Una década de política panista. Lauro A. Trujillo Anaya

Una década de política panista

Lauro A. Trujillo Anaya *

El Partido Acción Nacional ha logrado atraer, durante los últimos 10 años, a una parte de los electores mexicanos que comparten características comunes. Y en gran manera, su crecimiento se debe a que su estrategia electoral ha logrado definir un tipo específico de ciudadano al cual dirigir tanto sus propuestas políticas como sus plataformas electorales.

Una parte del continuo crecimiento del PAN en nuestro país y en Veracruz, lo explica esta estrategia de delimitar cuáles son las potencias clientelas electorales; sin embargo, esta directriz no se ha dado en el único sentido del partido hacia el electorado, también han contribuido, y en muy gran manera, las coyunturas políticas y las decisiones que este organismo político ha tomado ante las acciones del gobierno, enfocadas a preservar el sistema político mexicano.

E1 crecimiento experimentado por el Partido Acción Nacional (PAN) en los últimos 10 años incluye su posicionamiento en varias gubernaturas: Baja California Norte, Jalisco, Chihuahua, Nuevo León, Querétaro y Guanajuato; en ciudades aportantes como Guadalajara, Monterrey, Ciudad Juárez, León, etcétera, y en nuestro estado, el puerto de Veracruz, Córdoba, rizaba, entre otras; sin olvidar su presenta consolidada en el Congreso de la Unión y z la mayoría de las legislaturas estatales.

La principal explicación de este fenómeno consiste en que el PAN ha logrado convertir en un canal confiable de representación Mítica para amplios sectores de las clases medias antigobiernistas, conservadoras, individualista, católico-practicantes, liberas, empresariales (y por tanto, dispuestas a hacer buenos negocios) y, en algunos casos faccionarias, que se encontraban carentes e expresión partidaria y veían a la política como algo fútil, como un terreno que no les pertenecía, después de 50 años de languidez panista y sus infructuosas "batallas en el desierto" ante la maquinaria del partido oficial, que lo había orillado a mantenerse casi como oposición "simbólica", sin transar, pero sin influencia real en las dinámicas legislativas y de gobierno.

El resurgimiento del PAN vino del Norte, donde sus líderes -como en Chihuahua impulsaron los preceptos de la resistencia civil, entendida como un recurso de los ciudadanos ante el fraude electoral, el abuso de poder y la corrupción de los gobernantes. Su diferencie con los movimientos populares abanderados por las izquierdas residía en su concepto elitizado de ciudadano, cuyos atributos eran definidos por los dirigentes frente al espejo: instruido, solvente, decente, católico, pulcro, culto, legal. En principio quedaban fuera las demandas sociales de los pobres, pero su movimiento no era simulado, lo que les permitió ampliar su capacidad de convocatoria.

Durante la campaña presidencial de 1988, su candidato Manuel J. Clouthier supo acrecentar el capital político del PAN gracias a su estilo directo de crítica y ala independencia política que proyectó para su partido. Era de esperarse que después del "triunfo" de Salinas, las oposiciones del PAN y del Frente Democrático Nacional (después PRD), impondrían la tónica en el Congreso de la Unión, pues los unía la necesidad táctica de desplazar al PRI, aunque tuvieran distintas alternativas y proyectos para la Nación. Esto no ocurrió -además de las razones programáticas-porque Salinas supo dividir al PAN -después del extraño accidente y muerte de Clouthier en 1989- y promovió en ese partido la hegemonía de los llamados "neopanistas", quienes se apoderaron del aparato partidario y eliminaron todo vestigio del panismo "histórico" o "doctrinal", aquel que quería rescatar la honradez y el espíritu democrático de sus fundadores encabezados por Gómez Morín, Christlie Ibarrola y otros. Algunos connotados miembros de esta corriente prefirieron escindirse ante el precipitado cambio de rumbo.

Fue entonces que se inauguró la época de las llamadas "concertacesiones" o de "negociaciones de recámara", en las cuales PRI y PAN actuaron como bloque en casi todo, al grado de que algunos analistas políticos apuntaron con sorna que el PAN ya no necesitaba ganar la presidencia porque el PRI se estaba encargando de llevar a la práctica su programa privatista de gobierno.

El PAN se encontraba muy a gusto en su papel dentro del nuevo esquema "bipartidista" que se perfilaba después de las elecciones federales de 1991. En términos gruesos, la negociación marchaba sobre la base de instrumentar una nueva mayoría PRI-PAN en las cámaras, con la hegemonía del primero, lógicamente en contra del PRD, a cambio de que el gobierno respetara los triunfos electorales panistas, allí donde pudieran demostrarlo. Además tenían la expectativa de que el gobierno de Estados Unidos avalaría las nuevas condiciones por la similitud con su sistema electoral, cosa que al parecer no ocurrió. Fue la época del "ni los veo ni los oigo" de Salinas para referirse al PRD y la época de Diego Fernández de Cevallos como dirigente real del PAN.

Sin embargo, la avidez de poder, el estreno de las cúpulas panistas en los "oficios" políticos del PRI y todas las ventajas que obtuvieron de dicha alianza, no constituyen la explicación profunda del crecimiento del PAN porque atrás de los políticos profesionales se encuentran los sujetos sociales y son ellos quienes votan, y además porque el PRI no estaría dispuesto a "regalar" tantas gubernaturas o la segunda o tercera ciudades más importantes del país.

En otras palabras, las "concertacesiones" ayudaron al PAN pero no determinaron su nuevo protagonismo. Éste fue impulsado por una base social específica, que antes se abstenía de votar y que es expresión de la diversificación social del país. Hacia esos sectores no cautivos, el PRD también podría dirigir su interlocución y su oferta política, porque son sujetos no corporativizados y el capital político del PAN puede declinar corno costo resultante de su alianza con el PRI. Al respecto, hemos visto cómo algunas agrupaciones de "El Barzón" (deudores de la banca, muchos de ellos empresarios), se han acercado al PRD y no al PAN, como seria de esperar según una lógica simplista.

La Iglesia católica es otro factor de poder que es necesario considerar para analizar al PAN. Durante el gobierno de Salinas de Gortari, éste percibió correctamente que el no reconocer diplomáticamente al Estado Vaticano, inevitablemente ubicaba al PAN como el único partido que estaba en condiciones de capitalizar políticamente a los católicos mexicanos (con excepción de las corrientes alternativas y críticas de esa iglesia, orientadas a la izquierda, pero que eran y son la minoría). La modificación del Artículo 130 Constitucional, el intercambio de embajadores y la normalización del status jurídico y social del clero, así como el reconocimiento de sus bienes materiales, tuvieron la intención de obtener legitimidad y ganar una base social a costa del PAN.

Tal vez esto se logró en alguna medida en las elecciones de 1994, bajo la premisa de que el Estado seguía siendo laico, pero no enemigo de la Iglesia católica. Sin embargo, es probable que en las esferas dirigentes del Estado no esperaban el precoz activismo político del Embajador Vaticano, Girolamo Prigione, ni del Jefe nacional de la Iglesia, quienes casi á diario empezaron a emitir cáusticos comentarios sobre muy diversos temas, especialmente sobre la educación, el control de la natalidad, el uso de condones, la pobreza, etcétera.

Por lo pronto, el PAN no tiene un vínculo orgánico formal con la Iglesia ni se declara oficialmente católico, aunque su universo cultural sí tenga esa orientación.

Por último, en relación al actual gobierno federal, el presidente Zedillo nombró a un panista como Procurador General de la República, en lo que parecía ser la profundización del bipartidismo excluyente. Sin embargo, a pesar del caso Tabasco, al PRD se le reconoció el triunfo electoral en el Distrito Federal (cuyo presupuesto equivale al de más de 10 estados) y por lo menos en lo formal ha habido diálogo del Presidente con diversos dirigentes de este partido.

Después de las elecciones federales de 1997, nuevamente era de esperarse que PRD y PAN hicieran valer su nueva mayoría en la Cámara de Diputados, cosa que ocurrió sólo durante unos 3 meses, hasta antes de que se aprobara el presupuesto federal para el presente año, cuando el PAN emprendió un viraje y restableció su alianza con el PRI en las tareas legislativas.

Ante tal trayectoria, podemos concluir que el PAN se ha alejado de la alternativa ciudadana, anticorporativa, liberal y democrática para convertirse en un partido de centro derecha, sin posibilidad de ganar la presidencia, pero subordinado a la misma, lo que le garantiza una posición estable y ser copartícipe del mismo régimen al que formalmente (propagandísticamente) dice combatir. En este sentido, partidos en formación como el de Camacho Solís (Centro Democrático) también le disputará una parte de su actual base social.

Además, en la Cámara de Diputados el PAN se considera asimismo como el "fiel de la balanza", y actuando autónomamente en algunos casos importantes como el del juicio político contra los gobernadores de Yucatán y Tabasco, sacado adelante por el diputado Creel De la Barra, quien anteriormente hizo muy buen papel como Consejero Ciudadano en el IFE y que ha sido presionado desde las esferas oficiales, según lo denunció a los medios de comunicación; o bien la cautela del PAN para no aprobar al vapor -hasta ahora- ninguna Ley Indígena. En estas y otras cuestiones se vislumbra la importancia que podría tener este partido en la transición democrática, sin que se entienda por ésta el estar en desacuerdo en todo con el PRI.

* Lauro A. Trujillo Anaya es licenciado en sociología, por la Universidad Veracruzana. Actualmente es maestro de tiempo completo.