Dictadura moral de caudillos. José Alfredo Zavaleta Betancourt

Dictadura moral de caudillos

José Alfredo Zavaleta Betancourt *

Una cosa es bien cierta, asegura el investigador y académico José Alfredo Zavaleta; Ignacio Morales Lechuga no ganará la gubernatura de Veracruz, pero igualmente verdadero es que tampoco se retirará de la política.

Luego del largo camino recorrido, lleno de obstáculos y vicisitudes para alcanzar la nominación, el ex Procurador General de la República llegará al final de la azarosa senda; el objetivo: crear un capital político y un contrapeso en la Legislatura del Estado que le sirva para sus proyectos a futuro. Esa es la respuesta, considera el académico, de la tozudez de Ignacio Morales Lechuga en su apuesta por Veracruz.

Si se concede que Morales Lechuga no ganará la gubernatura, entonces usted debería preguntarse: ¿Por qué sigue participando? Para responder a esta pregunta, permítame algunas consideraciones.

La decisión de participar en las elecciones para gobernador en nuestro Estado tuvo dos causas. Una: pensar que podía ganar estructurando una estrategia de redes y alianzas con desplazados y opositores y dos: necesitaba limpiar su imagen política manchada por aquel acontecimiento de tráfico de drogas que precipitó su caída de la Procuraduría del país.

En el primer caso, era para él imprescindible cabildear entre las elites panistas y perredistas su nominación, ofertándose como la única carta para derrotar al candidato del partido estatal aún hegemónico; sin embargo, ni los panistas ni los perredistas quisieron jugar su póquer, debido a sus lealtades y semilealtades actuales. Particularmente, los perredistas, consciente o inconscientemente, le hicieron perder el tiempo, asumiendo hacia él una actitud entre pragmática y estratégica que puede ser interpretada como diletante o una ingeniosa pantalla, según se quiera.

En realidad no es muy importante saber la causa principal de lo que pasó. Si lo rechazaron por su pasado, si lo alborotaron con la desconfianza de que fuera un troyano montado en el alemanismo, si se impuso en el Congreso de Oaxtepec la dictadura moral de los caudillos... ¡Vaya usted a saber! Lo cierto es que Morales Lechuga perdió un tiempo político que no podrá recuperar ni con las nominaciones de los petistas y los ecologistas.

Tampoco -escúchelo bien- con su acercamiento al partido de Manuel Camacho.

En el segundo caso, aunque lo esperaba, los priístas reactivaron el asunto de Tlalixcoyan mediante la liberación de Vázquez Chelius y la demanda que actualmente enfrenta por aquel suceso. A pesar de los esfuerzos de Morales Lechuga por lavar su nombre de esa cochinada -pues ha insistido en haber permanecido con las manos quietas- para muchos electores, algunos de los` cuales piensan que ha sido postulado por los perredistas, no ha quedado claro qué fue lo que pasó realmente, si tienen razón los militares o los judiciales.

A pesar de que este incidente constituye una sangría a su imagen política, no hará mucho ruido público al respecto: abrir ese frente sería suicida, por eso va a cerrarlo. Por el lado contrario, ha preferido anunciar "su cercanía" a Dante Delgado, redimido por los medios desmemoriados como mártir de la convergencia y sostener en una campaña larga y fría, la necesidad de un cambio que no es cambio, porque -si usted es observador- resulta tan débil como su propuesta de policía nacional contra la delincuencia.

Ahora bien, ¿por qué sigue la campaña si no va a ganar la gubernatura? Mire, tiene un motivo, sencillo de entender: peor para él sería si después de la más prolongada campaña que ha encabezado, cansado, renunciara. Por un lado, sabe que a estas alturas resulta improbable e inútil una alianza con el perredismo y por otro lado, colige que su desenchufe del proceso le quebraría el escaso capital político que le queda.

En tales circunstancias, no renunciará a la candidatura ni por el silvestre candidato perredista ni por otra cosa, aunque espera garantizarle el porcentaje a los partiditos que lo nominaron para mantenerles el registro, devolverle a Camacho la renta política que ha invertido en él, construir contrapesos legislativos en el Congreso Local al probabilísimo gobierno alemanista... Pero, ¿bastarán los votos que logre como tercera fuerza electoral? ¿Cree usted que sea rebasado por el cuasiacadémico y cuasipolitico candidato que le impusieron a los papistas locales desde el centro?

Por último, si aún tiene un poco de tiempo, interróguese ¿cuál es el escenario más probable para un político tradicional como éste? Le aseguro, no abandonará la política. Es poco probable aunque no imposible que regrese al partido al cual renunció; puede aliarse al partido de Camacho para impulsar la candidatura de aquél en las próximas elecciones presidenciales; puede como alternativa última, crear un partido estatal que se alíe a un candidato ganador.

* Catedrático de la Facultad de Sociología de la UV, actualmente es candidato a doctor en sociología por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.