Cultura en Transición. La tragedia del "Desierto de la Soledad". Ismael Elizondo

Cultura en Transición

La tragedia del "Desierto de la Soledad"

Ismael Elizondo P.

Al hablar de la diversidad social que implica la presencia indígena en México, se tiende a olvidar que esa diversidad también está presente en el medio ambiente. La exclusión de los pueblos indígenas del proyecto nacional mexicano se refleja también en la ocupación extraña y el despojo del territorio que habitan. El caso de la Selva Lacandona es por demás dramático: representa el mayor bosque tropical húmedo de México, y hoy es una zona devastada por el escaso o nulo control de las actividades económicas en la región, cuyos habitantes humanos, animales y plantas se han visto desplazados por la tala, la ganadería y la agricultura de subsistencia.

LACAM TUM significa "peña grande" o "peñón". Con ese nombre designaban ala isleta principal del Lago Miramar, que en la época colonial llamaban "Buenavista" al lago y "Desierto de Ocosingo" a esa parte de la Selva.

Cuando a fines de los años Setenta, el historiador Jan de Vos se interesó por la Selva Lacandona, viajó a México con la intención de documentar la explotación de la caoba y a partir de esta actividad determinar cómo se llegó a la destrucción del bosque tropical más extenso del país.

No obstante, la ubicación de la Lacandonia en el estado de Chiapas le dio varias pistas falsas, y tuvo que pasar algún tiempo para caer en la cuenta de que la historia inicial de la exploración del verde territorio no era chiapaneca, sino tabasqueña: la ubicación de cortes madereros en los ríos de la región corrió a cargo de empresas establecidas en Villahermosa, cuyo producto -la caoba- también se enviaba al exterior por su puerto ribereño o por el de Frontera en la boca del Usumacinta.

También tabasqueños fueron los primeros trabajadores de esas compañías, a quienes se les reclutaba -por deudas de juego o de alcohol- en las cantinas, y raro fue quien regresó para contar cómo era la vida en el "Infierno Verde".

Con la Revolución de 1910, el poblamiento de la región se detuvo: en 1928, la política "redencionista" del gobernador Tomás Garrido Canabal instauró la prohibición alcohólica en Tabasco, así como la dignificación del modo de vida rural en aquel estado.

La migración de campesinos indígenas y rancheros mestizos oriundos en su mayoría de Chiapas se da hasta 1954. Desde entonces hasta el momento actual la destrucción del bosque no ha cesado. He aquí la crónica de la ocupación de la Selva:

Las tres "conquistas"

El primer periodo de ocupación de la Selva Lacandona inicia con las expediciones a iniciativa de miembros de la Iglesia o militares, el cual puede clasificarse por tres diferentes motivos para ir al territorio:

ANTROPOLÓGICA.- Empieza en 1786, cuando el párroco de Palenque visita por primera vez un ''caribal", es decir, una comunidad de indios lacandones.

ARQUEOLÓGICA.- En 1787, un oficial del ejército español describió por primera vez las ruinas de Palenque.

MADERERA.- En 1822, un funcionario chiapaneco propuso por primera vez abrir la Selva a la explotación maderera (o forestal como ahora le llamamos). El capitán Cayetano Ramón Robles pidió autorización para explorar el río Jataté hasta su desembocadura con el Usumacinta, con el objeto de establecer cortes de caoba y cedro.

En 1826 se organizó la expedición dirigida por José María Esquinca.

En 1859, Felipe Marín botó setenta y dos trozas de caoba al río Lacantún y recuperó setenta en Tenosique. A partir de 1860, algunos monteros establecieron pequeños cortes en las márgenes del Pasión y del Usumacinta. Pasión es el nombre de este mismo río pero en su cuenca guatemalteca del Petén.

Las compañías madereras

En 1880 entraron a la zona tres compañías que tenían su sede en San Juan Bautista, capital de Tabasco que hoy se llama Villahermosa: "Bulnes Hermanos", "Valenzuela e Hijo" y "Jamét y Sastré", que cortaban caoba y palo de tinte en el litoral tabasqueño. Abrieron frentes en los ríos Lacantún y Pasión; San Pedro Mártir, Usumacinta, Jataté y Chocoljá, respectivamente.

En 1892 inician cortes en el río Tzendales, la "Casa Romano" y la empresa "Schindler" en el Alto Usumacinta, ambos madereros tabasqueños también.

En 1897 y 1898, las cinco empresas obtienen contratos federales otorgados por Porfino Díaz, para explotar la caoba.

Mapa 2. Concesiones madereras en La Selva Lacandona, contratos de 1897-1900

Se agregaron cinco empresas más en los ríos Tulijá, Chocoljá, Lacantún y Chixoy, y para 1900 eran muchísimas las monterías particulares concesionadas, pero su tecnología era primitiva.

En 1902, el resto de la Selva cae en manos de tres empresarios "deslindadores" del Distrito Federal y uno español: Claudio López Brú, llamado el "Marqués de Comillas", terrateniente desde 1905, pero dedicado a la explotación maderera desde 1887, a quien se le otorgó la zona sur de Chiapas entre el Río Lacantún, el Chixoy que es frontera con Guatemala y la frontera sur Chiapas-Guatemala.

Mapa 3. Propiedades deslindadas en La Selva Lacandona a partir de 1902

Entonces eran ya trece zonas privatizadas para la explotación de madera, y casi toda la Selva estaba dividida en esas trece zonas.

En 1913, la producción maderera se ve afectada por la Revolución y en 1915 se pierde el mercado internacional debido a la Primera Guerra Mundial.

Hasta 1949 el saqueo fue reducido, parcial apenas. Ese mismo año, el Gobierno Federal prohíbe la explotación de madera en rollo de caoba y cedro.

En 1951 se funda la "Maderera Maya, S.A." por prestanombres de la "Vancouver Plywood Co.", una de las empresas madereras de Estados Unidos de Norteamérica para explotar la parte norte y las riberas del Usumacmta.

Para 1954, "Maderera Maya" era dueña de un latifundio de 420 mil 262 hectáreas de bosques, pero no obtuvieron el permiso federal para establecer en El Arenal, Tabasco, la unidad procesadora.

La colonización

En ese mismo año se establecieron las primeras colonias de tzeltales, choles y rancheros mestizos. Pero el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización (posteriormente Secretaría de la Reforma Agraria) promovió la colonización de vastas zonas de la Selva.

En 1957 y 1961, dos resoluciones presidenciales declaran a estas zonas, en calidad de terrenos nacionales, aptas para colonización y agricultura. Pero campesinos y ganaderos no respetan títulos de propiedad ni resoluciones: invaden por el norte en 1960, desde Las Margaritas por el Río Santo Domingo y desde Ocosingo por el Jataté. La mayoría eran indígenas pobres, peones de las fincas ganaderas y cafetaleras de Los Altos de Chiapas.

Mapa 4. Expropiación de las zonas porfirianas por el gobierno federal, 1957-1972

Estos invasores iniciaron la destrucción de la Selva. Consideraban el bosque como a un adversario al que había que eliminar. Querían sembrar maíz y fríjol o zacate para ganado por medio de la roza-tumba-quema.

En 1964, la "Maderera Maya" contrató a "Aserraderos Bonampak" para meter maquinaria moderna en el norte de este territorio. Aceleró el corte y abrió brechas nuevas en zonas hasta entonces inaccesibles.

De 1964 a 1974, madereros, campesinos y ganaderos abrieron tres frentes de destrucción que devastó la parte norte de la Selva por causa de una real tala irresponsable.

Los últimos tiempos

En 1967, el gobierno federal declaró propiedad nacional 401 mil 959 hectáreas ubicadas en los municipios de Ocosingo, Trinitaria, La Independencia,, La Libertad y Las Margaritas, para colonización y creación de nuevos centros de población, especialmente en la zona de "Marqués de Comillas".

En 1972, creó la "Zona Lacandona" (614,321 hectáreas) con carácter de "tierra comunal", la cual fue de los lacandones desde tiempo inmemorial. Y en 1974, el gobierno creó por decreto la "Compañía Forestal de Lacandona, S.A." (COFOLASA).

En 1978 hizo un nuevo intento por proteger un núcleo importante de la Selva y creó la "Reserva de la Biósfera Montes Azules", con una extensión de 331 mil 200 hectáreas.

Un ejemplo de la política incoherente del Gobierno Federal en las materias agrícola, forestal, ganadera, poblacional y ecológica, es el Decreto de 1972 que declaró a sesenta y seis jefes de familia lacandones, dueños legítimos de más de 600 mil hectáreas. Este decreto ocasionó un grave enfrentamiento entre los nuevos latifundistas y más de veinte colonias tzeltales establecidos ahí. Desalojaron a los colonos y los concentraron en dos centros de población enormes.

De 1954 a 1985, han devorado áreas extensas y destruido más de la tercera parte de bosques.

Para 1986, en la Selva Lacandona había más de doscientas colonias entre ranchos, ejidos y centros de población. La mayoría, no tenía aún resuelta la tenencia de la tierra ni disponían de recursos para cultivos alternativos y respetar la flora y la fauna tropicales. Y la población siguió creciendo, razón por la que muchos solicitaron la ampliación de los ejidos.

Pero, por si fuera poco, el Gobierno Federal extrae petróleo y genera energía eléctrica en centrales hidroeléctricas y pretende todavía explotar las maderas finas que no tocaron las compañías particulares si se lleva a cabo el Megaproyecto del Istmo de Tehuantepec.

* Datos tomados del libro "Viajes al desierto de La Soledad, cuando La Selva Lacandona aún era selva", del Doctor en Historia Jan de Vos, nacido en Amberes, Bélgica, en 1936. Editado por SEP/CIESAS y Programa Cultural de Las Fronteras; Primera Edición: 1988.