El PRD se autodescartó para gobernar Veracruz. Lauro A. Trujillo Anaya

El PRD se autodescartó para gobernar Veracruz

Lauro A. Trujillo Anaya *

La desafortunada y errática manera como el Partido de la Revolución Democrática en sus instancias nacional y estatal manejaron el caso del veto a Ignacio Morales Lechuga demuestra entre otras L cosas que ese partido tiene serios problemas de democracia interna, ya que en la actualidad transita por un camino hasta ahora desconocido: el de pasar de oposición a gobierno y manejar -mal- sus relaciones interiores y sus 'políticas de alianzas'; así lo interpreta Lauro Trujillo, sociólogo de profesión y maestro de tiempo completo de la Universidad Veracruzana.

El catedrático señala que el PRD prefirió sacrificar una candidatura ganadora como la de Morales Lechuga en aras de supuestos "principios". Sin embargo, el no haber descubierto la "fama pública" del hoy abanderado del PT y PVEM cuando desde las direcciones estatal y nacional se alentó su precandidatura, deja muchas dudas en el electorado pensante; sin duda el 2 de agosto el caudal de votación del PRD bajará ante las dudas e indefiniciones que provocó la cancelación, por orden nacional, de la postulación de Ignacio Morales Lechuga.

La postulación de Ignacio Morales Lechuga como candidato ala gubernatura del estado de Veracruz estuvo marcada por la desafortunada y errática conducción del proceso por parte del PRD, que se vio obligado a tratar este asunto en su Congreso Nacional la madrugada del domingo 22 de marzo, en Oaxtepec, Morelos.

Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles, Adolfo Gilly y otros connotados dirigentes intervinieron raudos para vetar a Morales y dar paso a la derrota electoral del PRD y la escisión de un número indeterminado de dirigentes y cuadros medios, quienes se apresuraron a formar el Frente Democrático Veracruzano (FDV) para sostener a su candidato junto con el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

Todavía a finales de enero se había sorteado el último escollo legal en la Legislatura al desistirse el PRI en su pretensión de prohibir las candidaturas comunes -sostenidas por dos o más partidos-, que llevaba dedicatoria directa contra Morales y el bloque PRD-PT-PVEM. Hasta allí todo parecía una cuestión de tiempo para formalizar un compromiso y dar paso a la candidatura externa.

Sin embargo, la oposición interna encabezada localmente por la corriente "hebertista" hizo pública su discrepancia aderezando duros ataques contra el precandidato "salinista", ligado al narcotráfico, represor de perredistas, etcétera. Conviene detenerse en cada una de tales acusaciones.

Morales Lechuga ocupó tres puestos de primer nivel en el gobierno de Salinas: Procurador del DF, Procurador General de la República y Embajador en Francia. Los dos primeros se ubican en el área crítica de cualquier gobierno. No podemos suponer que por el solo hecho de tener uno de esos cargos cualquier persona queda manchada; sería un razonamiento muy simple. Por otro lado, si bien es cierto que el Procurador es legalmente responsable de todo lo que ocurra en esa dependencia, queda claro que humanamente es imposible mantener un control de todo lo que hacen los subordinados y más cuando son frecuentes las maquinaciones simbióticas de la policía con el hampa.

En descargo de Morales Lechuga podemos apuntar que durante su gestión, las llamadas "certificaciones" del gobierno de Estados Unidos fueron extendidas sin contratiempos (una especie de "diploma" con el que EEUU avala el combate al narcotráfico por parte de gobiernos extranjeros). Por otro lado, es sabido que Morales -a diferencia de otros ex funcionarios- viaja sin contratiempos al vecino país, sin ser molestado por la policía estadounidense.

Además, existe el testimonio de Ramón Sosamontes, militante de la izquierda desde la época del PCM, después PSUM y actualmente PRD, alto funcionario en el gobierno de Cárdenas en la ciudad de México, quien en sus "Comentarios" al libro de Morales Lechuga "Vientos de Cambio" reconoce la política de apertura de éste en la PGR al convocar a la formación de un Comité Ciudadano Plural, que funcionó efectivamente durante su periodo.

Respecto a sus bienes patrimoniales, Morales Lechuga ha declarado que durante su campaña hará pública la relación de sus bienes y de su familia, lo que consideramos adecuado para despejar las dudas de muchos ciudadanos.

Por otro lado, es claro que el candidato del FDV-PT-PVEM no era miembro del "núcleo duro" en el equipo de Salinas, como sí lo era el gobernador Patricio Chirinos (inclusive éste así lo ha reconocido). Tal vez por eso, durante su periodo como Procurador General de la República según escribe en el libro mencionado, Salinas lo acotó para que se desentendiera del combate al narcotráfico, dejando esas tareas en manos de un subprocurador que acordaba directamente en la oficina del Presidente.

Acerca de los perredistas asesinados durante todo el gobierno de Salinas, es un asunto grave pues ha sido una constante que se ha mantenido en el actual gobierno. En esta cuestión considero que es un "síndrome sistémico" el que permite la comisión de esos delitos y su impunidad, particularmente en las zonas más empobrecidas, donde los caciques políticos cuentan con el solapamiento de las autoridades de todo nivel.

Antes y después de los pronunciamientos contra Morales Lechuga por parte de la corriente "hebertista", aquél mantuvo reuniones y contactos con dirigentes estatales y nacionales del PRD sin que se le negara su posición como precandidato. Sólo en el último momento se recibió la orden de que el caso se trataría en el Congreso Nacional porque Morales tenía mayoría entre la directiva estatal, aunque no consenso.

En el Congreso, después de largas horas se abordó el caso polarizándose la discusión entre los "principistas" promotores del veto y los "pragmáticos" que veían la necesidad de impulsar las alianzas y obtener el triunfo, comprometiendo al candidato a ser fiel a la plataforma electoral y a un estilo democrático de gestión. Ganaron los "principistas" y con ello echaron por la borda la factibilidad de un gran avance después de las elecciones municipales de octubre de 1997, en las cuales el PRD obtuvo cerca de 60 Ayuntamientos. Todo ventilado en los medios de comunicación en donde quedó constancia de las fuertes tendencias centralistas y de la falta de unidad en el PRD, lo que de seguro se traducirá en falta de credibilidad entre las franjas pensantes del electorado.

Tal parece que la discusión se centró en las personalidades y no en las necesidades democráticas de Veracruz, lo que resulta irresponsable. Podemos suponer que el PRD quedaría a salvo en su fuerza moral y política en caso de que un candidato externo se apartara de los compromisos adquiridos para definir y orientar su gobierno, precisamente porque se trataría de un ciudadano distinguido, no de un militante. Un candidato externo siempre ofrecerá un margen de incertidumbre ante el cual el partido en todo momento podría deslindarse. Nada de esto se tomó en cuenta.

Por lo demás, según la crónica de La Jornada, llama la atención que ningún miembro de la dirección nacional del PRD habló en defensa de la alianza que se venía tejiendo desde hacía meses y por otro lado que muchas de las intervenciones de los veracruzanos que proponían al candidato externo atacaron frontalmente a Cárdenas, López Obrador y otros dirigentes en vez de argumentar serenamente, sin epítetos, a favor de su candidato.

Pero además, el veto a Morales Lechuga fue inconsecuente porque por esos mismos días el PRD abanderó como su candidato a la gubernatura de Zacatecas al diputado priísta Ricardo Monreal, miembro de la "burbuja" (la élite pensante del PRI en las Cámaras, que cuenta con todos los recursos y la que centraliza tácticas y decisiones), quien una noche se acostó priísta, y como no obtuvo la nominación de su partido, a la mañana siguiente se despertó perredista.

Otro sonado caso es el del general Careaga, miembro del Batallón "Olimpia" en la represión estudiantil de 1968, que aparece ahora como Subsecretario de Seguridad Pública en el propio gobierno de Cárdenas y de quien se dice, es el que toma realmente las decisiones en la policía capitalina.

Todos estos acontecimientos nos señalan que el PRD transita actualmente por un camino no recorrido antes. No es lo mismo estar en las trincheras de la oposición en las cámaras legislativas, que estar al frente del Ejecutivo en donde el margen de lucimiento es menor por la escasez de recursos y las restricciones políticas y legales para impulsar los cambios. La conducción del gobierno es algo que apenas están aprendiendo. En Veracruz el PRD se autodescartó para gobernar el Estado porque Morales Lechuga merecía el beneficio de la duda y no se lo otorgaron.

Por último, Morales Lechuga tuvo la apostura de mantener su candidatura con el registro del PT y el PVEM, que son opciones menores y carecen de una amplia base política y aparato. Podríamos suponer que el candidato "le quedó grande" a los partiditos, pero de seguro que éstos tienen condiciones para avanzar en su caudal de votos y tal vez aumentar su número de diputados locales.

Para después de las elecciones queda pendiente la definición de "Nacho" en términos partidistas, porque un "político profesional" como él mismo se autodefine, no puede permanecer indefinidamente al margen de la política partidaria. ¿Será con el PRD, dando una muestra de nobleza y madurez?, ¿con el PT o con el PVEM para convertirse en su dirigente estatal?, ¿Con el excarcelado Dante y su Convergencia que ya pidió su registro como partido ante el IFE, pero que dicen que apoya a Alemán?, ¿O con el Partido Centro Democrático para hacer mancuerna con Camacho Solís? ¿O tal vez con un nuevo partido estatal, de puros veracruzanos, idea que hace poco expresó?

Creo que Morales Lechuga en el futuro tendrá oportunidad de demostrar cabalmente que su ruptura con el PRI fue sincera y que está dispuesto a luchar desde la izquierda por un México y un Veracruz con gobernantes honrados y democráticos.

* Lauro A. Trujillo Anaya es licenciado en sociología por la Universidad Veracruzana, donde actualmente es maestro de tiempo completo.