El gatopardismo panista. Alfredo Zavaleta Betancourt
El gatopardismo panista
Alfredo Zavaleta Betancourt *
"No existe en este momento otro camino que el del libre mercado y la democracia participativa. No obstante, el modelo aplicado en México debe ser ajustado a la brevedad... "
Ahora que el PAN representa la segunda fuerza electoral del país, es necesario preguntarnos ¿Cómo ha sido posible que un partido que en los ochentas era caracterizado como derechista y conservador recalcitrante se haya convertido en una alternativa electoral para ciertos ciudadanos? Por supuesto, la respuesta a esta pregunta no sólo debe buscarse en los cambios organizacionales de dicho partido, sino además en sus relaciones con las élites tecnocráticas y las nuevas posiciones de la centroizquierda.
En efecto, desde 1989, año en que se reconoce el triunfo panista en la primera gubernatura opositora, este partido ha desarrollado una estrategia político-electoral pragmática, cercana a las élites, que le ha permitido ganar un sector del voto regional y urbano, principalmente de las clases medias, aunque también popular, suficiente para alternar gubernamentalmente con éstos en Baja California Norte, Guanajuato, Nuevo León, Querétaro, Jalisco y Chihuahua (aunque en los dos últimos no tengan mayoría absoluta en los congresos locales) así como en algunas ciudades importantes como Morelia, Oaxaca, Puebla, Culiacán, Mazatlán, Veracruz, Mérida y otras.
Ese pragmatismo 1e ha permitido acumular un capital político que invierte en su oposición suave y en sus gobiernos que concurren con los priístas a la sombra del neoliberalismo. Para lograr estas ganancias políticas, -el PAN no sólo aceptó el triunfo priísta en 1988 sino que estableció un intercambio político sistemático de reconocimiento de triunfos electorales a cambio de aterciopelar su oposición alejándose del PRD. Para tal efecto, limitó su oposición mediante una insistencia centrada en las reformas electorales y la neutralización de las posiciones que en su interior desarrollaban tácticas antifraudulentas radicales.
Básicamente, esas alianzas que le han permitido presentarse como una alternativa para sus electores se han convertido ahora en uno de los principales problemas de este partido, en la medida en que si bien aparece para algunos como un medio eficaz para derrotar al partido estatal aún hegemónico, también está sujeto aun escrutinio público de electores que sospechan de su eficacia y calidad, transparencia y de democracia; si por un lado, representa para algunos, la posibilidad de un cambio pactado en nuestra transición política, por otro lado, es difícil distinguirlo de las élites políticas tecnocráticas.
Sin duda, el PAN ha jugado un papel importante en la extensión democrática electoral, antes desdeñada por la izquierda, pero en realidad no ha avanzado demasiado hacia la democratización liberal desmantelando el presidencialismo y posibilitando la autonomía del poder judicial en los estados que gobierna; ejemplo de ello es que son los gobernadores panistas quienes abren en sus gubernaturas el proceso reciente de militarización de la seguridad pública en el país, así como han roto la alianza opositora que se estructuró en el congreso actual.
Aún más: como las élites tecnocráticas desde 1982 se apropiaron del discurso panista (en programas anticorrupción y descentralización, privatización) y los trataron bajo la regla-como dice Meyer- "para el amigo leal y cercano, ése que apoya resistiendo" incorporando a su agenda las principales demandas de este partido y cediéndole el reconocimiento de los triunfos que le niegan al "enemigo irrecuperable": los perredistas. Los citadinos y ciudadanos sospechan que se trata de la misma gata, sobre todo cuando los medios informan del involucramiento del anterior candidato presidencial en negocios sucios que asocian ala aceptación de la quema de los paquetes electorales de 1988.
Ahora bien, el acercamiento de los panistas y los priístas sobre la situación chiapaneca, después de la ruptura del bloque opositor, es un indicador de que los panistas tienen muy claras las cartas para jugar en el ciclo de la sucesión: volver a la alianza estructural moderando sus críticas a los logros electorales y suspendiendo las alianzas coyunturales para conformar una alternativa electoral que dispute la Presidencia o en su defecto, incremente su presencia en el Congreso Federal, e incluso asuma el co-gobierno.
Para tal efecto, piensan que tácticamente es necesario ganar en 1998 el mayor número de gubernaturas y congresos locales y perfilar a sus posibles candidatos presidenciales. Al respecto, un analista como Roderic.Ai Camp les concede apenas el 20 o el 25% de los votos en las elecciones presidenciales; Javier Hurtado sostiene que sus triunfos seguros serán en Sinaloa y Aguascalientes, mientras que la Carta de Política Mexicana advierte, bajo la hipótesis de. un deterioro de la gobernabilidad priísta, sin que sea "previsible un cambio brusco en la conformación del mapa electoral" que los panistas "expandirán la mancha blanquiazul en zonas urbanas y municipios estratégicos".
Así, las cosas en Veracruz donde los panistas gobiernan Córdoba, Orizaba y el puerto Veracruz, no serán diferentes. Aunque los priístas no perderán la gubernatura, es posible que la conformación del Congreso local permita un avance panista y perredista si se toman en cuenta las cifras electorales de las elecciones municipales del año pasado. En tales circunstancias, los panistas saben que su candidato, cortesano y bufón, aunque sin duda más influyente que cualquiera de sus precandidatos internos, perderá la gubernatura; por eso le han puesto la plana de incrementar el capital político del Partido, particularmente el de Vicente Fox.
El PAN juega en Veracruz un comodín para la gubernatura pensando en el póquer presidencial, pero el riesgo es que los perredistas, diletantes en las artes del pragmatismo, digo esto como eufemismo, aún con su candidato interno puede disputar la segunda fuerza electoral estatal a los panistas quienes en nuestro Estado son enigmáticos y débiles organizacionalmente. En efecto, la imagen de este candidato, aún dorada por la televisora para la cual trabaja, que habla y piensa como niño, como si se encontrara entre niños, puede aruinarles el juego.
* Alfredo Zavaleta Betancourt es catedrático de la Facultad de Sociología y de Posgrado de la Universidad Veracruzana. Actualmente es candidato al doctorado en sociología por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.


















