Las elecciones locales en Veracruz en 1998. Leopoldo Alafita Méndez

Las elecciones locales de Veracruz 1998

Leopoldo Alafita Méndez *

Un avance fundamental de las recientes elecciones veracruzanas fue el trabajo que desarrolló el organismo electoral al organizar los comicios, cuya responsabilidad ciudadanizada evitó el desborde de la pasión política y sostuvo su misión de dar orden y credibilidad a los resultados de la votación.

No obstante, tales avances aún no son suficientes para las necesidades de la ciudadanía veracruzana. En opinión del Comisionado Ciudadano Leopoldo Alafita Méndez, hace falta más institucionalidad y operatividad en el órgano electoral, así como disposiciones de ley que lo permitan, para constituirlo en un elemento fundamental de la construcción de una verdadera democracia, imparcial y equitativa, en Veracruz.

El año de 1998 ha sido de gran competencia electoral en el país. En diversas entidades se llevaron al cabo comicios para elegir gobernadores, diputados locales o bien presidentes municipales. Miles de mexicanos de diversos puntos de la geografía del país fueron electos para estos cargos, en contiendas que no dejan estelas de violencia ni desórdenes sociales que agravan la difícil situación económica de México.

En Veracruz, en las últimas jornadas de elección desde 1994, pero en particular las de 1995, 1997 y 1998, han sido eventos políticos que se vienen construyendo de manera eslabonada con una Ley sin cambios notables en términos generales. Es decir: conserva las mismas características de la de 1994, lo cual ha propiciado una recomposición y es efecto de las fuerzas políticas en permanente movimiento.

Las razones que explican los acontecimientos antes señalados son relativamente fáciles de hallar: la sociedad en su desarrollo no se detiene ante significados culturales de ningún tipo, creaciones que parecerían tan incuestionablemente permanentes como la Revolución, se erosionan dando paso a construcciones sociales diferentes. Sobre todo en donde encontramos sentido, donde se incluyen aspectos meramente políticos, estilos de ser de los hombres y las instituciones, del propio ejercicio del poder, de las leyes y su carácter cada vez menos monopólico.

Todo cambia de tal manera que las cosas permanecen. Siempre en lo nuevo vamos a encontrar aspectos muy significantes del pasado reciente.

Así, cuando nos proponemos revisar la elección de 1998, reconoceremos los cambios de la Ley Electoral de Veracruz, así como todos los aspectos que se integran con la participación y acciones de los agentes políticos de cada uno de los partidos, incluyendo el cambio en la percepción de lo político en diversos sectores sociales, sobre todo aquellos que se desarrollan y ubican en los ámbitos urbanos del Estado. Además de ese panorama de contexto en Veracruz, cuenta también de manera importante el desarrollo de un órgano electoral que construye y preserva su autonomía, con una participación diversa; que hace que éste sea el organismo más plural y equilibrado que cualquier otra institución pública o de la iniciativa privada de la Entidad.

Sin embargo, los protagonistas centrales de la contienda electoral son, por supuesto, los partidos políticos. En esa idea vale la pena detenerse para revisar su participación: de entrada nos queda la impresión que luego de la jornada electoral, los partidos políticos en general no han avanzado suficientemente en lo referente a una más clara propuesta de plataforma política, que implique de manera cierta la justificación de su creación como institutos políticos alternativos que vislumbren -cada uno- una opción política diferenciada; en los programas de casi todos ellos, se hallan figuras sociales más bien semejantes que alternas, con mayor énfasis en el tipo de estilo de administración de lo público, que de una verdadera construcción social; por ello las contiendas se basan cada vez más en lo circunstancial que en lo verdaderamente institucional. No es que me niegue a ver los avances, pero la construcción de un verdadero sistema de partidos políticos que es una aspiración social sintetizada en la Ley, no tiene una clara agenda para orientar su desarrollo.

La sociedad o los electores no pueden diferenciar claramente sobre la conveniencia para satisfacer su necesidad social en alguna de las opciones. Sin instituciones políticas consolidadas y modernas, seguirán imperando los candidatos y seguirán aplazando la vida institucional partidaria, que reconozca. más claramente los problemas sociales en sus programas con proyectos de mayor coherencia y sobre todo viables. Ojalá que lo anterior no sirva en demérito de la importante participación de los partidos y las contiendas en el desarrollo de la democracia, asunto reconocido por todos, y sirva más para aumentar elementos de análisis que nos lleven a fijar nuevas metas con mayor claridad que las que vemos en el pasado reciente.

Si lo cualitativo de la participación partidaria lo situamos en ese plano, elecciones y contiendas electorales deberían estar claramente separadas de los aspectos meramente técnicos o instrumentales, los cuales hacen que las reglas del juego sean iguales para todos.

Lo que había pasado era que la competencia se daba de tal manera entre desiguales, que para que un árbitro fuera efectivo en la contienda debería también ser grande para contener al mayor e impedir un atropello. Esa es la historia de todos los candados, de lo que esa lucha entre partidos ha arrastrado a lo instrumental, haciéndolo parte de la contienda, siendo que ese papel, el de las reglas y quienes las aplican, no debería ser parte del forcejeo de quienes buscan el poder.

Al referirme antes a esos aspectos del pasado que todavía pesan sobre lo nuevo, es que ese papel diferenciado del órgano electoral que en este tiempo reclama, es cuestionado ala vieja usanza y en lugar de diferenciarlo, los partidos como son parte de él, lo reclaman y lo quieren domar a su conveniencia. Valdría la pena luego de esta elección reciente, analizar de qué manera es posible hacer más institucional ese papel de la regla y sus aplicadores y los protagonistas en separada, pero cuidadosa presencia.

Los protagonistas en el proceso electoral son diversos, ahí están ante los veracruzanos y los interesados de fuera del Estado; de febrero a agosto falta mucho por revisar, el órgano electoral palpó a fondo la Ley, lo mismo que los partidos, Hoy muchos sabemos qué está bien y qué no se ajusta a las elecciones modernas, falta ver que tanto es posible ponerse de acuerdo para cambiar.

La jornada electoral es otra cosa, el público parece no tener reclamos, hubo orden si se considera lo que estaba en juego, se entregó por todos buenas cuentas, los resultados no nos tocan, son enteramente de los electores.

Falta hacer mayor claridad para que el órgano electoral se sitúe en un papel de mayor reserva, que se vea menos, más instrumental. Para ello se requiere de gran capacidad concertada, de gran respeto institucional, para hacer a un lado la discusión politizada. Las reglas claras no se discuten ni se interpretan, se aplican en beneficio de todos.

* Leopoldo Alafita Méndez es Comisionado Ciudadano ante el Consejo General de la Comisión Estatal Electoral de Veracruz.