Cultura en Transición. El Granma, vínculo entre Cuba y Veracruz. Ismael Elizondo

Cultura en Transición

El Granma, vínculo entre Cuba y Veracruz

Ismael Elizondo

A cuarenta años de la victoria de los revolucionarios cubanos y a cuarenta y dos de que zarparon de Tuxpan y desembarcaron en Las Coloradas, en la costa sudoriental de la Isla.

Dos Santiagos, que son el mismo, hay en la gestación y el nacimiento de la Revolución Cubana: el de la provincia oriental de Cuba y el de la ribera derecha del río Tuxpan. El Señor Santiago fue el santo patrón de los soldados españoles que vinieron a la Conquista de América, a estas tierras habitadas por comunidades humanas de muy elevadas cualidades culturales y espirituales. Y dos veces aparece este santo de los militares en la historia de tal Revolución; una historia que también se gestó, se fraguó, en nuestro país y en nuestro estado de Veracruz, que' para contarla cabe mencionar, por su puesto, algunos antecedentes de la Revolución Cubana.

Tal parece que la tradicional hospitalidad mexicana ha sido propicia para dar asilo a próceres y exiliados extranjeros, como Bolívar, Martí y Augusto César Sandino por citar a algunos de los más célebres, pues muchos han sido los perseguidos y exiliados políticos que han encontrado refugio en nuestro noble terruño.

En 1952 finalizaba el periodo presidencial de Carlos Prío Socarrás, del partido auténtico, en Cuba. Su sistema de gobierno no había sido muy diferente al de los anteriores presidentes de sistema Cuba: sometido a los intereses norteamericanos, integrado por funcionarios corruptos y venales que saqueaban impunemente las arcas y el erario nacional; represión y gangsterismo sindical', persecución al movimiento obrero y a sus órganos de prensa y en general privaba una deteriorada situación económica y social del pueblo, cubano, en angustiante crisis: 600 mil desempleados, 500 mil trabajadores del campo que laboraban cuatro meses al año en la producción de azúcar y otros productos agrícolas, que vivían (o mejor, subsistían) en la miseria y sin tierras qué cultivar; 400 mil obreros industriales trabajando sin ninguna prestación adicional a su ínfimo salario, cien mil jornaleros en tierras ajenas, es decir, de los terratenientes; 30 mil mal pagados maestros de todos los grados; 20 mil pequeños comerciantes subsistiendo precariamente y 10 mil profesionistas recién egresados de las aulas que no tenían campo para ejercer, pues no lo había.

En la oposición, el partido "mayoritario" -como decimos en México-era el Ortodoxo, pero era un partido acomodaticio y colaboracionista con los "auténticos" en el poder y con los intereses norteamericanos. En ese año de 1952, el Partido Ortodoxo no tenía rival ni obstáculo que le impidiera ganar las elecciones presidenciales del 29 de mayo, pero e1 10 de marzo, ochenta días antes, de los comicios, Fulgencio Batista, patrocinado por los yanquis, da su golpe de estado y derroca a Caros Prío Socarrás, quien huye de Cuba como un cobarde.

Para entonces Fidel Castro ya era un dirigente político con mucha trayectoria, pues desde sus años de universitario ya era un líder natural dentro y fuera de la Universidad de La Habana; así es que su reacción ante el golpe militar fue la de unificar a los dirigentes medios y al mayor numero posible de militantes de base de su partido, el Ortodoxo, para empezar a organizar la lucha armada, único camino que ellos concebían como posible, para acabar con la entonces incipiente tiranía de Batista.

El asalto a los cuarteles Moncada y Bayamo

El fundador del partido Ortodoxo fue Eduardo Chivas. Cinco meses después del golpe debía conmemorarse el primer aniversario de la muerte de Chivas y acudirían miles de simpatizantes a rendirle homenaje a su tumba. Fidel Castro aprovechó ese acto multitudinario para hacer circular entre los asistentes una proclama de denuncia contra quienes traicionaron a su partido, al tiempo que llamaba a esa multitud a prepararse para luchar contra la dictadura, y cinco meses más tarde el 28 de enero de 1953, centenario del natalicio de José Martí, parte de la escalinata de la ciudad de la Habana una manifestación en la que marchaban estudiantes, empleados y gente del pueblo, y destacaba la columna formada por varios miles de jóvenes caminando disciplinados y encabezados por Fidel Castro. Casi todos eran militantes ortodoxos y eran el semillero revolucionario que ya, en diferentes fincas y otros sitios de reunión en La Habana y en Artemisa se adiestraban en las armas y en el adoctrinamiento revolucionario.

Pero, ¿cómo iniciar una revolución, por más fe que se ten a, sin armas ni parque? Se empezó a hacer acopio de rifles calibre 22 de los que se usaban en los salones de tiro al blanco y escopetas para matar conejos y patos, sin contar con recursos monetarios pero empeñando, en algunos casos, hasta el salario de cinco meses de un trabajador y cosas por el estilo. tenían que preparar el asalto a algún cuartel militar para hacerse de armas para los revolucionarios en poco más de cinco meses. Esos cuarteles eran la fortaleza de Santiago de Cuba -El Cuartel. Moncada- y el Cuartel de Bayamo, y la fecha sería el 26 de julio del 53, en la madrugada, para aprovechar las fiestas de carnaval que se celebran el 25 de julio, día del señor Santiago en el Calendario Romano, en la provincia de Oriente.

Con anticipación tomaron en alquiler una finca rústica en un suburbio de Santiago, en la Av. Roosevelt, denominada "Siboney", con el pretexto de hacer allí una granja de pollos. Un día antes del asalto al Moncada se concentraron ahí alrededor de un centenar de jóvenes revolucionarios y entre ellos dos mujeres, a quienes finalmente no se les permitió participar en el asalto, pero ellas ya habían participado en acciones tan arriesgadas como transportar armas en velices para ropa en el ferrocarril entre La Habana y Santiago. Se llamaban Melba Hernández y Haydeé Santamaría, hermana del segundo jefe militar de los asaltantes revolucionarios, Abel Santamaría, muerto después de la acción, torturado y asesinado por los soldados. Al llegar ala estación de Santiago, el veliz de Haydeé pesaba tanto que un caballeroso soldado se lo bajó del andén, provocando un gran derrame de adrenalina a Haydeé, quien creyó en forma equívoca para su fortuna- que la acción subversiva había sido descubierta.

No sería posible relatar los detalles, aun someramente, en este espacio, sólo cabe mencionar cuál fue la estrategia militar de asalto al Moncada que por una circunstancia fortuita fracasó cuando ya la avanzada revolucionaria había sometido a la guardia de la Posta Tres; Raúl Castro -hermano de Fidel- ya había tomado el Palacio de Justicia y Abel Santamaría y sus hombres habían agotado su parque disparando como francotiradores de apoyo desde el Hospital Civil. La segunda columna de asalto se había extraviado por las calles abigarradas de gente que gozaba del Carnaval y la columna principal que comandaba Fidel, chocaba literalmente con una patrulla militar que la rechazó y luego, con más efectivos, la dispersó causándole más de treinta bajas. En Bayamo, los revolucionarios tuvieron casi quince bajas y en el asalto al Moncada, las bajas sumaron alrededor de ochenta, entre los aprehendidos, torturados y asesinados. Fidel ya no pudo reorganizar a los dispersos que salvaron la vida y tuvo que tomar el camino de La Sierra de la Gran Piedra, cercana a Santiago, donde una semana después fue encontrado, con dos compañeros, los tres exhaustos, durmiendo en una pequeña casa, por una patrulla que mandaba el Teniente Sarria, militar de honor que no entregó a sus tres prisioneros al Ejército de Batista, sino al retén de la Policía Civil, salvándolos de morir a manos de los soldados.

El 26 de Julio de 1953 marcó un hito en la historia de Cuba y sacudió momentáneamente a la dictadura castrense, pero aparentemente no la debilitó; faltarían aún cinco años y cinco meses para demostrar cuán vulnerables eran sus cimientos. Los asaltantes sobrevivientes purgaron 22 meses de condena en la Cárcel Modelo de Isla de Pinos -Hoy Isla de la Juventud- hasta que fueron amnistiados gracias a la presión política nacional y extranjera.

Un fotógrafo callejero y un grupo de exiliados

Tales personajes se encuentran ¿Dónde?-, pues en la ciudad de México, la capital de nuestro país. ¿Quien era ese fotógrafo? Pues un médico neumólogo argentino a quien apodaban "El Ché", quien para ganarse el sustento diario en tierra extranjera tomaba fotos a los transeúntes en la avenida San Juan de Letrán, hoy Eje Central Lázaro Cárdenas, y las entregaba a domicilio al día siguiente. Este médico había tenido que salir de Guatemala a paso veloz, pero no para entrar en "guatepeor", como dice el refrán, sino a nuestro país en busca de asilo -y con el tiempo, ser una celebridad más que se refugia en México-, porque en aquel país centroamericano y vecino nuestro, el gobierno del presidente nacionalista Jacobo Arbenz había sido derrocado por algo así como un millar de mercenarios, encabezados por el aventurero Castillo Armas, a quienes Eisenhower y Foster Dulles patrocinaron y armaron y hasta hicieron coronel al cabecilla de marras. Estos bandoleros atravesaron la frontera México-Guatemala y el golpe de estado lo consumó el embajador yanqui Peurifoy, en la misma embajada, obligando a los altos mandos militares del Presidente a rendirse y a Arbenz a renunciar y exiliarse en la embajada de México. Ernesto Guevara de la Serna llegó en diciembre de 1953 a Guatemala; en 1954 conoce a varios exiliados cubanos ex asaltantes de los cuarteles, Darío López y Antonio "Ñico" López, entre otros, con quienes se asocia para sobrevivir, pues para ejercer tiene que revalidar su título de médico, así es que escribe para una revista y vende lo que puede por el interior del país. También ahí conoce a la peruana Hilda Gadea-exiliada entonces -con quien luego se casa.

En la embajada mexicana se asila el "Ché" junto con dos asilados cubanos: Dalmau y Vega. Luego los cuatro cubanos, la peruana y el argentino, viajan a México por tren, desde la frontera con Guatemala, en 1954, después del golpe de estado. "Ché" llega en septiembre a Tapachula y emprende el viaje al D.F. No podía quedarse en Guatemala, pues había ayudado a los que intentaron organizar la resistencia contra los golpistas.

Todavía transcurrieron unos meses para, que el encuentro con los exiliados cubanos en México se diera, pues aunque ya había algunos, Fidel llegó hasta el 9 de julio de 1955, y luego otros más. Para entonces, "Ché" trabajaba como médico en el Hospital General y un día se da otra de esas coincidencias o casualidades, pues llega al Hospital, en busca de atención médica, un cubano acompañado del viejo conocido del "Ché": Antonio "Ñico" López. Y poco tiempo después ocurre otro encuentro que resultaría histórico: "Ché" y Fidel Castro son presentados formalmente en casa de María Antonia González, hermana de lsidoro González, un resistente clandestino contra la dictadura de Batista que había sido torturado y años después murió. María Antonia estaba casada con un luchador mexicano y vivía desde algunos años en la colonia Tabacalera, en Emparam 49, un modesto apartamento.

María Antonia era la protectora de los exiliados cubanos en México. Quien llegara asilado al D.F. recibía en su casa posada y sustento mientras encontraba acomodo en alguno de los domicilios que fueron encontrando en diferentes colonias de la ciudad. El pequeño apartamento de la calle Emparam era el cuartel general de un grupo cada vez más numeroso de exiliados cubanos y futuros expedicionarios del Granma. Ahí convergen dos destinos y conversan largamente la noche en que se conocen Ernesto Guevara de la Serna y Fidel Castro Ruz, un binomio que habría de resultar una revolución junto con el resto del grupo de exiliados. El encuentro del ex fotógrafo callejero y el grupo de cubanos en el exilio se había dado. La Revolución Cubana empezaba a gestarse en México. Isidoro también llega a México; poco después encuentra en la calle a Calixto García y a otro ex asaltante de los cuarteles de Cuba. Hay otros exiliados en el Hotel Galveston de la calle Edison de la misma colonia, por el rumbo del Monumento a la Revolución (Mexicana) y el Frontón México. Raúl Castro llegó dos semanas antes que su hermano (Fidel); después llegaron Jesús Montané, Juan Manuel Márquez, Carlos Bermúdez Arbentosa, Juan Almeida Bosque y otros más, aunque dispersos en varias casas de refugio, integran ya un grupo de cubanos que empiezan a recibir instrucción militar adoctrinamiento en un rancho cerca de Chalco, y prácticas de tiro en el campo "Los Gamitos", entonces público.

El entrenamiento militar está a cargo del general Alberto Bayo, cubano de nacimiento y veterano de la Guerra Civil española. El adoctrinamiento político lo imparte el "Ché", y en la defensa personal los adiestra Arsacio Vanegas, luchador mexicano y compañero del esposo de María Antonia, hijo además del que fuera impresor y editor de los grabados de José Guadalupe Posada a principios del siglo XX, Vanegas Arroyo.

Pero el Rancho Santa Rosa, de Chalco, es demasiado grande como para que el gobierno mexicano ignore su existencia y lo que ocurre allí. En un rápido operativo, la Policía Federal de seguridad, de la Secretaría de Gobernación, detiene en casa de María Antonia y en otros sitios a casi todos los exiliados cubanos, incluyendo al "Ché" y a "Alejandro", tal era el seudónimo de Fidel Castro, y los concentran en las oficinas del director de Seguridad, capitán Fernando Gutiérrez Barrios, quien los trató con deferencia y evitó, mientras los exiliados estuvieron en la Cárcel Preventiva de la calle Miguel Shultz, excesos en el trato que les dieron. María Antonia, el hijo del General Alberto Bayo, ciudadano mexicano, y un mexicano de apellido Zelaya que colaboraba con los cubanos también fueron detenidos; Zelaya sí fue torturado por la Policía.

La operación policíaca fue exhaustiva, pues abarcó desde el rancho Santa Rosa hasta todas las casas de refugio de la ciudad de México, pero por gestiones de los que no fueron detenidos y, principalmente, del general Lázaro Cárdenas del Río, ante el presidente Adolfo Ruiz Cortines, después de unas semanas todos salieron libres bajo protesta de acudir a firmar, cada semana, el libro de la Policía Federal de Seguridad. Pero ellos tenían también casas de refugio en Xalapa y Veracruz. En el puerto jarocho vivía exiliado también, aunque por otra causa, el escultor cubano Manuel Fidalgo, amigo y protector de los miembros del 26 de Julio. Después de ser liberados de la cárcel de la Policía Federal de Seguridad, a mediados de 1956, algunos fueron a descansar y a reponer su salud a Veracruz, cuya casa de refugio estaba en Xicoténcatl, cerca de la playa. Cuando regresaron al D.F., las presiones policíacas sobre los cubanos habían disminuido, aparentemente, pero no era el momento de descansar, sino de preparar la salida hacia Cuba para iniciar la lucha armada.

Ochenta y dos en un Yate para ocho

En noviembre de 1956, la Policía Federal de Seguridad sabía casi todos los domicilios de refugio de los cubanos en la ciudad de México; alguien los había delatado, así que fue preciso salir del país rumbo a la isla de Cuba. Años después (1969), la propia María Antonia declaró a un reportero de la revista "Cuba", de La Habana: "Y si no salen en el momento en que salieron, quién sabe si hubiesen podido salir, porque al día siguiente de zarpar el Granma nos enteramos de que la Federal tenía la lista de todas las casas y los campamentos, hubiera caído todo bajo la policía".

El 24 de noviembre de 1956 se concentraron en la casa ubicada sobre la ribera derecha del río Tuxpan, en el barrio, rústico hasta la fecha, de Santiago de la Peña, municipio de Tuxpan, Veracruz, los ochenta y dos expedicionarios, incluyendo el piloto del yate Granma que estaba atracado en el pequeño embarcadero frente a la casa. Era ésta la casa donde desde hacía dos meses estaba concentrado el alto mando de la Revolución. El yate, de dieciocho metros de eslora, equipado con dos motores marinos a diesel de 250 H.P. y capacidad para una docena de pasajeros como máximo, había sido adquirido a buen precio a un sueco que tal vez lo usara para capturar pez vela en alta mar u otro fin turístico.

En él se acomodaron, hacinados, a media noche, los expedicionarios. Ninguno de ellos, excepto el piloto y su ayudante, era hombre de mar. Sólo antes de abordar el yate les fueron entregados uniformes, armas, agua y algunas provisiones más. A las 2 de la madrugada del histórico 25 de noviembre de 1956, con las luces apagadas, los motores en velocidad "relentí" -la velocidad mínima de giro de un motor de combustión interna- y, obviamente sin permiso de la Capitanía de Puerto, zarparon de Santiago de la Peña y navegaron aguas abajo, pasando inadvertidos frente al puerto de Tuxpan, hasta la desembocadura del río. Sólo cuando estuvieron varias millas mar adentro, encendieron luces y radio, rumbo al camino de las balas.

Bibliografía consultada

  • Ché comandante. Editorial Diógenes S.A., México, 1969.
  • Relatos del Asalto al Moncada. PURSC, Comisión de Orientación Revolucionaria, Cuba, 1964.
  • ¡Atención! ¡Recuento! Almeida Bosque, Juan. Editorial de Ciencias Sociales, Cuba, 1992.