Chirinos, el estilo represivo del poder. Raymundo Jiménez

Chirinos, el estilo represivo del poder

Raymundo Jiménez

Los factores que hicieron posible el avance de la oposición en Veracruz durante el sexenio de Patricio Chirinos fueron dos: la actitud de su gobierno contra la clase política local, para la cual Chirinos representó a su vez una imposición, y el repliegue de esta misma clase política representativa -tradicionalmente priísta- hacia la oposición, expresa el periodista Raymundo Jiménez, quien describe los hechos relevantes a partir del desarraigo de la administración estatal con la sociedad que gobierna.

Considerado como uno de los ideólogos y el más feroz apologista del Liberalismo Social -doctrina de moda en el sexenio presidencial anterior que incluso fue impuesta en los documentos básicos del PRI bajo la tibia protesta de algunos viejos ex líderes partidistas-, y hombre clave en el proyecto transexenal del salinato, Patricio Chirinos llegó a Veracruz en abril de 1992 como candidato del Revolucionario Institucional a la gubernatura en contra de su voluntad.

Época todavía de partido único en la entidad y con el régimen salinista en su apogeo político y económico -los "quinazos" y el Programa Nacional de Solidaridad habían aliviado rápidamente las heridas de las polémicas elecciones presidenciales de 1988, y la imagen y popularidad de Carlos Salinas de Gortari pasaba por su mejor momento en el país y en el extranjero-, al entonces secretario de Desarrollo Urbano y Ecología (SEDUE) no le representó en aquella ocasión el mismo riesgo ni esfuerzo que, por ejemplo, ahora tuvo que desplegar Miguel Alemán y el aparato nacional del PRI para ganar la elección de gobernador.

Si bien es cierto que Chirinos fue impuesto, pese a la evidente antipatía de los principales grupos políticos locales que, encabezados por el entonces gobernador Dante Delgado Rannauro y el secretario de Educación, Fernando Gutiérrez Barrios, habían alentado e impulsado la precandidatura del senador Alemán, finalmente la familia revolucionaria se disciplinó y acabó por aceptar la candidatura del ministro de Ecología que, completamente desarraigado y sin equipo político para gobernar, venía a cumplir con un proyecto político financiero transexenal muy bien definido que en lo inmediato habría de asegurarse en la sucesión presidencial de 1994.

La caída, en enero de 1993, año del destape del candidato presidencial del PRI, de dos veracruzanos claves en el gabinete salinista, Ignacio Morales Lechuga, de la Procuraduría General de la República, y Gutiérrez Barrios, de Gobernación; uno exiliado a París y el otro obligado al ostracismo político y sustituido por un primo político de Salinas: Patrocinio González Garrido, generó un movimiento telúrico al interior de la clase priísta tradicional que obviamente tuvo su epicentro en Veracruz.

Así fue como a escaso un mes de haber asumido el poder en diciembre de 1992, el nuevo gobierno encabezado por uno de los salinistas más recalcitrantes -pues junto con Chirinos llegaron a gobernar también Otto Granados en Aguascalientes; Rogelio Montemayor, en Coahuila; Manuel Cavazos Lerma, en Tamaulipas, y Sócrates Rizzo, en Nuevo León, por citar a los más allegados a Salinas- dedicó buena parte de los recursos y energía del nuevo régimen a descabezar y arrasar con los vestigios de los "ismos" que en Veracruz habían dejado muy enraizados el ex gobernador sustituto y el ex secretario de Gobernación.

Se montó un gran aparato de inteligencia y espionaje y se emprendió la más feroz persecución en contra de políticos, dirigentes sindicales, líderes campesinos, empresarios y periodistas que por no alinearse incondicionalmente al nuevo régimen chirinista se les etiquetó automáticamente como aliados de Gutiérrez Barrios y Delgado Rannauro.

Unos fueron a parar a prisión como César del Ángel Fuentes, del Movimiento de los 400 Pueblos, y José Javier Palafox, líder sindical de los músicos adheridos a la CTM, cuyo padrinazgo de Fidel Velázquez de nada le sirvió pues le fincaron cargos por abuso sexual de menores; otros, como el propietario de los periódicos Sur de Veracruz y Diario del Istmo, José Pablo Robles Martínez, presa del terrorismo fiscal, tuvieron que vivir exiliados en el extranjero la mayor parte del chirinato, y a otros más como fueron los casos de los periódicos La Crónica de Veracruz y La Gaceta, dirigidos por José Miranda Virgen y David Varona, ambos muy cercanos al ex secretario de Gobernación, fueron boicoteados en sus ingresos por publicidad y obligados a cerrar.

Esta maniobra, sin embargo, no funcionó en el caso del periódico xalapeño Política, que ha logrado subsistir a pesar de que a su propietario, Ángel Leodegario Gutiérrez Castellanos, lo trataron de desalojar del piso que desde hace 11 años renta en el edificio propiedad del Seguro del Magisterio, aunque finalmente lograron despojarlo de la patente que ejercía desde tres décadas atrás como notario público en Acayucan.

Hubo otros casos ignominosos de represión que no sería posible describir uno por uno aquí. Baste citar a los "zapatistas" de Yanga detenidos en febrero de 1995, a quienes se les "encontró" un gran "arsenal" pero que un año después tuvieron que ser liberados amparados por la justicia federal debido al desvanecimiento de pruebas; o el caso de los indígenas torturados y masacrados en Plan del Encinal, municipio de Ixhuatlán de Madero, en septiembre de 1994; o el sainete que un año antes le armaron a Cuauhtémoc Cárdenas, previo a la sucesión presidencial, con travestis, porros y teporochos...

Lombardistas, cafetaleros, perredistas de Los Tuxtlas e indígenas del Valle del Uxpanapa, así como de las sierras de Zongolica, Soteapan y Huayacocotla no fueron la excepción.

Este estilo represivo de ejercer el poder obviamente tuvo un saldo negativo: por ejemplo, el empresariado veracruzano afiliado a la Coparmex, en el documento Veracruz, Expectativas 2010 que dio a conocer a principios de octubre, refiere con decepción los irrisorios logros obtenidos por este gobierno, sobre todo en lo referente a generación de empleos, seguridad pública e infraestructura para el desarrollo.

Acentúan que la pobreza aumentó y que es escandaloso el número de veracruzanos que emigran a la frontera norteamericana en busca de trabajo y mejores niveles de vida.

La organización patronal le reconoce, en cambio, las reformas parciales que impulsó en los campos político, electoral y económico, en las cuales quedan todavía muchos puntos pendientes.

Crecimiento de la inversión extranjera directa en el estado de Veracruz 92-97.

Y es que tal parece que una vez perdidos los dos primeros años de su administración (1992-1994), en los cuales no sólo gobernaba México su mejor amigo, sino que la economía nacional pasaba por su mejor momento, a Chirinos no le quedó más remedio que en vez de hacer obra material aparatosa -como por ejemplo sí lo hizo al final de su cuatrienio su antecesor Dante Delgado, como verbigracia el Acuario de Veracruz; el Palacio Legislativo, el Museo de Ciencia y Tecnología de Xalapa y el Centro Cultural Veracruzano del Distrito Federal, por citar algunas obras del dantismo-, tuvo que aplicarse a empujar una serie de reformas políticas y electorales a medias que finalmente a pocos convencieron.

Si Dante Delgado buscó que se le reconociera como un "gobernador constructor", Chirinos ha buscado ocupar un sitio en la historia como un "mandatario reformista", pretensión que al parecer se buscó reforzar con la promoción de una reciente comida en la que 85 de los 107 alcaldes de oposición precisamente le hicieron en reconocimiento a su "valentía" por impulsar la apertura democrática en Veracruz. Y es que paradójicamente su administración, a la que se le ha tildado de "represiva" y "persecutoria", es la que históricamente pasará en Veracruz como la que mayores espacios cedió a las fuerzas políticas antipriístas.

Al cierre de su sexenio, Chirinos deja 107 de los 210 ayuntamientos veracruzanos en manos de la oposición, y el PRI pierde por primera vez en su historia la mayoría calificada en la LVIII Legislatura local, donde sólo cuenta con 27 de los 45 diputados en total.

Una pluralidad producto de la madurez y crecimiento de las fuerzas políticas opositoras alimentada por el resquebrajamiento de la sólida unidad priísta que prevalecía en Veracruz antes de que asaltara el poder.

No fue fortuito, pues, que la peor debacle electoral del PRI se diera en el proceso electoral municipal de octubre de 1997, cuando su hombre fuerte en la Secretaría General de Gobierno durante los primeros cinco años de este régimen, quien se encargó de golpear y someter a todos los grupos antichirinistas, y de operar el proceso penal contra Dante Delgado, primer gobernador priísta que en Veracruz fue llevado a prisión, maniobró como presidente del Comité Directivo Estatal del Revolucionario Institucional la elección de los ayuntamientos.

Por eso a nadie le sorprendió que en la víspera de la campaña de Miguel Alemán Velasco hacia la gubernatura de la entidad, Miguel Ángel Yunes Linares lanzara acusaciones de "traidores y desleales" en contra de ex líderes y personajes priístas a los cuales durante el chirinato políticamente se les marginó. La única vía que les quedó fue parapetarse en la oposición, y no sólo para acceder a puestos de elección popular o a través de sus personeros influir en la toma de decisiones en otros niveles de gobierno, sino para impedir sobre todo que el chirinato reencarne seis años más en la figura de su polémico ex secretario de gobieno.