Laguna Verde, atentado contra los veracruzanos. Claudia Gutiérrez de Vivanco
Laguna Verde, atentado contra los veracruzanos
Claudia Gutiérrez de Vivanco
La relación que la sociedad establece con las actividades productivas puede llegar a ser contrastante y tensa. En Veracruz, el impacto de la industria petrolera, de la industria química y más recientemente de la nucleoeléctrica, ha desencadenado un deterioro ambiental acelerado con consecuencias directas a la salud de los veracruzanos; impacto que si raras veces se ha resarcido en lo legal, cómo en el caso de la limpieza de algunos ríos en el sur del Estado, es prácticamente imposible restaurar sus consecuencias en el organismo humano, máxime cuando la cuestión de la seguridad industrial hacia la sociedad queda, en mucho, fuera del alcance de los programas públicos de salud y, presumiblemente, de los proyectos de inversión productiva gubernamentales y privados.
Una de las razones principales por las que el Grupo Antinuclear de Madres Veracruzanas se opone al funcionamiento de la planta nucleoléctrica de Laguna Verde son los efectos que tienen las radiaciones emitidas por cualquier nucleoeléctrica durante su funcionamiento normal, sobre el ser humano y su entorno ecológico.
Al analizar la historia desde principios de siglo, Antoine Henri Becquerel y Pierre Curie dieron a conocer los efectos dañinos de las radiaciones ionizantes sobre la estructura biológica; por otro lado, en 1927, H.J. Müller que fue el fundador de la radio biogenética con premio Nobel en psicología y medicina en 1946, aseguró que las radiaciones ionizantes producen mutaciones. En 1956, cuando se publicaron los primeros reportes de estudios profundos sobre tales efectos, se demostró científicamente que las radiaciones ionizantes alteran la información genética hereditaria y que la tasa de mutaciones es directamente proporcional a la dosis de radiación. Este científico (Müller) insistió en la importancia del efecto acumulado de las dosis bajas constantes de radioactividad; además, el Comité Científico de las Naciones Unidas publica periódicamente, desde hace más de treinta años, extensos reportes que indican la existencia de una relación directa de daños a la salud por exposiciones a la radioactividad; según las dosis recibidas se producen ciertos efectos somáticos cuando afectan al propio individuo irradiado como trastornos digestivos. Asimismo se producen efectos tardíos: cáncer, envejecimiento prematuro, anomalías del desarrollo embrionario (en las mujeres embarazadas), pérdida de la capacidad inmunitaria, muerte súbita. Y también daños genéticos o hereditarios a los hijos de personas que estuvieron expuestas a la radiación; ejemplos de ello son las anormalidades fetales, alteraciones cromosomáticas como el síndrome de Down, lesiones congénitas del corazón, retraso mental, anemia falciforme.
De acuerdo a un artículo alemán titulado "¿Existe un vínculo entre la energía nuclear y las malformaciones en plantas, animales y seres humanos?", tomado de un manuscrito del programa "Report" del 20 de enero de 1987 por el periodista Wolfang Moser, expresa que en 1981, un grupo de investigadores de la Universidad de Bremen sembraron una especie de flores sumamente sensibles a la radiación en los alrededores de la planta nuclear, y encontraron 7 semanas después que se presentó un aumento considerable de la tasa de mutación de las plantas. Por otra parte, el físico P. Kafka del instituto Max Plank demostró que había una tasa elevada de malformaciones en la población circundante a una nucleoléctrica en comparación con otras localidades.
La doctora Patricia K. Sheehan y la profesora Irene B. Hillari realizaron estudios en las colindancias de la planta nuclear británica de Sellafied, reportando mayor incidencia de síndrome de Down y leucemía infantil entre los habitantes de esa zona con respecto de otras zonas. Estudios similares en Estados Unidos, al suroeste de Ohio, reportaron daños por irradiación nuclear en familias completas presentando padecimientos como el cáncer, todo ello durante ésta década y no se diga en poblaciones cercanas a Chernobil, donde se ha detectado un elevado índice de diabetes infantil, enfermedades del sistema nervioso, aparición de tumores malignos, además de daños cromosomáticos en muestras de sangre de niños habitantes de 7 pueblos fuera de la zona que se considera de riesgo, y las estimaciones médicas aseguran que los niños que estuvieron expuestos a la radiación cuando se presentó el accidente, desarrollarán a futuro algún tipo de cáncer dentro de un intervalo de menos de 40 años.
El mecanismo a través del cual se presentan estos daños es el siguiente: En situación de operación normal, las plantas nucleoeléctricas liberan una cantidad de gases que se transforman en minerales radioactivos, un ejemplo es el Estroncio, que se incorpora a la tierra integrándose al ciclo biológico, los cultivos y los pastos se contaminan; el pasto es comido por las vacas y el Estroncio pasa a la leche y se va acumulando en los huesos, tardándose 28 años para bajar su nivel de radioactividad e incrementándose el riesgo de padecer cáncer, leucemia u otras alteraciones.
Mucho se insiste por parte de los promotores de la industria nuclear, que existen límites permisibles de exposición a la radioactividad; sin embargo, es totalmente falso que pueda haber un umbral por debajo del cual no se observe alteraciones ya que toda exposición a la radiactividad significa un riesgo de presentar daños o alteraciones.
Por todos estos conocimientos, desde hace más de 10 años el Grupo Antinuclear de Madres Veracruzanas ha solicitado a las autoridades correspondientes la realización de una auditoria técnica en la planta nucleoeléctrica de Laguna Verde, así como la realización de monitoreos ambientales independientes que pueda conocer la población y por otro lado, que se publiquen los resultados de estudios epidemiológicos y de impacto ambiental que argumentan haber hecho desde que comenzó a funcionar la planta.
Se han hecho varias denuncias respecto a las deficiencias, falta de seguridad y confiabilidad operativa de Laguna Verde, desde la liberación de emisiones radioactivas al ambiente, derramamiento de agua contaminada al mar, quema de basura radioactiva de bajo nivel a la intemperie en las inmediaciones de la planta, falta de control y protección para los trabajadores de la planta que han sido severamente expuestos a las radiaciones, y nuestras autoridades han hecho caso omiso. ¿Qué dice la Secretaría de Salud al respecto?
Desde 1993 entregamos a la Subsecretaría de Gobierno un protocolo de investigación de la compañía NHB Thechnical Associates para que se evaluara el funcionamiento de Laguna Verde y su impacto a la población. Hasta la fecha, después de cinco años, seguimos esperando, ¿es esta acción una muestra de responsabilidad y respeto a la población veracruzana?
Si en otros países se entró a esta tecnología, y se estudian las consecuencias de su uso, ¿porqué en nuestro país no se hace nada al respecto? ¿dónde está la responsabilidad de nuestros gobernantes? ¿qué valor tiene la salud y la vida de quienes habitamos en este hermoso estado? ¿cuál es el costo beneficio que ha tenido hasta la fecha Laguna Verde?
Sabemos que no se cuenta con los recursos suficientes para la atención médica y hospitalaria en caso de un accidente nuclear, que las vías de evacuación no son suficientes ni adecuadas, que a la población no se le ha preparado ni entrenado para participar convenientemente en caso de una evacuación.
Por todas estas razones es que convocamos a toda la ciudadanía a participar con su opinión al respecto, a que se informe más acerca de lo que está ocurriendo y puede ocurrir, antes de que sea demasiado tarde. A ustedes madres de familia, por sus hijos, por nuestros hijos...


















