Involución en la transición política. Entrevista con Alberto Olvera Rivera. Rosa Contreras Pérez

Las candidaturas al gobierno de Veracruz, involución en la transición política: Alberto Olvera

Al hacer un análisis de las campañas políticas que llevan a cabo los candidatos del PRI, PAN; PRD y el PT-PVEM, el doctor Alberto Olvera Rivera asegura que mientras en otras entidades donde también hay procesos electorales se está superando el estilo populista de hacer política, en Veracruz parece que la situación no ha cambiado desde hace 20 años porque se está recurriendo a las viejas prácticas -masivas de acarreo y del clientelismo generalizado.

También señala que dada la forma en que se están haciendo las campañas, es altamente probable un triunfo, y por mucha diferencia, de Miguel Alemán, por lo que es necesario -para seguir avanzando en una democracia efectiva, real- aumentar los mecanismos de fiscalización de la sociedad sobre el sistema político y exigir cada vez más a los partidos políticos un grado mayor de profesionalismo y seriedad en su desempeño.

Transición.- A poco más de un mes de campaña de los cuatro candidatos a la gubernatura, ¿cuál es la impresión que tiene usted de cada uno de ellos?

Alberto Olvera Rivera.- Para un observador que no supiera que México está sufriendo un proceso de transición a la democracia creería que en realidad la situación mexicana no ha cambiado desde hace 20 años.

En primer lugar, el candidato del PRI, Miguel Alemán, está llevando a cabo una campaña de corte netamente populista que recuerda, en efecto, a la campaña de Luis Echeverría: promesas casi sin ton ni son en cada uno de los pueblos por donde desarrolla mítines. Las ofertas de cambiar sustantivamente y en corto plazo la situación de cada población es una actitud que francamente me parece poco seria y que sólo puede explicarse en el contexto de una búsqueda populista de prestigio personal. Este recurso de la promesa fácil e incumplida, demostraría una falta de responsabilidad política, o bien una pretensión de constituir un liderazgo populista, precisamente con vistas a tener una presencia fuerte en el año 2000.

En otras palabras, cabría preguntarse si Miguel Alemán realmente está efectuando esta campaña electoral a partir de compromisos de un futuro gobernante con los ciudadanos o si más bien está pensando simplemente como un escalón en relación a su posible posicionamiento en la sucesión presidencial del año 2000. Creo que esto es especialmente grave si, por ejemplo, analizamos las campañas del 97 -las campañas de gobernadores en otros estados del país-, veremos que por lo menos hubo un pequeño cambio en relación a sus formas y sus tonos, pues intentaron abandonar el estilo populista de hacer política. Si bien los candidatos de entonces prometieron cosas, también vimos, en general, una especie de realismo mayor en sus campañas, un dispendio relativamente menos drástico y sobre todo un intento de conformar una opinión ciudadana.

Por supuesto, en este marco hay excepciones, una excepción reciente y gravísima son por ejemplo las elecciones que recientemente tuvieron lugar en Yucatán, donde se volvió al clientelismo y al populismo más descarado.

Transformación como por arte de magia

En el caso de Veracruz, la esperanza que tenía la ciudadanía al iniciar el proceso electoral es que se tratara precisamente de campañas de altura, donde los partidos no acarrearan gente y sobre todo se desarrollaran con un verdadero acerca miento con la ciudadanía. Campañas modernas, distintas.

Lo que estamos observando, principalmente en el caso del PRI -hay que subrayarlo- es la repetición de las viejas prácticas, de los viejos vicios. Por más que se diga que se tiene un contacto con la ciudadanía y no hay acarreados, cualquiera sabe que sí los hay, si ha observado de cerca las campañas. Lo que se percibe es la repetición de grandes mítines, aplausos organizados, muy poco diálogo y, sobre todo, insisto en este punto, la oferta del candidato oficial de transformar la vida de la entidad como por arte de magia.

Pensemos ahora qué pasa con las demás campañas: en el caso del PAN, en realidad se está tratando de hacer una campaña más moderna, hay que reconocerlo. Luis Pazos, precisamente porque trabaja en los medios de comunicación masiva en el Distrito Federal, tiene mayor sensibilidad, peso e influencia; además de que por supuesto, el PAN no tiene ni la estructura ni la capacidad de organizar grandes acarreos de masas, entonces los mítines y reuniones que está siguiendo Pazos siguen más el lineamiento de privilegiar los medios de comunicación y propiciar encuentros cara a cara con grupos sociales organizados. En este sentido puede considerarse que ésta es una campaña más acorde, digamos con un sentido moderno.

PT y PVEM, partidos con poca imaginación

Cosas similares trata de hacer Ignacio Morales Lechuga, aunque él le da más peso a las relaciones políticas con grupos organizados, lo cual no deja de tener cierta lógica puesto que Morales Lechuga trató de organizar un frente político desde mediados del año pasado para apoyar su candidatura.

Sin embargo, el gran problema que tiene Morales Lechuga es que paradójicamente él sí que necesitaría una enorme campaña de medios porque lo que se está observando en este momento es que la población veracruzana no entiende que como candidato lo postula una coalición de dos partidos -el PT y el Verde-, y por consiguiente no hay todavía en la opinión pública una asociación entre el candidato Morales Lechuga y los partidos que lo postulan, así que esto obliga a Morales a tener que promoverse muy fuertemente a través de los medios.

En este punto él tiene una dificultad enorme porque esos dos partidos tienen pocos recursos, poco estructura estatal, poca imaginación para hacer campañas políticas profesionales. De manera que él tiene que librar esta campaña casi con sus propios medios.

El PRD, mucho dinero y poco candidato

El caso del PRD: tenemos un partido con mucho dinero y mucha estructura profesional y sin embargo con muy poco candidato, una situación completamente distinta de cuantas hemos analizado hasta este momento. Es decir: es un partido cuyo candidato no tiene ni la presencia a nivel estatal, ni la profundidad necesaria en lo político y, por siguiente, el PRD apuesta a usar el prestigio del gran caudillo del partido, Cuauhtémoc Cárdenas, así como el prestigio del nombre del PRD, para desarrollar una campaña donde definitivamente los candidatos carecen de la fuerza que podrían darle a su partido.

No sólo me refiero a Arturo Herviz como candidato -insisto, muy débil y con poca presencia-, sino también a muchos de los candidatos a diputados locales quienes definitivamente no están a la altura de los requerimientos que tiene en este momento el país.

Entonces aquí tenemos la paradoja de un partido con dinero y estructura pero sin candidatos. Lo que hay que preguntarse es en qué medida el hecho de que exista un aparato partidario va a traducirse realmente en votos. Por consiguiente, el PRD tiende a reproducir un viejo estilo de campaña: propiciar grandes encuentros de masas, movilizar gente también y no tener realmente condición de credibilidad de encuentros directos entre este candidato y grupos serios. Se desarrolla más bien campaña masiva, mucho más cerca del modo priísta, que un estilo moderno de hacer política.

Desempleo, fuera de control

A donde ha ido cada uno de los candidatos, dentro de sus campañas, han encontrado una constante: el desempleo. Todos se han comprometido verbalmente a crear cuantos empleos sean necesarios. ¿El candidato que gane la gubernatura estará en la posibilidad de cumplir lo ofrecido?

Es evidente que no está en sus manos un combate directo al desempleo, puesto que los recursos públicos no son suficientes para reactivar la economía veracruzana.

Para poder resolver el problema del desempleo, cualquiera de los candidatos que triunfe tendría que promocionar a la entidad ante la iniciativa privada, eso es cierto, propiciar obras públicas significativas y sobre todo la modernización de la infraestructura veracruzana, pero esto dependerá mucho de otras circunstancias que no estarán totalmente controladas por el candidato electo, sino que dependerá de su desempeño como político y sus relaciones con el gobierno central y el sector privado. Ningún candidato resolverá mágicamente el problema del desempleo, que es un problema que rebasa el ámbito del trabajo de los gobiernos estatales.

Lo que tenemos que ver es más bien cómo los gobiernos estatales crearán las condiciones para favorecer la inversión privada, pero insisto, ninguno de los candidatos tiene en sus manos la posibilidad de resolver el problema del desempleo.

La vieja clase política

Todas las encuestas señalan que el candidato del PRI, Miguel Alemán, va a obtener el triunfo. ¿Esto sería un paso de transición hacia la democracia?

Por la forma en que se están llevando a cabo las campañas en Veracruz, y dado que en efecto, es altamente probable un triunfo, incluso por mucha diferencia, de Miguel Alemán, lo que podríamos pensar, lo que observamos en este momento en el país, es una especie de involución en la transición política, involución en términos de que estamos volviendo a estilos populistas en el desarrollo de las campañas, a la práctica masiva del acarreo, del clientelismo generalizado.

Este recurso desesperado, estos viejos trucos nos demuestran cómo la vieja clase política todavía tiene un espacio de acción, es decir, cómo el voto duro del PRI todavía puede ser utilizado y cómo también es posible evitar que las campañas se conviertan en verdaderos debates políticos, sin una verdadera confrontación de ideas.

Ahora bien: Miguel Alemán desarrolla una campaña populista con una cantidad impresionante de medios y enormes recursos. Entonces, puede convertirse en un gobernador que más que tener el perfil de un político moderno, nos vuelva más bien al perfil del político populista del viejo PRI. En ese sentido tendríamos entonces otra vez un gobernador más en el país, que lejos de avanzar en la política moderna, está recuperando las viejas tradiciones, con todos los riesgos que lleva.

La sociedad sobre el sistema político

Creo que para avanzar hacia la democracia, una democracia moderna, efectiva, real, tenemos que aumentar los mecanismos de fiscalización de la sociedad sobre el sistema político, exigir a los partidos políticos mayor profesionalismo, mayor seriedad en su desempeño.

Estamos viendo partidos que, como tales, la verdad es que son muy primarios, muy elementales, partidos "muy verdes", por decirlo en otras palabras. Partidos que no logran despegar, desarrollar propuestas atractivas para la ciudadanía y sobre todo no tienen la capacidad de captar nuevos liderazgos, formar una nueva clase política. Partidos, digamos, muy anclados en la vieja cultura política.

En ese sentido, el déficit democrático que tiene el país no está resolviéndose en esta fase. Al contrario, no sólo a nivel estatal, sino también en el plan nacional, cada vez vemos más involución y menos posibilidades seguras de bases hacia la democracia. Con esto quiero decir que la transición en México no está asegurada, no está terminada, ni nada nos garantiza que se pueda llevar a buen puerto a no ser que los mismos ciudadanos tomemos una actitud más participativa.

Prácticas del pasado

Se dice que Miguel Alemán trabaja por la candidatura para la elección presidencial del año 2000. ¿Esto sería también un paso hacia atrás en la democracia?

No. No porque Miguel Alemán concurse. No es ese el problema ni su figura en lo personal. Lo que es un riesgo es que las prácticas políticas nos remiten una vez más al pasado.

Pongamos por caso una elección primaria en el PRI: para seleccionar a su candidato a 1a presidencia en un PRI que sigue siendo un aparato corporativo y clientelar, ¿quiénes tienen la capacidad de llevar a los votantes a las urnas? Pues quienes manejan las corporaciones, la vieja guardia del PRI. Es exactamente la vieja guardia del PRI, el "sindicato del sureste" más otros políticos de corte populista.

Una elección primaria del PRI garantizaría entonces el desplazamiento de la tecnocracia seudomodernizante y el regreso de los viejos cuadros. Y lo que tenemos es que curiosamente una elección primaria en el PRI podría ser la mejor forma de garantizar una confrontación interna dentro del aparato oficial, una confrontación anormal en donde el Presidente perdería la capacidad de designar a sus sucesores, y por consiguiente pudiese llevar a una nueva fragmentación del partido, cuyos resultados serían imprevisibles.

La declaración del presidente Zedillo de que él no va a designar a su sucesor y que va a permitir las elecciones internas, más bien debería asustarnos. ¿Por qué razón?, porque el PRI no puede ser un partido democrático, no lo ha sido. Las elecciones primarias que están llevando a cabo no son elecciones de ciudadanos, son elecciones que confrontan un aparato corporativo y clientelar contra otro, de manera que unas elecciones primarias hacia la candidatura presidencial en estas condiciones sólo pueden favorecer a quienes sean más hábiles en ese ámbito.

En ese contexto, el que Miguel Alemán pudiese lanzarse a competir en elecciones primarias, pues sería sumamente grave porque tendría que hacer un manejo clientelar, corporativo de la población veracruzana, así que no creo que esto realmente esté ayudando a una democratización nacional, ni mucho menos del propio PRI.

¿Cómo interpreta usted el hecho de que Miguel Alemán se haya convertido en uno de los principales críticos de la política de Patricio Chirinos?

Miguel Alemán trata de buscar su propio espacio político. No quiere ser identificado con el chirinismo, no quiere dar una imagen de continuidad. Él quiere más bien señalar o significarse como un político completamente libre de ataduras con el pasado. Entonces, sus críticas a Chirinos tienen que leerse en ese sentido, más que nada en cuanto a que Alemán quiere hacer su figura por él mismo y no tener ningún compromiso con Chirinos. Así que es más bien una necesidad política para quien quiere convertirse en un líder populista.