Lecturas en Transición. Rodrigo de Dios Urbina

Lecturas en Transición

Rodrigo de Dios Urbina

Un paso fuera del laberinto

"El laberinto de la soledad"

Paz, Octavio. Fondo de Cultura Económica, México D.F., 1959.

Para los poetas y los estudiosos, el concepto de "mexicano" es un enigma. En la pluralidad de sus orígenes, en la versatilidad de sus actitudes ante aquello que juzga extraño, en el sincretismo intrínseco de su fe, la civilización que encarna lo mexicano tiene por signo la dualidad que percibe la vida en la muerte, la eternidad pasiva del movimiento perpetuo, el monolito de los silencios entendidos.

Poeta y estudioso, Octavio Paz (1914-1998) expresó de manera obsesiva las dualidades de la existencia cósmica de lo mexicano, dualidades pretenciosas, inadvertidas, silentes. Significados vacíos, ocultos en la ostentación de representaciones floridas, como las guerras destinadas a la saciedad de los dioses.

No hay explicación del enigma con mínima certeza. Las gentes hacen su nombre patriarcal a solas. Por ello, la homogeneidad de los hombres y mujeres de este país es ficticia, como lo son sus causas comunes. Por ello, el mexicano es solo, único, mestizo surgido de un suelo fertilizado con sangre.

País dual y hermético, el México que describe Octavio Paz es el laberinto donde la esperanza es una luz lejana; un purgatorio de culpas ancestrales, más profundo aún que lo descrito por Orson Welles: "Una tierra brillante y culpable..." Y donde los seres persisten encadenados ala sierpe hambrienta de su extremo.

¿Cómo son las cadenas de los hombres al destino? ¿Cómo se explica la tragedia? Esta existencia dual, ajena a los criollismos, a las inmigraciones forzadas o forzosas, a la tradición originaria, es la clave del laberinto.

Dice Paz: "La palabra chingar, con todas estas múltiples significaciones, define gran parte de nuestra vida y califica nuestras relaciones con el resto de nuestros amigos y compatriotas. Para el mexicano, la vida es una posibilidad de chingar o de ser chingado. es decir, de humillar, castigar y ofender. O a la inversa..." ¿Qué otra opción para quien no tiene linaje sino arriesgar la propia honra?

De aquí que el egocentrismo del concepto "mexicano" implique una apropiación de códigos, de significaciones, para tergiversarlas en equivalencias ocultas, rituales. En ellas se enuncia la culpabilidad del yo y de su pasado, y de este modo se hace permisible la entrada a quien hasta entonces es ajeno.

Paz asumió su testimonio. Otros, como Samuel Ramos, Cossío Villegas o el veracruzano Jorge Cuesta, mencionados en el capítulo 'La `inteligencia' mexicana", hurgan en la identidad a través de la cultura.

Sin embargo, la identidad que se busca en el vacío del origen común, en la elección del pasado mítico que implica la supresión del yo porque también es la del otro, esa identidad que nace de negaciones es la única posible en el México de Paz.

Valga hoy apenas una reseña de su obra más polémica, a manera de homenaje para aquel visionario. Q.E.P.D.

Ecce Homo

Nietzche, Federico. Editores Mexicanos Unidos, S.A., 3a. Edición 1983. México D.F.

El dolor de la existencia física que en poco se compensa con el fuego del intelecto es la explicación implícita de este libro. Por ello su tema es la solitaria fatalidad del creador, del pensador que a solas debe enfrentarse a su lucidez.

Proemio de la locura, esa tan suya, tan personal, "Ecce Homo" encierra el misterio esbozar del super hombre y de su degradación al profetizar, en la épica excesiva de Wagner, el nazismo.

Como en pocos libros de Nietzche, se observa la paradoja inevitable, feliz, de encontrar la luz al fondo de socavones y abismos de la vitalidad. Luego explica, hablando de "Aurora": "La plena claridad, 1a serena amplitud dispositiva, incluso la exhuberancia espiritual que refleja esta obra, respondía no sólo a una profunda debilidad fisiológica, sino también a un exceso de sufrimiento".

Porque la vida es enemiga del pensamiento. Así, el espíritu de su Zarathustra compartirá el cielo de las águilas cuando vence la tentación de piedad, de compasión. Tales cosas, dice, huelen a plebe.

La música es el viento del nimbo, y tal no puede levantar el polvo transitorio de las certezas. Wagner cae de su gloria y hace añicos su espíritu para caber en el amplio bronce de los monumentos.

He aquí el método para alcanzar la dignidad: la subversión contra lo que impone el cuerpo, la voluntad de elegir más allá de todo afán instintivo y de toda convención humana.

Una paradoja más: en la frontera tenue de la lucidez y la locura, se quemarán las naves para ser esclavo del silencio.

Mirada retrospectiva

Lou Andreas- Salomé. Alianza Editorial, S.A. 1980. Madrid.

Ligada a grandes personalidades del mundo intelectual alemán de fines del siglo XIX y principios del XX, la figura de Lou Andreas- Salomé se trasluce en esta autobiografía cuya edición está basada en un manuscrito hallado por Ernst Pfeiffer, amigo personal de Lou Andreas-Salomé en sus últimos años y a cuyo cuidado estuvo la edición alemana del libro.

Aunque pertenece al género autobiográfico; el libro no es una exposición lineal y continua de sucesos personales: la autora, que fue amiga y colaboradora de tantos personajes significativos -Nietzche, Rilke y Freud, entre otros- de una de las épocas de mayor creatividad y esplendor de la cultura centroeuropea, salta continuamente de la anécdota al plano de la reflexión más general.

Lo que le interesa no es la descripción secuencial de su existencia, por lo demás sumamente heterodoxa para los patrones

convencionales y morales de su tiempo y en cierto sentido anticipadora de los posteriores movimientos feministas, sino la búsqueda de ese sentido más profundo e invisible que realmente constituye la hilación de todo el relato: una manera de ver la vida que, paradójicamente, quizás es profundamente religiosa.

El arpa y la sombra

Carpentier, Alejo. Siglo XXI editores, S.A., La creación literaria. 3a. Edición 1979. México D.F.

Ahí está el viejo Colón, en su viaje dantesco hacia la palabra. Si lo narrado de maravilla trata, peligra su realidad en la ficción.

Imaginación carnavaleña al quebrar acompasada los pocos indicios de certeza. El cielo descrito desde un proceso de canonización por un pontífice viajero, bien llegado a estas tierras para poca fortuna de libertadores e ilustrados. San Cristóbal Colón, quien llevara de brazos a Cristo Jesús por jordán más ancho y más ajeno.

La tierra, desde el delirio mortal, se mofa grotesca del imaginario con el recurso y el método del, asombro. "¡Tierra a la vista!" El tiempo, el espacio, aquello conceptuado como tangible subvierte el hecho único y sus volutas platerescas, raudas como nimbos de huracán que escapan a todas nuestras conjeturas.

¿El infierno?, llamas de fatuo, oscuridad de sótanos y corredores culpables. Aquel sujeto inadvertido de la judería de Praga, más prolijo, no enunció mejor. Procesos, esperas, juicios, intrigas de una burocracia que administra los bienes del Cielo, tangibles sólo para los ejércitos del Valle de Armagedón.

Personal recuerdo: 12 de octubre, 500 años al futuro. Efímero día de la dignidad americana. Un Cristóbal Colón de bronce lleva inscripta la furia de todo un continente.

¿Alguna fe lo canonizaría?

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