La identidad partidista de la Revolución Democrática. Andrés Manuel López Obrador
IV Congreso Nacional del PRD
La identidad partidista de la Revolución Democrática *
Andrés Manuel López Obrador **
Cuando en Oaxtepec, Morelos, se efectuó el IV Congreso Nacional del PRD el 18 de marzo de 1998, la postura institucional del Sol Azteca manifestaba optimismo ante el inmediato futuro electoral. Tal optimismo derivaba del posicionamiento político que el Partido había alcanzado tras las elecciones del 6 de julio de 1997.
Sin embargo, la responsabilidad de ocupar el segundo lugar como fuerza electoral nacional había tomado ya diversos significados para las corrientes que conforman el PRD, lo cual influyó de manera determinante en la decisión que se tomó en aquel Congreso respecto a la forma en que competiría el Partido en los comicios de Veracruz.
La postura resultante, que definiría la nueva jerarquía del PRD en la entidad ante la renuncia a la posibilidad efectiva de ganar la gubernatura veracruzana, así como las justificaciones coyunturales que la apuntalaron, se expresan en el discurso de inauguración del IV Congreso Nacional, pronunciado por el presidente nacional del PRD, Andrés Manuel López Obrador.
Antes que nada, quiero hacer un reconocimiento al esfuerzo y a la dedicación desplegados durante estos diecinueve meses por dirigentes, militantes, candidatos, simpatizantes y trabajadores del Partido. Rindo un homenaje a ese luchador por la democracia y por la paz que fue el ingeniero Heberto Castillo. Que su recuerdo esclarezca el pensamiento de todos los que en el seno de este Congreso tomarán decisiones transcendentes para nuestro Partido y para la Nación.
Lo alcanzado hasta ahora es fruto del esfuerzo de quienes hemos escogido el ámbito del Partido de la Revolución Democrática para hacer de México un país libre, soberano, próspero y justo. Hazaña colectiva, tanto del perredismo como del movimiento ciudadano, los triunfos del 6 de julio son resultado de la política de principios que siempre ha sostenido el PRD; la madurez de nuestros principales dirigentes políticos; la promoción de la unidad interna; las Brigadas del Sol; la apertura de los medios de comunicación; la claridad de nuestras propuestas y la postulación de buenos candidatos, comprometidos con los más sensibles reclamos populares.
En diecinueve meses, hemos pasado de 115 a 177 legisladores locales; de 180 a 289 presidentes municipales; de 70 a 126 diputados federales y de 7 a 16 senadores. Somos la segunda fuerza política en la Cámara de Diputados, gobernarnos a más de 20 millones de mexicanos, y un fundador de nuestro partido, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, es el jefe de gobierno del Distrito Federal.
Para nosotros apenas comienza la batalla por instalar la democracia y una verdadera república representativa y federal, como la que soñaron Benito Juárez y los hombres de la Revolución.
Este IV Congreso Nacional será un ejercicio democrático interno de la mayor amplitud y transparencia. Los documentos básicos, las resoluciones y la estrategia política que surjan de este Congreso deberán indicar el rumbo que habrá de seguir el Partido para ganar la Presidencia en el año 2000 y consolidarnos como la organización política más consecuente y cercana a los sentimientos del pueblo con miras al siglo XXI.
Reforma y consolidación del PRD
La mayoría de los mexicanos saben que la verdadera opción de cambio es el PRD. Saben que si llegamos al poder habrá un cambio de régimen, una verdadera democracia y la aplicación de un nuevo proyecto nacional que responda a los actuales tiempos del mundo, pero que atienda también la demanda de millones de mexicanos que se debaten en la pobreza. Por eso la gente vota cada vez más por nosotros; por eso aumentan cada día las presiones y represiones del gobierno; por eso también estamos obligados a fortalecer y consolidar nuestra organización política.
Si queremos gobernar a México en los años por venir debemos reformar el Partido fortaleciendo lo que ha funcionado; desechando lo que nos lesiona; enriqueciendo nuestro ideario político; actualizando nuestro programa y mejorando nuestra organización interna, sobre todo allí donde la realidad política nos obliga a establecer nuevas reglas en el desempeño de nuestra institución.
En este Congreso debemos dar respuestas claras sobre nuestra identidad y sobre nuestro posicionamiento político. El PRD es la síntesis y la expresión de las grandes luchas sociales y políticas de nuestro país que, inspiradas en los ideales de soberanía nacional, sistema republicano, democracia y justicia social, guiaron a los grandes movimientos populares que fueron la Independencia, la Reforma y la Revolución. En el PRD están representados los muchos Méxicos de muestra historia, así como las mejores ideas e ideales de los hombres y mujeres que a lo largo de dos siglos y hasta hoy vienen luchando por una patria fuerte, generosa, esclarecida y para todos.
Autonomía de la sociedad civil
El PRD surge del impulso de las luchas sociales, agrarias, obreras y estudiantiles de este siglo; se ha levantado desde abajo, luchando siempre contra la corrupción, contra los privilegios y contra el autoritarismo.
Hemos acreditado que somos una opción del cambio que ya exigen millones de mexicanos, hartos de un sistema entregado a los intereses extranjeros; que ha enajenado la soberanía nacional; que ha socializado las pérdidas económicas y privatizado las ganancias; que ha saqueado una y otra vez al erario público y empobrecido de la Nación; hartos de un sistema que ha violado los derechos humanos hasta alcanzar el repudio internacional, y que ha hecho de la impunidad, la violencia oficial y la ilegalidad, sus instrumentos de supervivencia ante una sociedad enérgicamente dispuesta a desmontarlo y a liberarse de él.
La característica clave que nos otorga identidad como organización política es la creación y el mantenimiento de equilibrios. Darle unidad a lo diverso, encontrar los puntos de coincidencia, es una labor difícil e intensa, pero si no se hiciera, las diferencias de criterios y posicionamientos de una sociedad civil plural se convertirían en valladar para nuestro objetivo superior de dirigir a la Nación en beneficio del pueblo.
La propuesta de nuestro programa consiste en la búsqueda del desarrollo con democracia y con justicia. La idea no es excluir, sino equilibrar; no cerrar la economía, pero tampoco abrirla irresponsablemente; no depender para todo del estado, pero tampoco permitir que incumpla sus obligaciones. Postulamos una mayor autonomía de la sociedad civil; una modernidad forjada desde abajo y para todos; postulamos una iniciativa privada con cultura productiva, con responsabilidad cívica y dimensión social; postulamos una amplia diversificación de las relaciones internacionales.
A partir de esta identidad partidista, sustentada en los equilibrios, necesitamos precisar nuestras definiciones fundamentales hacia adentro y hacia fuera del Partido.
Objetivos de la democracia
La esencia política del PRD es su compromiso con el establecimiento de la democracia en México. La democracia es justa en sí misma, porque genera equilibrios y contrapesos, evitando que cualquier actor de la vida nacional se convierta en poder absoluto.
Estamos convencidos que México necesita un verdadero sistema democrático, ya que sólo así podrá sanearse la vida pública. Éste es el mejor remedio para combatir la corrupción política y la impunidad que han desordenado al país y han sido las causas principales de las desigualdades que nos azotan.
Siempre fieles a nuestra vocación civilista y pacífica, hemos de seguir luchando por la transición democrática y la alternancia en el poder a través del ejercicio libre del voto en las urnas electorales.
Vamos a emplearnos a fondo para alcanzar tres objetivos que nos permitirían llegar a una elección democrática en el año 2000: Primero.- Seguiremos luchando por la total independencia de los órganos electorales, evitando que en el IFE siga operando soterradamente Gobernación e independizando realmente el Tribunal Federal Electoral. Queremos órganos electorales absolutamente autónomos. Segundo.- Seguiremos luchando porque se restituya la equidad informativa, se elimine la nueva censura y se amplíe la libertad en los medios de comunicación, dando espacio al pluralismo político que hoy caracteriza a nuestro país. Tercero.- Lucharemos por establecer candados al presupuesto público, para que no se trafique con las necesidades del pueblo y se garanticen elecciones limpias y libres.
Nuestra propuesta económica
En lo económico rechazamos la vuelta al pasado, pero también nos negamos a la asunción acrítica del neoliberalismo actual que ha destruido nuestra economía, que ha roto los consensos sociales y que ha debilitado gravemente nuestras instituciones.
Nuestra propuesta identifica con toda precisión el equilibrio que debe procurar una estrategia bien diseñada respecto al papel promotor, orientador y regulador que desempeña el Estado y el que se le asigna al mercado, otorgándoles mutua funcionalidad, eficacia y sentido complementario en el marco de las libertades que establece nuestra Constitución.
Nuestro programa para el desarrollo económico con justicia social busca recomponer la planta productiva, prácticamente devastada por una absurda e indiscriminada apertura de nuestras fronteras. Proponemos asumir la globalización y los bloques comerciales como una realidad de nuestro tiempo, y participar en ellos, pero de acuerdo a nuestra realidad, aprovechando sus beneficios y rechazando sus efectos negativos.
El gran objetivo de nuestro programa económico es crear empleos permanentes y bien remunerados, así como frenar el deterioro creciente del poder adquisitivo del salario, recuperando gradualmente la pérdida acumulada de 1982 a la fecha.
Necesitamos darles a millones de mexicanos niveles mínimos de bienestar, o nuestro país seguirá deslizándose hacia la insurgencia social y no tendremos razones suficientes para cuestionar a quienes buscan superar la miseria por la vía de las armas.
Hemos estado y estaremos siempre contra la privatización de PEMEX, y en lo inmediato, de las plantas petroquímicas. No es posible que estemos padeciendo insuficiencias presupuestales por la caída de los precios del petróleo sólo porque el gobierno se ha negado a impulsar la petroquímica para darle valor agregado al crudo, generando otros productos que tienen demanda y mejor precio en el mercado nacional e internacional.
Si un barril de crudo que ahora se vende en 9 ó 10 dólares se procesara en petroquímicas modernas, multiplicaríamos su precio en 300 dólares. Por ello, a 60 años de la Expropiación Petrolera ejecutada por el general Lázaro Cárdenas, reiteramos que seguiremos pugnando por frenar el proceso de privatización de la petroquímica básica, e informamos que no permitiremos que ante la caída de los precios del petróleo, la decisión del gobierno sea la de extraer más crudo de los de por si ya sobreexplotados yacimientos petroleros.
El PRD ante otras fuerzas políticas
También nos interesa marcar con toda precisión nuestras diferencias con los principales partidos del país, porque nuestros adversarios tratan de confundir y luchar políticamente, ya sea haciéndonos la cuarta versión del PRI señalándonos como una oposición similar al Partido Acción Nacional.
El PRI no es en esencia un partido político, sino un órgano surgido del estado para legitimar su permanencia en el poder a lo largo de los años. Muchas cosas nos hacen diferentes de ese partido, pero destacadamente el hecho de que el PRI, por su origen, no tiene vida política propia, pues su accionar depende de un verticalismo cuyo eje es el Presidente de la República.
En nuestro Partido, las decisiones surgen de las bases y se hacen valer en elecciones de dirigentes y de candidatos a cargos ejecutivos o de representación popular. En el PRD no hay jefes natos. En las relaciones entre el partido y sus gobernantes no existe ninguna red de complicidades que es la característica definitiva del sistema político priísta.
Políticamente; nuestra diferencia respecto del PRI es abismal. Nosotros tenemos principios, nuestros gobernantes no están entregados a la corrupción; y más aún, si bien gobernamos para todos, damos prioridad a las demandas de las clases medias y de los grupos marginados sin importar sus filiaciones políticas. Por eso y muchas cosas más, el PRD jamás será una reedición, copia o imitación del PRI. Si vamos en ascenso y el PRI hacia abajo, es porque la sociedad mexicana nos sabe muy diferentes y por ello nos entrega su voto y su confianza.
Respecto al PAN diremos que ese partido nació en 1939 para combatir la política social y nacionalista del general Lázaro Cárdenas, mediante un programa que se comprometía a devolver los privilegios a las clases acomodadas.
Si bien el PAN mantuvo un programa económico conservador, también contó durante muchos años con la inspiración democrática que le heredó su fundador Manuel Gómez Morín. Esta bandera, de alguna forma le confería legitimidad a su lucha y lo diferenciaba del PRI. Pero al correr de los años, los pragmáticos neopanistas entraron en componendas con el salinismo y luego con el zedillismo, se entregaron alas concertacesiones para ganar terreno electoral y hoy resulta muy difícil establecer cuál de los dos partidos es más retardatario, si el PRI o el PAN.
Esas afinidades se han traducido en múltiples complicidades en todos los ámbitos de la vida nacional, desde coincidir en la legitimación de los fraudulentos comicios que dieron un triunfo ilegal a Carlos Salinas de Gortari, hasta apoyar el programa económico y todo el proceso privatizador de la riqueza nacional, y desde luego, en su colaboración abierta en el plan que tiene en marcha Ernesto Zedillo para destruir militarmente a los indígenas insurrectos de. Chiapas.
Entre el PRI y el PAN no existe actualmente ninguna diferencia de fondo en lo político y menos en lo económico. Al contrario, las coincidencias son numerosas.
Estrategias políticas hacia el siglo XXI
En este IV Congreso Nacional debemos ponernos de acuerdo no sólo en la definición de principios y en el programa de partido, sino también en los medios, en el método y el ritmo para llevar nuestros ideales a la práctica. En otras palabras, debemos definir la estrategia política de nuestro Partido con miras al siglo XXI.
Este asunto es de la mayor trascendencia, porque si nos ponemos de acuerdo y adoptamos una buena estrategia, de eso dependerá el triunfo de nuestro Partido, y lo más importante, el triunfo del movimiento democrático nacional.
Desde luego, se trata de un asunto difícil. Es en la definición de la estrategia donde surgen las disparidades más profundas de una organización política, sobre todo cuando de esas definiciones dependen las grandes transformaciones políticas.
El desacuerdo en el método, en las alianzas, en los tiempos, origina discrepancias y a veces hasta rupturas. El problema de la estrategia política suele presentarse con todo rigor y es motivo de desacuerdos y hasta de desprendimientos en cualquier movimiento político de transformación.
Los hombres de la Reforma aunque estaban de acuerdo en los principios y el programa, diferían en la estrategia: los "puros" querían calar profundo y con celeridad en las reformas, la línea de los "moderados" era la conciliación; pero la estrategia que al final de cuentas se impuso fue decisiva para el triunfo de la República.
El problema de la estrategia también lo enfrentan en distintos momentos los hombres de la Revolución. De ahí las diferencias entre Madero y Zapata: las divergencias entre Mújica y Carranza durante la elaboración del Plan de Guadalupe para derrotar a Huerta, los desacuerdos durante la Convención de Aguscalientes y las distintas tendencias de los Constituyentes de 1917.
Ahora, también nosotros debemos decidir sobre esta cuestión. Debemos admitir nuestras diferencias dentro del Partido y tenemos la necesidad de airearlas, de ventilarlas, de confrontarlas, para llegar al acuerdo que más convenga a nuestra organización política y sobre todo al movimiento democrático nacional.
Empecemos por plantear bien el problema: se trata de definir sobre la estrategia política, no de claudicar en nuestros principios. Desde su fundación, el PRD ha puesto siempre por delante su política de principios. En el PRD hemos luchado hasta el sacrificio por los principios que postulamos. Los hechos así lo demuestran: nunca hemos aceptado componendas ni arreglos cupulares para alcanzar el avance democrático del país, y jamás hemos convalidado la política económica del gobierno que ha generado el empobrecimiento y la miseria de millones de mexicanos.
Políticas, principios y eficacia
Por su fidelidad a los principios, muchos compañeros han perdido hasta la vida. En honor a su memoria y por convicciones propias, jamás renunciaremos a luchar por los principios fundacionales de nuestro Partido.
Pero vivimos una época de reacomodos sociales y políticos que exige flexibilidad. Mal haríamos si ante el inminente derrumbe del partido de estado, nos situáramos al margen de los acontecimientos, sin sopesar la realidad y sin tomar las decisiones políticas que ameritan las circunstancias.
No debemos confundir la oportunidad para actuar y transformarse, con el oportunismo que implica prescindir de ideas en busca del provecho personal o de grupo.
La política es precisamente el arte de articular en equilibrio los principios y la eficacia. No se trata de alcanzar el poder sin ideas y actuando sin escrúpulos morales, pero tampoco se trata de renunciar a eliminar obstáculos para la democratización del país.
Por mi parte, siempre he creído que en política es difícil, pero no imposible, forjar una convicción lo bastante prudente para contenerse en límites de racionalidad que le permitan alcanzar sus propósitos esenciales.
Creo también que el problema radica en fijar con mucha claridad las fronteras o los límites entre principios y eficacia.
Alianzas y candidaturas externas
Uno de los asuntos que más polémica desata al interior del Partido es el de las alianzas y de las candidaturas externas. En este caso no es fácil atinar porque la política tiene una parte impredecible y siempre está cargada de incertidumbre. Pero lo más recomendable es no pretender aplicar reglas generales, sino decidir de acuerdo a las circunstancias y a las características concretas de cada caso; también debe cuidarse que quienes ingresen al Partido o sean postulados por nosotros, cuenten con buena fama pública, porque el principal capital político del PRD es precisamente su congruencia y su imagen de limpieza.
Recordemos que el PRD nunca se ha visto envuelto en escándalos de corrupción, ni de asesinatos políticos ni de narcotráfico. Los dirigentes estamos obligados á mantener esa conducta y esa imagen pública, porque es fundamental para alcanzar nuestras metas superiores.
Otro elemento a considerar en el tema de las alianzas y de las candidaturas externas es conservar siempre la unidad de nuestro Partido. Por eso debemos alcanzar el consenso respecto a ellas, pero cuando no se logre, lo mejor es llevar estos casos a los máximos órganos de dirección del Partido, democratizando la decisión, consultando a las bases y asumiendo entre todos la responsabilidad. No es fácil que todos nos equivoquemos.
Desde luego, en cualquier alianza o candidatura externa debe mediar el compromiso de llevar a la práctica los principios y el programa de nuestro Partido. Además, debe quedar muy claro que en el PRD a nadie le damos apoyos incondicionales. Si se le cumple al pueblo, habrá respaldo político; pero si se cae en desviaciones y en prácticas contra las que estamos luchando, no vacilaremos en deslindarnos y en exigir las responsabilidades legales correspondientes. En este caso nos atenemos al principio según el cual el pueblo pone a sus gobernantes, pero se reserva el derecho de revocar el mandato conferido.
Organización y formación política
Otro asunto que debemos dilucidar es el de la organización de nuestro Partido. En las elecciones del 6 de julio, nuestras limitaciones internas nos impidieron ganar 40 ó 50 diputados más por el sistema de mayoría. A pesar del gran esfuerzo desplegado, por todos, no pudimos. vencer la carencia de una estructura partidista permanente en muchos municipios y distritos de la República.
Ha llegado el momento de crear en todo el país una sólida estructura que le otorgue fluidez y potencia a nuestro Partido. El propósito es construir de abajo hacia arriba, y en todo el territorio nacional, nuestra organización política, para competir con efectividad en las elecciones locales y nacionales que se presenten.
Se trata de construir un Comité de Base en cada una de las cerca de 70 mil secciones electorales del país, otorgándoles facultades suficientes para convertirlos en el espacio de participación política y de decisión más importante al interior del Partido.
Desde estos comités deben cumplirse las tareas de afiliación, promoción del voto, representación del Partido en casillas electorales, y gestoría social. Desde allí deben elegirse a delegados a nuestras convenciones y congresos municipales y distritales.
Otro tema a tratar en este Congreso Nacional es la formación política de nuestros militantes y dirigentes. Si somos un partido político, es obvio que a todos nos interesa esta actividad entendida como imperativo ético, pero esto requiere de una formación teórica y práctica. No se pueden de desempeñar funciones públicas a partir únicamente del voluntarismo.
Necesitamos, además, preparar a jóvenes dirigentes para el relevo generacional en nuestro Partido.
Buen desempeño de gobernantes y legisladores
Mucho dependerá el éxito de nuestro Partido en el futuro del buen desempeño de nuestros gobernantes y legisladores. Durante la campaña electoral en el Distrito Federal, sostuvimos lo evidente: el ingeniero Cuahutémoc Cárdenas tendrá poco tiempo para hacer una obra material y cultural de las dimensiones que exige la Ciudad de México, pero sí dispondrá del tiempo suficiente para dar ejemplo de lo que es un gobierno eficaz, una administración honesta y republicana, un gobierno que decide en función de las necesidades del pueblo y no de intereses facciosos o de grupos.
A ello apostamos con más al año 2000. Mucho dependerá el ejemplo de moralidad y eficiencia republicana del gobierno del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. En otras palabras, si demostramos capacidad de gobierno y damos respuesta a las expectativas ciudadanas, aún con las evidentes limitantes de tipo estructural, seremos alternativa real y podremos triunfar en la elección presidencial del año 2000. Ese triunfo no es lo único que nos importa, ciertamente, pero ese triunfo es ahora la gran meta a nuestro alcance. No somos, ni debemos ser, un partido únicamente electoral, pero somos también un partido cuyo gran espacio de confrontación son las elecciones.
Aquí conviene agregar que tenemos plena confianza en el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas porque conocemos su trayectoria política y su compromiso con el proyecto democrático. Por eso estamos seguros que se quedarán con las ganas quienes apuestan al fracaso del gobierno del Distrito Federal.
El otro objetivo se centra en el buen desempeño de los diputados y senadores de nuestro Partido en el Poder Legislativo Federal y en los congresos locales. En este aspecto, nuestros legisladores han sabido cumplir con su encomienda. Los diputados locales han tenido una actuación sobresaliente. Los senadores siempre han puesto por delante la política de principios del Partido. Y los diputados federales, desde su comportamiento en la integración del órgano de gobierno de la Cámara, se han ganado el reconocimiento en la opinión pública y han puesto en alto el nombre de nuestro Partido. En todo ello, cabe reconocer el talento y la conducción acertada del licenciado Porfirio Muñoz Ledo.
En este Congreso debemos tratar y definir la relación del Partido con las autoridades surgidas en su seno. Debemos dejar muy claro en los documentos básicos del Partido que, como gobierno, un funcionario perredista está obligado a servir a toda la ciudadanía sin exclusión de quienes tienen otras simpatías políticas o diferentes visiones ideológicas. Es aquí, precisamente, donde los gobiernos perredistas establecen su distancia con el Partido, porque en tanto nosotros representamos una parte de la sociedad, ellos están comprometidos con todo el pueblo. Los candidatos son del Partido, los gobernantes son del pueblo y sólo a él se deben. Esa es la regla de oro en la relación del PRD y los gobiernos que emanen de sus filas.
Lo que sí debemos exigir a nuestras autoridades es el compromiso de gobernar con base en nuestros principios y con impecable honestidad en el manejo de los recursos públicos. Una vez más reiteramos que no permitiremos prepotencia, tráfico de influencias, irresponsabilidades, y ;mucho menos corrupción en los gobiernos perredistas.
Ante las elecciones del año 2000
Fieles a nuestra vocación civilista y pacífica, hemos de seguir luchando por la transición a la democracia plena y por la alternancia en el poder mediante la libre emisión del voto.
No obstante, debemos ser muy conscientes de que los tiempos por venir serán difíciles para nuestro Partido. Pero si nos esperan la hostilidad y el acoso, es por buenas razones, es porque ya somos la fuerza en ascenso más importante del país y porque nuestros dirigentes más destacados aparecen en las encuestas nacionales entre los más favorecidos por el ánimo ciudadano para ganar la Presidencia de la República en el año 2000.
Quede lo dicho como advertencia para que en las trascendentes discusiones y acuerdos durante este IV Congreso Nacional, no le hagamos el juego al gobierno, ni al PRI ni al PAN que desean vernos confrontados, divididos y por lo tanto vencidos en las elecciones del último año de este siglo. Recordemos que aquí venimos a construir un mejor partido para México, pero no al gusto de nuestro intereses y visiones personales por legítimos que sean. Debatamos con energía, con libertad, pero no caigamos en la disputa estéril y en el divisionismo que es lo que. tanto desean nuestros adversarios.
* Discurso pronunciado en la Inauguración del IV Congreso Nacional en Oaxtepec, Morelos, el 18 de marzo de 1998.
** Presidente Nacional del PRD.


















