Retos y perspectivas para el gobernador electo. Lauro A. Trujillo Anaya
Retos y perspectivas para el Gobernador electo
Lauro A. Trujillo Anaya *
Han sido renovados los poderes Ejecutivo y Legislativo de la entidad, con lo cual las nuevas relaciones de partidos, ayuntamientos, grupos políticos y de la iniciativa privada, así como organizaciones civiles y personalidades de la opinión pública estatal, tendrán que amoldarse a la nueva realidad política de Veracruz.
Las circunstancias que de estas relaciones políticas y sociales se deriven son las que definirán el futuro inmediato de la Entidad. Al parecer, es posible para Miguel Alemán manejar los compromisos con su partido y mantener un trato de civilidad hacia la oposición.
Si comparamos los resultados de las elecciones municipales de octubre de 1997 con las de gobernador y diputados del 2 de agosto de este año, el PRI resultó el ganador, el PRD el perdedor y el PAN recuperó la posición de segunda fuerza, que sólo tiene sentido en la Legislatura porque el mando central del Ejecutivo no se comparte, a pesar de que Alemán haya invitado a sus contrincantes a formar parte de su gobierno.
Con una abstención del 50 por ciento, gastos fuera de cualquier control y el "refuerzo" en los cierres de campaña de Juan Gabriel, Lucero y el Grupo Límite, entre otros, el PRI volvió por sus fueros y mostró una unidad impensable en los mejores tiempos de Chirinos y Yunes. Para la oposición se trató de una "elección de estado" en la que menudearon el acarreo, la compra de votos, las aportaciones económicas corporativas -de organizaciones y no de individuos, con lo que se coarta la libertad personal de sufragar y se utilizan recursos de la base en beneficio de los líderes-,las irregularidades en las casillas y los notarios que se negaron a dar fe de las mismas, etcétera; todo ello sin que se presentaran incidentes violentos dé importancia. Dada la diferencia de votos a favor del PRI, 420 mil respecto del PAN, ningún partido pudo impugnar formalmente la elección de gobernador.
Queda claro que las elecciones cada vez más se orientan hacia una "rutina normalizadora" como escribe Alberto Aziz (La Jornada 4 de agosto), -sin que todavía podamos constatar plenamente un principio de equidad, que estaría dado en el control del financiamiento, la prohibición para usar recursos del erario; el acceso a los medios de comunicación de organismos electorales fuera de toda sospecha, entre los más importantes. Considerando los desniveles entre los estados y sin alterar el espíritu de su soberanía, tal vez fuera factible -con la intervención del IFE- homologar las legislaciones electorales de las entidades para recoger las mejores `expresiones y "empujar" a los estados más atrasados hacia una transición consumada. Esto es algo que no debe espantar nadie porque a final de cuentas los mexicanos vivimos en el mismo país y es necesario garantizar que los costosos avances atraviesen toda la geografía nacional.
Por lo pronto, tomando en cuenta la votación de gobernador, el PRI obtuvo 57 mil votos más que en octubre del año pasado (+6.5%); el PAN casi 68 mil más (+14.9%), el PRD 341 mil menos (-49.7%) y el PT /PVEM juntos, 10 mil votos menos (-8.1%). Lo más notable es la estrepitosa caída del PRD que recibió un voto de castigo por sus titubeos, pugnas e indefiniciones: no quisieron comprender que las alianzas "son condición necesaria para que se establezca un orden democrático en el país", (entrevista a Camacho Solís en el suplemento Masiosare de La Jornada). Se cerraron a la viabilidad de acumular fuerzas declarando que las elecciones no se reducían a un problema aritmético y con la conciencia tranquila se atuvieron al "voto duro" (el de quienes siempre votan por el partido, sin importar los candidatos); se negaron a competir para ganar y con ello dijeron adiós a la alternancia, que es la verdadera prueba de fuego para la oposición y para la democracia misma.
Por otro lado, considero que en la definición del PRD nada tuvo que ver un supuesto (inexistente) pacto entre Cárdenas y Alemán (ambos hijos de ex presidentes) para dejar gobernar al primero en el D.F., con el apoyo de Televisa, a cambio de allanarle el camino a Los Pinos al segundo. Esta es una versión descabellada que llegó a tener cierta resonara. Alemán fue tajante al señalar que "yo no voy a vivir la vida de mi padre, yo soy yo y mi circunstancia, como, dice Ortega y Gasset".
El gobernador electo parece tener todos los hilos en las manos sin que los compromisos con los grupos del PRI lo hayan condicionado demasiado hasta ahora (lo que era de esperarse antes de iniciar su sexenio). Su alusión al diputado electo Carlos Brito Gómez se oyó como "dedazo" antes de que los diputados del PRI tuvieran oportunidad de deliberar y nombrar ellos mismos a su coordinador. Cualquier observador diría que asistimos a un retorno a los tiempos de la disciplina total hacia el "jefe" en turno que tantos frutos le diera a ese partido en el pasado. En esa lógica, el gobernador es respetado como el líder indiscutible de los priístas veracruzanos, lo que empobrece la constitución y desempeño del PRI como auténtico partido político y puede llegar a interferir con las funciones propias del Ejecutivo.
Estado con los 109 presidentes municipales de oposición gobernador Alemán podrá -mostrar su civilidad política si deja de lado, el juego sucio y las patadas por debajo de la mesa, tan propios de otros personajes, para que los ayuntamientos, sin distingos, puedan desarrollar su obra de gobierno sin bloqueos porque éstos a fin de cuentas van en perjuicio de la población.
Otra interrogante tiene que ver con la alineación de Miguel Alemán respecto a la sucesión presidencial. Su declaración de que "comparto los principios de la Revolución Mexicana", puede entenderse como una toma de distancia respecto de los neoliberales ortodoxos? La invitación de campaña a Roberto Madrazo y a Manuel Bartlett, se explica sólo porque son gobernantes de estados vecinos? Porqué no invitó a los de Hidalgo o Tamaulipas? Las respuestas estarán a la vista en poco tiempo y oscilarán entre las corrientes renovadoras o los dinosaurios; entre los neoliberales o los ortodoxos de la Revolución Mexicana.
Por último, en cuanto al proyecto económico, hay algunos asuntos muy sensibles para los veracruzanos. En primer lugar, destaca que Alemán se pronunció por detener la importación de alta fructuosa que amenaza la agro-industria azucarera (de la que Veracruz es la entidad más importante a nivel nacional con 21 ingenios); inclusive se reunió con el gobernador del estado de Morelos para tomar acuerdos conducentes. Pero por otro lado, ¿todavía apoya la privatización indiscriminada de la industria petroquímica, que es donde se le da valor agregado al petróleo? Si la respuesta es afirmativa -a pesar de que esa decisión no le corresponde al gobernador, pero podría influir- la distancia con el poder central sería nula.
La última cuestión tiene que ver con la "mezcla" de la política y los negocios. En los tiempos del FOBAPROA es inaceptable que la política se siga utilizando para enriquecer a los más ricos y para hundir al país. Política y negocios no pueden ir de la mano en el sentido de usar la primera para fortalecer los propios negocios.
Sin que laya sido un esquema diseñado por Miguel Alemán-Velasco, algunas empresas en las que tiene participación como Televisa, se han valido de sus nexos con el poder para legitimarlo y al mismo tiempo tomar ventajas pecuniarias. Esperemos que esto no se presente en Veracruz.
Ante esta interrogante habría que esperar las medidas específicas del próximo gobernador para refrendar sus palabras: "Tenemos una factura muy grande por pagar en justicia social".
* Lauro Trujillo Anaya es licenciado en sociología por la Universidad Veracruzana, donde actualmente es maestro de tiempo completo.


















