Democracia y partidos políticos. José Antonio Crespo Mendoza

Democracia y partidos políticos

José Antonio Crespo Mendoza *

Los conceptos de democracia y partidos políticos son fundamentales para cualquier proyecto moderno de gobierno. La crisis política de los sistemas de partido único es el antecedente inmediato de la actual realidad mundial, una realidad de la cual México no puede aislarse y que implica replantear las normas de la actividad política en el país.

Por ello, el avance en la democracia mexicana plantea el reto de la transformación de las instituciones tradicionales y de los mecanismos para acceder a los órganos de decisión ejecutivos y parlamentarios. La singularidad del sistema político mexicano, que le valió su larga vigencia en este siglo, exige también de acuerdos sustentados en esta singularidad y concebidos desde las definiciones fundamentales y universales de la política.

Lo básico, lo general, lo que se dice siempre de los partidos políticos como un elemento esencial de la democracia es que son grupos que representan y facilitan la representación de amplios sectores ciudadanos.

En las sociedades de masas, en las sociedades modernas y en los estados nacionales es imposible la democracia directa, es decir, la participación directa de todos y cada uno de los ciudadanos en las decisiones de la colectividad. Eso es posible sólo en organizaciones pequeñas como las democracias de las ciudades-estado, donde los ciudadanos se reunían en la plaza, discutían, deliberaban y tomaban las decisiones; pero en la medida en quo una organización es más compleja y más grande en tamaño, se hace cada vez más difícil hasta llegar a hacerse totalmente imposible esta participación directa.

Entonces surge como alternativa la democracia representativa y ahí los partidos son una clave esencial, porque son grupos de ciudadanos todavía manejables en términos de deliberación interna y de toma de decisiones que, sin embargo, abren sus puertas a la representación o al escrutinio de los ciudadanos.

Funciones de los partidos políticos

Los partidos pueden incorporar a muchos ciudadanos a través, por ejemplo, de sectores u organizaciones que se vinculan con el partido, como los famosos partidos de masas que en su estructura, en su seno interno, le abren las puertas a la participación y a la militancia directa de sectores amplios de la sociedad.

De todas maneras, estos partidos de masas representan una minoría con respecto al conjunto de los ciudadanos. Es decir: pese a que sean partidos de masas que puedan incorporar sectores relativamente amplios de la población, de todas maneras resultan ser una minoría, una élite. Incluso los partidos de masas más grandes como el Partido Comunista de la Unión Soviética, el cual llegó a tener 18 o 20 millones de militantes, que es muchísimo; no obstante, 20 millones es de todas maneras una fracción en un universo de 300 millones de personas.

Los partidos políticos permiten entonces canalizar, recoger, procesar, articular las demandas de la ciudadanía y presentarlas al estado, a través del gobierno directo de esos partidos o a través de los congresos. En los congresos los partidos representan a quienes hayan votado por ellos, aunque los ciudadanos pueden participar de una forma más directa entrando al partido y militando, dentro de la capacidad que pueda tener el partido para ello o simplemente estando sujetos a la observación y escrutinio de los ciudadanos a través de la elección, pues a la hora que los ciudadanos emiten su voto por algún partido le están dando representatividad y le están mandando un mensaje, de manera directa o indirecta y muchas veces muy difusa, acerca de cuál programa es el que quieren que se convierta en programa de gobierno.

Los motivos del voto

Las razones que tiene el electorado para votar por algún partido pueden ser muy diversas y a veces eso dificulta interpretar cuál es el famoso mandato ciudadano que se emite en las urnas, porque las razones pueden ser totalmente distintas, incluso razones estratégicas. Se ha estudiado mucho ese fenómeno en las democracias o en regímenes que están en proceso de democratización, donde quizá yo no quiero que este partido gane, pero en virtud de cómo está la correlación de fuerzas, las encuestas y demás, voy a votar por él para presionar a este otro partido a que se mueva más a la derecha, más a la izquierda, o para evitar que este otro partido gane.

Y si votando por un partido que no es de mi preferencia, pero con ese voto logro que este otro partido no gane, entonces ese es el voto estratégico. No siempre la gente vota por su mejor opción, o vota por su mejor opción y las razones pueden ser totalmente diversas, incluso algunas tan irracionales como decir: "Ese candidato me da confianza, pero ¿que fundamentos tiene?, pues nada más, corazonada, me suena bien, habla bien, aunque no conozca yo nada de su trayectoria, en fin, tiene buen aspecto". Incluso en los países más desarrollados de pronto el aspecto físico tiene que ver y de pronto las preferencias o las tendencias pueden modificarse cuando el candidato aparece visualmente.

Estudiosos del comportamiento electoral norteamericano afirman que muchos presidentes del siglo XIX en Estados Unidos, incluyendo a Lincoln, no hubieran ganado en este siglo donde la televisión se ha convertido en un medio fundamental de propaganda política por el aspecto físico Y aunque no se puede comprobar sí se percibe a través de estudios empíricos muy especializados y muy detallados donde uno de los elementos que se han ido imponiendo como criterio para decidir por los candidatos es el aspecto, la presencia, la forma o la facilidad para hablar, etcétera; cosas que a lo mejor no tienen nada que ver con el fondo del candidato y el programa del partido.

No siempre el voto es muy racional, no siempre el voto responde a factores profundos de la política, sino a cuestiones muy superficiales, y sin embargo de todas maneras eso es un elemento que puede contribuir a que los ciudadanos vean reflejadas en alguna medida sus aspiraciones, sus anhelos, a través de los partidos políticos, porque lo importante de los partidos es eso: recogen, articulan demandas de los ciudadanos, las presentan y de alguna forma impulsan, dentro del proceso del gobierno, que esos deseos se concreten en políticas de gobierno.

Pero en términos de sistemas de partidos, podemos ver que los partidos tienden a actuar en función de sus intereses particulares y no sólo de programas y plataformas de interés colectivo; porque a la hora de la lucha por el poder, los partidos están buscando espacios de poder particular para disfrutar de éstos y lo que suponen: prestigio, influencias, dinero, recursos, capacidad de decisión. Y también los políticos en particular, miembros de ese partido, priorizan sus intereses particulares por encima de los intereses colectivos, con honrosas excepciones.

Condiciones de la democracia

La democracia está lejos de ser un modelo perfecto de gobierno, pero ciertamente es uno que se aproxima más que los regímenes no democráticos a conciliar la voluntad y el interés de los ciudadanos con el interés específico y particular de los gobernantes.

La democracia parte de la premisa de que efectivamente, tanto partidos como políticos, en su gran mayoría van a buscar su interés particular. Entonces hay que establecer mecanismos de vigilancia, de límite, de supervisión, para que los partidos se vean obligados a tomar en cuenta las demandas de los ciudadanos y a no dejar de lado, por lo menos no completamente, las aspiraciones de los ciudadanos.

Esos mecanismos de control son justamente, entre otros, el que haya competencia, pues cualquier partido político, por muy buen programa que tenga, por muy bien estructurado que esté y por mucho que recoja las demandas populares, si actúa de manera monopólica va a tender a abusar del poder, va a tender a desoír, a olvidarse de las demandas ciudadanas y se va a concentrar en preservar el poder y los privilegios y las ventajas que ello supone.

No hablo de ningún partido en particular, sino de cualquier partido que opera en condiciones monopólicas, como el Partido Comunista de la Unión Soviética y en muchos sentidos el PRI, que fue fundamentalmente monopólico, pero lo mismo ocurriría con el Partido Laborista inglés, con el Partido Demócrata de Estados Unidos o el Partido Social Demócrata alemán, si estuvieran en condiciones monopólicas.

No importa ni su ideología ni su plataforma, cualquier partido que esté consciente de su monopolio va a tender a abusar del poder, entonces ahí el remedio es que haya competencia.

Thomas Jefferson, uno de los padres de la democracia norteamericana, decía: "No creo en partidos santos ni en políticos santos". Todos los partidos, sobre todo como grupos colectivos no lo son. A lo mejor dentro de esos partidos seguramente habrá gente honorable, gente recta, pero ya como partido, como una agrupación, va a tender al abuso del poder porque tiene ambiciones.

Decía el mismo Jefferson: "¿Qué se puede hacer para contrarrestar la ambición de los partidos?" Pues no predicarles que sean honestos porque eso sería un esfuerzo estéril, sino poner otro partido que también tenga sus propias ambiciones y cuyos intereses entren en conflicto porque mutuamente se van a vigilar. Es decir, un primer mecanismo de vigilancia es anteponer a la ambición otra ambición para que ambas se neutralicen.

El problema es la hegemonía, no la hegemonía de un partido en particular, sino la hegemonía de cualquier partido, es decir, el derecho de que sea partido único, porque cualquier partido, el que sea, se va a comportar de manera muy parecida si disfruta de ese monopolio.

Partidos en competencia

En la democracia lo primero es la competencia y lo segundo es que esa competencia haga referencia evidentemente a los ciudadanos. Es decir: que los ciudadanos tengan un instrumento de control para que puedan premiar o castigar a los partidos sobre la base de esa competencia; que los partidos sepan que no tienen garantizado el triunfo; que sepan que van a ser vigilados y sujetos de escrutinio y de balance por parte de los ciudadanos, y que el voto de los ciudadanos no se pueda alterar en lo esencial; de tal manera que los partidos deberán competir frente al electorado y ofrecer no sólo una buena plataforma, si no un buen desempeño.

Ese mecanismo fundamental obliga por beneficio propio, por conveniencia, tanto a los partidos como a los legisladores y gobernantes que surjan de él, a intentar un buen desempeño de gobierno para ser ratificado, valorado, evaluado, legitimado por los ciudadanos y en esa medida continuar la carrera política a nivel individual o a nivel del partido.

Y para que un militante de un partido pueda ser refrendado en el poder tiene que hacer un buen desempeño y no salirse de ciertos límites que se le impone a su autoridad, porque puede ser llevado a los tribunales y penalizado conforme a derecho. Los partidos, en la medida en que no son monopólicos no tienen la fuerza suficiente para evitar su responsabilidad si es que transgreden las leyes, y en esa medida también, no por valores, por honestos ni por ética, sino por propia conveniencia, los políticos van a ajustarse a los límites que les impone la ley.

Lo mismo sucede con las empresas: una empresa se comporta de manera muy distinta cuando está en condiciones monopólicas que cuando tiene competencia, entonces lo fundamental es que haya competencia, y sujeta además al control, aunque sea muy indirecto, de los ciudadanos a través del voto, a través de la prensa, los medios de comunicación, e incluso otros mecanismos como las organizaciones cívicas que estén cercanamente vigilando a los partidos y a los políticos.

"En todos se cuecen habas"

Cuando a mí se me pregunta cuál es mi partido, en qué partido confío yo o qué partido me gusta más, mi respuesta es ningún partido. Hay quienes dicen: "No puede ser, tienes que tener a fuerza una preferencia", pero les digo: "Mis preferencias son por individuos en general".

Efectivamente, muchos dicen el PRI, el PAN, el PRD, el Verde o el que sea, pero eso no significa que quien diga "ninguno" esté alejado o desentendido de la política; simplemente significa que a partir del desempeño de los partidos uno puede decir: "No confío en ninguno, en todos se cuecen habas; todos, en ciertas circunstancias, reproducen lo que acusan en los otros".

Eso tan común lo estamos empezando a ver en México, porque habiendo tenido el monopolio del PRI, pues el único que hacía, deshacía, cometía errores y hacía corruptelas era el PRI porque era el que estaba en el poder. Pero yo parto de la premisa que río hay -partido santo u honesto, salvo el partido que está fuera del poder porque no tiene la oportunidad, pero una vez que se va aproximando al poder, tiene las tentaciones, tiene la posibilidad y empieza a incurrir en aquello que criticaba y atacaba.

Entonces, de pronto vemos a cualquier partido acusar a los otros de lo mismo que hace: acarreo, corrupción, deshonestidad, errores, ineficacia, clientelismo, etcétera, y en la medida en que la oposición ha ganado en los últimos años puestos de poder cada vez más importantes, más allá de las alcaldías y de las diputaciones, hemos empezado a ver que efectivamente en todos lados se cuecen habas, en todos lados hay ineficacia, inexperiencia, corruptelas, abusos de poder, etcétera.

Avances y obstáculos en México

Las organizaciones cívicas, además de vigilar las elecciones, cosa que se ha hecho con bastante éxito por cierto, deberían de pugnar por vigilar también a los congresos, al Federal y a los locales, para ver cómo votan los diputados, para ver qué partido votó por tal ley y qué partido votó por otra, ver porqué tal diputado o tal partido no votó por una ley que era benéfica para toda la colectividad, recoger sus declaraciones para que la gente lo conozca y lo sepa y en esa medida volver a votar por ese partido o no.

Pero una cuestión fundamental para impulsar esa supervisión y esa vigilancia no sólo a los partidos, sino también a los políticos individuales es la reelección a nivel parlamentario. Un político pide a los electores su voto en la medida en que el voto va contando cada vez más y van siendo más limpias las elecciones; pero una vez nombrado diputado o senador, como ya no hay reelección, se olvida del electorado. Entonces no es casual que en todas las democracias tengan reelección parlamentaria, salvo México que apenas estamos en transición y Costa Rica, por alguna razón que no sé.

La reelección parlamentaria, a diferencia de lo que mucha gente cree, no. fue eliminada por la Constitución del 17, sino hasta 1933 y precisamente para subordinar el Poder Legislativo al Ejecutivo, porque la reelección parlamentaria es el mecanismo fundamental que vincula a los ciudadanos con los partidos y permite que los legisladores rindan cuentas al electorado, porque el hecho de que el legislador sepa que su carrera parlamentaria depende de sus electores le obligará a escuchar y a tomar en cuenta lo que dicen, a sondear cuál es su opinión ante tal o cual decisión de tal o cual ley, a abrir canales para comunicarse con ellos; para que después a la hora de refrendar el cargo como legislador a término de la gestión, se cuente evidentemente con el voto.

El que haya reelección puede implicar cierta ventaja también para los propios legisladores, porque si ellos confían que tienen apoyo abajo pueden tener mayor libertad respecto de arriba, en cambio, si les cortan el vínculo hacia abajo tienen que someterse completamente hacia arriba; entonces ellos mismos, incluso los priístas que se habían opuesto tradicionalmente, históricamente a la reelección, ya empiezan a considerar seriamente la posibilidad de la conveniencia de ese mecanismo.

También quisiera decir cómo también se tiene que discutir el asunto de la sobrerrepresentación porque el partido mayoritario, sea el que sea, sea el PRI a nivel federal, sea el PAN o el PRD en algunos estados, ¿con qué derecho tiene el 8 por ciento o el 10 o 15 por ciento más de lo que los votantes le dieron? Eso, para mí, no tiene mucho sentido, sobre todo si tenemos un sistema mixto que fue creado originalmente, precisamente para evitar la sobrerrepresentación del partido mayoritario.

Cuando es un sistema de partidos donde la mayoría relativa, es decir donde hay distritos de mayoría y el candidato que gane es el que va al congreso y los demás no van, se genera automáticamente una sobrerrepresentación del partido mayoritario, por eso los alemanes inventaron el sistema mixto: algunos diputados de mayoría representativa, otros de representación proporcional, para corregir precisamente esas distorsiones de sobrerrepresentación de tal manera que cada partido tenga el porcentaje de representación parlamentaria igual al porcentaje de votos que recibió en las urnas.

La disyuntiva en México

Hay que decir que el caso mexicano es muy peculiar porque no fue un sistema de partido único. Las condiciones políticas internas y externas impedían y obstaculizaban que un partido único detentara el poder, entonces se convirtió en hegemónico un grupo político, el que ganó la Revolución y se impuso por encima de las fracciones revolucionarias.

Podía teóricamente haberse creado un partido único, pero tanto la legitimidad democrática de la Revolución de 1910, como la cercanía de. los Estados Unidos impidió que se hiciera. Entonces la segunda opción mejor dentro de esas condiciones era un partido hegemónico, es decir, con un monopolio virtual, pero guardando las formalidades democráticas, para lo cual era importante, aceptar, legalizar, reconocer partidos de oposición. Por este motivo nunca estuvieron prohibidos los partidos políticos de oposición en general; alguno en particular sí, el Comunista, el Sinarquista, pero nunca hubo una prohibición total de los partidos opositores, y eso lo convirtió en un sistema de partido hegemónico.

La hegemonia significa una combinación entre un partido único, como el PCUS que se estableció como partido de estado, que nació desde el estado, vinculado con el estado, protegido por el estado, con recursos y con la parcialidad del estado, y un partido dominante democrático que en condiciones competitivas gana durante muchos años consecutivos por su buen desempeño en lo fundamental y por otros mecanismos que contribuyan a que pueda ganar la mayor parte del poder durante varios años consecutivos.

Sin embargo, la peculiaridad del sistema de partidos en México fue que se combinaron estos dos elementos hasta cierto punto antagónicos: una dinámica democrática y una dinámica de partido de estado se combinaron de manera muy particular, muy labial sin duda alguna, y permitieron prolongar la hegemonía del PRI, pero compartida con partidos de oposición y por tanto, con una mayor legitimidad de un partido único y por cierto mayor flexibilidad y mayor capacidad de adaptación que los partidos únicos.

Eso se pudo lograr de 1929 a 1997, cuando el PRI pierde su hegemonía, no su mayoría, pero la mayoría sí es compatible con la democracia, la hegemonía no, por definición. Sin embargo, el PRI pierde su hegemonía en 1997 por dos razones fundamentales: la primera es que pierde el control sobre las autoridades electorales a nivel federal, y ya no puede revertir los resultados que le fueran desfavorables, por lo menos no a través de la autoridad electoral.

La segunda es que ni siquiera con la sobrerrepresentación contemplada en la ley logra la mayoría absoluta de la Cámara baja en 97, es decir: en la medida en que el PRI no cuenta con esa mayoría absoluta, pues ya no tiene la garantía de que las iniciativas presidenciales pasen, y tampoco tiene la garantía de impunidad que también era una de las características del partido hegemónico.

En está medida, al PRI ya sólo le queda la disyuntiva de optar por uno de sus dos componentes fundamentales: o el PRI se adapta a las nuevas condiciones de competencia, sobrevive y se convierte en un partido dominante democrático, y eso lo veremos de aquí al 2000, o bien se impone su otro -componente que era el del partido único para sufrir el desmoronamiento y la desintegración de los partidos únicos cuando entran en decadencia, como ha sido el caso de todos los partidos únicos de Europa Oriental cuando fueron derrotados en las urnas.

Sólo dos o tres de estos partidos únicos pudieron ganar la primera elección democrática, pero al año siguiente o a los dos años la perdieron y al ser derrotados viene el desmoronamiento ¿por qué?, porque ya no tienen el respaldo del estado, porque nunca ganaron una elección democrática desde la oposición, sus miembros no tienen por lo tanto la confianza de que estando en la oposición puedan regresar al poder por la vía democrática.

A diferencia de los partidos dominantes democráticos como el partido dominante Japonés, el del Partido del Congreso de la India, y el Social Demócrata en Suecia, y la Social Democracia italiana, que son organismos con la experiencia de conquistar el poder desde la oposición por la vía democrática, y por lo tanto no hay nada que impida que aunque pase a la oposición una temporada regrese al poder.

* Conferencia dictada en el Centro de Estudios para la Transición Democrática A. C. el viernes 20 de febrero de 1998, en el marco del seminario "La democracia en el Siglo XXI, perspectivas y desarrollos".

José Antonio Crespo es también autor del libro "¿Tiene futuro el PRI?"