como la consecuencia hasta cierto punto lógica de la política reestructuradora de la paraestatal Petróleos Mexicanos. Existe una necesidad de argumentar de manera más precisa y fina esta afirmación, pero los resultados nos permiten adelantar ciertas intuiciones y vetas que requieren ser analizados con mayor precisión.
Cabe aclarar que partimos de una perspectiva político laboral, aunque en el proceso mencionado jueguen un papel también muy importante factores étnicos, religiosos, etcétera, en particular es impresionante el triunfo de Amado Guzmán, candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), en Minatitlán, ciudad en donde el triunfo opositor es una versión inédita de los cambios en las preferencias políticas de los mexicanos.
Minatitlán se desarrolla desde principios del presente siglo como una de las más importantes ciudades petroleras. Desde principios del siglo XX y con la llegada de las compañías petroleras se convierte en un polo de atracción para migrantes en busca de trabajo de diferentes estados de la República y principalmente del Istmo de Tehuantepec. Esta población, al asentarse y definir a Minatitlán como su espacio vital, construye una forma de vida con particularidades específicas de orden étnico, religioso, cultural con referencia a una forma de producción determinada, se genera entonces una cultura petrolera, que con la Nacionalización de 1938, la fundación de Petróleos Mexicanos y el estructuramiento de un sindicalismo vigoroso dio nacimiento a representaciones y prácticas políticas íntimamente relacionados con el desarrollo de la industria petrolera.
En este íntimo vínculo entre la cultura política y la industria petrolera se pueden encontrar algunas de las líneas que permiten explicar ciertas razones del cambio en las preferencias electorales de los minatitlecos.
Como factor relevante en el proceso de nacionalización de la industria petrolera, el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) adquirió junto con Pemex capacidad de delineación compartida de la política petrolera nacional. En los años 40, Pemex requirió para su expansión y desarrollo de la canalización del potencial político de los trabajadores petroleros al Sindicato; esto tuvo como consecuencia el fortalecimiento del Comité Ejecutivo Nacional a cambio de la fidelidad política al régimen a través del voto cautivo hacia el PRI. Obviamente que este acuerdo incluiría que el Sindicato tuviese una participación importante en el ingreso petrolero (1) y una influencia política inigualable.
Este papel protagónico del STPRM se extendería hasta la década de los ochentas y se profundizaría en las regiones y ciudades petroleras en donde, como es sabido, los líderes petroleros serían también autoridades municipales y parte fundamental de las estructuras de poder y dominación regional. Así, las ciudades petroleras eran priístas por definición a partir del papel fundamental del Sindicato y se articularon a un sistema más amplio, nacional, de control de los procesos de legitimación del Estado de la Revolución Mexicana, en donde el concepto de nacionalización de la industria petrolera y la fuerza omnipotente de la figura presidencial serían pilares ideológicos y funcionales de la legitimación, la cual tendría como base material la seguridad en el empleo, los altos salarios, el dispendio y las posibilidades de progreso individual como una forma de vida característica de las ciudades petroleras; todo ello, en un sentido simbólico, generaría un sentido petrolero de superioridad hacia los sectores no petroleros y de jerarquización al interior de los mismos petroleros, esto ultimo como sentimientos de diferenciación entre quienes viven en las "colonias petroleras" y quienes habitan fuera de sus límites, diferenciación entre quienes son "de planta" y los trabajadores transitorios, etcétera.
Minatitlán no escapó de esta condición y es el asiento de la sección sindical número 10, una de las más importantes pues incluso, al interior de la política sindical, compitió por ser la sede de la Secretaría General del STPRM, que obtuvo sólo hasta la caída del líder Joaquín Hernández Galicia, "La Quina", y el ascenso de Sebastián Guzmán Cabrera; lo cual se interpreta como un triunfo relativamente muy corto, en virtud de los resultados municipales a favor de Amado Guzmán García, del PRD. Recordemos que Sebastián Guzmán Cabrera fue el dirigente que firmó el Contrato Colectivo de Trabajo de 1989, el que se incluyeron las cláusulas que definirían la nueva lógica de las relaciones laborales entre el STPRM y Pemex que permitieron su reestructuración en términos administrativos, financieros, de apertura al capital privado, de incorporación de nuevas tecnologías, de flexibilización en el uso de la fuerza de trabajo y de corrección de lo que se consideraba distorsiones sindicales. Este último punto, en términos prácticos, significó para los trabajadores petroleros el fin de la bonanza y de las condiciones de seguridad en el empleo. Desde 1983 los problemas en el uso de los recursos humanos en Pemex eran señalados por la empresa en tres puntos:
- Pérdida de la empresa de los mecanismos de selección de personal.
- Relajamiento de la disciplina laboral y,
- Excesivo personal.
Sin embargo, el importantísimo papel de proveedor de clientela política al régimen que ejercía el STPRM, le impidió a la empresa introducir las modificaciones pertinentes para corregir dichas distorsiones. Una vez "La Quina" en la cárcel y con la nueva dirigencia sindical en el poder, se inicia un proceso de reestructuración avalado en el nuevo clausulado de 1989 y 1991 que rescata la facultad para que los exámenes de admisión sean realizados por la patronal, el cambio de los criterios de calificación para la cobertura de vacantes, la anulación de los criterios de la "miiitancia sindical", la disminución del peso de la antigüedad. Asimismo, se eliminó la injerencia del Sindicato en los cambios tecnológicos y de organización de la empresa, lo cual quedó en manos de esta última, incluyendo la facultad de reacomodar o separar a los trabajadores.
Además, se ampliaron las actividades a cargo de subcontratistas y en relación con la movilidad de la fuerza de trabajo, Pemex puede trasladar a cualquier punto de la República Mexicana a su personal (2). Todas estas modificaciones eliminaron aquello que era lo atractivo para los trabajadores del modelo contractual de la Revolución Mexicana: 1) la intervención sindical en las nuevas tecnologías o formas de organización, 2) la protección al empleo, 3) la protección al desgaste de la fuerza de trabajo y 4) la protección al salario; sustituyéndolo por un modelo flexible que: 1) dé libre movilidad para los trabajadores, 2) amplíe los puestos de confianza, 3) elimine el ascenso por antigüedad, 4) compacte tabularmente en pocas categorías las funciones, 5) genere consenso por méritos y capacidades y 6) elimine la obligación de las empresas de informar o pactar los cambios tecnológicos o de organización del trabajo.
Este nuevo modelo de contratación de la fuerza de trabajo se define en tanto se argumenta la necesidad de productividad y eficiencia frente a la enorme competencia en los mercados internacionales del petróleo, ante compañías más flexibles organizacional y laboralmente en su adecuación a las demandas mundiales de hidrocarburos (3).
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RECURSOS CANALIZADOS A MUNICIPIOS 1993-1997 (No incluye participaciones federales) |
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Programa/ Financiamiento |
INVERSIÓN (Miles de Pesos) |
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1993 |
1994 |
1995 |
1996 |
1997 |
SUMAS |
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Obra municipal concertada con municipios (Recursos estatales) |
51,338.6 |
63,909.6 |
51,720.9 |
5.529.7 |
115.359.5 |
288.458.3 |
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Fondos Municipales de Solidaridad (Federales) |
•01,981.4 |
116,085.6 |
75,396.9 |
293,463.9 |
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Fondo de Desarrollo Social Municipal (75% recursos federales y 25% estatales) |
617,315.1 |
888,394.5 |
1,505,709.6 |
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Gran Total |
$ 153,320.0 |
$ 179.995.2 |
$ 127,117.5 |
$ 6 22,844.8 |
$ 1,004,354.0 |
$ 2,087,631.8 |
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Obras |
4,221 |
4,435 |
3,275 |
5,380 |
7,180 |
24,491 |
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Acciones |
22 |
72 |
295 |
3,362 |
1,288 |
5,039 |
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Totales Obras y Acciones |
4,243 |
4,507 |
3,570 |
8,742 |
8,468 |
29,530 y |
Fuente: Secretaría de Finanzas y Planeación del Gobierno del Estado de Veracruz.
Las consecuencias directas para los trabajadores fueron el despido masivo. Pemex ocupaba a 210,000 trabajadores en 1988 y para 1993 solamente 180,000 (4); lo cual ha revertido la tendencia históricamente creciente en la contratación de personal que caracterizó a Pemex y que le dio su sentido de bonanza a las ciudades petroleras como Minatitlán. Los resultados sociales del asunto son la constante insatisfacción de una población acostumbrada y dependiente de la capacidad del sindicato petrolero de garantizar niveles de bienestar y de empleo suficientes, naturalmente, a cambio de la fidelidad política y partidaria a los liderazgos sindicales.
La derrota de Jorge Wade González, ex candidato del PRI a la alcaldía minatitleca, no representa una situación local de descontento con la participación de ayuntamientos priístas anteriores. Es la expresión de una inconformidad profunda por el retiro de la participación estatal en los niveles de empleo y bienestar de la población a través del corporativismo sindical, recordemos que Pablo Pavón Viñales, suplente de Wade González, fue dirigente en 1993 del STPRM sustituyendo a Guzmán Cabrera, y que este último permitió durante su gestión el despido de 120,000 trabajadores sindicalizados. En conclusión, el impresionante triunfo perredista de 1997 en Minatitlán es parte de los efectos resultantes del triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas en el Distrito Federal, quien representa la figura de Don Lázaro Cárdenas y el proyecto expropiatorio de la industria petrolera, pero también es manifestación de la profunda inconformidad con un sindicalismo que se ha mostrado, más que incapaz, cómplice de la política de recortes masivos en Pemex.
En este sentido, la recuperación de la administración municipal de Minatitlán a manos de representantes sindicales dependerá fundamentalmente de la capacidad de democratizar al interior del mismo sindicato petrolero la relación entre base y representantes, lo cual, a estas alturas, es muy difícil en razón de la enorme dependencia que presenta el STPRM en su actual relación con el Estado, relación que ha justificado el argumento de que las condiciones de competitividad requieren de economías fuertes y que trabajen a un alto nivel de eficiencia para enfrentar los retos que imponen los mercados internacionales.
El problema de la pérdida de legitimidad de los candidatos provenientes del STPRM, y por lo tanto, de su derrota, se encuentra en relación directa, en su falta de habilidad para proponer salidas laborales honrosas ante la pérdida gradual del empleo en la región sur del estado de Veracruz.
Notas:
- Tal es el caso de la cláusula 36 del Contrato Colectivo de Trabajo de 1987 que dice: "...Petróleos Mexicanos deducirá el 2% del monto total de las obras y servicios ejecutados por conducto de contratistas libres y lo entregará al STPRM por concepto de aportación para obras de beneficio social".
- Barbosa Cano, Fabio. La reconversión de la industria petrolera en México. Cuadernos de Economía, II Edición de la UNAM, México, 1993, pp. 99-100.
- Rojas, Francisco. Pemex: pivote de la modernización petroquímica, México, 1989.
- Barbosa Cano, Fabio, ibid, p. 102.
* Saúl Horacio Moreno Andrade es investigador de la Facuitad de Sociología de la UV y candidato a doctor en Ciencias Antropológicas por la UAM-lztapalapa.


















