Los derechos humanos de las mujeres y las niñas. Libertad Hernández Landa
Los Derechos humanos de las mujeres y las niñas
Libertad Hernández Landa
"Sin los derechos de las mujeres, no hay derechos humanos", así reza el lema de la campaña mundial en pro de los derechos de las mujeres, iniciada el 25 de noviembre de 1997, precisamente el Día Internacional en Contra de la Violencia hacia las Mujeres y, que tiene por objetivo definir y proponer una nueva declaración universal de los derechos humanos con perspectiva de género, para ser presentada durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en el mes de diciembre del presente año.
Este movimiento democrático marca uno de los logros de mayor trascendencia en la lucha de las mujeres por la igualdad y la equidad, sin embargo no todas tenemos acceso a la información y mucho menos estamos participando en la toma de decisiones, peor aún si consideramos que la mayoría de las personas todavía no han tomado conciencia de que las mujeres tenemos derechos, que éstos tienen las especificidades de género y que deben cubrir todo el ciclo de nuestra vida.
Las mujeres frecuentemente nos preguntamos cómo funciona la democracia, cuáles son sus formas y expresiones, cómo se construyen los espacios democráticos en la vida cotidiana, cómo es la edificación democrática, cuáles son los enemigos de su desarrollo y cómo son los vínculos entre los regímenes constitucionales, la vida política y la conciencia ciudadana. Nos preguntamos también en dónde están los derechos de las mujeres en esta construcción de la vida democrática, y encontramos que el polo femenino de la humanidad ha estado ausente en el acontecer político, provocando un profundo desgarramiento de su unidad intrínseca ya que la exclusión, omisión, discriminación o cautiverio de las mujeres en todos los ámbitos, representan la ruptura original, vasta, honda y universal, más dolorosa aún que la división de la sociedad en clases antagónicas.
El hombre convertido en el protagonista indiscutible de la historia, también ha fabricado, con su androcentrismo (1), la historia de los derechos humanos universales, dejando de lado derechos fundamentales de las mujeres y las niñas como, por ejemplo, el derecho a la integridad física y en contra de la violencia; los derechos sexuales, reproductivos y económicos; el derecho a la igualdad de participación en todas las esferas de la vida social; la eliminación de todas las formas de discriminación y agresión contra las niñas o el derecho a las relaciones igualitarias, en todos los espacios sociales y políticos.
Para poder enfrentar los retos de la democracia en el próximo siglo habremos de transformar la visión y el ejercicio de los derechos humanos desde una perspectiva de género. En las últimas dos décadas, las mujeres hemos iniciado un camino nuevo para redefinir los conceptos sociales, los temas políticos globales y los temas puntuales como la seguridad, la salud o el medio ambiente. Por tanto, estamos pasando de los márgenes de la sociedad al centro mismo del cuestionamiento y las propuestas.
Porque no estamos de acuerdo con las definiciones limitadas y limitativas que la sociedad patriarcal ha establecido sobre los derechos humanos, las mujeres recurrimos a nuestras vivencias y experiencias para exigir una política más amplia que nos incluya, que considere especialmente a las niñas; a los grupos étnicos y a quienes constituyen las mayorías excluidas.
En el pasado reciente, algunas feministas (emancipacionistas) en lucha por los derechos humanos de las mujeres, afirmaban que éstos no había que percibirlos como diferentes a los de los hombres, más bien recomendaban que nos insertáramos con condiciones de paridad, sin exacerbar las diferencias de sexo y género, porque aceptarlas significaba abundar en las desigualdades sociales (2). Actualmente sabemos que los derechos humanos de las mujeres y las niñas deben analizarse, redefinirse y ejercitarse desde la perspectiva del derecho a la diferencia.
Las mujeres hemos puesto en la mesa de las discusiones políticas el concepto de democracia al vincular la esfera pública y privada bajo el slogan: "Democracia en el país y en la casa", porque la democracia en la esfera pública no puede ser real sin una democracia en la esfera privada. Así, en 1994, considerado como Año Internacional de la Familia, las Naciones Unidas manejaron el slogan: "Construyamos la democracia más pequeña en el núcleo de la sociedad". Pensar en democratizar el núcleo doméstico implica la abolición de la violencia intrafamiliar, porque la violencia que se tolera en el espacio privado extiende sus brazos criminales a todos los espacios sociales y políticos.
Insistimos en que no es suficiente democratizar la vida política, es necesario que la democracia se convierta en el instrumento de combate contra los grandes desequilibrios, en donde las mujeres y las niñas resultan ser las más pobres entre los pobres, ya que de los mil millones de personas pobres, el 60% son mujeres; el desempleo femenino tiene una tasa de 14%, comparada con el 9% que es la del masculino. A nivel mundial, una cuarta parte de las familias tienen como cabeza a una mujer pobre. Las mujeres representan las dos terceras partes de la población analfabeta; las niñas tienen acceso a la educación, pero su deserción y reprobación son mayores por la falta de apoyo y estímulos. Anualmente 500 mil mujeres mueren por complicaciones en el embarazo y 100 mil por abortos inseguros. Se estima que al menos tres millones de mujeres son maltratadas cada año y que una de cada seis mujeres son víctimas de violación, en la mayoría de los casos por familiares cercanos.
Algunos países practican abortos selectivos en donde se evitan los nacimientos de niñas. Aunado a esto, aproximadamente 114 mil niñas sufren mutilación genital en África y Asia y un millón de menores (niños y niñas) son forzados anualmente a la prostitución. Las mujeres reciben salarios inferiores equivalente en promedio a tres cuartas parte de los percibidos por los varones. Un panorama así permite entender cómo es que en 1995, sólo había seis mujeres mandatarias en el mundo, que sólo una de cada diez mujeres estaba considerada en cargos públicos y, que en 100 países no existe representatividad parlamentaria de las mujeres (3).
La experiencia muestra que si a las mujeres no se nos respetan nuestros derechos de ciudadanos, es debido en parte a que en la vida privada no se nos moldea la habilidad para tomar decisiones en el escenario público y político; en cambio, nos inculcan infinidad de formas de autodescalificación que nos colocan en un nivel inferior y hasta de exclusión selectiva de espacios, actividades y poderes, pero incluyéndonos de manera tenaz en otros, teóricamente irrenunciables (4).
La democracia, al igual que los derechos humanos, empezaron como conceptos creados por un grupo pequeño de hombres blancos, con posiciones políticas y Económicas ventajosas. Durante la Revolución Francesa, las mujeres protestaban airadamente contra el uso del término «derechos del hombre» porque las excluía, pero carecían de poder para transformar el discurso y, sobre todo, la práctica. Hoy, la discusión y construcción de los derechos humanos de las mujeres y las niñas quedaron declarados como derechos universales en la 4ª Conferencia Mundial de la Mujer, en Pekín, hace apenas tres años.
Es conveniente recordar que las interpretaciones antiguas sobre los derechos humanos partieron del temor de los hombres por el abuso público por parte del Estado; sin embargo, ellos no le temían a las violaciones en el seno privado ya que allí ellos establecen las normas, aunque no se ven a sí mismos como opresores. Hasta hace apenas cinco años, los grupos protectores de los derechos humanos no se ocupaban de las mujeres, pero en la actualidad las organizaciones internacionales como Amnistía Internacional o el Human Rights Watch (Vigilancia de los Derechos Humanos) han construido proyectos para la defensa de los derechos de las mujeres (5). Estamos convencidas de que los derechos humanos de las mujeres también son responsabilidad del Estado, por ello en muchos países se discuten propuestas e iniciativas y se aprueban leyes contra la violencia intrafamiliar; se establecen los procedimientos para la protección de las mujeres, sus hijas e hijos.
En México, el dos de diciembre de 1997, se aprobó la Ley contra la Violencia Intrafamiliar para el Distrito Federal. Es necesario ahora que las mujeres periodistas las difundan y que las que forman parte de la administración pública, del aparato legislativo, de los organismos no gubernamentales y del estamento político de las entidades federativas, formulen y apoyen las propuestas o las iniciativas de ley en cada estado.
La lucha de las mujeres por el reconocimiento de nuestros derechos ha sido muy larga, desde la Convención de La Haya en 1902, en donde se consideran los problemas del matrimonio, el divorcio y la tutela para menores, hasta la Plataforma de Pekín (1994), pasando por la Convención sobre la eliminación de todas la formas de discriminación contra la mujer, aprobada por la ONU en 1979 y ratificada en septiembre de 1981, así como la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en 1993.
Los derechos de la mujer se agrupan en categorías, por ejemplo: desalentar la violencia contra la mujer basada en el género a través de promover la equidad y la no violencia, mayor igualdad de opciones sobre la educación, la salud y el bienestar familiar, la igualdad de las niñas y el involucramiento de los hombres en tareas en pro de la igualdad y la corresponsabilidad en la vida familiar. Otro bloque se refiere a los derechos reproductivos y derechos sexuales: información y atención a las demandas de salud, decidir de manera libre e informada el número de hijos (as), vigilancia del embarazo y el parto, recibir atención médica en todo el ciclo de vida, derechos de participación igualitaria en todas las esferas de la vida social. Y los derechos económicos: trabajo y remuneración salarial en igualdad de condiciones con el varón, derecho a prestaciones familiares, al crédito financiero y al derecho a ser propietaria y heredera de bienes.
Reinterpretar el concepto de derechos humanos y reorientar su práctica desde la perspectiva del género femenino no es cuestión de semántica sino de condición sustantiva para la vida democrática, porque reglamentar y exigir una distribución equitativa de la comida entre los niños y niñas, por ejemplo, o establecer sanciones más severas para los violadores consanguíneos, o implementar leyes para que las niñas consigan el acceso y permanencia en los sistemas educativos o que las mujeres decidan libremente sobre su cuerpo y sexualidad, son derechos irrenunciables, indivisibles e interdependientes.
Notas:
- El término androcéntrico literalmente significa "centrado alrededor de los hombres". Se refiere a la tendencia patriarcal de ver al hombre como la norma, en razón de que es él quien se ha constituido en el principal actor. La mayoría de lo que las personas leen, escriben, piensan y observan sobre la humanidad está basado en la porción masculina y bajo los puntos de vista masculinos.
- Bunch, Charlotte. 1993. Feminismoy democracia. Visión estenográfica, Rutgers University.
- El Centro de Comunicación e Información de la Mujer A.C. (CIMAC), a cargo de Sara Lovera, ofrece un vasto y oportuno sistema de información sobre todos los temas que conforman la Agenda Mundial de la Mujer.
- Un análisis excelente sobre la inferiorización y discriminación de las mujeres lo encontramos en Lagarde, Marcela. Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. México: UNAM, 1990.
- Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Los Derechos Humanos de las Mujeres, México, 1994.
* Libertad Hernández Landa, doctora en antropología social, es actualmente directora del Programa Estatal de la Mujer en Veracruz (PROCOMU).


















