Correcta, la apuesta por Veracruz. Patricio Chirinos Calero
Al inicio de los trabajos de la LVIII Legislatura estatal, el gobernador de Veracruz, Patricio Chirinos Calero, pronunció un discurso en el cual explicó cuáles fueron las directrices de su gobierno y los criterios utilizados en la toma de las decisiones trascendentales de este sexenio.
El Gobernador manifestó que su compromiso de cambio, ofrecido en campaña, se vio afectado por las circunstancias de la crisis de 1992 y la estructura centralizada del poder estatal. Por ello, asegura el mandatario, la política impulsada desde el Ejecutivo y "las decisiones tomadas han tenido como premisa el largo plazo ".
Correcta, la apuesta por Veracruz
Patricio Chirinos Calero *
En todos los ciclos que ha vivido nuestro Estado, las generaciones y gobiernos que se han sucedido han tenido que sortear sus propias circunstancias y desafíos. Al asumir la responsabilidad de servir a la sociedad veracruzana, señalé con toda claridad mi determinación de encabezar un Gobierno de Cambio. Cambio que resulta obligado, imprescindible. No había espacio para posponer las transformaciones en todos los órdenes.
En 1992 -es necesario y pertinente recordarlo hoy- Veracruz vivía no una crisis pasajera ni superficial, sino como se demostró después, de orden estructural, profunda y con graves efectos sociales y políticos.
En esa crisis gravitaba el agotamiento y la reestructuración de .las grandes empresas públicas y privadas, especialmente la petrolera, metalmecánica, azufrera, de fertilizantes y petroquímica. Los puertos, principalmente el de Veracruz, eran ineficientes y estaban descapitalizados; la industria textil estaba cerrada y los 22 ingenios, paralizados.
Al campo lo asolaban las invasiones y se vivía la caída histórica más grande de mercados y precios nacionales e internacionales en los principales productos.
Hablamos del café, carne, azúcar, tabaco, arroz, vainilla, cítricos; hablamos de la descapitalización de agroindustrias y del desempleo que amenazaban con generalizarse. Entre 1992 y 1993, sumaban más de 60 mil los desempleados; Coatzacoalcos tenía una tasa de desempleo del 8 por ciento, Orizaba 3 por ciento y Veracruz con 4.9 por ciento.
Esa crisis dejó al descubierto una realidad social de amplios sectores en la marginación y la pobreza. Los veracruzanos tuvimos necesidad de asumir -por primera vez- que nuestros indicadores sociales básicos estaban por debajo del promedio nacional. Especialmente las zonas indígenas y rurales más pobres revelaron largos periodos de olvido y abandono.
En suma, Veracruz vivía la última fase de una caída prolongada por más de una década en su Producto Interno Bruto, realidad que ya no admitía una reactivación artificial, mediante el subsidio, el gasto deficitario y la intervención gubernamental indiscriminada.
Lo más delicado es que el Gobierno estatal y los ayuntamientos no tenían capacidad de respuesta: la falta de liquidez y el endeudamiento cerraban todo margen de maniobra.
Veracruz no podía prolongar más una idea falsa de su realidad, donde no se reconocían sus contrastes, donde se ponderaba la riqueza y se ocultaba o matizaba la pobreza. Donde no se admitía que la abundancia de riqueza natural no resolvía la demanda de empleo, la pobreza o la marginación.
Resultó evidente, de acuerdo a mis principios y a los compromisos adquiridos con la mayoría de los veracruzanos, que los municipios no admitían ya una situación de dependencia de una política centralizada.
Decidí entonces abrir cauce al ahorro, la austeridad gubernamental, para recuperar el gasto social; poner un límite jurídico, institucional y político, al uso discrecional, vertical y autoritario del poder. El respeto a la legalidad fue una premisa ineludible para asegurar la plena vigencia del Estado de Derecho.
Lo hice consciente de que no se podían promover cambios con un Gobierno anclado en el pasado, o exigir esfuerzos y sacrificios a la sociedad cuando el poder incurría en incumplimiento, falta de honorabilidad o corrupción. De ahí la amplitud y profundidad en el espectro de los cambios que emprendimos.
No es tarea nuestra valorarlos, pero sí apuntar su sentido y pertinencia política.
De manera clara hay que decir que, gracias a esa política y a la determinación de no posponer los cambios, la crisis de 1995, encontró a Veracruz -a su aparato productivo- mejor preparado para reaccionar; y no sólo eso: fue justo en muchas de las actividades y empresas que dos años antes estuvieron en riesgo, donde los veracruzanos forjaron y dieron las mejores respuestas.
Hoy, estoy convencido de que fue correcto apostar por un Gobierno que descentraliza las dos terceras partes de su gasto social y lo aplica prioritariamente en las zonas marginadas, indígenas y campesinas; y que entrega 6.4 veces más recursos a los municipios que en 1992. Un Gobierno que no tiene deuda y que entregará finanzas sanas, sin comprometer las responsabilidades de la próxima administración.
Más allá de logros cuantitativos, estoy convencido de la validez del, criterio en el que deposité mis decisiones. Criterio que precisamente se ubica en la determinación de redistribuir, y equilibrar el poder, para incrementar la capacidad de respuesta global de todos los veracruzanos.
Éste es un activo que se sostiene no sólo en las renovadas instituciones y leyes electorales, sino que se extiende a las redes políticas e institucionales, también fortalecidas, entre los tres poderes públicos y entre el Gobierno del Estado y los 210 municipios.
En esta política, debo decirlo con toda claridad, hemos contado siempre con el respaldo y la comprensión del Gobierno de la República. Hemos tenido una extraordinaria confluencia de decisiones y propósitos en la genuina convicción federalista del presidente de la República, Ernesto Zedillo.
Al agradecer nuevamente esta deferencia que me han brindado, reitero que hasta el último día de mi mandato, esta Soberanía y sus integrantes tendrán la seguridad de mi más absoluto respeto y consideración.
Si algo ha guiado mi conducta ha sido precisamente llevar hasta sus mejores alcances los principios fundamentales de la Constitución General de la República y de la Constitución Política del Estado.
Justo porque me ha guiado un compromiso de fondo con la agenda histórica de los veracruzanos, es que las decisiones tomadas han tenido como premisa el largo plazo.
Los rezagos, los desequilibrios, la marginación y la pobreza que todavía persiste en Veracruz, no admitían ni admiten ofertas sin sustento, acciones espectaculares y muchos menos simulación.
Nosotros comprometimos acciones que seguramente crecerán en el tiempo para hacer más efectivas y estructurales la defensa de los derechos y prerrogativas electorales, los derechos humanos e indígenas, el voto a los jóvenes y los derechos de los niños.
Estoy seguro también, que el tiempo por venir dará cuenta del formidable potencial que tiene la autonomía universitaria para el desarrollo de Veracruz.
Si algún espíritu puede sintetizar de manera cristalina las aspiraciones fundamentales de los cambios promovidos, este espíritu es el de defender y luchar a toda costa por la libertad. Libertad de elegir, libertad de expresión y crítica, libertad de disentir, libertad y respeto a la pluralidad; libertad y defensa irrestricta de la vida humana. Libertad que hoy nos permite ver con más optimismo, esperanza y grandeza de espíritu el futuro de Veracruz.
Con esta Honorable Legislatura y con el Gobierno del licenciado Miguel Alemán Velasco, estoy seguro que ese optimismo y la esperanza de futuro vivirán renovadas realizaciones.
El siglo XXI de los Veracruzanos esta llamado a ser un tiempo de progreso, de empleo y de crecimiento; un tiempo de fraternidad y unidad sin precedentes, para acometer juntos la tarea de un Veracruz más justo, más libre, más democrático.
Veracruz, con su sociedad activa y plural, con sus poderes públicos renovados en la normalidad democrática, tiene todo para acrecentar su cultura milenaria y su orgullosa presencia en la grandeza nacional.
Muchas gracias.
* Discurso pronunciado por el gobernador Patricio Chirinos durante el acto solemne de inicio del Primer Periodo Ordinario de Sesiones de la H. LVIII Legislatura del Estado de Veracruz el 1 de octubre de 1998.


















