La realidad indígena trastoca el proyecto social de nación: INI. Entrevista con Javier Sandoval García. Gina Domínguez
La realidad indígena trastoca el proyecto social de nación: INI
Entrevista con Javier Sandoval García *
Por: Gina Domínguez Colío
La prioridad para el Instituto Nacional Indigenista (INI) es responder a los problemas de los indígenas en lo político, lo social y lo económico. Para este fin los recursos son limitados y las carencias aumentan al propio ritmo de la población, que si en las ciudades es alto, en las comunidades y zonas indígenas es mucho mayor.
En entrevista, el delegado estatal de esa dependencia, Javier Sandoval García, afirma que si bien se han logrado ciertos avances, éstos no se han reflejado en índices estadísticos porque no se alcanza todavía a extender y planificar la dotación de servicios en las comunidades. No obstante, se ha fortalecido la coordinación con las autoridades de la entidad y se promovió la transferencia de facultades a los municipios, con lo cual aumentó la capacidad de respuesta a las demandas y necesidades de los pueblos indios veracruzanos.
Transición.- ¿Cuál es la circunstancia de la cuestión indígena en Veracruz?
Javier Sandoval.- El reciente proceso político que vivimos en Veracruz funcionó, por un lado, como atenuante, pues las visitas de los candidatos a diputados y a gobernador se dieron como espacios de canalización de demandas y de atenciones, lo cual permitió disminuir la presión de los servicios que como dependencia se nos presentan de manera cotidiana. Además, nos otorgó un espacio de reflexión y reacomodo al interior de la institución para -conjuntamente con otras instancias de gobierno- poder dar respuesta con la nueva circunstancia de gobierno.
El contexto de los pueblos y las comunidades indígenas de Veracruz en este momento creo que es muy importante, incluso algo halagüeño. Considero que con su real y justa dimensión existen avances importantes, no los que se quisieran y todavía no los necesarios, pero de manera global tenemos un contexto de avance en las regiones indígenas.
Un factor importante que ha hecho posible este empuje y esta revitalización del trabajo con las comunidades indígenas ha sido el traslado del manejo de los recursos a los ayuntamientos, porque eso le ha dado una mayor fluidez a las demandas e incrementó la capacidad de respuesta. Y permite además recomponer las estructuras comunitarias en procesos regionales, municipales-regionales, lo cual ayuda al trabajo institucional en una política general de atención a los pueblos y a las comunidades.
Entonces, observo una circunstancia favorable que, desde mi muy particular punto de vista, habrá que fortalecer e impulsar porque es una de las principales demandas. A lo mejor no llegamos todavía al esfuerzo de planeación-participación comunitaria, pero ya alcanzamos un primer nivel importante que es el municipal.
En el aspecto social no veo problemas que pudieran alterar o poner en peligro la estabilidad social de Veracruz; problemas existen en todos lados, pero la cuestión social se ha canalizado a través de la vida municipal. En este sentido la autonomía municipal se está dando, y no es que el municipio asuma responsabilidades de otras instancias, sino que hoy retoma su papel y su función.
En cuanto a lo económico la situación es muy difícil. Este año hubo una sequía muy larga, muchas siembras se retrasaron y hubo pérdidas para el 95 por ciento de la población económicamente activa en las zonas indígenas, cuya ocupación está en el sector primario: la agricultura, la ganadería y la explotación forestal. Debemos responder de manera inmediata a los problemas de la población indígena en lo político, lo social y lo económico, pero lo más preocupante es lo económico.
Cuando se habla de indígenas en este país nos referimos a carencias y marginación. ¿Cuáles son las carencias esenciales de los pueblos indios de Veracruz?
Cuando relacionamos pobreza y marginación se da un sentimiento de lástima, que a nivel social lo asociamos con los indígenas. Esa actitud debemos cambiarla porque si bien hay pobreza y situaciones difíciles en las zonas indígenas, en los cinturones de miseria de las ciudades existe a veces un problema mayor. No obstante, el hecho de vivir en la ciudad nos libera de relacionar nuestro entorno urbano con carencias, pobreza o marginación.
Entonces, bajo ese primer principio, los problemas de las comunidades indígenas en términos de carencias se reflejan en cuanto a los servicios de infraestructura social básica: agua, drenaje, vivienda digna, electrificación y caminos. Estos son, creo, los cinco grandes puntos donde se dan las carencias.
Los números son engañosos: tenemos datos de 1992 y de 1995, y en ese lapso se efectuaron acciones importantes para abatir los rezagos, pero los datos del conteo del 95, en términos de servicios, señalan que un 90 por ciento de las viviendas en las zonas indígenas no cuenta con sistemas de drenaje y 80 por ciento tiene piso de tierra y no cuenta con agua entubada.
Al comparar tales situaciones con las de una localidad urbana, la diferencia es más que elocuente. Sin embargo, estos son porcentajes -insisto- derivados del conteo del 95, y debemos tomar en cuenta que los porcentajes se derivan en función del número de localidades. En este sentido, la propia vida de los pueblos indígenas hace que tengan una tasa de reproducción importante y que año con año se establezcan nuevos caseríos y nuevas comunidades.
Entonces, el avance que logramos durante cinco años en las comunidades presentes disminuye por el crecimiento en términos de caseríos y de población, de tal manera que además de abatir el rezago actual, debemos extender la cobertura para alcanzar esos niveles de repoblación.
Además, llevar un servicio básico a las comunidades es muy difícil y costoso por la propia topografía y la distribución de los pueblos: no se trata de asentamientos donde en torno a un solo centro común se distribuyan todas las casas y a partir de ese lugar las conexiones al servicio se facilitan en un radio determinado. Aquí el problema es la amplia dispersión de las casas, incluso en los asentamientos poblacionales grandes.
Como mucha gente construye su casa en su parcela y llevar hasta allá la electricidad o el agua se encarece muchísimo, lo que se hace, en el caso del agua, es colocar tomas comunes en lugares estratégicos que permitan compartir el servicio a un grupo de 6 ó 7 casas dispersas en algún punto cardinal del pueblo.
Este tipo de carencias, si bien forman parte de una responsabilidad y una deuda con los indígenas que las instituciones mexicanas no hemos podido cumplir, se agravan también por esta situación particular.
El factor económico y la dispersión de las propias comunidades son un obstáculo para la atención a los pueblos indios, ¿hay otros obstáculos, ya de carácter cultural o de otro tipo, para cumplir con esta tarea esencial de por lo menos dignificar sus niveles de vida?
No, los únicos obstáculos son el económico; influye también el grado de dispersión, y el más importante es el gran rezago en la dotación de servicios básicos. Es un rezago histórico contra el cual tenemos que luchar en dos sentidos: abatirlas carencias actuales y alcanzar los niveles de repoblación de las comunidades.
La repoblación, la creación de nuevas localidades indígenas y la alta tasa de reproducción de las comunidades, ¿es lo que hace más ardua la tarea de integrarlos al desarrollo y que la marginación parezca crecer en lugar de disminuir?
Efectivamente, ese es el efecto que se da cuando intentamos abatir estos índices en términos numéricos, porque la suma de luz, agua, drenaje y vivienda conforma un indicador para establecer niveles o índices de marginalidad, esos índices no se pueden disminuir porque la población está creciendo año con año. En resumen, estamos atacando un grave problema, pero no se refleja en números y de ello se concluye que los niveles de marginación no se atienden.
¿Cuál es la tasa de reproducción en las zonas indígenas y cuál es el tipo de familia que predomina?
Si la composición de la familia es de cuatro personas en las áreas urbanas, en las zonas indígenas no es menor de siete: hablamos de cinco hijos de la pareja, pero también el abuelo o la abuela, o el tío o la tía que ya no se casa forma parte de esa familia. Entonces, para fines de programación y cálculo tenemos siete en promedio por cada familia indígena.
En las ciudades, la edad promedio para ser madre ya rebasó incluso los 18 años y cada vez se va retardando más; pero en las zonas indígenas efectivamente -no es la generalidad- hay madres de 12 y 13 años, y por lo regular las parejas tienen sus primeros hijos a los 15 años de edad promedio, 14 la mujer, 16 el varón. Por esta razón no se puede dar la misma proyección y la misma planeación de servicios y de atención en las áreas zonas urbanas que en las zonas indígenas.
De acuerdo con datos del INEGI -aunque no tan recientes: el censo del 90 y su actualización parcial del 95-, Veracruz tiene algunos de los municipios indígenas más pobres del país y Tehuipango se manejaba hace algún tiempo como el de más alta marginalidad, superando incluso a los municipios indígenas de Oaxaca. ¿Cuántos municipios de alta marginación existen en el Estado y cuáles son las características para que tengan ésta categoría?
Tehuipango, Soledad Atzompa, Mixtla, San Juan Texhuacán, Ilamatlán y Texcatepec son los municipios mencionados, aunque no necesariamente en ese orden.
Conapo, que es la instancia oficial para determinar esto, toma en cuenta precisamente los mínimos de bienestar que requiere una población. En ese sentido, las deficiencias de agua entubada en las viviendas, de drenaje, de carreteras, de niveles de ingreso, todo esto forma parte de una fórmula para establecer el índice de marginalidad.
La Secretaría de Salud maneja índices de vulnerabilidad, derivados de elementos similares a los de la fórmula para distribuir los recursos del ramo 033 o del ramo 026. Sin embargo, también existen municipios en otros estados y regiones del país que presentan condiciones incluso más difíciles que las del propio Tehuipango.
Esa información que ubicó en Veracruz al municipio más pobre del país dio una sacudida a toda la estructura estatal. Nosotros tenemos 25 años trabajando en la Sierra de Zongolica, pero a partir de que esto se dio a conocer mucha gente se sumó a los esfuerzos y se incorporó al trabajo. Hoy, salvo el problema muy seno y muy grave de deforestación que tiene Tehuipango, la actividad económica pudo regenerarse allí por su cercanía con Puebla, a través de un camino hacia San Juan Texhuacán, y es un municipio que ya ha rebasado con creces esa condición.
Incluso en municipios como Ilamatlán y Texcatepec, por los problemas de comunicación que tienen y el grado de dispersión de sus habitantes, sería aún más difícil rescatar su calidad de vida que en el propio Tehuipango.
¿Cuáles son los avances en materia indígena, considerando lo importante que es la coordinación entre la Federación y el Estado, durante el sexenio del gobernador Patricio Chirinos?
El gobierno estatal por concluir tuvo una característica importante: si bien no ha construido grandes obras, sí desarrolló un trabajo importantísimo. Hay acciones muy fuertes en materia de electrificación, en construcción de sistemas de agua para las comunidades, en materia de salud y de educación.
En cuanto al sector salud, con el programa de ampliación de cobertura, de 1996 a la fecha puede verse en cualquier región indígena que operan las casas del programa donde se da el servicio de salud y también las unidades móviles. Es un buen trabajo coordinado para acercar los servicios de salud a la población de las zonas indígenas veracruzanas, y fácilmente el 95 por ciento de esas comunidades tiene hoy acceso a algún servicio de salud.
Si esto lo ligamos con la estrategia Progresa, tenemos una situación única en todo el país: los servicios de salud a la familia beneficiada con Progresa no se quedan en la atención de primer nivel y si alguno de los familiares o el propio beneficiario tiene problemas de salud con necesidades de segundo o tercer nivel, hay una instrucción del Gobernador para que se le atienda en los hospitales de la Secretaría de Salud y sin costo alguno. Esto está abatiendo el problema de salud y se ve, por ejemplo, en la disminución de enfermedades intestinales o de la piel por aguas contaminadas.
También observamos que en las obras financiadas a través de los ramos 033 y 026, tienen prioridad los sistemas de agua entubada y los caminos; después viene la construcción de un aula, la pavimentación de una calle, la reparación de drenajes, pero los recursos desuñados a este ramo se dirigen a esas dos acciones.
De esto se deduce que hay una política estatal de salud muy importante, pues los niños necesitan tener salud para cursar su educación. Hay que atacar primero el problema de salud en las comunidades, y se actúa en cuanto al agua, aunque también hay un programa muy fuerte de letrinas secas o letrinas ecológicas, cuyas bondades son que no contaminan el manto freático y acumulan materias que pueden utilizarse como abono. Incluso nos llamaron la atención porque no estábamos tratando el agua, sólo se entubaba del venero y la llevábamos a la comunidad, pero ahora debemos cumplir algunos requisitos.
No ponemos plantas potabilizadoras porque no tenemos los recursos, pero sí promovemos cuestiones muy prácticas: tratamientos a base de cobre en las vasijas donde la gente almacena su agua, la práctica del hervido, en fin. Esto tiene que ver mucho con la salud, pues no se trata tanto el abatir el índice de que no tienen el agua potable, sino que la promoción de la higiene está ligada a una política de salud e influye en la política educativa.
En este sentido, considerando la dispersión de las comunidades y la falta de recursos, pero también reconociendo que con todo ha habido avances en lo que va de este gobierno, ¿faltaría algo por hacer como una política general que ataque ciertos problemas propios de las comunidades?
Más que diseñar algo nuevo lo importante es afianzar aún más la política de transferencia de recursos a los municipios porque de alguna manera, y con todas las críticas habidas y por haber, esto es un detonador importante para responder de manera inmediata a los problemas, ya que puede atenderlos el municipio con los recursos que recibe.
Entonces, lo necesario es democratizar más los consejos de desarrollo municipal, darle un poco más de participación a la propia sociedad y a las comunidades, y a partir de eso entrar en la corresponsabilidad entre las propias comunidades, colonias y todo lo que tiene que ver en la composición del municipio y sus autoridades.
En este momento, el tema del indigenismo y de los pueblos indios está en la mesa de debates nacional, pero una política integradora federal o estatal hacia las comunidades indígenas, ¿existe como tal o sólo puede ser viable?
Hay una política social, y la política indigenista tiene que ver con esa política social cuya parte integradora es el municipio. Nuestra política social, en ese sentido, consiste en sumarnos alas acciones y a los esfuerzos municipales.
Llevamos tres años en este ejercicio, un primer año de adaptación de las dependencias y de los propios alcaldes, porque los alcaldes que se capacitaron con el modelo anterior, de llevar sus recursos y establecer su concepto de desarrollo, ya se fueron. Tenemos una nueva generación de alcaldes que está aprendiendo el proceso, ya les tocó vivirlo como parte de los consejos o de sus propias comunidades y ahora les toca a ellos conducirlos.
Entonces, la nuestra es una política social más que integradora, y su sentido es que pudiese haber una institución para aglutinar, dirigir y ordenar esa política con el fin de fortalecer el trabajo del municipio porque está en marcha el proceso de federalización.
¿Podemos decir que los niveles de organización social de las comunidades indígenas son incipientes aún?
Tiene tres años, es incipiente, y la organización social y económica de los pueblos indios es ancestral. Los compañeros amoldan esa estructura organizativa interna de la comunidad en función de la política que está aplicando el gobierno en ese momento.
Eso es muy importante porque en las dependencias hemos trastocado muy fuerte los esquemas de organización y de participación comunitaria; por ejemplo: si la política que implementa hoy el gobierno obliga a que los compañeros se agrupen como comités locales para recibir un financiamiento, pues se agrupan como comités locales; si llega el INI y dice: "No, tienen que ser fondos regionales", entonces hacen su fondo regional; y si ahora llega Fonae y requiere cajas solidarias, los compañeros se amoldan a ese esquema.
De este modo se arraiga todavía más el proceso de federalización, pues a partir de ahí, si mi esquema de organización comunitaria y de participación es tal, pues ya no tengo que ir al INI ni a las demás dependencias, porque la instancia en términos de dirección de las políticas es el municipio y en él se define cómo serán los mecanismos de participación comunitaria.
¿Qué tanto caemos en los prejuicios cuando aplicamos conceptos de sociedad urbana a las comunidades indígenas en el tema de la vulnerabilidad de los derechos humanos? Pues se habla mucho de derechos humanos, pero ¿cuál es el diagnóstico sobre esta realidad particular?
Nosotros iniciamos una acción que hoy es uno de los ejes más importantes del trabajo institucional: la promoción y defensa de los derechos de los pueblos indios. Pero los derechos de los pueblos indios no son únicamente los derechos humanos: hay derechos sociales, políticos, económicos, culturales y obviamente derechos humanos que tienen que ver con la integridad física del individuo.
En ese contexto es que trabajamos: impulsando y promoviendo el derecho cultural, político, económico, social y el trabajo de ¡os derechos humanos. Y como institución evitamos jugar un papel protagonice) para no ser juez y parte. Yo no sé qué otra dependencia lo haga, pero año con año el INI emite una convocatoria a nivel nacional para que organizaciones no gubernamentales, asociaciones civiles, universidades y grupos de académicos presenten proyectos sobre defensa y promoción de los derechos humanos.
En ese sentido, el Instituto ha trasladado la ejecución y la operación del proyecto en esta área importante de la sociedad civil, aunque no la responsabilidad. Lo que hacemos es gestionar el financiamiento de un proyecto, y después únicamente acompañar a quien lo aplicará.
Los compañeros de las asociaciones civiles están en Huayacocotla, Chicontepec, Papantla, Otontepec, Zongolica, Huixila, Sochiapa, Acayucan y en el Uxpanapa. Además, en todo lo largo y lo ancho del Estado hay asociaciones civiles que no las financia el Instituto, pues aquí sólo financiarnos el proyecto que se presenta. Estos organismos directamente representan los casos y cuando hay necesidad le trasladarnos el recurso para el pago de una fianza, pero la relación es entre la organización y el preso, de tal suerte que ellos establecen el mecanismo de recuperación y mediante ello nos regresan el monto para que después podamos volver a utilizarlo.
En este momento, ¿cuántos indígenas estarían presos en las cárceles veracruzanas?
Desde hace cuatro años hacemos un "censo penitenciario". Lo actualizábamos hasta el año pasado cada tres meses, pero tuvimos reajustes de personal y eso nos ha dificultado la actualización. Tenemos un promedio de 322 expedientes individuales, es decir: se han visitado ya todos los penales del Estado, se ha establecido contacto con cada uno de esos compañeros para hacer su expediente, revisar su causa penal e iniciar los trámites para ver si pueden obtener una libertad anticipada.
Traíamos arrastrando una cifra de 790 a 810 reclusos, a partir del 95 liberamos un promedio de 450 al año, pero cuando actualizamos el censo volvimos a encontrar los 790, los 810. El último dato es que en Veracruz tenemos 651 reclusos indígenas.
¿Y cuál el delito más recurrente?
Lesiones y daños a terceros, afortunadamente los delitos de tipo federal o por homicidio, que también se dan, son los menos.
¿Esto se da por invasiones o por tierras en disputa?
O por broncas entre ellos. Además el alcoholismo es grave.
A raíz del levantamiento armado del 94 en Chiapas, la presencia militar si bien era lógica y natural en las comunidades, se incrementa substancialmente. En Veracruz, con una población indígena importante, ¿qué repercusiones ha traído, si es que ocurre, la presencia de militares en las zonas indígenas?
En principio, más que una agresión, es una cuestión de lo que impone el uniforme. Los compañeros se asustan y se preocupan, aunque por la costumbre de verlos se ha vuelto una situación casi normal. En el caso de la Huasteca, los destacamentos ahí están, patrullan, regresan y no hemos tenido nosotros queja de que los soldados hayan cometido atropellos.
¿Tiene usted un registro de cuántos militares hay destacados a la zona?
No sé. Nosotros hemos cuidado no caer en ese tipo de investigaciones porque resulta contraproducente para donde quiera que uno se mueva, pero además no es nuestra función. Si hubiese una demanda de un compañero de que se metieron a su parcela, le tumbaron el maíz o la cerca, y solicita un abogado, entonces se lo mandamos.
¿Hay un impacto real o conocimiento del movimiento armado en Chiapas en las zonas indígenas de Veracruz?
Sí lo hay. Uno de los primeros documentos que difundimos que fueron los Acuerdos de San Andrés, y por la radio que tenemos en Zongolica transmitimos las noticias que aparecen todos los días en los periódicos. Y esto tiene que ver con los derechos: quienes vivimos en la ciudad podemos leer todos los días los periódicos, revisar la información de Internet y contar con todos esos servicios, pero los compañeros no, yeso lo considero injusto. De modo que una de nuestras funciones es precisamente mantener informado al compañero de la situación y los problemas que está viviendo este país.
¿Y cuál ha sido el impacto entre la gente, desde un punto de vista diferente?
Por principio de cuentas lo que dice la gente es "gracias, porque sino no trae la información no nos enteramos". Hemos tenido muchísimas reuniones con ellos, no en cuanto a determinar si el movimiento está bien o no porque además tampoco nos toca juzgarlo, sino sencillamente estos fueron los planteamientos, éste ha sido el desarrollo de los trabajos, éstas han sido las propuestas.
Los compañeros tienen el documento de la COCOPA, la propuesta del Presidente, la propuesta del PAN y el intento de propuesta que hizo el Partido Verde Ecologista; creo que son todos.
¿Cuál es el interés de las comunidades en dar seguimiento a este tema, del que también son protagonistas?
Nos lo exigen. Nos reunimos cada mes con las asambleas de delegados de los fondos regionales y un punto que ellos nos piden tratar es qué ha pasado, cómo va el proceso de negociación, qué sigue. Sí, la población está informada y se interesa sobre todo en el desarrollo de los acuerdos.
Los especialistas del tema afirman que en México se desarrolla un proceso de globalización, pero el país reacciona, como muchas naciones del mundo, con la rehabilitación de las diferencias étnicas. ¿La autoafirmación de los indígenas es consecuencia de las circunstancias en que se da este proceso en México?
De este proceso cabe destacar dos aspectos: Uno tiene mucho que ver con la opinión de un gran bloque de intelectuales del indigenismo, pero donde está la gran disputa y el gran entrampe es el debate en términos jurídicos.
No obstante, no es que estén revitalizando sus diferencias, pues la identidad y la pertenencia de ellos a su pueblo está y se da, se defiende y se honra. Pero ciertamente a partir del movimiento del 94, como que dijeron: "Sí, efectivamente nosotros somos indios, y qué bueno porque hay otros que también lo son", y así como ha existido la organización comunitaria, la cuestión de identidad existe y ahí está.
A veces se habla de autonomía y de autodeterminación, pero desde la perspectiva de los pueblos indios, ¿ellos desean ejercerlas o qué es lo que demandan?
En principio no creo que sea esa la perspectiva de los pueblos indios, pero mi respuesta sería institucional porque es muy difícil y muy complejo discutir este tipo de conceptos. Ha sido muy difícil tratar estas cuestiones con ellos, ya que es necesario explicar qué quiere decir autonomía o autodeterminación, y se necesita de todo un proceso educativo formal.
Creo que autonomía es un concepto más amplio que autodeterminación. Incluso el concepto de autodeterminación en forma práctica yo lo veía como parte de la autonomía, es decir: la autonomía lo es todo, queremos regirnos y normarnos bajo nuestras propias leyes sin contrapuntearnos con la Constitución, el Pacto Federal y la soberanía nacional. Pero la autodeterminación tiene que ver con el uso de algunas facultades que da la autonomía: la autodeterminación para elegir cómo serán los órganos de representación al interior de la comunidad y quienes los integran, es una facultad que otorga el propio consejo de autonomía.
Ante el entrampe de la resolución del indigenismo en México, tomando como punto de partida el conflicto en Chiapas, ¿queremos imponer criterios o conceptos que nada tienen que ver con la realidad indígena?
Siempre hemos procurado que la asamblea, como órgano máximo de autoridad en las comunidades, sea la que defina y determine lo que se exige y se reclama. A partir de ello llevarnos los conceptos de autonomía, de territorio, de pueblo, a la asamblea de cada comunidad; pero debemos atacar primero el problema educativo y a partir de ahí construir la discusión.
Esto no quiere decir que no hayamos llevado los conceptos. Los llevamos, los hemos tratado con los compañeros con quienes trabajamos que de algún modo son los representantes. Es frecuente que éstos representantes se distingan en su organización o en la comunidad por sus estudios, lecturas o porque han recibido capacitación, y en esa medida tienen cualidades de liderazgo.
En Veracruz se dio una consulta pública que entre otros temas trató la cuestión de los derechos indígenas. ¿Hubo algún beneficio concreto para las comunidades indígenas a partir de esta consulta o se quedó nada más en un buen intento, en una buena intención?
Creo que fue una buena intención, y los resultados de esta consulta estatal sirvieron a la gran consulta nacional para poder estructurar la propuesta de reforma constitucional enviada por el Presidente. Los efectos de esta consulta se verán una vez que el Congreso determine, en su momento, qué pasará con las propuestas de reforma constitucional que existen.
¿Cuál es el reto esencial que hacia el nuevo siglo tenemos frente a los indígenas mexicanos y especialmente de Veracruz?
Primero es necesario cambiar nuestra actitud, es decir: quitarnos de la cabeza ideas preconcebidas porque al mezclar el sentimiento con la objetividad se distorsionan las cosas. Somos un país diverso, cuya riqueza está precisamente en su diversidad, así tenemos que aceptarnos pues no debemos ver a la sociedad y a los pueblos indios a partir de prejuicios paternalistas en términos de "pobrecitos".
Asimismo, en lugar de ver en los indígenas únicamente folklore, veámoslos como seres humanos que son, que están en una condición de inequidad respecto de quienes vivimos en las ciudades. Al parecer, queremos que se resuelva todo con una varita mágica, pero sin trastocar, sin mover y sin cambiar patrones de conducta y actitud en las grandes ciudades.
La realidad indígena implica al proyecto de nación, y por ello tenemos que cambiar cosas acá para poder presentarnos con esa frente en alto. Ellos ahí están, ellos ahí estaban y estarán cuando nosotros ya no estemos, porque es una raza muy fuerte y muy inteligente, con unas raíces de lo más profundas y arraigadas imaginables.
Entonces, el reto fundamental que tenemos con los pueblos indios es abatir ese rezago histórico y cumplir con esa gran demanda de atención. Las acciones van caminando y creo que pueden darse al fortalecer el trabajo municipal, pues a partir de ahí democratizaremos todavía más los procesos de adjudicación y selección de obra.
Por otro lado, quienes trabajamos en las dependencias también debemos cambiar nuestra actitud protagónica, para considerarlos sujetos de atención en lugar de objetos de desarrollo, porque ellos son precisamente los actores más importantes de un proceso que les compete, pero todos los demás nos damos golpes de pecho y nos persignamos con nada más que las buenas intenciones.
Hay que brincar esa barrera para sumarnos a un proyecto que tiene que ver con 11 millones de compañeros que ahí están y esperan que la sociedad actúe conjuntamente con el gobierno para poder darle respuesta a sus demandas y a una deuda histórica que tenemos con ellos.
* Javier Sandoval García tiene estudios de ingeniería y actualmente es titular de la delegación Veracruz del Instituto Nacional Indigenista.


















