El partido estatal aún hegemónico. José Alfredo Zavaleta Betancourt

El partido estatal aún hegemónico

José Alfredo Zavaleta Betancourt *

"Estamos aburridos de escuchar desde hace décadas que el sistema va a tronar, sin que pasé... Es más probable que un sistema truene... cuando no ha tronado en mucho tiempo". Gabriel Zaid.

En la actualidad, ya no tiene mucho sentido interrogarnos si este partido es democrático o no, si todo lo que dijo hasta ahora tiene algún sentido; si efectivamente hizo algo por sus electores; por el contrario, lo importante es preguntarnos: ¿Cuáles fueron las causas del ciclo prolongado de gobernabilidad priísta? ¿Aún puede decir cosas sensatas y hacer algo por los que aún siguen optando por los candidatos priístas? ¿Aún puede democratizarse?

l .- Algunas ideas tradicionales nos dicen: en el régimen político el partido estatal simuló una competencia, se configuró como un partido hegemónico pragmático, cuando fue necesario se volvió dominante, aún así siguió siendo alquimista; no obstante, el partido estatal sufre una crisis terminal cuyo desenlace será irremediablemente democrático. Una perspectiva distinta, nos permite preguntarnos: ¿Cuáles fueron las causas que produjeron esta fase del control pirita? ¿Porqué es observada por algunos analistas, opositores y periodistas como inexorablemente terminal?

La mayoría de los análisis sobre el partido estatal argumentan que es necesario explicar este ciclo de gobernabilidad que termina, mediante una historia acerca de la forma como los piritas utilizaron el dinero público para ganar elecciones; otros consideran necesario entender este proceso como una tendencia más amplia constituida por el agotamiento de los regímenes nacionalistas populares latinoamericanos.

Ambas hipótesis son plausibles, pero quizá es más útil pensar cómo los priístas institucionalizaron un discurso absurdo, el de la revolución institucionalizada, y al mismo tiempo, cómo controlaron y canalizaron corporativamente las demandas de las masas, haciendo uso de mecanismos políticos no sólo estatales, sino también infraestatales, como la autoridad patenta.

Es paradójico, pero los politólogos gustan de los análisis políticos globales sin interesarse en la microfísica que hizo posible la conformación de una cultura política priista, cuya duración sin duda, se prolongará más allá de la primera alternancia política en la Presidencia, como ahora sucede en algunas gubernaturas y ayuntamientos.

2. La fase actual de la gobernabilidad priista se caracteriza por un partido obsesivamente auto destructivo. La globalización económica y política, que han debilitado el estado nacional, ha exigido que el gobierno implemente políticas de modernización que desordenan la sociedad, el estado y los partidos, entre ellos el estatal, que perplejo se ha propuesto hacernos creer que es posible hacer compatible la vieja retórica nacional revolucionaria del partido- con las fórmulas abstractas del gobierno acerca de los nichos del mercado mundial.

Para que esto fuera posible, fue necesario que los priistas se enfrentaran durante algún tiempo en fracciones globalizantes y nacionalistas que la prensa calificó inmediatamente de tecnocráticas y políticas, aunque hubo quienes empíricamente demostraron que en realidad ambas fracciones actuaban de forma semejante para mantener la gobernabilidad , aunque así mismo reconocían que existían entre ellas algunas diferencias.

Por una parte, sustituyeron el nacionalismo revolucionario por una doctrina rara llamada "liberalismo social" que incluso recomendaron a los socialistas europeos del Este para que lo utilizaran en sus aperturas económicas; sin embargo, después de las derrotas macroeconómicas que nos han hecho pagar, vuelven a insistir en la necesidad de un discurso cercano a las masas de electores.

En efecto, los priístas han creado un compuesto discursivo inestable que muy pronto estallará por sus tensiones internas, porque la dorada píldora de la globalización nacionalista de los priístas es inverosímil. El nuevo priísmo es esquizofrénico, su yo se divide entre el capital financiero y las compensaciones sociales mínimas, piensan aunque no lo saben, como los organismos financieros internacionales, que es posible hacer compatible "la gestión de calidad", con "las redes de protección social", aún así, pagan doble por ver las cartas de la oposición que no logra deconstruir esta retórica, ni puede en el contexto actual, estructurar un discurso nacional popular efectivo.

Ahora bien, el partido estatal aún hegemónico no puede democratizarse, su refundación se agotó en un plano discursivo. Por esta razón, el presidente ha vuelto a tomar su conducción, aunque su fracción personal está debilitada; algunos priistas han renunciado y se han convertido mágicamente en opositores, mientras el partido, esotérico para algunos extranjeros, pierde cada vez más contiendas electorales.

Por el lado contrario, han optado por la guerra mediante una estrategia autoritaria impulsada por algunos gobernadores, aspirantes a la candidatura presidencial, que consideran este año electoral, el cuarto año del sexenio, como un requisito estructural para garantizar ese objetivo. Por ahora, éstos se dedican a denunciar una conjura antipriísta y a tejer las redes para obligar al presidente a aceptar un proceso más abierto para la elección del sucesor.

En tales circunstancias, lejos de reproducirse democráticamene, el sistema político tiende a una recomposición autoritaria ¿Para qué hablar de transiciones democráticas obstruidas y retardadas? En el mejor de los casos, estas hipótesis constituyen una intención bella, pero improbable. ¿Hasta cuando se percatarán de que el modelo de la transición española es inútil debido a la configuración inversa de las relaciones entre sociedad civil y estado? El escenario más probable para los próximos tres años está modelado por un distanciamiento entre los partidos opositores, una ilegitimidad real y fabricada de los gobiernos opositores y un triunfo para los priístas. ¿Durante cuánto tiempo seguirá siendo un partido estatal aún hegemónico?

* Catedrático de la facultad de Sociología y profesor de Posgrado de la U. V., actualmente es candidato al Doctorado en Sociología por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.