La formación de docentes en el nuevo siglo. Jorge Lara de la Fraga

Pese a la federalización de la educación pública, establecida con las reformas de 1992 al Artículo Tercero, la formación de los docentes en México adolece de cierta irresponsabilidad por parte del ámbito institucional. Tal actitud se refleja en la elaboración de planes de estudios sin mediar evaluaciones consistentes; en la persistencia de deficiencias añejas; en la marginación de experiencias de las instituciones normalistas y la omisión de investigaciones que permitan definir el perfil idóneo de un maestro afín a nuestra realidad-nacional.

La formación de docentes hacia el nuevo siglo

Prof. Jorge E. Lara de la Fraga

"Anhelamos un servicio pedagógico similar para el campo y para la ciudad, donde al educando se le ofrezcan contenidos, se le ofrezcan hábitos, se le desenvuelvan actitudes, se le otorgue comprensión y afecto, dándole de esta manera los elementos imprescindibles para que adquiera sentimientos de justicia, controle sus impulsos, manifieste una actitud positiva ante la vida..."

En la historia general de la educación de nuestro país podemos localizar fácilmente el capítulo alusivo a la formación de docentes, desde esos intentos loables efectuados en la época colonial, pasando ya en los inicios del México Independiente por las realizaciones significativas de la influencia lancasteriana, enlazándose con la participación brillante de Laubscher y Rébsamen en las postrimerías del siglo XIX, hasta llegar a esas instituciones normalistas ubicadas en el medio campirano, inspiradas ideológicamente en el movimiento armado de los inicios del presente siglo.

A lo largo de ese recorrer cronológico constatamos el establecimiento de estructuras técnico-administrativas, el surgimiento de planteles, el desfilar de planes y programas que sustentaron la formación de múltiples generaciones de educadores, de docentes responsables que en una gran proporción ofrendaron su labor positiva y que están aportando su mejor esfuerzo al llevar al cabo la acción transformadora destinada a niños y jóvenes. Desde 1984, con el acuerdo presidencial respectivo, la Educación Normal se inserta en el nivel terciario, es decir, se incorpora académicamente al ámbito superior.

Se enfatiza que con el vigente Plan de Estudios de Educación Normal se pretenden desechar prácticas rutinarias consistentes en que el docente siga siendo el elemento eje donde gire todo el proceso formativo, lo cual debe variar diametralmente para que en efecto sea el educando el artífice de su aprendizaje. El referido plan y los programas escolares tienen esa tendencia que en verdad trata de poner en operación ambiciosos anhelos pedagógicos que en épocas anteriores sólo se quedaron en el terreno discursivo.

En el contexto de la modernización educativa que a nivel nacional se ha difundido, debemos entender que en la formación de los docentes se tiene que rescatar la mística de servicio que en cada egresado normalista deberá ser su distintivo sobresaliente, sin que ello se entienda como revivir el apostolado que en pasadas épocas se significaba. El docente de las postrimerías del siglo XX tendrá que caracterizarse por su espíritu inquisitivo, su sistematización en el manejo de contenidos que le permita vincular de manera pertinente la teoría y la práctica, además de que responda en forma dinámica a la transformación de la realidad económica, política, social y cultural de la Nación.

La existencia de un único plan de estudios de educación normal para todo el país tiene su implícito valor, pero en contrapartida se observa que existen discrepancias de una escuela normal a otra, aun siendo del mismo medio, y ello se agrava de manera singular entre la institución normal ubicada en el medio urbano y la enclavada en el recinto rural. Sobre el caso, los cursos llamados diferenciales que se enmarcan en el mapa curricular no resuelven la problemática expuesta y ante ello la Secretaría de Educación Pública debe planificar y efectuar acciones que respalden el trabajo de las escuelas normales y además permitirles cierta autonomía en cuestiones concretas, operativas, del plan de estudios de licenciatura.

"Es importante señalar que las modificaciones súbitas que la educación normal ha sufrido en el transcurso de los últimos años ha provocado confusión, dispersión o improvisación en los elementos encargados de la formación de los docentes". Ahora que la educación normal ya tiene su sitio dentro del nivel superior y que todas las instituciones conformadoras de educadores están involucradas en el mismo contexto, deben éstas ser debidamente consideradas y consultadas para que los ajustes y reestructuraciones curriculares obedezcan a situaciones objetivas, no a caprichos, modas sexenales o tendencias de grupos.

En la formación de los docentes en nuestro país se ha procedido con cierta irresponsabilidad, pues han surgido planes de estudios, sin mediar evaluaciones consistentes, lo que ha evitado superar deficiencias perennes, marginar las experiencias de las instituciones normalistas y omitir investigaciones que permitan definir el perfil del maestro idóneo afín con nuestra realidad mexicana.

Para que se establezcan de hecho las condiciones propicias para un real y significativo aprendizaje de la juventud estudiosa, va a ser necesario que en principio de cuentas los catedráticos de las escuelas normales modifiquen substancialmente su práctica profesional, entendiendo que la renovación de mentalidades es el sustentáculo de toda reforma; por otra parte, las instituciones formadoras de docentes deberán disponer de una infraestructura técnico-administrativa que propicie, entre otras cosas, la investigación, la enseñanza modular, la actividad de campo, la coordinación interdisciplinaria, una evaluación integral ágil, la interacción teoría-praxis y el establecimiento de un modelo técnico institucional que responda a los requerimientos de la educación superior y a las características específicas de cada institución formadora de educadores. En ese orden de ideas, las autoridades educativas correspondientes, además de respaldar con todos los recursos disponibles la aplicación del plan de licenciatura vigente y de los respectivos programas escolares, tendrán como obligación ineludible evaluar sistemáticamente todo el proceso innovador que se esté llevando en las escuelas normales.

Considero que la Secretaría de Educación Pública, sin perder su potestad normativa, puede ser accesible a inquietudes y propuestas de las personas que están directamente involucradas en el proceso educacional. Es decir que si la autoridad central establece mecanismos de retroalimentación podría conocer mejor el funcionamiento del plan de estudios y de las instituciones normalistas, con lo cual estaría en condiciones de efectuar las adecuaciones técnico-administrativas que permitan la optimización de recursos.

Las mismas altas autoridades pueden comprometer a sus suborbinados en la medida que los hagan participar de manera creativa, verlos como auténticos servidores, no como autómatas; como elementos que pueden aportar mucho, no como sujetos disciplinados; como seres con luz propia derivada de sus experiencias, no como individuos serviles y adocenados. Si la S.E.P. puede manejar con sensibilidad política las inquietudes del personal académico que labora en las normales obtendrá elementos importantes que le pueden servir para el reencauzamiento del subsistema que tan necesitado está de aires de renovación, de respaldo auténtico en los renglones técnico-docente y técnico-investigativo.

El educador que demanda nuestra época no será el que se cierre a las luchas reivindicadoras del pueblo mexicano, ni aquel que se despreocupe por la cabal formación de los niños bajo su responsabilidad. El maestro contemporáneo que se desea debe mirar al futuro, pugnar por su autoformación permanente, encauzar hacia su desenvolvimiento pleno a los seres que atiende y estar atento a las circunstancias socioeconómicas y políticas donde desenvuelve su compromiso educativo.

Deseamos preparar a un docente que no actúe a espaldas de la historia de México, que no se convierta en el medio para promover los fines de sectores retardatarios. Tenemos el compromiso de conformar educadores con amor a la libertad, a la democracia, a la verdad y a la justicia social, y que garanticen una acción transformadora permanente; debemos preparar profesionales poseedores de una orientación social definida, aun en estos tiempos de desconcierto.

En el contexto nacional, ante una grave crisis económica y ante una sensible inconformidad popular, con falta de credibilidad en las instituciones públicas, el papel del nuevo educador será propiciar con su acción transformadora cotidiana el advenimiento de generaciones seguras, críticas, inquietas, reflexivas, sin complejos, con sentido lógico, con actitudes responsables y con mentalidad de servicio a la comunidad.

Propuestas y Recomendaciones

  • Aprovechar las experiencias y aportaciones de los cuadros técnicos y docentes de las instituciones normalistas, en la reestructuración o cambio de los planes de estudio y programas escolares destinados a la formación de docentes.
  • Instaurar en cada entidad federativa, con los recursos, disponibles, organismos rectores que coordinen, supervisen y apliquen las políticas nacionales del subsistema de educación normal, a efecto, entre otras cosas, de aprovechar la potencialidad de las instituciones existentes, impulsar tareas interplanteles, evitas" dispersiones y duplicidades, organizar eventos técnicos y evaluar el funcionamiento de modelo académico en operación.
  • Concatenar los planes y programas de educación normal con los requerimientos técnico-pedagógicos del nivel básico, de tal forma que los futuros docentes se identifiquen a plenitud y de manera funcional con su ámbito profesional de desempeño.
  • Evaluar el vigente modelo académico de educación normal, con la intervención directa de los respectivos protagonistas y de ahí derivar, en forma objetiva y realista, hacia las probables innovaciones o cambios, mismos que deben ser bien instrumentados para involucrar consciente y progresivamente a los catedráticos y técnicos del subsistema.
  • Demandar un mayor respaldo al área educativa, en lo concerniente a la formación de docentes, de tal forma que con ello se establezca una infraestructura que posibilite un trabajo profesional de calidad en los planteles, así como el otorgamiento de salarios dignos para los trabajadores del subsistema.
  • Establecer nuevas directrices y políticas en el campo educacional que eliminen o atenúen el burocratismo imperante y el centralismo absurdo que ha padecido la provincia mexicana.

* Catedrático de la Escuela Normal Superior Veracruzana y ex candidato del PRD a diputado federal por Xalapa.