Cultura en Transición. Anécdotas del cine médico y los nuevos temores. Rodrigo de Dios Urbina

Cultura en Transición

Anécdotas del cine médico y los nuevos temores

Rodrigo de Dios Urbina

El cine, aún el comercial, suele ser una de has expresiones más importantes de los sentimientos de una nación en nuestros días: Por lo menos, así ocurre con algunas afortunadas películas norteamericanas que, pese a las mecánicas publicitarias, a los elevadísimos costos de realización a los criterios de costo/beneficio que rigen su producción, reflejan la percepción que el hombre de la calle tiene de la realidad que enfrenta.

Este individuo común es el que identificamos en el protagonista del ,film al relacionar sus temores con los nuestros, así como sus prejuicios, sus sospechas, sus decisiones. De la fuerza de esta relación depende la anécdota lo cual se cumple en el caso de los filmes médicos "Epidemia"; "Contacto Peligroso"; 'La oración de una madre' y "Filadelfia" .

La generación desamparada

¿Cuáles serán los recuerdos de una generación que creció bajo la tutela de veteranos de guerra, por añadidura vencidos? Ahí donde el vecino depende de la ayuda social del Ejército, donde algún primo de Papá murió en una selva del lejano Oriente, donde al hermano de Mamá le han humillado por haber evadido la conscripción, donde hoy por hoy los más fuertes combaten en el desierto por una religión ignorada a Baal, el becerro de oro; allá, en aquel país tan ajeno a nosotros y tan cercano, si algún miedo se tiene es al desorden biológico que implica vivir en el Tercer mundo.

Ese desorden verde, ocre, negro, arena; tan distinto del hermoso azul del Ohio, provoca su correspondiente violencia en la mente que concibe la bacteria mortal como una posible arma contra quien no es sajón, protestante y burgués.

Pero el guerrero no es el protagonista, sino apenas una señal para la anécdota, que se devela al caer las cortinas argumentales que lo envuelven. La llamada "verdad desnuda" sólo puede quedar a la vista en la intimidad de la mente del espectador, quien concluye el final a través de los signos dados por cada trama específica según su género.

De cara al peligro

De este modo, el inicio de las películas "Epidemia" y "Contacto peligroso" ocurren en la selva tropical. En "Epidemia", cuyo género se pude clasificar como "de guerra" o "de aventuras", sedienta cómo un médico de sanidad de la Armada de los Estados Unidos (Dustin Hoffman) pregunta a su conciencia la verdadera razón de su culpa citando condenó a muerte a militares infectados por una enfermedad tropical de altísima mortalidad (cólera hemorrágico, ébola?). No se dice dónde ocurre, es simplemente un país tropical de África, Asia o Latinoamérica; el paramédico a cargo del campamento manda de urgencia las muestras al laboratorio en la ciudad, con el mensaje de que necesitan víveres y medicamentos. Tras identificar el agente patógeno como un virus, el Alto Mando ordena urca "limpieza total" del campamento que incluye a los seres humanos, es decir, se les condena a la hoguera.

Atormentado por esta decisión, el epidemiólogo tiene que atender un nuevo caso de infección colectiva y, haciendo de tripas corazón, investiga el mal hasta descubrir que, debido a su alta eficacia, el virus fulano de tal ha sido probado dos veces como arma bacteriológica para ser usada en nombre de la democracia y de la libertad.

Reagan y secuaces

La película "Contacto peligroso", de género histórico al estilo de "Todos los hombres del presidente", también inicia en un lugar selvático. Mas allí el tema es la impotencia del equipo médico a cargo de la investigación y la cura del SIDA ante lo implacable del Virus de Inmune Deficiencia Humana, la necedad social producto del miedo que no permite ningún tipo de control epidemiológico, los intereses de la industria farmacéutica y, finalmente, ante los perjuicios de toda una sociedad temerosa de perder sus privilegios geopolíticos.

Asimismo, este film es una relación dramatizada de la llamada "Edad Reagan", cuando las minorías de la Unión Americana vieron reducidos sus derechos en nombre de la supremacía de los White Anglo Saxon Protestante, lo cual implicó también el respaldo de los defensores de la Familia, las Instituciones, el Nacionalismo, la Normalidad, la Intolerancia. Un respaldo condicionado a la protección, en materia de salud, de los intereses del poder y de quienes se consideraron sus beneficiarios. Resalta en la narración el hecho de que el presidente Reagan reduce, pese a la necesidad de alerta roja por la proliferación de casos, el gasto en salud para incrementar el presupuesto de defensa.

Cierta solidaridad entre la llamada "comunidad gay" hace que finalmente, aunque limitados, existan recursos para la investigación de la enfermedad, entonces llamada "Síndrome de Inmuno Deficiencia Humana Relacionada con Homosexuales". El coreógrafo personificado por Richard Gere es uno de tales donantes, quien una vez infectado manifiesta su voluntad de heredar sus bienes para este fin.

La asignación de presupuesto para el combate y la investigación del SIDA cambia en forma radical al descubrirse que no sólo los homosexuales padecen la enfermedad, es decir, que toda la sociedad está en peligro. Sin embargo, la pugna de las firmas farmacéuticas por la titularidad de las patentes y, en consecuencia, por el control del mercado de fármacos y tratamientos, obstaculiza y condiciona a criterios (le rentabilidad tanto la difusión informativa sobre el mal como la búsqueda de vacunas y remedios.

El colofón sugiere el título en inglés del film "Y la banda sigue tocando". Allí se presenta en un videoclip a personajes famosos que murieron de SIDA, entre otros Rock Hudson y Freddy Mercury, así como anónimos homosexuales, yonquis, niños, amas de casa, inmigrantes...

Transgresores del orden

En "Filadelfia", filme que se inscribe en el género "cine de abogados" aunque se presenta como "caso de la vida real", el tema es el prejuicio de quienes, sintiéndose a salvo de la enfermedad, marginan a los afectados por el SIDA de la vida social al tiempo que les niegan toda posibilidad de apoyo.

Sin embargo, la injusticia que supone esta práctica suele ser superada en esta fantasía por el ideal de la nación norteamericana: la libertad de conciencia y la igualdad ante la ley. Aunque desde fuera de los Estados Unidos lo que más se note sea el racismo, la violencia, la desigualdad económica, la crisis, la corrupción, los megapoderes del capital, el intervencionismo, etcétera; es innegable que el carácter nacional de Norteamérica nació y se forjó a partir de los ideales democráticos.

Por ello, para que una narración pretenda influir en la conciencia pública de Norteamérica, el protagonista debe abanderar la causa democrática y, por lo tanto, convertirse en transgresor del orden establecido para que a partir de la emancipación de su conciencia individual sea defendido el imperio de la ley.

En "Filadelfia", este protagonista que encarna Tom Hanks pasa de transgresor - por homosexual - a víctima por padecer el SIDA - y luego a héroe - por defender la ley. Así también le ocurre a su abogado defensor (Denzel Washington), quien se ve obligado a transgredir con sus propios "principios de orden", luego a soportar la sanción social de su emancipación laboral como abogado y por último a simpatizar, pese a su definición masculina, con las causas de la equidad y dignidad humanas más allá de lo estrictamente jurídico.

Víctimas intachables

Sin embargo, el emancipador no es el único héroe norteamericano, pues en la cultura de los Estados Unidos también ha influido la novela social al estilo de Charles Dickens y Harriet Beecher Stowe. Este tipo de narrativa supone que la condición del individuo no es sino una responsabilidad social y, de este modo, es en el conjunto de la misma donde deben buscarse las causas del desamparo para actuar en consecuen­cia.

Así, al personaje interpretado por Linda Hamilton en la "oración de una madre" le detectan el virus de inmunodeficiencia humana. Se trata de una madre de familia que, sin transgredir los límites de la moral, fue contagiada por su marido al que se le practicó una transfusión con sangre contaminada y, simplemente murió.

Viéndose muerta en vida, esta madre norteamericana, trabajadora, responsable y abstinente necesita de una familia a la cual confiar la crianza de su hijo, ayuda médica par sí misma y el apoyo económico de su seguro de desempleo. Sin embargo, el tránsito de una situación familiar relativamente estable a una amenazada por la desintegración y la muerte no es fácil. A la protagonista le toca "arrancarse un pedazo de su corazón" para entregar a su hijo a otra familia, lo cual debe considerar afortunado pues, de otra manera, el sistema pondrá al niño a la disposición del deficiente sistema de asistencia social.

Este drama prescinde de los detalles acerca de cómo una persona contrae el virus; lo cual implica que se puede ser responsable, heterosexual, monógamo y, sin embargo, infectarse. La crítica entonces no es contra el estigma de las convenciones sociales, sino contra el escaso apoyo que reciben los enfermos de SIDA del sistema asistencial de los Estados Unidos.

Tetralogía del miedo

Estos son cuatro casos del reciente cine estadounidense en los cuales es posible intuir el arcaico temor a 1a enfermedad. Todos ellos hacen hincapié en que sólo la tolerancia, entendida como el respeto al derecho de la diferencia, es la única vía en que puede organizarse la sociedad para, por lo menos, prevenir un mal del que, si bien no somos responsables, sí podemos atemperar sus consecuencias y, lo más importante, preservar ante tamaña amenaza nuestros valores comunitarios, es decir, aquellos que le dan sentido a nuestra condición humana y a nuestra vida social.

Sin embargo, no debe perderse de vista que esa es simplemente la visión estadounidense del problema. Por esta razón, la mecánica argumental a veces puede parecernos ajena o inconsistente, baste que exista, por ejemplo, la ayuda social del estado contra el desempleo para que nosotros, en nuestro entorno social, califiquemos la historia como una fantasía de lo que debiera ser. Nuestro desamparo, en el sentido de la salud pública, es visiblemente mayor que el del pueblo norteamericano, y en esa medida, también el miedo a la enfermedad y la muerte se nos manifiesta de manera distinta e indescriptiblemente asociada al sufrimiento o la indolencia, según el lado social el barrio en donde se viva.

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