El PAN y la Iglesia Católica. Relaciones que no se ven, pero existen. Pedro Castro Martínez
El PAN y la Iglesia Católica
Relaciones que no se ven, pero existen *
Pedro Castro Martínez **
El Partido Acción Nacional (PAN) es una organización que coincide desde el punto de vista ideológico con muchas de las causas abanderadas por la Iglesia católica. Pero no sólo eso: entre ambas instituciones existe una relación que implica ciertas dependencias, las cuales, si bien no son muy visibles, sí existen naturalmente. El PAN, como institución, tuvo un origen casi religioso: precisamente como una confederación de organizaciones católicas sumadas en la reacción al cardenismo en 1939.
La conferencia "Democracia e Iglesias", a cargo del investigador Pedro Castro, explica esta relación en términos políticos, aunque señala que existe el problema de cómo abordar el tema de la Iglesia católica mexicana en la política considerándola como un todo, pues si bien es un ente definido en cuanto a sus intereses, su línea y su meta esencial, a su interior hay intereses múltiples. Es decir: hay una diversidad de opiniones, de tácticas y en su seno coexiste una multiplicidad de actores relativamente nuevos o modernizados.
La Iglesia es una de las organizaciones más antiguas de nuestra cultura, ya que existe por lo menos desde casi el principio de lo que es nuestra era cristiana. O sea, hay Iglesia, hubo Iglesia, y habrá Iglesia para quién sabe cuántos siglos más.
Pero cuando hablamos de la Iglesia católica en la política mexicana de la actualidad, creo que hablamos de algo diferente a lo que de la Iglesia se comentaba a principios de los Sesenta o de los Setenta para atrás. Recuerdo que siempre se decía: "Es que la Iglesia católica está en contra del texto gratuito, la Iglesia católica está contra el comunismo, contra el liberalismo ateo, contra Benito Juárez y está en contra de la educación laica...", todo ese tipo de cosas.
En realidad, a principios de los años Sesenta era muy fácil hablar de la Iglesia católica en esos términos y desde luego, la Iglesia católica en contra de las iglesias cristianas no católicas. No obstante, desde hace 20 años se da una implosión en la Iglesia católica que permite que se manifiesten ciertos sectores que -si bien siempre habían estado presentes en la Iglesia- se consideran sectores nuevos por su tendencia hacia posturas impensables debido al papel que había jugado la Iglesia católica mexicana en la historia del país, por ejemplo los sectores simpatizantes del marxismo como la famosaTeología de la Liberación.
Como ejemplo de ello está el cambio de actitud de los jesuitas, quienes si bien tenían toda clase de recursos y en sus colegios particulares se dedicaban a educar a los ricos en instituciones como los colegios Patria, de repente desaparece esta orientación y encontramos que muchos elementos de avanzada progresista con una inclinación al marxismo y al socialismo son una parte muy importante dentro de la misma Iglesia católica. Esto a mí me parece que es de los cambios más importantes de la historia contemporánea de la Iglesia católica mexicana.
Otro hecho que merece reconsiderarse, y que dará una perspectiva más precisa al abordar este tema situado en la época contemporánea, es justamente cómo el Estado se ha relacionado con esa Iglesia compleja, con esa Iglesia que tiene fachadas de diferentes colores en cuanto alas relaciones con el estado; la Iglesia que sí tiene cabezas visibles y por lo cual deducimos justamente que funciona para ciertos aspectos como un ente único. Me estoy refiriendo a la alta jerarquía eclesiástica, a los obispos, cardenales, en fin, a los altos dignatarios de la Iglesia católica mexicana.
El Salinismo y la Iglesia
El caso de esta apertura o implosión de la Iglesia católica, la nueva relación que busca el Estado mexicano con la Iglesia católica, y también el activismo papal, son tres de los principales elementos que configuran la posición actual de la Iglesia católica mexicana en la política. Y cuando se habla de esta nueva relación del Estado con la Iglesia católica, pues naturalmente que nos vamos a referir al sexenio de Carlos Salinas de Gortari, quien detrás de todas las posibilidades que según él ofrecía la modernización y el sistema mexicano en su conjunto, percibía en general que el estado, el gobierno, tenía una crisis de alianzas.
¿Qué es una crisis de alianzas? Justamente la emergencia de nuevos actores en la política como la de los nuevos grupos y partidos que emergen a partir de los años Ochenta, entre los cuales se encuentran los que dan origen al PRD.
La respuesta del gobierno respecto a la Iglesia católica es justamente atraerla y decirle: "Vamos a platicar, vamos a resolver aquellos problemas, vamos a ponernos a tono con los nuevos tiempos", es decir, modernizar la relación del gobierno mexicano con la Iglesia, lo cual es, por cierto, una modernización paradójica.; es decir, se moderniza yendo para atrás.
¿Por qué se moderniza yendo para atrás? Simplemente porque las reformas legales de la época de Salinas son percibidas por la opinión pública como un retroceso histórico. Mucha gente se preguntaba: 'Y bueno, ¿dónde quedó Juárez?, ¿dónde quedó todo el control relativo que tuvo el gobierno mexicano sobre la Iglesia durante tantos años?" Efectivamente, Carlos Salinas entiende que su programa de modernización política es justamente atraerse a la Iglesia católica. Y si bien ahora ya vemos que las cosas están cambiando, sin duda alguna la perspectiva que un momento dado aplicó Carlos Salinas de Gortari, fue justamente atraer a la órbita corporativa o procorporativa del sistema político mexicano a la Iglesia Católica.
Esta nueva postura del estado se manifiesta en un nuevo activismo por parte de la Iglesia católica. Un activismo que tiene diferentes facetas, desde lo que serían las posturas de la alta curia mexicana, hasta las que sostendría Samuel Ruiz y todas aquellas corrientes progresistas dentro de la Iglesia católica.
Sin embargo, no hay que olvidar que históricamente la Iglesia católica es una institución conservadora, nunca estuvo por el cambio, ni por la Independencia, ni por la Reforma, ni por la Revolución; condenó a Hidalgo y a Morelos, también fue el enemigo principal de la generación de la Reforma.
La cuestión educativa
A mi manera muy personal de ver las cosas, la piedra de toque de la supervivencia de la Iglesia como grupo de presión es el asunto educativo. Ya desde 1917 la Iglesia declaró su posición a alguna parte del articulado de la Constitución del 17, sobre todo al contenido del Artículo 3o. Constitucional, y más tarde a la llamada educación socialista.
Cuando el estado se plantea la conveniencia de un articulado constitucional dirigido hacia el control de la Iglesia católica, toda la legislación que parte del Artículo 3o. Constitucional no impidió que la Iglesia católica siguiera teniendo sus escuelas y que haya crecido tanto en términos de influencia y de su participación dentro de prácticamente todos los niveles del sistema educativo.
Justamente, este Artículo 3o. Constitucional ha tenido sus cambios, ha tenido su apertura-por decirlo así- a lo que son los intereses de la Iglesia católica, entendida como los intereses de la alta jerarquía, y ya desde 1929, con sus altas y sus bajas, el estado y la Iglesia mantienen una relación de cooperación y conflicto. Aunque en general, aparte de los muchos arreglos logrados entre la alta jerarquía católica y el estado en los últimos años, donde la Iglesia que no quita el dedo del renglón es en el caso de la educación pública.
La cuestión de la educación pública tiene mayor importancia de lo que su nombre generalmente evoca. La educación es -políticamente hablando- una ganancia de las conciencias. La educación pública mexicana, consagrada a partir de la Constitución de 1917, fue la intención de ganar las conciencias, más que una intención de educar al pueblo. No nos olvidemos que la Revolución Mexicana sí tuvo una acción muy seria por parte del grupo gobernante de atraer a las masas y particularmente a los jóvenes y a los niños- al pensamiento laico de la Revolución.
Sin embargo, la Iglesia católica ha sido la única organización política en México que ha logrado desarrollar organizaciones paralelas que le disputan por lo menos una parte de la soberanía al estado, concretamente esta parte que se refiere alas conciencias.
Por ello, la Iglesia católica se pronuncia en desacuerdo con el contenido del Artículo 3o. Constitucional. Entonces sí hay una lucha permanente que ha llevado acabo la Iglesia desde 1917, y ésta ha sido precisamente modificar los contenidos y los alcances del Artículo 3o. Constitucional y toda la legislación secundaria, con el propósito de abrirse paso en la competencia por las conciencias; es decir: la Iglesia católica mexicana es la única que enfrenta al estado en esta lucha por las conciencias, y lo hace a través de la educación.
Entonces, con todos los arreglos tan pragmáticos que han tenido los gobiernos de México con la Iglesia católica, pues se le permite a la Iglesia que haga un poco lo que quiera con la educación; o sea: "El campo educativo es un muy buen negocio, si me ayudas con la educación del pueblo mexicano yo no voy a poner objeciones a que haya, por ejemplo, una clase de moral", la cual aún se imparte en las escuelas primarias y secundarias donde también se enseña religión o en donde se da moral como religión, aunque disfrazada.
Organismos ligados a la Iglesia
Durante toda la época posrevolucionaria, la Iglesia y el Estado han mantenido una relación, y siempre ha habido una actividad política tanto de la institución Iglesia como de ciertos elementos muy importantes de la misma.
El Episcopado, por ejemplo, se dedicó durante años a formar y sostener organizaciones como Acción Católica y la Unión Nacional de Padres de Familia, las cuales todavía tienen sus expresiones; así como el Sindicato de Maestros Católicos -que ya no existe-, las Congregaciones Marianas, la Liga de la Decencia, la Unión Social del Empresario, y los Caballeros de Colón. De ésta última puede decirse que siempre ha fungido como contacto de la Iglesia con el gobierno.
Y aunque la Iglesia ha utilizado bastante a las organizaciones paralelas ligadas con ella, las más importantes en los últimos años han sido el Partido Acción Nacional, la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), y desde luego al famoso Comité PROVIDA.
El PAN tuvo un origen, si se permite la expresión, casi religioso: nace en 1939 como una confederación de organizaciones católicas, las cuales surgieron como una reacción a las políticas cardenistas. Por otra parte, la COPARMEX ha sido una organización paralela que justamente se ha dirigido a la asociación de lo que serían los líderes del empresariado en sus diferentes niveles.
De las cosas que no es de sorprender es que la COPARMEX exista en todos los niveles del plano nacional, pues hasta en lugares muy pequeños y apartados, ahí está la oficina de COPARMEX. Y desde luego, el caso del famoso Comité PROVIDA, muy activo y yo diría que sumamente radical, además sumamente atendible por parte del gobierno. Y si yo le preguntaría a Luis Pazos cuál es más o menos su relación con otras organizaciones, no me sorprendería que él tuviera que ver, bueno, con el PAN es obvio, pero también con las otras organizaciones.
La afinidad que tantas veces no se declara abiertamente, resulta más que obvia pues jamás el clero ha tenido un gesto de desacuerdo, ni directa, ni indirectamente hacia el PAN y desde luego hacia la COPARMEX o al Comité PROVIDA.
Los ideólogos de éstas organizaciones jamás atacan a la Iglesia y se hacen eco de las propuestas de la jerarquías católica, con alta frecuencia. Sobre todo en el Norte de México, la posición del clero político hacia el PAN se expresa de una actitud militante, ya desde el púlpito, ya en la acción de los grupos confesionales, o ya desde cualquiera de sus medios de proselitismo y trabaja no obstante es pertinente aclarar que no todos los sacerdotes hacen política desde el púlpito.
Tenemos pues que así como hay una competencia en la educación, también existe una. competencia entre la Iglesia y el estado por la ciudadanía, una competencia de tipo partidario; es decir, el PAN es una organización que está evidentemente vinculada a la Iglesia, hay una relación de ciertas dependencias que nosotros no vemos pero que naturalmente existen. Y también está el caso de lo que se conoce como la sociedad civil religiosa, que son las organizaciones tipo COPARMEX o el Comité PROVIDA, las cuales tienen una vinculación expresa, claramente expresa, con la Iglesia católica.
La política de la Iglesia
Ya en las primeras décadas de este siglo, cuando se da la Revolución Mexicana, y en específico después de 1916, la Iglesia católica tuvo un perfil más bien bajo y por ello abre un compás de espera. Quizás no se siente suficientemente fuerte y tampoco suficientemente segura, de modo que no asume una postura frente a la Revolución.
Entonces encontramos que la Iglesia católica toma su tiempo para ver cómo se estabiliza el sistema político, para luego retomar lo que son sus demandas.
No hay que olvidar que la Iglesia católica mexicana tiene una vinculación internacional importantísima con el Vaticano, pues la Iglesia católica mexicana es parte de la Iglesia católica universal, es decir: tiene tanto el aval como el apoyo del Vaticano. De este modo, la relación de cooperación y conflicto del estado con 1a Iglesia se expresa también en la tolerancia de una competencia, aunque limitada por algunos sectores, por la soberanía estatal.
En las dos últimas décadas de la historia mexicana, por lo menos algún sector de la Iglesia católica se ha comportado de modo muy poliárquico, muy versátil. No estoy hablando del sacerdote que desde el púlpito se avienta su homilía dominical y habla mal de medió mundo e invita a votar por el PAN, sino de elementos importantes de la jerarquía católica que abiertamente hablan en contra del sistema político autoritario, en contra de la virtual dictadura en la que México vive.
Me refiero en concreto al caso de Chihuahua en 1987, cuando autoridades eclesiásticas y sacerdotes se volcaron a favor del candidato panista a la gubernatura-y ahora gobernador-Francisco Barrio; entonces aparecían sonadas coincidencias entre las declaraciones que hizo el Obispo de Chihuahua, Adalberto Almeida, y la postura de Acción Nacional. Esta situación llega a su punto mas álgido cuando el Arzobispo anunció que los templos permanecerían cerrados hasta que no se reconociera la existencia de un fraude gubernamental en las elecciones. Además de la "huelga de culto" se sigue una acción llamada "Los talleres de la democracia". Es poco ya de adoctrinamiento en la fe, ya no es la doctrina que nos decían cuando éramos niños, ya no la doctrina religiosa sino la doctrina política.
Como parte de este nuevo activismo, deben mencionarse también las posturas de la Conferencia Episcopal Mexicana a principios de los años Ochenta, porque ya tiene reiteraciones muy sonadas; por ejemplo, hay una declaración en ocasión de esa asamblea que dice: "La situación del país se avizora muy conflictiva, retadora y problemática en gran manera y al mismo tiempo PROVISORIAen grandes acontecimientos orientados a la reconstrucción del país en varios niveles; sin embargo, para lograr superar esto se requiere un cambio total, es necesario que haya gente nueva, mentalidad nueva, vida nueva, proyectos nuevos y actuaciones nuevas". Tales declaraciones marcan el principio de una nueva época en la actuación de las principales corrientes eclesiásticas católicas en México.
Corrientes políticas en la Iglesia
Viene al caso mencionar que tales corrientes ya fueron establecidas justamente a principios de los Ochenta con líneas y actuaciones divergentes, pero que permitieron y siguen permitiendo a la Iglesia moverse en muchos frentes al mismo tiempo: medios de comunicación, diplomacia personal, negociación pública y privada y desde luego movilización social; es decir, están cubriendo todos los campos que tienen que ver con el contacto humano y con la política.
Una primera corriente es la hegemónica encabezada en la actualidad por el arzobispo Norberto Rivera Carrera y apoyada por el delegado apostólico Justo Mullor. Este último recibió los frutos de la intensa actividad política y diplomática de su antecesor, Giloramo Prigione. Otros representantes de esta poderosa corriente son los obispos de Yucatán, de Veracruz, de Tabasco, de Papantla y de Tampico. Debo mencionar con respecto a esta corriente hegemónica que es la más negociadora con el estado; es decir pese a las declaraciones de monseñor Norberto- que ésta es justamente la que tiene contacto con la Presidencia, la que cena con el Presidente y la que traza "estrategias comunes para la estabilidad del país", por decirlo así.
Otra corriente estaría más abiertamente en favor de las posiciones panistas, como lo han demostrado desde luego los obispos chihuahuenses; es decir, Almeida en la ciudad de Chihuahua y el de Ciudad Juárez, así como los obispos de Ciudad Obregón y Hermosillo. No obstante, no puede perderse de vista que en tales regiones el panismo es bastante fuerte.
Y la tercera corriente es la inclinada hacia la opción preferencial por los pobres, como se dice en lo político y teológico. Ésta ha sido la más comprometida con los sectores más humildes de la sociedad, y está formada fundamentalmente por los obispos de la región Pacífico Sur, excepto los de Tuxtla Gutiérrez y Tuxtepec. Entre sus principales representantes están Samuel Ruiz, Arturo Ronar, de Tehuantepec, el de la Tarahumara-que ha jugado un papel importante- y el de Oaxaca, Bartolomé Carrasco.
Adaptarse a las diferentes problemáticas regionales del país, en términos de la supervivencia de la Iglesia católica en México, como en todo el mundo, tiene que ver con la capacidad de las diferentes corrientes de la Iglesia para trabajar en sectores tan diversos.
Pero en todo caso, la Iglesia católica es un actor político y social muy importante como para ser tomado en cuenta, y cualquier postura posición jacobina para juzgarla en estos momentos sería completamente obsoleta. Si bien la Iglesia no tiene una presencia en la tradición democrática de México, sí tiene una presencia importante y vigilante en lo que es en la política nacional en estos momentos.
* Tomado de la conferencia "Democracia e Iglesias" dictada en el Seminario "La Democracia en el Siglo XXI, perspectivas y desarrollos", organizada por el Centro de Estudios para la Transición Democrática, A. C.
** Pedro Castro Martínez es licenciado en relaciones Internacionales por El Colegio de México, profesor-investigador de tiempo completo del Departamento de Sociología de la UAM-Iztapalapa. Es candidato a doctor en historia por la Facultad de Filosofia y Letras de la UNAM.


















