Salud pública y educación para la salud en México. ¿Utopía del siglo XX? Gerardo Kuri Cortés
Salud pública y educación para la salud en México ¿Utopía del siglo XX?
Gerardo Kuri Cortés *
"En el año del Señor de 1348 hubo en la ciudad de Florencia una gran epidemia de peste, fue tal el furor y la fuerza de la, misma que los médicos no se encontraban, ya que morían como los otros: Los que se podían hallar pedían precios desmesurados antes de entrar a la casa de un enfermo, y una vez allí le tomaban el pulso con la cara vuelta hacia atrás y desde lejos observaban la orina, tapándose la nariz... " Fragmento de una crónica florentina del siglo XIV de Buccio Di Ranallo.
En una acepción personal, creo que la salud pública es el conjunto de conocimientos científicos y normas técnico médicas que contribuyen directamente al estudio y solución de problemas colectivos de salud, sean éstos referentes al fomento y conservación de la salud o a la prevención, curación y rehabilitación. Como podemos observar, el objeto de su estudio es la población humana con todas las variantes que de ella emanen.
La enfermedad la debemos considerar como un fenómeno dinámico afectada por el substrato orgánico de los individuos, las características de los agentes productores de las diversas enfermedades, las circunstancias geoambientales así como las condiciones sociales de los individuos afectados, este hecho amplía su campo a los individuos sanos con la finalidad de identificar los factores de riesgo que ayuden a prevenir la aparición de enfermedades. En suma, la interrelación del hombre con su ámbito biopsicosocial. Por ello, el campo de la salud pública debe ser el conocimiento del grupo interdisciplinario encargado de velar por su estricta aplicación, ya que las enfermedades deben ser estudiadas no sólo considerando sus componentes biológicos, sino que de debemos incorporar los aspectos bio psico sociales.
Muchos de los padecimientos presentados en nuestro país tienen una base socioeconómica, así pues, el tratamiento y curación serán estrictamente sociales. En base a lo anterior, la salud pública requiere de diversas disciplinas para integrar la visión científica como son las ciencias sociales, donde toma su metodología, la epidemiología que registra la frecuencia y distribución del proceso de salud enfermedad, la estadística que aplicada a la salud recolecta, clasifica, presenta y analiza la información, el saneamiento ambiental que controla los factores del medio que pueden influenciar con efectos benéficos o nocivos en el hábitat humano, la administración médica que organiza los recursos médicos disponibles para aplicarlos en la producción de bienes y servicios a la salud, y tal vez la más importante: la educación para la salud, también conocida como educación sanitaria o higiénica.
Esta última es una disciplina que auxilia a la medicina preventiva en la orientación adecuada de los conocimientos, los hábitos y las actitudes de las personas para que participen activamente en la prevención y curación de sus enfermedades pero principalmente en la promoción y fomento de sus condiciones de salud (individual y colectiva), para con todo ello crear una cultura para la salud.
Conocemos que la interacción entre los valores cultura y salud es más aparente en las poblaciones marginadas (cinturones de miseria, comunidades indígenas, etcétera) donde existen los más bajos índices de ingresos económicos y de analfabetismo; las comunicaciones y los servicios sanitarios son deficientes, determinando todo ello índices de morbilidad y mortalidad elevados. Así pues, inferimos que el objetivo general más importante de la educación para la salud es tratar de ayudar al individuo y a la comunidad a mantenerse sanos mediante sus propios comportamientos y esfuerzos. Los objetivos específicos secundarios tienden a despertar el interés de los individuos por mejorar la salud personal y colectiva, aumentar la eficiencia de acciones y programas sanitarios y lograr la participación activa de las personas y comunidades en las acciones encaminadas a preservar y restaurar la salud.
Cuando las acciones de educación para la salud se utilizan fundamentalmente para incrementar la eficiencia de otros programas sanitarios como son los de vacunación o de planificación familiar, resulta fácil establecer y evaluar los objetivos pues los resultados estarán manifiestos en el número de personas que acudan a solicitar los servicios ofrecidos en los programas básicos. Por otra parte, cuando pretendemos comprobar si las acciones realizadas por las personas pasan a formar parte de su conducta en forma permanente, la evaluación de este tipo de resultados es más difícil pues ya no sólo depende de la acción educativa sino de otros factores importantes que en ocasiones influyen negativamente como son la cada vez más frecuente carencia de recursos ofrecidos (medicamentos, vacunas, etcétera) o la actitud negativa de algunos elementos del grupo médico y paramédico. Para terminar de ubicarnos en la importancia que tiene la educación para la salud en la propia salud pública, recordemos el esquema básico de la historia natural de la enfermedad. Allí encontraremos fácilmente los niveles de prevención en la etapa prepatogénica y comprenden aquellas acciones que deben realizarse cuando aún el individuo está sano, en este caso la educación para la salud, la medicina preventiva y el personal que lo pregonamos tenemos la valiosísima función de procurar que dichos individuos se mantengan sanos.
Creo conveniente señalar con énfasis esta situación, pues si verdaderamente el personal de salud tuviese más oportunidad de trabajar en estos dos niveles de prevención que corresponden a la promoción y fomento de la salud, así como la prevención específica de enfermedades, estaríamos realmente en el ideal de todas las actividades médicas y de salud pública: el de mantener al individuo y a la comunidad en condiciones óptimas, en equilibrio con su entorno bio psico social, teniendo ello un costo beneficio bajo en términos monetarios y costos social y político altos ya que el gobierno que participa de estos ideales está comprometido íntimamente con su propio pueblo.
El tercer nivel de prevención (que ya corresponde a la etapa patogénica) comprende actividades que tienen que realizarse cuando en el individuo ya se inició algún padecimiento y corresponde el diagnosticar y tratar oportunamente estas enfermedades. Y el cuarto y quinto niveles de prevención incluyen actividades que tienden a limitar el daño que la enfermedad produce, evitando con ello estados de invalidez o pensión, además de integrar y rehabilitar al individuo en su familia y trabajo con la mayor oportunidad posible.
Como observamos, en todos los niveles de prevención existe un común denominador que si es bien conocido asegurar el éxito, o por el contrario, el fracaso en el proceso de salud enfermedad, éste se llama educación para la salud.
La eficacia de sus acciones se asegura a través de la participación consciente y activa de las personas a quienes va dirigida, es decir, una persona puede mantenerse sana si conoce y pone en práctica una serie de medidas destinadas a la conservación de su capacidad física y mental. Una persona enferma tendrá oportunidad de obtener un restablecimiento oportuno y total cuando tiene los elementos de juicio suficientes que le hacen acudir a un servicio médico al sentir las primeras molestias de una enfermedad y no esperar a que ésta avance y le produzca lesiones de carácter irreversible. Aquellos pacientes con enfermedades agudas o crónicas de cierta gravedad, cumplirán en forma adecuada con largos tratamientos a veces molestos y costosos cuando saben que solamente actuando de esta forma pueden evitar complicaciones e incapacidades que llegarían a convertirlos en inválidos por el resto de sus días.
En estas condiciones, la educación para la salud debe ser considerada como el motor por medio del cual en forma adecuada, los conocimientos, hábitos y actitudes de las personas son impulsados activamente en la prevención y curación de las enfermedades y principalmente en la promoción y fomento de sus propias condiciones de salud. También creo conveniente aclarar que la adquisición de conocimientos sobre la salud no se limita a la enseñanza dada con esta sola finalidad, sino que en buena parte es el resultado del proceso de cultura general del individuo, o sea, de las experiencias adquiridas en el hogar, la escuela y la vida dentro de la misma sociedad. En consecuencia, pienso que las prácticas educativas deben producirse desde los primeros años de vida y deben prolongarse durante toda su existencia.
* Médico de familia.


















