Fobaproa, ante la presión del tiempo. Entrevista con Raúl Arias Lovillo. Rosa Contreras Pérez
FOBAPROA ante la presión del tiempo
Entrevista con Raúl Arias Lovillo
Rosa Contreras Pérez
Dos caras de una misma moneda: la cuestión del FOBAPROA trajo nuevas dificultades para el desarrollo económico del país, aunque también la discusión del proyecto económico nacional entre todas las fuerzas políticas Tal es la visión del académico Raúl Arias Lobillo, para quien el retardo en las decisiones puede ocasionar mayores daños a la economía nacional. No obstante, aclara que sólo es posible evitar las recurrentes crisis si como sociedad avanzamos hacia la estabilidad y la democracia.
Raúl Arias Lovillo.- A seis meses de que la iniciativa del Gobierno fuera enviada al Congreso aún no existe un acuerdo de solución al problema del FOBAPROA, el asunto ha trascendido el ámbito económico y hoy podríamos decir que se ubica como un problema de carácter político.
En particular, como economista veo factores muy favorables en cuanto dada la transición a la democracia: el hecho de que el PRD haya solicitado información forzó al Gobierno a reconocer graves problemas en la gestión del fideicomiso. Esto es lo que nos puede abrir el camino -y hasta el momento parece que puede ser así-hacia la posibilidad de que en el futuro exista más transparencia y control en el sistema financiero y los bancos.
El FOBAPROA significa en este momento 5 veces y media del capital contable de los bancos, lo cual da una idea del desastre en el que nos metimos. Cuando se daban a conocer las cifras en 1995, recuerdo que el FOBAPROA representaba apenas el 5.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB); un año más tarde se dijo que era del 8.4 por ciento y en este momento está alcanzando casi el doble: 16 por ciento del PIB, lo cual significa un grave problema económico.
Entonces, por el lado de la transición a la democracia, como posibilidad de una mayor transparencia y autonomía respecto a la supervisión de los bancos, me parece positivo. Aquí tendríamos que aceptar todos que gracias al PRD los ciudadanos estamos en posibilidad de informarnos de lo que estaba pasando, aunque todavía no conocemos la información completa.
Como economista diría que hay factores desfavorables porque entre más tiempo pasa aumenta el costo económico para el país. En el país nos ha llovido sobre mojado, y tal vez éste será recordado como uno de los peores años después de 1995, cuando también había una gran ilusión de que la economía mexicana se recuperaría. En el 96 y el 97 crecimos al 7 por ciento, por ello había vuelto cierta ilusión de que las cosas podrían componerse, aunque debemos aceptar que esto no pudo incidir positivamente en las finanzas familiares.
Nos ha llovido sobre mojado también debido a los efectos de las crisis del Sureste asiático y de Rusia. Hay una gran volatilidad en los mercados financieros y a eso hay que agregarle nuestros propios. errores. En un año en que sin duda los sectores financieros no han tenido un buen comportamiento, tuvimos la peor sequía de las últimas décadas: las aguas están afectando cosechas de productos importantes, lo que significa que el próximo año tendremos que importar alimentos y además disminuirán las tasas de crecimiento de los principales sectores industriales.
Y por si fuera poco, hay que agregar a todo esto los efectos del FOBAPROA, ¿por qué? Porque en la medida en que no hay una solución, tampoco existe certidumbre para los inversionistas privados tanto extranjeros como nacionales, quienes deben tener el camino abierto para ver su futuro. Un inversionista, quiérase o no, orienta sus decisiones en función de la seguridad que tiene para la ganancia. Es decir: si vemos treinta y tantos mil millones de dólares depositados en bancos norteamericanos en este momento, pues no podemos recurrir al nacionalismo y decir: "¡Qué malos son los mexicanos!", etcétera. En la etapa que vivimos a nivel internacional tendríamos más bien que preocuparnos por dar seguridad y garantías para que ese dinero se quede en México.
La experiencia demuestra que los mercados aman la democracia, por ello debemos despejar el camino para que las inversiones puedan llegar; en otras palabras: mientras en el país no construyamos condiciones para retener la inversión, es evidente que tendremos fugas de capitales. En ese sentido, mientras se toma la decisión en el Congreso respecto al FOBAPROA, las expectativas de los inversionistas se aplazan; de manera que si hay factores favorables en un contexto de transición a la democracia, por otra parte el impacto es negativo: aumentan las tasas de interés, cuya consecuencia inmediata es que sube el costo del dinero. Incluso algunos analistas advierten que si tardamos en resolver lo del FOBAPROA, dentro de pocos meses tendremos que hablar del FOBAPROA II.
Pero si aumentan las tasas de interés, también se modifican -como reacción en cadena- otras variables: el tipo de cambio, la relación del peso frente al dólar y la tasa de inflación. Entonces, después de tanto tiempo de sacrificios que se nos han pedido desde 1983, son ya 15 años de verdaderas crisis económicas y ajustes.
¿Fue correcta la medida que se tomó de auditar el FOBAPROA?
Sí, por supuesto, aunque esto no quiere decir que la única responsabilidad de no llegar a un acuerdo es de la oposición. También falta disposición de las autoridades financieras y de los niveles más altos del Gobierno para resolver este problema, pero sobre todo se intenta ocultar información que el ciudadano debe conocer. Los mismos empresarios han dicho: "Quien haya cometido anomalías con el manejo del FOBAPROA debe ser castigado, y si los bancos o las empresas son responsables de estos delitos, pues que ellos asuman la deuda y no nosotros, los ciudadanos".
¿Se debe supervisar o auditar a los bancos?
Sí, pero además de las auditorias tenemos que impulsar mecanismos para eliminar nuestra endeble legislación sobre el control del sistema financiero mexicano. Deben funcionar mecanismos claros y muy transparentes para que en el futuro no se repita un problema como el del FOBAPROA.
También hay que limitar las capacidades que el mismo presidente de la República tiene para autorizar fideicomisos como el FOBAPROA, pasando por alto una decisión del Congreso. En la medida en que todo pueda ser más vigilado por estas instancias, particularmente por el Congreso, va a resultar positivo en el futuro, tanto para el país como para el propio proyecto económico del Gobierno. ¿Por qué? Porque eso da certidumbre acerca de cuáles son los márgenes donde los inversionistas pueden moverse.
¿Se debe evitar el secreto bancario en casos como éste?
Casos como éste son una verdadera excepción. El secreto bancario existe cuando se trata de defender prevalezcan los intereses individuales de los inversionistas, pero como estamos ante una situación donde está de por medio el interés nacional, pues no hay violación al secreto bancario.
¿En México hay una cultura del "no pago"?
De alguna manera sí se ha generado una cultura del "no pago". Sin embargo, hay que diferenciar claramente a los grandes empresarios y banqueros -quienes aprovecharon el fideicomiso para cargar sus errores administrativos a la deuda pública del país- de los numerosos ahorradores que cometieron el error de sumarse al optimismo del régimen salinista.
La cultura del mexicano es muy particular porque en ella no hay conciencia del ahorro, siempre estamos dispuestos a echar la casa por la ventana a la menor provocación: una fiesta, los 15 años de una hija, los festejos con los compadres, etcétera. En cambio, otros pueblos se identifican en función del ahorro, de la previsión para el futuro, etcétera. No obstante, como economista uno sabe que un principio básico para el crecimiento sostenido es el ahorro, es decir: una sociedad puede ampliar sus posibilidades productivas en la medida que ahorra.
Y aunado a esa cultura del "no ahorro" también tenemos el problema del "no pago". Un refrán famoso dice: "Debo, no niego; ¿pago?, no tengo..." En este sentido también hay que reconocer que los partidos políticos juegan al populismo en determinados momentos, por lo que muchos deudores piensan: "Ya me están defendiendo, total si otros hicieron transa ¿yo porque tengo que pagar?" Y aunque debemos reconocer que hay familias que perdieron todo su patrimonio, como los trabajadores con ingresos de 2 ó 3 salarios mínimos, quienes le apostaron a la adquisición de una casa en -digamos- 150 mil pesos, estaban a la mitad de su pago y de pronto los 75 mil pesos que debían se han convertido en 750 mil. Y entonces, ¿cómo se puede pagar?: "Debo, no niego; ¿pago?, no tengo..."
Es importante fomentar un hábito del ahorro, del pago, pero aquí se requiere de que el gobierno pueda dar una lección de honestidad, de transparencia, de un adecuado manejo de los asuntos financieros del país para que los ciudadanos puedan tomar nota respecto a esa nueva cultura.
Todos los gobiernos están obligados a rescatar el sistema financiero, es lo que hacen todos los países, pero me parece que en México el rescate del sistema financiero no fue el adecuado porque no se tenían los mecanismos para dar transparencia a lo que se estaba haciendo.
La legislación del sistema financiero mexicano permite que éste sea realmente pésimo: la poca disposición de Hacienda, del Banco de México y de todas las autoridades financieras de proporcionar una información completa, clara y transparente, ha llevado a que se politizara el proceso, con todas las consecuencias negativas para el país.
¿Los costos de la crisis financiera se deben distribuir entre la sociedad o sólo entre los banqueros quienes por connivencia o inexperiencia generaron la crisis?
Cabe destacar que será muy difícil detectar con detalle quién tiene la responsabilidad de una u otra parte.
En la medida en que el estado, el Gobierno, es el representante de los intereses de la Nación y tiene la capacidad de intervenir en defensa de su sistema financiero -lo cual es obligación de todo gobierno-, pues las decisiones que se tomen a ese nivel tendremos que asumirlas y pagar una parte de todo eso.
Sin embargo, lo que en este momento se discute es qué parte les corresponde pagar a quienes participaron en el manejo fraudulento del FOBAPROA. Desde ese punto de vista, habría que diferenciar muy bien, con mucha precisión aunque yo no tengo los datos, cuánto nos correspondería pagar y cuánto a los grandes banqueros. Es decir, no es lo mismo aceptar como deuda pública un 60, un 50 ó. un 40 por ciento, a que nos carguen los 60 mil millones de dólares que tendríamos que pagar todos. En otras palabras: no digo que empresarios y banqueros deban pagarlo todo, pero tampoco que todo se cargue a los ciudadanos mexicanos comunes y corrientes.
Ese porcentaje que les corresponde a los banqueros, ¿lo pagarían sólo quienes no comprueben que presentaron proyectos viables para los créditos que asignaron?
Hubo diversos mecanismos para asignar créditos y financiamientos. Se informa que incluso hubo desvío de recursos para campañas políticas, financiamiento de los banqueros para sus propias empresas y para grupos económicos claramente identificados, de los cuales es necesario precisar el carácter del fraude que se cometió y el monto de los préstamos. En ese sentido se puede determinar la parte que les corresponde a los empresarios y banqueros y la parte que le corresponde a la ciudadanía.
En el futuro debemos vigilar que el manejo de la cartera vencida por el sistema financiero no sea tan flexible como hasta hoy. En los sistemas financieros o bancarios de otros países, una institución con una cartera vencida de 5, 7 u 8 por ciento se considera elevada. Si nosotros alcanzamos porcentajes mucho mayores me parece que eso tampoco debe repetirse: hay que obligar a los bancos a reponer con capital fresco el porcentaje que reconocen de cartera vencida propia, pues de no hacerlo se formará una "bola de nieve" de insolvencia financiera y cuando se den cuenta ya no podrán solucionarla. Eso no es posible.
Por otra parte, deben contemplarse también las modificaciones que se están planteando al sistema financiero, aunque aquí interviene cierto sentimiento nacionalista en el sentido de que si se reconoce la cartera vencida y se les dice a los bancos que la tienen que reponer, si no la reponen ¿qué puede hacerse? Una solución es que se nacionalice el banco, es decir: que el gobierno intervenga, se haga acreedor de esa parte de las acciones y luego diga:
"Estamos defendiendo los intereses del capital nacional".
Yo no diría que la mejor alternativa sea la nacionalización. Tampoco le apuesto a emitir exhortos nacionalistas para convencer a nuestros mexicanos no solidarios -quienes en el mismo "Mes de la Patria" sacaron su dinero del país para depositarlo en bancos norteamericanos de respaldar el sistema financiero nacional, pues no tengo por qué defender a ultranza el carácter nacional de los bancos privados.
La opción sería, más bien, abrir la posibilidad de que venga el capital extranjero y pueda capitalizar un banco. Muchas veces dicen: "¡Se van a llevar todo el dinero los extranjeros", pero ¿a poco no se lo están llevando los propios inversionistas mexicanos? Como cliente me interesa que me den un buen servicio, una buena tasa de rendimiento, independientemente si se trata del Chez Mahattan Bank, un banco japonés, español o alemán. Se quiere un sistema financiero eficiente, que sirva para lo que está, que cumpla adecuadamente sus funciones aquí.
Los grandes problemas de inconsciencia que tienen los bancos en México son del dominio público. En algunos casos esa ineficiencia raya en el cinismo, porque ven como cliente de segunda al ciudadano. En otros países no sucede lo mismo: el sistema bancario es eficiente porque tiene todo su interés está en darle el mejor servicio al ciudadano. Creo que en eso estamos todavía en pañales.
En la solución final que se le dé al FOBAPROA, ¿cree que esté en juego no sólo un grave problema económico, sino la construcción de una nueva manera de gobernar?
Efectivamente. Entre los factores benéficos que ha traído la discusión de casi seis meses en el Congreso, está sin duda la importancia ganada por la oposición, tanto del PRD como del PAN, al no estar dispuestos a avalar sin más una decisión del presidente Zedillo, como era absorber el quebranto al FOBAPROA como deuda pública.
El hecho de buscar cambios importantes en la legislación, así como deslindar responsabilidades, son factores importantísimos del tránsito de una sociedad hacia una forma de convivencia democrática, de tal manera que si el Gobierno tiene la capacidad de llegar a un acuerdo con la oposición, cuando menos en estos dos puntos, tendremos ya un avance importante.
¿Considera que debe haber una revisión a fondo de los mecanismos institucionales y de los manejos financieros con el fin de evitar "fobaproas" futuros?
Sí, aunque eso no depende de sólo una voluntad. Si en el futuro seguimos padeciendo recurrentes crisis financieras, el Gobierno tendrá que intervenir para rescatar el sistema bancario y financiero.
Lo que hace falta no es poner toda nuestra voluntad para que haya una legislación transparente, etcétera, sino también una voluntad de que las crisis financieras afecten menos a nuestro país y esto depende claramente de una política económica distinta.
Por ejemplo, si nuestros diputados en el Congreso se tardan demasiado -incluso algunos meses- en tomar una decisión, pues resulta que esto del FOBAPROA ya va a pertenecer a la historia económica, porque estaremos hablando del FOBAPROA II, ¿y qué propició el FOBAPROA II? Ya imagino las declaraciones del gobierno: "Los culpables son los de la oposición por su intransigencia".
Pero lo que tememos más es el impacto, tanto externo como interno, que nos devuelva la inestabilidad financiera en el país. Entonces hay que resolver ese problema y crear las condiciones para que los inversionistas vengan acá, para lo cual se requieren dos cosas: estabilidad y democracia.
Los mercados aman la democracia, y el inversionista busca la estabilidad. No sólo la estabilidad financiera, sino también óptimas condiciones de vida, mano de obra calificada e infraestructura adecuada; todo eso es lo que hace atractiva la inversión en un país y sin ello no funciona ninguna economía. Uno puede decir: "Pero si somos incapaces de terminar obras como la carretera a Coatepec o la salida a Banderilla, que son pequeñas, como entonces nos podemos responsabilizar de obras de mayor envergadura, de mayor dimensión, que podrían dar justamente esa renovación de las infraestructuras?" La verdad es que a mí me da vergüenza ajena que eso pueda pasar en un Estado como el nuestro.
Y si no hubiese insistido la oposición en que se aclarara el asunto del FOBAPROA, hubiesen metido los 60 mil millones dólares como deuda pública y nos hubiésemos apretado el cinturón y ya. Si bien de todas formas tendremos que apretarnos el cinturón, también debemos crear los mecanismos que permitan darle una mayor transparencia a la construcción de la democracia en México. Es decir: tenemos que aportar todos nuestro esfuerzo para que la democracia se dé. En ése sentido es un mérito de los partidos de oposición haber sacado a la opinión pública todo este problema.
También fue una lección que la ciudadanía votara por diputados de oposición. Las elecciones para el año 2000 estarán verdaderamente competidas porque los mexicanos empiezan a aprender que es muy importante separarlos poderes en este país, que se puede votar bien por alguien en el Poder Ejecutivo, pero en el Legislativo hay que ponerle su candadito.


















