Cultura en Transición. El son jarocho en busca de su integridad. Daniel López Romero
Cultura en Transición
El son jarocho en busca de su integridad
Daniel López Romero *
La música popular es quizá la expresión más íntima de la identidad de un pueblo. Y como él también pasa por las transformaciones y comparte su mismo destino. En el caso del son jarocho, y a semejanza también de otras músicas populares de México, ha compartido la diversidad de sus raíces y su origen rural, aunque también hacia la segunda mitad de este siglo emigró a la ciudad con el bucolismo de las industrias culturales.
Por increíble que parezca, y como caso singular en el país, hoy por hoy el son jarocho ha tomado conciencia propia. Y es en voz de sus cultivadores -musicólogos, conocedores y soneros- que busca su identidad peculiar en la conjunción de estilos particulares, como un mismo ser pueblo que tuvo historias diferentes a partir de un origen común.
Mucho se ha escrito y hablado sobre los orígenes de la música tradicional mexicana, explicándola como un macro género resultado de la fusión, desde el siglo XVI, de tres grandes culturas, a saber: indígena mesoamericana, española y africana. Culturas todas que, contrario a lo que pudiera pensarse, albergaban una gran diversidad de influencias y formas de expresión en el momento de su mutuo contacto.
Este macrogénero en la actualidad no es menos diverso que en sus orígenes; abarca música religiosa, semirreligiosa y profana, lo cual a su vez puede subdividirse en varias modalidades y géneros. Abundar en cada uno de ellos sería alejarnos del tema que nos ocupa: el Son, género que forma parte de la música profana y semiprofana, y que incluye varias formas regionales que se ejecutan en mayor o menor medida en gran parte del territorio nacional. Una de las variantes más conocidas de este género es el son, jarocho, originario del sur del estado de Veracruz, que es específicamente la forma tradicional musical a que haremos referencia.
Dentro del son jarocho existen varios estilos, que están determinados no únicamente por la geografía puesto que en esa diferenciación han intervenido también factores sociales, culturales, políticos y económicos. Tales estilos pueden definirse de la siguiente manera: Puerto de Veracruz y alrededores (Boca del Río, Conchal, Mandinga); Tuxtla (Santiago, San Andrés, Catemaco); Minatitlán, Coatzacoalcos y alrededores; Cuenca del Papaloapan (Cosamaloapan, Tlacotalpan y Alvarado); y Sotavento, limítrofe entre los estados de Veracruz y Oaxaca (Tuxtepec, Playa Vicente, Ciudad Isla).
Estilos aparte, se dice por ahí que existe un son jarocho tradicional y otro estilizado. El primero, más arraigado a . sus orígenes, pretende ser más puro y se presenta como más rústico, más "ranchero" y hasta más indígena en ciertas piezas o interpretaciones. El son "estilizado", como se le llama entre los soneros "puristas", es aquel que se utiliza como pista para coreografías de ballets folklóricos, generalmente en grabaciones aunque también se toca en vivo; esta variante resulta de la comercialización que derivó del uso descontextualizado de esta música en las películas de la Época de Oro del Cine Mexicano, donde el baile, el canto, la instrumentación y la indumentaria de regiones como la Huasteca, Tierra Caliente (Michoacán y Guerrero), Yucatán, etcétera, se adoptaban por igual -ahora sí que sin ton ni son- para idealizar la vida del campo.
Las grabaciones de este son "estilizado" en discos L.P. (acetatos de larga duración) si bien difundieron el género hasta internacionalmente, también obligaron a los músicos -por exigencias técnico/comerciales- a tocar piezas de tres minutos, abreviadas versiones del son y tocadas a gran velocidad. Y cuando esta música se transmitió por la radio, entre el público se dio por hecho su autenticidad, a tal grado que no faltó quien tomara a estos grupos "estilizados" como escuela, fenómeno que influyó incluso en los mismos lugares donde el son es originario, para derivar algunas formas curiosas de son jarocho en las cuales es más o menos difícil distinguir En aquella misma época, el contacto con el cine y la radio popularizó al son jarocho, y fue cada vez más solicitado en lugares de esparcimiento como la Plaza Garibaldi de la ciudad de México, por mencionar al más citado, así como en fiestas particulares, campañas políticas, etcétera, lo cual contribuyó aún más a desvirtuarlo y que empezara a considerársele "música de cantina" o "de restorán de mariscos", y que el público viera en el músico jarocho apenas una maquinita de improvisar versos o una especie de sinfonola ambulante.
Asimismo, los ambientes de trabajo de los músicos obligaron a efectuar cambios con la instrumentación, como el que ocurrió con el arpa chica, cuyo ejecutante tenía que tocar sentado, por un arpa grande (entre michoacana y venezolana) para tocarla de pie, con lo cual ganaba movilidad el músico que ofrecía sus servicios entre mesas, comensales y meseros.
En cuanto a los ballets folklóricos (de los cuales el más famoso y reconocido es el dé Amalia Hernández) ofrecen una visión completamente ajena a la realidad expresiva del son jarocho, ya que en una fiesta popular tradicional jarocha, o sea, un fandango, no se ven esas coreografías tan bonitas ni esos trajes uniformes que con tanta galanura portan los bailarines y bailarinas profesionales.
En cuanto a las formas tradicionales jarochas, la fiesta por excelencia es el fandango, lugar de reunión de músicos, cantantes, bailadores y espectadores, todos alrededor de una tarima que acompaña percutivamente al son con el zapateo de una pareja mixta o varias parejas de mujeres o un hombre y cuatro mujeres, dependiendo del son del cual se trate.
El canto generalmente lo lleva el varón, aunque existen registros de que la mujer participaba del canto haciendo coro en algunos sones. En la actualidad hay cada vez más mujeres que cantan son y en general toda persona puede cantar y tocar o bailar según sus habilidades; no obstante, cabe destacar que en el canto, el baile o la ejecución de los instrumentos, siempre interviene la creatividad del artista.
En cuanto a los instrumentos que se tocan predominan los de cuerda, los cuales se dividen en jaranas y requintos, descendientes del laúd, la vihuela y la guitarra que llegaron a América con los españoles. La jarana tiene nombres que pueden cambiar según la zona, aunque por su tamaño y tesitura -de la más pequeña y aguda a la mayor y grave- comúnmente se llaman: mosquito, primera, segunda y tercera; se tocan rasgueando las cuerdas que están dispuestas en 5 órdenes, los cuales pueden ser sencillos o dobles. La jarana cumple la función de acompañar la voz y junto con el zapateado lleva el ritmo del son.
El requinto también tiene varios nombres de acuerdo a su tamaño y timbre: guitarra de son, leona, jabalina, etcétera. Se toca pulsando las cuerdas con una espiga larga, puede ser de cuatro o cinco cuerdas y lleva una melodía que hace contrapunto al canto.
Otros instrumentos que participan en el son jarocho son el arpa, el pandero (en Tlacotalpan principalmente), la quijada de caballo o charrasca, la armónica, la hoja de limón, el marimbol (que últimamente se está reincorporando); lo cual nos hace pensar que la dotación instrumental está limitada apenas por la disponibilidad de los instrumentos.
El canto generalmente se da en verso ocotosílabo y sus temas son variados, las estrofas son de cuatro, cinco, seis y ocho, aparte de la décima espinela que puede ser libre o glosada.
Durante las últimas décadas, gracias al trabajo serio de muchos investigadores, se ha hecho una labor de rescate y difusión del son jarocho; lo cual ha despertado cierto interés en la gente, dentro y fuera de la región, por conocer esta forma musical tradicional, lo que ha resultado en la formación de grupos "fandangueros" que ejecutan una modalidad de son que retoma elementos de diferentes zonas para promoverlo en los medios urbanos y que a la vez influye en el medio rural.
Otra actividad importante de difusión son los Encuentros de Jaraneros, organizados tanto dentro de la región como en otras ciudades del país y que son foros donde se pueden expresar los diferentes grupos -tradicionales o no- que de algún modo representan estilos de interpretar el son. La realización de estos encuentros conlleva a la promoción de los fandangos pues éstos son siempre una parte importante ya sea dentro del encuentro o como preparación para éstos.
Podemos entender que estas actividades han intentado situar a esta expresión popular como parte de la idiosincrasia e identidad del veracruzano, a la vez que reafirma nuestro lugar como mexicanos, puesto que debemos entender que el respeto a la diversidad es un elemento importante ante la globalización que se plantea necesaria para la convivencia de la humanidad hombre. Sin embargo, el trabajo de difusión no ha tenido el mismo impulso en las diferentes zonas de la región jarocha debido a factores tan diversos como el interés mismo de autoridades y/o pobladores, falta de presupuesto o falta de información.
En Tacotalpan, por ejemplo, se ha celebrado ya 19 veces el Encuentro de Jaraneros y Decimeros, evento que ha servido como modelo a otros encuentros como los realizados en Santiago Tuxtla, San Andrés Tuxtla, Lerdo de Tejada, Xalapa, etcétera. Estos ejemplos del esfuerzo de los grupos organizadores y del apoyo de instituciones culturales han motivado el trabajo y la investigación de otros grupos interesados en el cultivo del son para realizar actividades semejantes.
En el mes de diciembre de este mismo año, la ciudad de Cosamaloapan realizará su Primer Encuentro de Son Jarocho y Décima, dentro del marco de las fiestas en honor a la Virgen de la Concepción que se celebrarán del 4 al 13 de diciembre. El inicio del Encuentro se realizará el día 10 con la inauguración de la exposición del grupo de grabado de la Facultad de Artes Plásticas de la UV, a cargo del maestro Carlos Torralba Ibarra, cuyo tema es la interpretación gráfica del son jarocho; el 11, por la mañana, se efectuará una mesa redonda a cargo de investigadores y estudiosos del son; ya por la tarde vendrá la presentación de grupos y solistas, soneros y decimeros, de diferentes zonas de la región jarocha y para finalizar el Encuentro se realizará un fandango, que como ya se dijo, es parte medular de la fiesta tradicional jarocha.
Este evento es promovido por el H. Ayuntamiento de Cosamaloapan, Veracruz, apoyado por el Instituto Veracruzano de Cultura y organizado por el grupo Hikuri, que desde 1988 se ha dedicado a la difusión e investigación de este género musical dentro y fuera de la región, a la vez que ha aplicado conocimientos y técnicas adquiridos en el Taller de Laudería de la UV al mejoramiento del instrumental tradicional jarocho.
Bibliografía:
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- GUTIÉRREZ Silva, Gilberto: El Fandango Jarocho, en Una Caricia a la Tierra: Danzas y Bailes de Veracruz. Gobierno del Estado de Veracruz/ Universidad Veracruzana/ Instituto de Investigación y Difusión de la Danza Mexicana. Xalapa, 1991.
- VÁZQUEZ Rodríguez, Rubén. El Fandango, los Músicos y los Bailadores del Son, en Una Caricia a la Tierra: Danzas y Bailes de Veracruz. Gobierno del Estado de Veracruz/Universidad VeracruzanalInstituto de Investigación y Difusión de la Danza Mexicana. Xalapa, 1991
* Luthier y sonero nacido en Cosamaloapan, Ver. Actualmente es director del grupo Hikuri.


















