La formación del PRI. Vicente Fuentes Díaz

De los caudillos a las instituciones

La formación del PRI: 1928 - 1952 *

Vicente Fuentes Díaz

Con la Revolución de 2910, la nación mexicana se ve en la necesidad de incluir en su vida política dos aspectos aparentemente incompatibles: el avance de la democracia y la justicia social. El hecho de que ambos se hayan convertido en ideales de la función política en el México post revolucionario tiene que ver, además de las circunstancias internacionales que posibilitaron este doble ideal político, con el pacto social al que se llegó para pacificar el país.

Un elemento importante de aquel pacto social, además de la Constitución de 1917, fue la formación del partido de los revolucionarios, institución que tuvo como objetivo, en un principio, dirimir las diferencias y competencias, tanto en el ámbito local como en el nacional, entre los diferentes caudillos militares al mando de la fuerzas revolucionarias en el poder. Después, convertido ya en partido en el gobierno, su desarrollo estaría condicionado a la conservación del poder político para llevar a cabo, al costo que fuese, el proyecto de nación de la Revolución Mexicana.

Cuarenta y cuatro días después de la muerte de Obregón, todavía en medio de grandes inquietudes, el 1 de septiembre de 1928, al iniciar su nuevo periodo de sesiones el Congreso de la Unión, el presidente Plutarco Elías Calles dirigió a la Nación un mensaje político en el que anunció la terminación de la era de los caudillos y el nacimiento de la edad de las instituciones.

Calles afirmaba que con Obregón se extinguía el último caudillo. En otra parte del mensaje, hablaba claramente de la necesidad de forjar verdaderos partidos nacionales. Decía así: "...que todos estos hechos y todos estos factores ayuden a la consecución de estos ideales: la entrada definitiva de México al campo de las instituciones y de las leyes y el establecimiento, para regular nuestra vida política, de reales partidos nacionales orgánicos, con olvido e ignorancia de hoy en adelante de los hombres necesarios como condición fatal y única para la vida y la tranquilidad del país".

Con su mensaje del 1 de septiembre de 1928, Calles abrió la ruta de la transformación política. No fue la suya tarea fácil. Cada general se sentía caudillo en potencia y las fuerzas a su mando eran tenidas por ellos como su ejército particular. Pero no sólo los militares se sentían afectados con la liquidación del caudillismo; muchos civiles, en causa común con aquellos, eran también usufructuarios del sistema y se resistirían a sustituir el individualismo aventurero por la disciplina de las instituciones.

En 1928, las instituciones existían en la letra, en el texto de la Constitución, mas no en la realidad. La más sólida institución, dentro del aparato formal del Estado, era el Ejército. La política se hacía en torno a los hombres, no en función de los principios y los programas. Los partidos políticos -reales y orgánicos como los definía Calles- no existían. No había Ley Federal del Trabajo, ni Código Agrario, ni otros ordenamientos que han servido de base para crear las instituciones mexicanas de la política, la economía, la cultura y la vida social.

La misma Constitución era en cierto modo letra muerta. Cuando Calles quiso aplicar el Artículo 130 y sus disposiciones reglamentarias, le brotó la rebelión cristera, y cuando quiso hacer efectivo el dominio de la nación sobre los recursos naturales, afrontó el peligro de una invasión armada extranjera provocada por las compañías petroleras.

México era, a la muerte de Obregón, un país salido apenas de la guerra civil, con fuerte predominio de los caudillos, con la hegemonía absoluta del Ejército, con una economía incipiente y sin fuerzas sociales organizadas. Algo quizá podríamos agregar: frente a la única institución oficial, que era el Ejército, sólo había otra verdadera de carácter privado, que era el clero. Y en medio de ambas un pueblo desorganizado, inerme y frágil, sin instrumentos de defensa y acción.

Obregón, con su recia personalidad, logró mantener el precario equilibrio, pero ya desaparecido era necesario buscar el aglutinante que empezara a unir las fuerzas en tensión y a los hombres siempre dispuestos a asaltar el poder por la violencia. Era menester la disciplina política que sólo podía nacer de los partidos "reales y orgánicos" de que hablaba Calles, distintos a los grupos oportunistas, efímeros y casi siempre electoreros de la época.

Sin embargo, la idea de esos partidos no llegó a Calles por inspiración providencial. En el sector revolucionario empezaba a nacer la noción del partido único de los revolucionarios que acabara con la anarquía reinante. En 1922, en nombre del Partido Liberal Constitucionalista, José Inés Novelo había apuntado la idea. Y a fines de 1926, en el Congreso de Partidos Socialistas, se habló de la necesidad de una mayor cohesión de los grupos revolucionarios, y el maestro Manuel S. Hidalgo, delegado a la Asamblea, hizo una buena exposición sobre la conveniencia del partido único de la Revolución Mexicana.

La formación del PNR

Emilio Portes Gil, al asumir la presidencia provisional de la República el 30 de noviembre de 1928, señaló: "...confío en que el establecimiento de i partidos políticos sólidamente enraizados, dueños de un programa y de un sector fijo de la opinión, servirá para desvincular la política de la administración y para impedir, ojalá que de hoy para siempre, que el Estado se convierta en el gran elector".

Calles, que había tenido consultas con políticos y jefes militares, puso manos a la obra apenas entregó la Presidencia. Al día siguiente auspició la formación del comité organizador del nuevo partido. Este Comité se integró inicialmente con el propio Calles como presidente y con Aarón Sáenz, Luis L. León, Manuel Pérez Treviño, David Orozco, Manlio Fabio Altamirano, Basilio Badillo y Bartolomé García Correa. En su manifiesto del 1 de diciembre, por el que se convocaba a las agrupaciones revolucionarias a integrar el nuevo organismo, se sostenían estas tesis:

  1. A falta de caudillos que conquisten a las masas por sus solas cualidades personales, es necesario que las fuerzas políticas se organicen en partidos permanentes y de principios, a fin de continuar la obra de la Revolución.
  2. Los nuevos partidos deben constituir un apoyo constante de los gobiernos de la Revolución, pero deben también censurarlos cuando se aparten del programa que tienen prometido, acabando así con quienes aplauden por sistema al gobierno y con quienes lo atacan por despecho.
  3. El nuevo partido aspira a agrupar a todos los revolucionarios del país.

La asamblea constituyente del Partido se instaló el 1 de marzo en la ciudad de Querétaro.

La declaración constitutiva tenía como punto esencial el siguiente: "El Partido Nacional Revolucionario, fundado por las mayorías proletarias de la nación, tiene por objeto mantener de modo permanente y por medio de la acción política, social y administrativa de los elementos revolucionarios del país, una disciplina de sostén al orden legal, y definir y depurar cada día más la doctrina de la Revolución, así como realizar y consolidar las conquistas de ésta".

El mismo documento tenia conceptos avanzados. Por ejemplo, propugnaba "el acceso de la mujer mexicana en las actividades de la vida cívica"; estimaba como real e inevitable el fenómeno de la lucha de clases y abogaba por "el cumplimiento de las leyes que constituyen una garantía de los derechos del proletariado, hasta ahora menoscabados por la superioridad de los explotadores sobre los explotados"; propugnaba el impulso a la industria nacional dando preferencia al capital nacional sobre el extranjero; acentuaba la necesidad de la industrialización con capitales y recursos nacionales hasta donde fuera posible.

En materia agraria proponía la liquidación inmediata del latifundismo, mas entendía la Reforma Agraria no sólo como el reparto de la tierra, sino como el medio de aumentar la productividad agrícola al apoyar "a los agricultores en condiciones de ser inmediatamente aprovechables para su explotación, organizándolos convenientemente para que su trabajo sea productivo, con objeto de aumentar y nunca disminuir la producción agrícola del país",.

El PNR durante el "Maximato"

El PNR no se fundó conforme a un modelo preestablecido. No tomó en cuenta la teoría clásica de los partidos políticos que los concibe sobre la base única de la afiliación individual y de la acción de sus militantes de acuerdo a la división territorial o electoral, caso típico de los partidos europeos del Siglo XIX y principios del XX. El PNR fue al principio una coalición de los partidos existentes, a los que se permitió seguir actuando con cierta autonomía en las contiendas estatales, aunque siempre bajo la vigilancia de la dirección nacional del PNR.

Bajo esta vigilancia, los partidos regionales empezaron a ver mermada su autonomía. Sus jefes dejaron de ser rectores omnipotentes de la política local y en la esfera nacional también vieron disminuir su área de influenció.

Ya durante la Asamblea Constitutiva del PNR, el día 4 de marzo, al discutirse y aprobarse la candidatura presidencial, se presienten la fuerza y la utilidad del nuevo organismo. Ante la postulación de Pascual Ortiz Rubio como' candidato a la Presidencia, Aarón Sáenz, también precandidato, y sus partidarios, se inquietan y algunos de ellos abandonan la sala de sesiones.

Las elecciones de ese año fueron la primera gran prueba del Partido, y éste pudo librarla con éxito, aunque con serios escollos, cuando ganó con Pascual Ortiz Rubio la disputa por la Presidencia de la República. La candidatura de José Vasconcelos, intelectual de renombre y apoyado por una amplia coalición política en la que había desde jóvenes de izquierda hasta viejos conservadores, tuvo como desenlace la intentona sediciosa apoyada en el Plan de Guaymas, misma que murió ahogada por las indecisiones del candidato, por la falta de un movimiento bien organizado y por la firme unidad del sector revolucionario oficial agrupado en el PNR.

La primera transformación

En 1929 el mundo capitalista se vio sacudido por la más grave crisis económica sufrida hasta entonces. Fue, como la mayor parte de los desequilibrios cíclicos del capitalismo, una crisis de sobreproducción. El "crack" de Wall Street se hizo sentir en México de un modo casi inmediato. El gobierno, para mejorar sus ingresos, tuvo que echar mano de recursos desesperados que algunos políticos oficiales criticaron duramente.

En cierto modo, las complicaciones políticas se agravaron por efectos de la situación económica. En estas condiciones el PNR no pudo seguir, aceleradamente, su ampliación masiva y su curso democrático interno. En cuanto a este último aspecto, se debe admitir que en esta etapa, el mando del partido se concentró en el grupo personalmente adicto al general Calles, cuya hegemonía provocó cierto descontento, pero al acercarse la campaña presidencial de 1933-34, se formó un sector dentro del partido que entraba en pugna con el núcleo callista.

Era un sector formado por militares revolucionarios, gente de la clase media, maestros y otros profesionales, líderes agrarios y obreros, campesinos, trabajadores, etcétera; quienes habiendo sido más duramente golpeados por la crisis y sin oportunidad de acceso a funciones importantes de la vida nacional, se agruparon bajo la figura del general Lázaro Cárdenas, quien alentaba profundas renovaciones. Débil de suyo al principio, tenía que apoyarse en el movimiento obrero y campesino, presionando más y más para ganar un mejor sitio en el Partido y en la maquinaria oficial.

Ya en la Convención del PNR en Querétaro, en diciembre de 1933 se sintió la nueva fuerza renovadora: la elección de Lázaro Cárdenas como candidato presidencial, con un nuevo concepto del desarrollo progresista de México, creó las condiciones para que el PNR pudiera salir del letargo que vivió bajo los gobiernos de Ortíz Rubio y Abelardo L. Rodríguez. Calles se debilitaba paulatinamente, a pesar de que en el primer gabinete cardenista figuraran varios de sus adictos. Cárdenas, en cambio, conquistaba día a día el apoyo popular, estimulado por el movimiento obrero. Finalmente, en abril de 1936, Cárdenas expulsó a Calles del país.

En la campaña de diputados federales de 1937, la CTM y otros núcleos populares hasta entonces prácticamente divorciados del PNR, se constituyeron en su espina dorsal al postular, por primera vez un buen número de candidatos obreros; por esta razón, la estructura del PNR ya no respondía a su nueva composición ni a las condiciones del país. Así lo reconoció el propio presidente Cárdenas en su Manifiesto del 18 de diciembre de 1937, en el que planteó la transformación del PNR para adecuarlo a las nuevas circunstancias y darle un contenido más democrático y popular.

El partido de la Revolucion Mexicana

Antes de ese manifiesto, el 17 de octubre de 1937, el Comité Nacional del PNR, presidido por Silvano Barba González, hizo declaraciones para señalar la urgencia de la reforma estructural del Partido, a fin de incluir, con los atributos de militancia necesarios, a las amplias organizaciones sociales que se habían creado o robustecido en los últimos tiempos. Se perfilaba, pues, la transformación del PNR como una amplia coalición de fuerzas populares y revolucionarias.

El proyecto de nuevo Partido, presentado a la Asamblea Constitutiva el 30 de marzo de 1938 por la directiva saliente del PNR, proponía que éste se denominara "Partido Socialista Mexicano". Y aunque la palabra "Socialista" fue desechada, se mantuvo el espíritu radical y avanzado implícito en el proyecto. El Partido de la Revolución Mexicana (PRM), surgió como una coalición fundada en un Pacto de Unión y Solidaridad suscrito por cuatro sectores: Obrero, Militar, Campesino y Popular.

El PRM reconocía "la existencia de la lucha de clases como un fenómeno inherente al régimen capitalista de la producción", y consideraba como uno de sus objetivos principales "la preparación del pueblo para la implantación de una democracia de trabajadores y para llegar al régimen socialista". Otorgaba todo su apoyo a la clase obrera y propugnaba por una política social que condujera a la completa emancipación proletaria "con la suprema aspiración de que triunfe la justicia social", abogaba porque el estado mexicano asumiera íntegramente la dirección de la educación nacional, condenaba el fascismo y "cualesquiera otras formas de opresión que adopte la clase privilegiada de la sociedad, con perjuicio de las libertades de la clase trabajadora y de los otros sectores del pueblo"; asimismo lucharía con toda energía por la liberación económica del país.

Con base en la estructuración por sectores, el PRM estableció la "democracia funcional" que consistía en otorgar libertad y atribuciones a los sectores, para que de su seno surgieran los candidatos a munícipes, diputados locales, diputados federales y senadores electos democráticamente, previa distribución de puestos de elección popular, por distritos electorales o estados, que hiciera el Comité Ejecutivo Nacional entre los propios sectores en toda la República.

La segunda transformación

El PRM fortaleció al gobierno de Cárdenas y contuvo a los grupos que exigían la violenta rectificación de su política y aun la caída del gobierno. Sin embargo, al poco tiempo de la Expropiación Petrolera del 18 de marzo de 1938, la contraofensiva surgió como intentona sediciosa al mando de Saturnino Cedillo en San Luis Potosí, mientras otros grupos multiplicaban su acción subversiva.

El general Juan Andrew Almazán se postuló en 1939 como candidato ala Presidencia con una plataforma en la que criticaba al gobierno y su política popular. Para septiembre, estalló la Segunda Guerra Mundial, que hizo recrudecer la actividad de los agentes fascistas en México, envalentonados desde abril, cuando fue derrotada la España Republicana.

Aun así, el PRM pudo librar la violenta campaña de 1939-40, cuyo desenlace pudo haber sido la guerra civil si el Partido no mantiene la alianza de sus sectores y no se coordina tan estrechamente, como lo hizo, con el régimen de Cárdenas. El ya presidente Ávila Camacho, presionado por el almazanismo y ante la necesidad de evitar la guerra civil, tuvo que hacer concesiones obligadas en materia educativa, laboral, etcétera. Una de éstas concesiones fue promover la desaparición del Sector Militar del PRM, ante la demanda de diversos grupos que lo tachaban de inadmisible por el carácter apolítico del Ejército.

Sin embargo, el PRM cayó en una actitud semi silenciosa y burocratizante y dentro del mismo partido empezó a sentirse la necesidad de rehabilitarlo o reformarlo. La izquierda tradicional hacía esfuerzos por salir de la burocratización, el sectarismo y el oportunismo en que cayó durante el régimen cardenista, aunque todos esos esfuerzos fueron vanos.

Al plantearse la campaña presidencial de 1945-46, la necesidad de transformar al PRM era indispensable para ponerlo en consonancia con la Ley Electoral Federal promovida por Ávila Camacho. Había concluido la Segunda Guerra Mundial y se abría para México un nuevo panorama que debía incluir forzosamente la renovación de la política, y aquella Ley vino a concretar en normas jurídicas que los partidos capacitados para intervenir en elecciones de carácter federal fueran reconocidos en forma permanente por la Secretaría de Gobernación.

Inmediatamente se acogieron a esta Ley, para intervenir en las elecciones federales de 1946, el PRM, transformado en enero de 1946 en Partido Revolucionario Institucional que postuló a Miguel Alemán Valdés, el Partido Democrático Mexicano que sostuvo a Ezequiel Padilla, el Partido Acción Nacional y el Partido Fuerza Popular de tendencia sinarquista.

La consolidación del PRI

El PRI sostuvo su adhesión al programa de la Revolución Mexicana y a las normas de la Constitución General de la República y su doctrina general podía definirse en este fragmento de su declaración de principios:

"El Partido Revolucionario Institucional es una asociación nacional constituida por la mayoría progresista del país, para sostenimiento y desarrollo de las instituciones democráticas y revolucionarias, mediante la función electoral de los ciudadanos y la orientación política, social y económica del pueblo mexicano... Es por tanto obligación ineludible del Partido luchar por la preservación y desarrollo de los derechos fundamentales del hombre, del derecho a la tierra, al producto íntegro del trabajo, al descanso, a la organización sindical, a la contratación colectiva, al Seguro Social, a la huelga, a la educación y a la asistencia, así como a los demás derechos que forman el acervo democrático mexicano".

El primer presidente del PRI fue el doctor Rafael Pascasio Gamboa, cuya tarea consistió en coadyuvar, bajo el aspecto electoral, la campaña del licenciado Alemán.

Pero durante todo el régimen alemanista desempeñó la presidencia del Partido el general y licenciado Rodolfo Sánchez Taboada, cuya preocupación por el impulso de los jóvenes dio lugar a la formación de cuadros políticos que después desempeñaron cargos importantes en la administración pública. Por ejemplo, fue él quien impulsó a Luis Echeverría, Agustín Arriaga Rivera, Natalio Vázquez Pallares, Joaquín Noris Saldaña, Hugo Cervantes del Río, Carlos Real Encinas, Salvador Pineda, Manuel Jiménez San Pedro y Mario Colín Sánchez entre otros.

El 2 de febrero de 1950 se efectuó la Primera Asamblea Nacional Ordinaria del PRI, convocada para afinar su Declaración de Principios y su Programa de Acción y reformar sus Estatutos. Tales reformas a los tres documentos básicos del Partido establecieron una modalidad importante al darles "articulación del pensamiento con los métodos para realizarlo y con las disposiciones estatutarias".

La modificación incluyó a la mujer como sujeto de elección popular para la integración de los Ayuntamientos, conforme a la reforma constitucional que consagró el voto femenino en las elecciones municipales. Otra modificación importante fue la del artículo 78 de los estatutos, por la cual se responsabilizó a los miembros y funcionarios del Partido de los actos que implicaran violación a los principios, a la disciplina y a los acuerdos adoptados, así como negligencia y deslealtad.

Sánchez Taboada luchó con éxito porque el PRI fuese el único órgano político, director de la campaña de Adolfo Ruiz Corones y de esa manera consolidó la posición del Parado, aunque el general Miguel Henríquez Guzmán surgió como fuerte candidato de oposición en la campaña presidencial de 1952. Fue esa la última ocasión (hasta 1988, N. del E.) en que el Partido en el poder sufrió, en una campaña, el desprendimiento de un núcleo importante de sus miembros para constituirse en oposición.

* Tomado del libro: Los Partidos Políticos en México, editorial Altiplano, México 1969.