Fortalezas y debilidades del PRD. Lauro A. Trujillo Anaya

Fortalezas y debilidades del PRD

Lauro A. Trujillo Anaya

Ubicar al PRD como resultado de la historia de México de los últimos tiempos, es contar cómo emergieron las fuerzas sociales que hoy le dan sustento político e identidad pública en el escenario nacional. Tales fuerzas, identificadas con el rechazo al grupo gobernante por diversas circunstancias, se articularon finalmente en un proyecto de partido que enarboló sus causas y promovió el consenso de una transición a la democracia. Desde esa perspectiva, se observan fortalezas y debilidades en el PRD que enfrentará el proceso electoral del 2 de agosto y la competencia electoral hacia el 2000.

La consolidación actual del PRD es resultado de un tortuoso recorrido que en última instancia tuvo sus orígenes en el movimiento estudiantil de 1968, porque a partir de ese momento un sector de las clases medias ilustradas pudieron sostener una continuidad de lucha contestataria en muchas de las principales universidades del país.

Al mismo tiempo, durante los años 70 se expresaron importantes movimientos sindicalistas anticorporativos que propiciaron un acercamiento natural de varios sectores oprimidos que luchaban contra el sistema priísta: colonos, productores agrícolas, etcétera. El diario "Excelsior", dirigido por Julio Scherer García hasta 1976, con un nuevo concepto periodístico hacía eco de los movimientos e impulsaba la crítica puntual a los excesos del poder. Por otro lado, las guerrillas urbanas y rurales contribuyeron -a su manera a evidenciar el agotamiento del sistema político y estatal inaugurado en 1938 con la formación del Partido de la Revolución Mexicana.

El gobierno de Echeverría sólo proclamó una "apertura democrática" que no tuvo expresión orgánica. La primera Reforma Política, anunciada en 1977, organizada en 1978 y aplicada en las elecciones federales de 1979 bajo la conducción de Jesús Reyes Heroles, estaba dirigida a las izquierdas y buscaba abrirles cauces para su incorporación institucional al débil sistema de partidos, como una manera de prevenir nuevas opciones violentas y buscando neutralizar sus políticas radicales y principistas. El Partido Comunista Mexicano (PCM) fue el primero que aceptó el reto en medio de una gran desconfianza, lo que le permitió acceder a la Cámara de Diputados.

En los años 80 se dio un proceso de reagrupamiento que implicó cambios de siglas en las principales corrientes de la izquierda: el PCM fue sustituido por el Partido Mexicano Socialista (PMS) y después por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), el que finalmente cedió su registro oficial al PRD en 1989.

Algunas corrientes maoístas que tenían un concepto de desarrollo político "desde abajo" en los movimientos, prescindiendo en lo posible de los aparatos partidarios por considerarlos burocráticos, se reagruparon en la Organización de Izquierda Revolucionaria-Línea de Masas (OIR-LM).

Otros grupos radicales formaron la Corriente Socialista y otros más la Alianza Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR). Por su parte, el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), dirigido por Heberto Castillo se encaminaba naturalmente a la gran confluencia que estaba por ocurrir.

Los que faltaban eran los priístas encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas y Muñoz Ledo quienes primero formaron una "Corriente Democrática" y después salieron por la puerta izquierda del partido gobernante.

Para las elecciones presidenciales de 1988, todos ellos y algunos otros quedaron reunidos y formaron el Frente Democrático Nacional (FDN) con Cuauhtémoc como candidato y con la adhesión de partidos centristas como el de Aguilar Talamantes, denominado pomposamente Partido Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, que después de las elecciones siguió una política de "caballito de Troya" que no logró desarticular a la coalición de fuerzas que estaba emergiendo.

Durante sus primeros años (algunos sostienen que hasta la fecha) el PRD funcionó como un frente político más que como un partido, porque las fuerzas reunidas en su seno seguían alimentando su propia organicidad por encima del fortalecimiento general del nuevo proyecto partidario. Uno de los efectos de este fenómeno fue que funcionaron con un esquema de cuotas o parcelas de. poder que pronto se tradujo en desgastes y enfrentamientos visibles ante la opinión pública y que alejó de sus filas a intelectuales y ciudadanos que esperaban encontrar un partido conformado por individuos y no por grupos preconstituido s.

La emergencia de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG's) que se ha vivido en la presente década a la manera de amplios y diversos movimientos de la sociedad civil que luchan por objetivos específicos y que ubican a los partidos como parte de la esfera del estado (y por tanto, objeto de desconfianza), ha representado un límite al crecimiento exponencial del PRD. Sin embargo, queda claro que la transición democrática no se reduce, pero tampoco puede prescindir del fortalecimiento del sistema de partidos, la alternancia del poder y el desarrollo de la democracia política. Los ciudadanos "químicamente puros" (como algunos se autodefinen) que niegan esta realidad, corren el riesgo de caer en un diletantismo, que -supongo- está lejos de su vocación democrática.

El reto actual para el PRD como representante de la izquierda histórica de México, es conquistar la democracia política e impulsar la democracia social. Lo primero sin lo segundo sería quedarse en la forma política, convertir a los medios en fines por sí mismos. Lo segundo implica capacidad instrumental para -desde los puestos de gobierno- impulsar con efectividad un programa de reformas sociales que pudiera revertir los estragos provocados por el neoliberalismo.

No es una tarea fácil porque implicaría ganar las elecciones presidenciales del 2000. Sin embargo, pase lo que pase, considero que el PRD, a pesar de la relativa adversidad en la que se desenvuelve, tiene las condiciones necesarias para su maduración a casi 10 años de haber sido fundado.

Las restricciones del ejercicio del poder parecen ubicarlo ahora corno un partido de "centro izquierda", porque el contexto institucional así lo condiciona. En otras palabras,, tomando en cuenta las reglas del juego en las que intervienen factores internacionales, un programa de gobierno avanzado, justo, redistributivo, etcétera, no se podría implantar al cien por ciento porque existen acotaciones que obligan al sacrificio parcial de las ideas y proyectos expuestos desde la oposición.

Esto nos habla de la lentitud y gradualidad de los cambios a 30 años de 1968.

El PRD en Veracruz y las elecciones de Agosto

Después del IV Congreso Nacional del PRD en el que se descartó la candidatura de Morales Lechuga (impulsada entre otros por Arturo Herviz), el desconcierto y la división continuaron en la dirección estatal. Casi todo abril fue de disputas y falta de definición. Las candidaturas externas fueron suprimidas sacando de la jugada al comentarista Jorge Saldaña. López Obrador propuso a los seis prospectos que se pusieran de acuerdo para nombrar un candidato de unidad y que en caso de no lograrlo, el CEN propondría a Laura Itzel Castillo (hija del difunto Heberto). Esta idea fue vetada por Mariana Aguilar. Finalmente, en el Consejo Estatal del PRD Herviz le ganó la votación a Mariana (412 vs. 221) y se registró dos días antes de la fecha límite.

Lo primero que llama la atención es que el diputado local Herviz pidió una licencia sólo por 3 meses, para regresar a su curul casi al día siguiente de las elecciones, como si supiera que no tiene condiciones de resultar gobernador electo, como si sólo fuera a hacer una campaña testimonial.

Detrás de Mariana salieron del PRD otros experimentados dirigentes que afirman haber tomado esa decisión junto con cientos militantes de base. El número es lo de menos, el hecho es que el PRD se verá afectado adversamente en un sector del llamado "voto duro" (de aquellos que siempre votan por ese partido). Pero también influirá la valoración de quienes además del partido se fijan en el candidato. Es de desear que en otras elecciones sean más cuidadosos, empezando por sus dirigentes nacionales.